Recientemente, un conocido se quejaba de que Dios, cuando nos va bien, se apunta el mérito, pero cuando nos va mal se desentiende. Desde un punto de vista ateo o agnóstico, ese planteamiento puede ser válido; pero para los creyentes no lo es...; por las siguientes razones.
Dios nos ha dado la vida. De hecho, ha "creado" la vida en general y, en especial, la vida humana. Pero la vida tiene sus luces y sus sombras; sus momentos magníficos de felicidad y otros de sufrimiento, terminando con la muerte. Esto ocurre en ambos reinos: el vegetal y el animal; pero para el hombre se presenta también la felicidad o el sufrimiento moral, no solo el físico. Los creyentes sabemos esto y deberíamos recapacitar y darnos cuenta de que las quejas deberían provenir de Dios, no nuestras. Él podría reprocharnos que, cuando nos va bien y disfrutamos de la felicidad, no solemos agradecérselo, pero en cuanto las cosas se tuercen le exigimos que las arregle o le echamos las culpas. En realidad, deberíamos agradecerle constantemente el hecho de que estemos vivos y, por tanto, que puedan producirse momentos de sombra. Quizá somos conscientes de la felicidad --la luz-- porque hemos tenido experiencia de momentos de contradicción. Bien podríamos pensar que la vida es lucha y superación; y que lo excepcional son los momentos felices... En realidad, un creyente sabe que esto no es así: Dios nos creó para nuestra felicidad, en especial para la felicidad eterna; aunque no nos priva de momentos malos, porque la vida es así. Como dijo el santo Job: si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?
Otro motivo por el que Dios podría recriminarnos por nuestras quejas y exigencias es que Él mismo, en la persona de Cristo se sometió a la muerte de cruz, tras horribles padecimientos, para demostrarnos que el sufrimiento, si tiene un sentido y se asume por amor, no es malo. Después de esta demostración: ¿cómo quejarnos de nuestras contrariedades?
No obstante lo dicho, Dios conoce nuestra débil naturaleza mejor que nosotros y "soporta" nuestras quejas porque sabe lo que nos cuesta afrontar el sufrimiento.
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