jueves, 29 de julio de 2010

La esclavitud del sexo

Es alarmante la extensión que en la sociedad ha experimentado el vicio del sexo, en cualquiera de sus manifestaciones. Incluso en esta sociedad ultra-liberal, se llega a hablar de la sexo-adicción, como una enfermedad de la que es difícil salir.

Por desgracia, la propia Iglesia Católica no ha podido escapar a esta epidemia, en parte debido a la corriente de relativismo y relajación moral que se infiltró ya hace décadas. Cada vez son más frecuentes las noticias de conductas sexuales inmorales por parte de personas consagradas, incluso de abusos a menores. Parece como si la posesión del sexo fuese en nuestros días algo similar a las posesiones diabólicas que sufrían los contemporáneos de Jesús; y a quienes vino a liberar: los ciegos ven, los sordos oyen y los poseídos son liberados...


Por supuesto, también ahora nos puede liberar, solo es necesario acudir a Él con fe y determinación; en definitiva, la primera y casi única condición es querer liberarse.

jueves, 22 de julio de 2010

La Edad Media

Se dice que la Edad Media fue una época oscura, porque no hubo en ella especiales avances científicos; y la vida social del antiguo Imperio Romano se perdió. Pero este juicio adolece de simplificación y de la exclusión arbitraria de otros aspectos en los que la humanidad no estuvo a oscuras. Y es que se juzga desde nuestra pragmática mentalidad utilitarista: no hay más progreso que el progreso científico. Esta es la razón por la que la sociedad occidental está regresando alegremente a la pre-historia humana, pero ésta decadencia queda encubierta en medio de enormes progresos científicos. Y si lo vemos así, nuestra orgullosa sociedad es mucho más oscura (menos brillante), desde el punto de vista humano, que la más profunda Edad Media: nuestros avances científicos no nos han impedido perder el conocimiento del origen y el destino del hombre, incluso de la propia naturaleza humana y la de las principales instituciones naturales de la sociedad (la identidad sexual, el matrimonio, la familia); y, como una consecuencia inevitable, también se ha oscurecido totalmente el conocimiento del bien y del mal.

Es cierto que en la Edad Media no se produjeron importantes avances científicos, y que el derecho, la participación política, la vida ciudadana y ciertas artes y letras, sufrieron una importante paralización o retroceso. Pero no es menos cierto, que la vida espiritual vio un desarrollo como no lo había habido anteriormente; y que tenían muy clara la diferencia entre el bien y el mal (aunque no siempre escogiesen lo correcto, por supuesto). La filosofía y la teología siguieron desarrollándose y lograron rescatar y superar los planteamientos clásicos de griegos y romanos. El hombre tenía un perfecto conocimiento de su naturaleza y de la dependencia que tiene del ser: sabía que la realidad es muy tozuda, aunque no se quiera admitir.

Y en algunas habilidades se siguió prosperando: el arte religioso y la arquitectura (que desarrollo hasta el máximo el arco, la bóveda y la cúpula). Y la prueba de que durante ese periodo seguían latentes todas las potencialidades humanas es que se salió de él, se recuperaron todas las artes y habilidades anteriores y se superaron con creces. El error fue pensar que la recuperación de la potencialidad humana iba a permitirnos dominarlo todo, incluso la verdad y nuestras más profundas limitaciones naturales: el progreso científico nos despertó la ambición de ser como dioses sin contar con Dios; y este fue el comienzo del descarrío en el que nos encontramos.

Y es que, como ya he dicho en anteriores entradas, la única forma de ser realmente dioses es contando con Dios.

viernes, 9 de julio de 2010

¿Ciencia y antropología?

El hombre moderno se niega a aceptar una norma que no entiende, o un hecho que no puede comprobar. Y quizá para los asuntos terrenos sea una forma correcta de actuar. Pero ese criterio no sirve para los asuntos trascendentes, ni para la moral. Supeditar nuestra fe a los datos empíricos, o el cumplimiento del Decálogo a nuestro juicio racional, sería como la actitud del niño que se negase a obedecer los mandatos de su padre simplemente porque no los entiende o no le parecen justos.

Es bueno tratar de entender las razones de Dios, cuando nos impone una norma, ya que entendiéndola podremos cumplirla mejor; pero no debemos condicionar nuestra respuesta a dicho entendimiento. Nuestra motivación debe ser la voluntad de Dios, que siempre quiere que actuemos según la naturaleza de las cosas que Él mismo nos ha revelado: si no descubrimos el porqué, tenemos la seguridad de que Dios sí lo sabe.

Por esto, limitarnos a difundir una ciencia verdadera o una antropología cristiana, como medio para que el hombre adecue su conducta a su naturaleza, relegando a un segundo plano la revelación o la moral, es un camino equivocado para traer el Reino a la tierra. Si sólo conseguimos que se obedezca la Ley Natural después de haber demostrado que Dios estaba en lo correcto -pretensión que no deja de ser una insolencia-, no podremos traer el Reino en esa infinidad de aspectos que no sabemos razonar. Difundamos el mensaje de Cristo...; y la ciencia y la antropología llegarán por añadidura.

jueves, 8 de julio de 2010

El hambre de las almas

Los cristianos tenemos el alimento que puede saciar el hambre de todas las almas; y en vez de distribuirlo entre todos, lo tenemos retenido en almacenes húmedos, sin valorarlo como se merece y permitiendo que se corrompa.
No me estoy refiriendo ahora al hambre corporal (que sí tratamos de aliviar en la medida de nuestras posibilidades), sino al espiritual, que tenemos totalmente olvidado. Y tampoco me estoy refiriendo específicamente a la Eucaristía. Me refiero al mensaje evangélico que Cristo nos dijo que ensenásemos a todas las gentes.

Nos preocupamos mucho por mejorar las condiciones materiales de nuestros hermanos; y nos olvidamos de que lo principal para un cristiano es difundir el mensaje evangélico; lo otro, la ayuda material, bien la pueden proporcionar muchos filántropos aunque sus almas también pasen hambre. Pero la ayuda espiritual sólo la puede prestar quien antes la ha recibido y aceptado.

Escamotear a los demás el mensaje evangélico, la solución cristiana para el mal del hombre, es el mayor pecado del creyente. Y lo malo es que dejamos de difundir nuestro mensaje porque pensamos que sería ridículo proponer a un mundo pagano y materialista soluciones espirituales; y son precisamente éstas las que necesitan y están esperando de nosotros.

La Historia, y en definitiva Dios, nos juzgara por esta omisión que ha permitido el extravió de la humanidad.

lunes, 5 de julio de 2010

La Bisagra

El cuarto mandamiento es el más importante de la segunda parte del Decálogo, por delante de asuntos aparentemente más graves, como el asesinato, el robo o la fornicación.

Siempre he admitido la revelación sin cuestionarla; pero cuando no lo entiendo, trato de averiguar las "razones de Dios". Por supuesto, en esto hay algo de soberbia humana: exigimos entender para obedecer. No obstante, como yo no supedito mi obediencia al entendimiento, sino que busco éste "pro demás", Dios suele hacerme el favor de permitirme entenderlo.

Y recientemente escuche de una persona la explicación al cuarto mandamiento: es tan importante, porque es la bisagra que une la primera tabla del Decálogo (obligaciones para con Dios) con la segunda tabla (obligaciones para con los demás). Es decir, todo lo referente al matrimonio y la familia, es la clave para que la sociedad sea acorde a la naturaleza humana y, a la vez, sepa en la práctica cómo tratar a Dios.

Sin familia natural, ni somos humanos ni podemos entender lo divino. Por esto el enemigo (el malo) tiene tanto empeño en corromper la familia.

viernes, 2 de julio de 2010

No puedo tener todas las respuestas

Tengo una fe firme; pero no tengo todas las respuestas a los dilemas que dicha fe me pueda plantear en la vida diaria. Pero no tener todas las respuestas no significa que mi fe no sea correcta, sino que es precisamente eso: fe.

Si tuviéramos todas las respuestas, entonces no sería fe, sería certeza de conocimiento.

Que el conocimiento de las cosas más importantes (las de Dios y las del hombre) nos venga por la fe no significa tampoco que no sea verdadero. Ya he explicado en otras entradas que existen cuatro tipos de conocimiento: la fe, la evidencia, el razonamiento y el experimento. Los cuatro están sometidos a la misma posibilidad de error; pero en la fe ese error es de interpretación del hombre, ya que Dios no puede ni engañarse ni engañarnos.

Incluso las cosas que no conocemos, también son verdaderas. Por ejemplo, la ley de la gravedad actuaba plenamente antes de que Newton la formulase; y las leyes genéticas transmitían la herencia mucho antes de que Mendel las formulase... Porque el desconocimiento de algo no supone que eso no exista (que es el absurdo argumento que algunos ateos necios aducen: si no veo a Dios, Dios no existe).

Es un gran pecado de nuestra época pensar que aquello que no vemos, o lo que no comprendemos, o aquello a lo que no podemos encontrar una razón que lo justifique (una respuesta a nuestros interrogantes ), entonces no existe o está equivocado, como si fuese nuestra razón la que "crease" la verdad o la justicia.

Dios siempre tiene motivos y razones para actuar como actúa; pero no está obligado a revelarnos (o quizá sí nos las ha revelado; pero nosotros no las entendemos). Dios nos pide sólo fe y obediencia; no que le comprendamos con nuestra raquíticas mentes.

Y es seguro que premiará más nuestra fe ciega y nuestra obediencia, que nuestra inteligencia..., sobre todo si va acompañada de la soberbia.

miércoles, 16 de junio de 2010

Dios es amor

Esta es una afirmación ya conocida; y creo que compartida por todos.
Pero creo que a esta afirmación se le puede sacar más provecho que la simple constatación de que Dios nos ama.

¿Qué es el amor? Amar es la determinación de la voluntad de buscar como único bien propio el bien del otro. Luego el amor no es un sentimiento, sino que es voluntad.

Del mismo modo, si Dios es amor, no será un sentimiento [nuestro sentimiento de que debe haber un ser superior que haya creado todo esto], sino una Voluntad; y más en concreto, Dios es voluntad absolutamente libre y creadora; es una consciencia inteligente y todopoderosa: ES UN SER PERSONAL, que me conoce y voluntariamente me ha creado para amarme.

¡Qué diferente este planteamiento del panteísmo naturalista que confunde a Dios con la naturaleza o el cosmos!

lunes, 14 de junio de 2010

Incongruencia (II)

Se me olvidaba mencionar uno de los ataques más absurdos:

Se acusa a la Iglesia de no preocuparse por las cuestiones sociales, por el progreso; pero se la tacha de retrógrada cuando promueve la natalidad, que es el único remedio de la actual hecatombe demográfica.

Ignoro si a aversión a la natalidad de los progresistas es simplemente por llevar la contraria a la postura de la Iglesia; o se debe a tratar de promover los anticonceptivos (el invento que más ha influido en la historia de la humanidad; y que tanta rentabilidad está proporcionando a más de una empresa); o se trata de promover el sexo sin consecuencias, para trivializarlo y extenderlo entre personas sin vínculo ni compromiso alguno; o simplemente de promover el sexo infértil: el homosexual. Pero la realidad es que esta postura está dando al traste con las posibilidades de futuro de nuestra civilización: sin nacimientos no hay personas, sin personas no hay sociedad ni civilización.

¡Y dicen que la doctrina de la Iglesia es dogmática e irracional!

viernes, 11 de junio de 2010

Incongruentes ataques a la Iglesia

Se acusa a la Iglesia de poco ecologista; pero cuando ésta defiende la naturaleza humana -la familia natural y el sexo natural- se la tacha de arcaica y moralista.

Se acusa a la Iglesia de pactar con los poderosos; pero cuando defiende al más débil -el feto- se la tacha de mojigata y de intentar retrasar el progreso.

Se acusa a la Iglesia de atentar contra la libertad del hombre; pero se la tacha de retrógrada cuando se niega a aceptar la fabricación de seres humanos.

Se acusa a la Iglesia de intolerante por defender que existe una auténtica naturaleza humana que debe respetarse; pero se la margina si no acepta el rígido código relativista que impone lo que debe tolerarse o repudiarse.

Se acusa a la Iglesia de intolerante por dogmática; pero cuando quiere flexibilizar las fronteras y las rígidas estructuras económicas del capitalismo o el liberalismo, entonces se la tacha de idealista.

Se acusa a la Iglesia de despreciar al pobre; pero cuando pretende liberarle de la opresión comunista se la tacha de embaucadora.

Se acusa a la Iglesia por basarse más en la fe que en la razón; pero se nos exige que nos creamos, sin dar razón alguna, que el gaymonio es igual que el matrimonio, o que un feto no es un ser humano.

Y es que es muy fácil ver la supuesta paja en el ojo ajeno, sin apreciar la viga en el propio.

martes, 8 de junio de 2010

Imitación de Cristo

Hablábamos en la entrada anterior de que el hombre moderno ha desechado la Religión como un envoltorio vacío; pero que esto es un grave error porque la Religión es el lugar en el que el hombre -individual y colectivamente- se relaciona con Dios [re-ligare].

Por esto, más que un conjunto de ritos, o una moral, o unas normas, o un libro, lo que la Religión pretende es mostrar la adecuada actitud que el hombre ha de mantener hacia su Creador.

En el Cristianismo lo tenemos muy claro: es la imitación de Cristo -Dios y hombre-, que es camino, verdad y vida. De esta forma, la nuestra no es la religión del Libro, como lo pueda ser el judaísmo o el islam, sino la religión de una Persona, humana y divina.

Y para andar este camino, para imitar a esa Persona, contamos con los sacramentos que Él mismo instituyó; en especial, con la propia compañía del Señor en la Eucaristía.

domingo, 6 de junio de 2010

¿Qué es más razonable, la ciencia o la religión?

La entrada anterior me sirve de preámbulo para poder declarar la falsedad de una creencia muy extendida, incluso entre personas religiosas: que la Ciencia se apoya más en la razón que la Religión. Hemos visto cómo cada una se apoya tanto en la razón como en la fe, según los diferentes aspectos de su propio ámbito.


La Religión establece inicialmente sus fundamentos en la fe, en sus dogmas; pero luego se dedica a comprobar la racionabilidad de éstos. Por ejemplo, la Iglesia cree en la posibilidad de los milagros y ésto es Fe. Pero no cree en un milagro concreto si no puede comprobar que es un hecho sobrenatural por encima de toda evidencia. Recientemente, las dudas sobre un milagro atribuido a la intercesión del Papa Juan Pablo II le ha supuesto el retraso en su beatificación. La Iglesia, que admite los milagros por la fe, exige pruebas razonables e irrefutables, para declararlos.

Por el contrario, la ciencia prioritariamente se basa en el experimento, la razón; pero después establece postulados "irrefutables" que le permitan fundamentar en ellas el progreso, aunque después -muy probablemente- se descubra que estaban equivocados. La ciencia comprueba experimentalmente sus postulados; pero a la postre tiene que confiar en que los resultados sean correctos, para poder seguir avanzando con su investigación; porque, si no creyese en la bondad de sus resultados, no podría construir nada sobre una teoría movediza. Y cuando se descubra que la conclusión era errónea, se rechaza y se sigue avanzando desde el último punto cierto que se alcanzó. Si los científicos hubiesen esperado a tener la absoluta certeza de sus conclusiones, nunca hubiesen avanzado, ya que siempre habrían acabado descubriendo que su fundamento, en algún punto era equivocado. Ésta en la única forma de progresar. Es curioso comprobar cómo se ha podido avanzar científicamente sobre fundamentos totalmente erróneos. Es decir, la ciencia combina el experimento racional con la fe en el propio resultado de ese experimento. Por ejemplo, si se hubiese esperado a conocer qué tipo de fuerza es la gravedad para tratar de dominarla, nunca se hubiese desarrollado la aviación; y si se hubiese esperado a saber con exactitud en qué consiste la vida, todavía no habríamos logrado curar ninguna enfermedad. Y si Colón hubiese esperado a tener la certeza de que hacia el oeste estaban "las indias orientales", nunca se hubiese descubierto América.


Resumiendo: la Religión tiene que razonar sus dogmas; y la Ciencia se tiene que creer sus postulados.

viernes, 4 de junio de 2010

Ciencia, razón y fe

El hombre es dogmático por naturaleza -por debilidad-, porque necesita seguridades. Por esto, frecuentemente busca tanto el dogmatismo de lo espiritual -la fe-, como el dogmatismo de lo material -la ciencia. Porque, de hecho, en ambos casos se trata de seguir una evidencia ya sea espiritual o científica. Me explicaré.


Seguimos nuestra fe espiritual -creencia religiosa- porque infinidad de pequeñas evidencias nos llevan a un conocimiento que estimamos seguro, aunque no nos resulta patente. Por ejemplo, la evidencia de que el mundo existe nos lleva a pensar que alguien lo ha creado... y esto es muy racional. Otro ejemplo: la evidencia de que el hombre tiene un componente espiritual nos lleva a pensar que no puede correponerse con la muerte, sino que pervivirá. Y ambas creencias -convencimientos- son deducciones muy lógicos y racionales.


Por el contrario, nos fiamos de los postulados de la ciencia porque nuestros razonamientos (más bien los razonamientos de personas autorizadas de las que nos fiamos, porque los conociemientos científicos están al alcance de muy pocos) nos los presentan evidentes; es decir, porque yo lo he razonado, entonces es cierto. Ahora se ha invertido el proceso: mi confianza en mis razonamientos es lo que me hace ver el postulado científico como evidente. En definitiva, también requiere cierta dosis de credulidad. Y por si a alquien le cabe alguna duda, os recordaré que la experiencia nos dice que todo postulado científico será rebatido después por otro "mejor comprobado".


Además, la ciencia también se apoya a veces en fundamentos dogmáticos. Por ejemplo, postula que sólo existe lo que puede verse o comprobarse científicamente, como si sólo el experimento científico pudiese dar patente de realidad a todo lo que existe. Y es éste un postulado dogmático muy prepotente, cuando la ciencia no ha sido siquiera capaz de definir científicamente algunas de las cosas más importantes que nos rodean: el bien, la belleza, el amor, el tiempo, la vida, la gravedad, ...y un largo etcétera.

Entonces, ¿qué es más razonable, la ciencia o la religión?

miércoles, 2 de junio de 2010

El misterio del hombre

La sociedad occidental se puede permitir el lujo de despreciar al Cristianismo porque ya se ha apoderado de todos sus tesoros, ya los ha incorporado a su sociedad y a su vida; y ahora desecha ese credo, como a un envoltorio vacío, porque cree que ya no lo necesita; el hombre postmoderno cree que ya puede seguir solo.

Pero se equivoca profundamente, porque el Cristianismo no es sólo el conocimiento del misterio del hombre [algo que no valoramos, porque nos resulta obvio tras dos mil años de Revelación]; sino que el Cristianismo debe ser el modo en que ese hombre agradece y ama a su Creador; y esto nunca es desechable sin dañarnos a nosotros mismos. Porque lo más importante para el hombre no es el conocimiento de su naturaleza, sino el conocimiento de su vinculación con Dios: el eje de la Revelación es la filiación divina; el conocimiento de que somos hijos de Dios, criaturas elevadas al rango de lo sobrenatural. Y despreciar esto es despreciar al hombre y animalizarlo.

El hombre postmoderno ha desechado el envoltorio, sin asegurarse antes de que estuviese vacío; y a tirado junto con él lo que hace hombre al hombre, lo que le distingue de los animales; y se ha quedado sólo con aquello que más le animaliza, por mucho progreso científico que haya alcanzado.

E incluso esto lo ha hecho mal, pues también desecha lo más obvio de su propia naturaleza material [su sexo biológico] y lo más humano de su sociedad [la familia].

lunes, 31 de mayo de 2010

Los extremos del ser humano

Uno de los mayores logros del Cristianismo ha sido desvelar la casi infinita dignidad del ser humano, como imagen de Dios y heredero del universo, y digno de encarnar al mismo Dios en Cristo. Pero a la vez, en el otro extremo, revela al hombre caído, dramáticamente frágil. El "seréis como dioses" bíblico, hay que compaginarlo con la profunda humildad del hombre pecador, criatura dependiente de la misericordia divina.

Hemos sido creados para ser perfectos como nuestro Padre; pero sin su ayuda estamos siempre a un paso de la condenación.

Por esto, quizá el siguiente mayor logro del Cristianismo sea que junto al rechazo frontal del pecado y el crimen, se encuentra la fácil absolución del pecador: simplemente ha de reconocer su culpa.

Ha vuelto a conjugar los dos extremos: las penas enormes y eternas, con el más sencillo método de perdón: el arrepentimiento.

sábado, 29 de mayo de 2010

¿Es conservador el Cristianismo?

Pues siguiendo con el tema de las últimas entradas, tenemos que afirmar que el Cristianismo es a la vez conservador y revolucionario. Sí, ambas cosas a la vez:
Pretende conservar la verdad, aquello que pertenece a la naturaleza humana y le es fundamental; pero desecha todas aquellas falsedades que el hombre -debido a su naturaleza caída- va acumulando; las cosas que le desnaturalizan y le esclavizan.

Y así fue desde el principio. Nuestro Señor y fundador, conservó hasta la última tilde de la Ley antigua; pero arrasó con todos los añadidos que algunos hombres habían echado sobre los hombros de otros hombres. De hecho, Cristo fue indudablemente un revolucionario, como lo debe ser todo cristiano: por eso le crucificaron, porque revolucionaba las estructuras establecidas, sin modificar los cimientos. Y ya nos advirtió que nosotros deberíamos imitarle; y nos ocurriría lo mismo: en el mundo padeceréis persecución; pero, ánimo, yo he vencido al mundo -nos dijo.

Tenemos que ser revolucionarios para restablecer la dignidad de Dios y la dignidad de todo hombre. Pero sin quedarnos en uno de los extremos: defender con firmeza los fundamentos de nuestra Fe y nuestra moral; pero combatir las estructuras de pecado que se han instalado en el mundo.

¿Quién dijo que el Cristianismo es enemigo del progreso?

jueves, 27 de mayo de 2010

La conjugación de los extremos

Decíamos que la virtud no está en conciliar los extremos en un medio ideal. De hecho, el Cristianismo no ha venido a conciliar ambos extremos, sino a mantenerlos en su integridad.

El Cristianismo es la religión verdadera, la interpretación verdadera del mundo, la respuesta verdadera, precisamente porque da razón de ambos extremos, porque da razón de lo que se constata en la realidad.

Y el Cristianismo suele otorgar la misma importancia a los dos extremos:

Dios es uno y trino; Cristo es Dios y hombre; sube a los Cielos y se queda con nosotros; el mundo creado es material y espiritual; el hombre es cuerpo y alma; María es virgen y madre;todas las cosas creadas son santas, pero todas nos pueden hacer pecar; Dios es infinita misericordia e infinita justicia; nos dijo: sed sagaces como serpientes pero sencillos como palomas; no se puede despreciar ni una tilde de la Ley, pero la Ley no es lo importante; el que no muere no da fruto; el que gane su vida la perderá y el que la pierda la ganará; fuera de la Iglesia no hay salvación posible, pero todos los hombres están llamados a la salvación; mi yugo es suave y mi carga ligera; el que no toma su cruz cada día y me sigue no es digno del Reino; mi reino no es de este mundo, pero es rey.

¿No hay en el mensaje evangélico tantas contradicciones aparentes como en la vida del hombre? Pues este es el Camino, la Verdad y, en definitiva, la Vida misma.

martes, 25 de mayo de 2010

In medio virtus

Estoy absolutamente en contra de esa afirmación clásica. La virtud no está en el punto medio: allí está la mediocridad, que no es precisamente virtuosa. La virtud está en saber conjugar los dos extremos; no en practicar ambos a medias. Porque, hablando de virtudes, la verdad de un extremo no excluye la del contrario; sino que la afirma. Me explicaré.

Existen tanto la justicia como la misericordia; pues bien, la virtud no está en se medio-justos y medio-misericordiosos; sino que está en practicar toda justicia con misericordia y toda la misericordia con justicia.

En la vida cristiana, existe la oración y la acción; y lo correcto no es rezar un poco y trabajar otro poco; sino que lo perfecto es alumbrar toda nuestra acción con la oración.

El mejor ejemplo lo tenemos, como siempre, en Cristo: no fue medio Dios y medio hombre; sino plenamente Dios y plenamente hombre.

Un error parecido a quedarse en el medio sería situarse en uno de los extremos y negar el otro: nuestra virtud no sería mediocre, sino coja.

Y esto es así, porque el Cristianismo le muestra al hombre el misterio del hombre. Y éste, hecho a imagen y semejanza de Dios, tiende a la perfección de ambos extremos.

Por esto debemos atender al bien espiritual del hombre, que es su salvación, sin descuidar su bien material, sus necesidades.

Por esto debemos amar a Dios con todas nuestras fuerzas materiales; pero al prójimo, más aún, debemos amarle como Dios le ama. ¿Que no es fácil? Efectivamente, pero es debido a la grandeza del hombre, a la complejidad de su naturaleza. Pero esto tiene una ventaja: que la moral cristiana no descansa en la certeza absoluta de un dogma, sino en la incertidumbre de querer conjugar los extremos. Y esto nos lleva a no tener nunca la certeza de haberlo hecho totalmente bien; pero tampoco podremos nunca constatar que lo hemos hecho totalmente mal.

¿No será esto una manifestación de lo que pueda ser la infinita justicia divina conjugada con su infinita misericordia?

sábado, 22 de mayo de 2010

Una gran posibilidad.

Hablábamos en la entrada anterior de que el enemigo tiene interés en cegar los sentimientos que pudiesen llevar a rechazar el crimen del aborto. Aparte del desorden moral que esto supone [y del síndrome post-aborto, del que el enemigo sabrá sacar provecho en su momento, cuando suscite los remordimientos que lleven a la desesperación], tiene otra poderosa razón para actuar así.

Y la razón es que un feto es una gran posibilidad; o, mejor dicho, una posibilidad de cosas grandes: amor, sabiduría, ternura, valor, patriotismo; y también ingeniería, descubrimientos, familia, ... Todas ellas cosas que ningún ingenio puede conseguir, salvo el propio actuar humano. El hombre es una inagotable fuente de bien, cualquier hombre, cualesquiera que sean sus circunstancias. Por esto el enemigo quiere cegar esa fuente de bien desde su comienzo.

Y el hombre no quiere ver que eliminar esa posibilidad de bien [que no puede ser sustituída por ninguna otra], atenta contra la humanidad tanto como eliminar a quien ya es una realidad por haber nacido; y atenta contra Dios, que es el diseñador y creador de todas las posibilidades, realidades y bienes posibles.

Se puede decir que, si la criatura preferida de Dios es el hombre, la del enemigo es el aborto: y hay países occidentales en los que ya se crean más de éstos que de aquéllos.

jueves, 20 de mayo de 2010

El más potente motor

Hay quien afirma, sin fundamento alguno, que la religión es el opio de los pueblos...; y para liberar a esos pueblos, les atiborran con el "opio" del sexo, el materialismo, cuando no les esclavizan directamente con regímenes totalitarios marxistas.


Es curioso que semejante visión se haya aplicado también al Cristianismo, cuando la Historia demuestra que el cristianismo fue una fuente de liberación del hombre: primero de sus propios miedos y luego de la opresión de quienes son "lobos para los hombres".


La concepción social cristiana ha sido y será el mejor y mas potente motor para el progreso social; y, a la vez, el más ético. Sí, ya sé que ha habido errores y que no todos los que actúan en nombre del Cristianismo lo hacen desinteresadamente; pero si lo vemos globalmente, ha sido el Cristianismo lo que ha hecho de la civilización occidental lo que es ahora. Y el que no quiera verlo, que compare la situación social del occidente cristiano (sí, de raíz cristiana, aunque ahora no quiera reconocerlo), con la de las sociedades orientales que a penas han recibido influencia cristiana; o con las sociedades que fueron cristianas y han estado setenta años oprimidas por la dictadura atea.


No entiendo cómo tantos hombres de bien, que pretenden sinceramente mejorar la situación social de los más desfavorecidos se han dejado engañar por doctrinas inhumanas; y no han sabido descubrir que el auténtico rostro humano se encuentra en el cristianismo.

Imagino que será el mismo motivo por el que tantos "verdes" o "antitaurinos" -tan cariñosos con los animales-; no se inmutan ante la constante masacre de niños por el aborto.

Y es que el enemigo sabe suscitar los sentimientos que le interesan y cegar los que debieran suscitarse naturalmente.

martes, 18 de mayo de 2010

Demostrar lo indemostrable

Los filósofos saben muy bien que hay diversas vías para demostrar la existencia de Dios [sin ir más lejos, en las primeras entradas de este blog se incluyen varios razonamientos que avalan la existencia de un Creador]; pero lo que es totalmente indemostrable es la inexistencia de Dios.

Pues bien, al parecer el hombre postmoderno ha encontrado una manera de demostrar lo indemostrable. Para negar a Dios, ha negado al hombre, rebajándole a una mera evolución casual de la materia, sin espíritu, sin trascendencia y que desaparece tras su muerte como cualquier animal. Al negar la existencia de un ser superior al animal, espiritual, trascendente, con capacidad de amar, se niega necesariamente también la existencia de Dios; pues no podría existir el Dios de los cristianos sin que crease una criatura a su imagen y semejanza, que le diese gloria con su capacidad de amor. Y esto, entre otros motivos, porque Dios es amor y el amor es apertura a los demás; Dios es el bien, y el bien es difusivo de sí mismo.

Ya sé que, en pura teoría, Dios podría existir muy a gusto sin necesidad del hombre...; y, si me admitís esta forma de decirlo, quizá estuviese más a gusto sin nuestros constantes fallos...; pero no puede pensarse en un Creador que no hubiese creado una criatura que le pudiese llegar a conocer.

Además, negando al hombre espiritual, se niega la posibilidad de que nada creado pueda conocer a Dios; y entonces, ¿qué más da que exista o no?

Y la razón más importante: al negar al hombre se niega a Cristo, el Hijo del Hombre, y encarnación de Dios; y, por tanto, se arrasa de un golpe con todo el cristianismo.

Casi se podría parafrasear a Nietzsche: el hombre ha muerto luego Dios ha muerto.