Ya he comentado en otras entradas que la evolución del universo en general y de la vida en particular ha requerido de ciertos saltos cualitativos que "parecen" haber estado programados desde el principio. Hablando claro: la creación fue diseñada por un Ser superior e infinitamente inteligente.
Recientemente, la Academia de las Ciencias de Estados Unidos ha premiado a varios investigadores por demostrar, de nuevo, que la evolución de la vida ha experimentado esos saltos inexplicables, salvo que estuviesen ya previstos por quien propicia esa vida. Cuatro físicos y biólogos españoles, Jordi Bascompte, Bartolo Luque, Fernando Ballesteros y Enrique Muro, acaban de ganar el premio Cozzarelli de la prestigiosa Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos al mejor estudio del año en biología por haber descrito el paso necesario y fundamental, para que la vida pudiese dejar de ser exclusivamente microviana y pasarse a formar organismos complejos.
Los primeros seres vivos eran microbios aparecidos hace unos 3.500 millones de años. Pero para seguir evolucionando necesitaban fabricar proteínas cada vez más largas, hasta que llegaron a un punto en el que ya no podían alargar más las moléculas. Entonces ocurrió el hecho extraordinario (¿milagro? en el sentido de intervención divina en la creación): hubo un “cambio de fase algorítmico” que permitió, por ejemplo, que un solo gen pudiese fabricar varias proteínas, y que la complejidad pudiese seguir aumentando. Esa capacidad surgió en secuencias de ADN no codificantes, que no tenían la receta para fabricar proteínas; y esto es lo extraordinario. Sin estas largas secuencias genéticas, también conocidas como ADN basura, y capaces de multiplicarse a lo largo del genoma, no podría haber dado el salto, la revolución, 1.000 millones de años después de la aparición de la vida. Esta permitió la posterior aparición de células complejas, y de los organismos pluricelulares: hongos, plantas y animales, entre ellos, los humanos.
Lo que muestra el trabajo de los científicos premiados “es que no puede haber formas intermedias, porque ese cambio, esa transición, tiene que suceder, como predice la física, con una transición de fase". Una intervención especial, lo llamaría yo.
Evidentemente, han sido inmediatamente criticados por los dogmáticos evolucionistas, que afirman que toda fuente de orden procede del azar (la casualidad), según la ya muy superada teoría de la evolución de Darwin; pero que ellos defienden como un dogma científico sin base probatoria alguna: ¿quién puede probar el azar? No soportan que nuestra fe pueda ser razonable cuando sus postulados no lo son (¿casualidad?) y se ven rebatidos por la Ciencia.