Vivir amando es el mejor consejo que puede darse, ya que el secreto de la felicidad está precisamente en esto: en amar y sentirse amado. Pero ¿cómo amar? Pues recientemente me he topado con esta expresión que utilizo de título de esta entrada: Vivir amando y amar viviendo.
Amar viviendo: así de simple y está al alcance de todos. El mero hecho de vivir se convierte en una manifestación de amor si entregamos nuestra vida. Y digo mal, porque la vida no es nuestra, no nos pertenece, por esto está destinada a entregarse. Decimos "nuestra" vida, porque es la que anima nuestra alma; pero no puede ser "nuestra" en sentido de propiedad, porque la hemos recibido gratis, no nos la hemos dado nosotros, ni siquiera teníamos derecho a recibirla, aunque, una vez recibida, tengamos derecho, y obigación, a conservarla. Lo mismo ocurre con esas otras vidas que se nos dan: las de nuestros hijos. Los hijos son "nuestros" en un sentido de procedencia, no de propiedad. Sus vidas no nos pertenecen, aunque tengamos la responsabilidad de cuidarlas. Por lo tanto, no tenemos derecho a que esas vidas se nos den, ni tenemos derecho a "fabricárnoslas" por medios ilegítimos, ni tenemos derecho a conseguirlas prescindiendo del progenitor que completará la vida de ese descendiente. Además, tampoco tenemos derecho a determinar sus futuros, porque la vida de nuestros hijos es suya; y serán ellos los que deberán determinarlas.
Por el mismo motivo, tampoco tenemos derecho a disponer de nuestra vida, porque no nos pertenece. Cualquier vida, por deteriorada que esté, es susceptible de seguir amando, simplemente viviendo; y tampoco puede privar a los demás de expresarnos su propio amor. Amar viviendo es entregar la vida; y quitárnosla, o pedir que nos la quiten, es la manera de arrebatársela a los demás.
La vida puede entregarse por los demás o por un ideal, porque, una vida que se entrega, en realidad se gana: ha alcanzado su objetivo final. Pero una vida que se arrebata, se pierde, no ha cumplido su finalidad.
¿Es duro? Por supuesto que es duro; pero ¿es que no lo es vivir amando? Pues amar viviendo también lo es. Pero no olvidemos que la felicidad no se puede confundir con la comodidad ni la alegría con el placer. Se pude ser feliz, incluso alegre, en condiciones duras: simplemente amando.
Este es el secreto de la felicidad...: aquí y después.
No hay comentarios:
Publicar un comentario