domingo, 13 de septiembre de 2026

Felicidad vs sufrimiento

Recientemente, un conocido se quejaba de que Dios, cuando nos va bien, se apunta el mérito, pero cuando nos va mal se desentiende. Desde un punto de vista ateo o agnóstico, ese planteamiento puede ser válido; pero para los creyentes no lo es...; por las siguientes razones.

Dios nos ha dado la vida. De hecho, ha "creado" la vida en general y, en especial, la vida humana. Pero la vida tiene sus luces y sus sombras; sus momentos magníficos de felicidad y otros de sufrimiento, terminando con la muerte. Esto ocurre en ambos reinos: el vegetal y el animal; pero para el hombre se presenta también la felicidad o el sufrimiento moral, no solo el físico. Los creyentes sabemos esto y deberíamos recapacitar y darnos cuenta de que las quejas deberían provenir de Dios, no nuestras. Él podría reprocharnos que, cuando nos va bien y disfrutamos de la felicidad, no solemos agradecérselo, pero en cuanto las cosas se tuercen le exigimos que las arregle o le echamos las culpas. En realidad, deberíamos agradecerle constantemente el hecho de que estemos vivos y, por tanto, que puedan producirse momentos de sombra. Quizá somos conscientes de la felicidad --la luz-- porque hemos tenido experiencia de momentos de contradicción. Bien podríamos pensar que la vida es lucha y superación; y que lo excepcional son los momentos felices... En realidad, un creyente sabe que esto no es así: Dios nos creó para nuestra felicidad, en especial para la felicidad eterna; aunque no nos priva de momentos malos, porque la vida es así. Como dijo el santo Job: si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?

Otro motivo por el que Dios podría recriminarnos por nuestras quejas y exigencias es que Él mismo, en la persona de Cristo se sometió a la muerte de cruz, tras horribles padecimientos, para demostrarnos que el sufrimiento, si tiene un sentido y se asume por amor, no es malo. Después de esta demostración: ¿cómo quejarnos de nuestras contrariedades?

No obstante lo dicho, Dios conoce nuestra débil naturaleza mejor que nosotros y "soporta" nuestras quejas porque sabe lo que nos cuesta afrontar el sufrimiento.

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