El pecado es una ofensa grave a Dios, por el que despreciamos su plan divino, su Providencia, y elegimos nuestro propio plan o nuestro propio capricho. No solamente ofende a Dios, sino que también afecta negativamente a toda la humanidad; y más gravemente a los más cercanos.
Pero esa posibilidad de pecar -es decir, la ausencia de bien- no es tan grave que pueda compensar la libertad humana, que es lo que permite al hombre amar; en definitiva, lo que le permite hacer el bien.
Muchas veces clamamos a Dios para que evite el mal a toda costa. Pero si el mal es al ausencia del bien posible, y para evitarlo eliminamos la libertad humana, entonces estamos anulando cualquier posibilidad de bien.
Sería un despropósito que para evitar algunas ocasiones de ausencia de bien, lo impidiésemos siempre.
Dios, en su infinita sabiduría lo tiene muy claro: la libertad del hombre, su capacidad de amar, compensa cualquier riesgo...
Hay quien piensa que fe es lo opuesto a razón. Hay quien piensa que los que tenemos fe no somos personas razonables. No comparto estas opiniones; y para mostraros que en la razón hay mucha parte de fe y que en la fe hay mucha parte de razón, es para lo que comienzo este blog (28-9-2005).
martes, 26 de julio de 2011
lunes, 25 de julio de 2011
El mal llamado fundamentalismo cristiano
A raíz del loco ataque terrorista de Noruega se ha acuñado un término que no se oía: fundamentalismo cristiano. Se le atribuye al loco autor de dichos atentados. Imagino que el término se ha copiado literalmente del fundamentalismo islámico; pero es muy desafortunado.
El fundamentalismo cristiano no existe, ya que no hay ninguna doctrina ni corriente cristiana que defienda la "guerra santa" o la "conversión de los infieles" por la violencia. El cristianismo es por definición pacifista, por lo que cualquier fundamentalismo violento no puede ser cristiano: es una contradicción "in términis", un absurdo imposible.
Por desgracia, lo que sí puede haber es cristianos locos, o violentos que digan serlo. Por lo tanto, los medios de comunicación deberían haber hablado de un "loco cristiano" o mejor, de un "loco anti-islamista".
Pero es que además, el tal individuo no se define como cristiano más que de una forma cultural, como una oposición formal al islam. En realidad, se trata de un Masón, que es una corriente filosófica opuesta al cristianismo -por mucho que traten de ocultarlo- y más específicamente, opuesta a la Iglesia Católica.
Entre los escritos de dicho individuo se encuentran afirmaciones que nos permiten llegar inequívocamente a esta conclusión. Copio párrafos de la información difundida por la agencia ZENIT:
El terrorista habría fundado, en 2002, en Londres, junto a otros activistas, la orden templar de los Pobres Compañeros de Cristo del Templo de Salomón, inspirado inspirado en los grados Templarios de la Masonería – una organización de la que forma parte Breivik y a la que alabó por su “papel esencial”, pero a la que considera incapaz de pasar a la acción militar.
Esta supuesta Orden está abierta a “los cristianos, cristianos-agnósticos y ateos-cristianos”, es decir, a todos aquellos que reconocen la importancia de las raíces culturales cristianas, “pero también a las judías e ilustradas”, así como a las “paganas y nórdicas” por oponerse a los verdaderos enemigos, el islam y la inmigración.
“Lejos de ser un fundamentalista cristiano --aclara Introvigne-- Breivik, bautizado en Iglesia Luterana de Noruega, se define un 'cristiano cultural', cuya apelación a la herencia cristiana tiene una función instrumental anti-islámica”.
La Iglesias, según el terrorista, no están dispuestas a luchar contra el Islam. Por ello, propone un Gran Congreso Cristiano Europeo del cual nazca una nueva Iglesia Europea y anti-islámica. Y amenaza directamente al Papa Benedicto XVI, pues “ha abandonado el cristianismo y a los cristianos en Europa y debe ser considerado un Papa cobarde, incompetente, corrupto e ilegítimo”.
Los “justicieros Templarios” de Breivik deberían promover tres fases de la “guerra civil Europea”, explica el sociólogo.
“En la primera (1999-2030), deberían despertar la conciencia dormida de los europeos a través de 'ataques sobrecogedores de las células clandestinas', desencadenando la acción de grupos que utilizan el terror': grupos pequeños, incluso de una o dos personas.
En la segunda fase (2030-2070), se debe pasar a la insurgencia armada y a los golpes de Estado; en la tercera (2070-2083), a la verdadera guerra en contra de los inmigrantes musulmanes.
Breivik es consciente de que los ataques de la primera fase transformarán a los conspiradores en terroristas odiados por todos, pero ésta es la forma del “martirio templario” que busca. Los objetivos de “los ataques sobrecogedores” son los partidos políticos: el Partido Laborista Noruego, en primer lugar, pero también apunta contra los partidos europeos que boicotearían de diferentes maneras la guerra al Islam. Escribe amenazas contra partidos políticos italianos cómplices de esta acusación y contra Benedicto XVI.
El fundamentalismo cristiano no existe, ya que no hay ninguna doctrina ni corriente cristiana que defienda la "guerra santa" o la "conversión de los infieles" por la violencia. El cristianismo es por definición pacifista, por lo que cualquier fundamentalismo violento no puede ser cristiano: es una contradicción "in términis", un absurdo imposible.
Por desgracia, lo que sí puede haber es cristianos locos, o violentos que digan serlo. Por lo tanto, los medios de comunicación deberían haber hablado de un "loco cristiano" o mejor, de un "loco anti-islamista".
Pero es que además, el tal individuo no se define como cristiano más que de una forma cultural, como una oposición formal al islam. En realidad, se trata de un Masón, que es una corriente filosófica opuesta al cristianismo -por mucho que traten de ocultarlo- y más específicamente, opuesta a la Iglesia Católica.
Entre los escritos de dicho individuo se encuentran afirmaciones que nos permiten llegar inequívocamente a esta conclusión. Copio párrafos de la información difundida por la agencia ZENIT:
El terrorista habría fundado, en 2002, en Londres, junto a otros activistas, la orden templar de los Pobres Compañeros de Cristo del Templo de Salomón, inspirado inspirado en los grados Templarios de la Masonería – una organización de la que forma parte Breivik y a la que alabó por su “papel esencial”, pero a la que considera incapaz de pasar a la acción militar.
Esta supuesta Orden está abierta a “los cristianos, cristianos-agnósticos y ateos-cristianos”, es decir, a todos aquellos que reconocen la importancia de las raíces culturales cristianas, “pero también a las judías e ilustradas”, así como a las “paganas y nórdicas” por oponerse a los verdaderos enemigos, el islam y la inmigración.
“Lejos de ser un fundamentalista cristiano --aclara Introvigne-- Breivik, bautizado en Iglesia Luterana de Noruega, se define un 'cristiano cultural', cuya apelación a la herencia cristiana tiene una función instrumental anti-islámica”.
La Iglesias, según el terrorista, no están dispuestas a luchar contra el Islam. Por ello, propone un Gran Congreso Cristiano Europeo del cual nazca una nueva Iglesia Europea y anti-islámica. Y amenaza directamente al Papa Benedicto XVI, pues “ha abandonado el cristianismo y a los cristianos en Europa y debe ser considerado un Papa cobarde, incompetente, corrupto e ilegítimo”.
Los “justicieros Templarios” de Breivik deberían promover tres fases de la “guerra civil Europea”, explica el sociólogo.
“En la primera (1999-2030), deberían despertar la conciencia dormida de los europeos a través de 'ataques sobrecogedores de las células clandestinas', desencadenando la acción de grupos que utilizan el terror': grupos pequeños, incluso de una o dos personas.
En la segunda fase (2030-2070), se debe pasar a la insurgencia armada y a los golpes de Estado; en la tercera (2070-2083), a la verdadera guerra en contra de los inmigrantes musulmanes.
Breivik es consciente de que los ataques de la primera fase transformarán a los conspiradores en terroristas odiados por todos, pero ésta es la forma del “martirio templario” que busca. Los objetivos de “los ataques sobrecogedores” son los partidos políticos: el Partido Laborista Noruego, en primer lugar, pero también apunta contra los partidos europeos que boicotearían de diferentes maneras la guerra al Islam. Escribe amenazas contra partidos políticos italianos cómplices de esta acusación y contra Benedicto XVI.
martes, 28 de junio de 2011
La última cena
Nos recuerda Benedicto XVI en la segunda parte de su libro "Jesús de Nazaret" la importancia de la Última Cena de Jesús con sus apóstoles. E insitse en que la importancia no se debe a que se trate del último convite de Jesús con sus discípulos, sino por lo que en ella aconteció: se instituyó el sacramento de la Eucaristía, el sacramente de la presencia real de Jesús con nosotros para siempre.
Por lo tanto, nos insiste el Papa, la conmemoración que diariamente se hace de esa última cena, no debe convertirse en un convite entre los seguidores de Cristo, sino en la conmemoración de lo que Él instituyó: la entrega de su cuerpo y de su sangre.
La Misa no es tanto una "asamblea de fieles" o un "convite fraterno", como la reunión para hacer presente a Cristo (que nos amó hasta el extremo) y recibirle bajo las especies de pan y vino. Esto es lo que debe inspirar toda la liturgia eucarística: la presencia de Cristo entre nosotros; y a Él se le deberá dar toda la prioridad. Si olvidamos esto, estaremos convirtiendo la maravilla de amor de la Eucaristía, en una convención de colegas.
Y así lo entendieron los apóstoles y los cristianos durante siglos, ya que hasta la reforma del siglo XVI no se utiliza ningún término que signifique convite para referirse a la celebración de la Eucaristía.
Por lo tanto, nos insiste el Papa, la conmemoración que diariamente se hace de esa última cena, no debe convertirse en un convite entre los seguidores de Cristo, sino en la conmemoración de lo que Él instituyó: la entrega de su cuerpo y de su sangre.
La Misa no es tanto una "asamblea de fieles" o un "convite fraterno", como la reunión para hacer presente a Cristo (que nos amó hasta el extremo) y recibirle bajo las especies de pan y vino. Esto es lo que debe inspirar toda la liturgia eucarística: la presencia de Cristo entre nosotros; y a Él se le deberá dar toda la prioridad. Si olvidamos esto, estaremos convirtiendo la maravilla de amor de la Eucaristía, en una convención de colegas.
Y así lo entendieron los apóstoles y los cristianos durante siglos, ya que hasta la reforma del siglo XVI no se utiliza ningún término que signifique convite para referirse a la celebración de la Eucaristía.
domingo, 26 de junio de 2011
La voluntad y el amor de Dios
Los cristianos solemos hablar de la voluntad de Dios, como de una losa que se nos impone para poder alcanzar el paraíso. Y esto no es en absoluto así por dos motivos:
En primer lugar, la voluntad de Dios no es una especie de prueba caprichos que se nos impone, sino el mejor camino para nuestra felicidad, que se nos sugiere. Tenemos que tener la seguridad de que el plan de Dios para nuestra vida es el mejor de los posibles y el que nos hará más felices, antes y después de la muerte: ahora, el ciento por uno; y después, la vida eterna.
Por otra parte, es Dios el que va adaptando su voluntad a la libre y cambiante decisión del hombre. Es Dios el que, a cada NO que le decimos, hace brotar una nueva vía de su amor, y se inventa un nuevo plan para nosotros. La historia de la salvación está llena de estas rectificaciones: rectifica su plan original ante el pecado de Adán, el de Caín, la inmoralidad en tiempos de Noé, la afrenta de Babel, la exigencia de un rey por parte de Israel. Y, mientras tanto, prepara a Abraham, nos saca de Egipto, nos envía profetas y, por último, manda a su Hijo para que lo crucifiquemos en redención de nuestros pecados.
¡Y todavía hay quien se niega a cumplir la voluntad de Dios, porque la considera arbitraria y tiránica!
En primer lugar, la voluntad de Dios no es una especie de prueba caprichos que se nos impone, sino el mejor camino para nuestra felicidad, que se nos sugiere. Tenemos que tener la seguridad de que el plan de Dios para nuestra vida es el mejor de los posibles y el que nos hará más felices, antes y después de la muerte: ahora, el ciento por uno; y después, la vida eterna.
Por otra parte, es Dios el que va adaptando su voluntad a la libre y cambiante decisión del hombre. Es Dios el que, a cada NO que le decimos, hace brotar una nueva vía de su amor, y se inventa un nuevo plan para nosotros. La historia de la salvación está llena de estas rectificaciones: rectifica su plan original ante el pecado de Adán, el de Caín, la inmoralidad en tiempos de Noé, la afrenta de Babel, la exigencia de un rey por parte de Israel. Y, mientras tanto, prepara a Abraham, nos saca de Egipto, nos envía profetas y, por último, manda a su Hijo para que lo crucifiquemos en redención de nuestros pecados.
¡Y todavía hay quien se niega a cumplir la voluntad de Dios, porque la considera arbitraria y tiránica!
sábado, 25 de junio de 2011
La vida eterna
Sigo ahora con los comentarios al segundo libro de Bernedicto XVI sobre "Jesús de Nazaret".
Habitualmente, cuando los cristianos hablamos de "vida eterna", estamos pensando en la vida que hay después de la muerte; y esto es un grave error. Benedicto XVI nos recuerda que vida eterna no significa la vida que nos espera después de muertos, como una contraposición de la vida actual. La vida eterna es toda la vida del hombre, la única vida desde que nace y su alma es creada, hasta toda la eternidad durante la que perdurará esa alma. Así nos lo aseguró el Señor: "el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre" (Jn 11,25); es decir, para él la muerte será sólo un tránsito para continuar con la vida…
Al hablar de vida eterna, estamos estableciendo una diferencia no entre dos etapas de la vida, sino entre dos formas de vivirla. Porque, en efecto, hay una diferencia entre el mero existir de los seres vivos y el vivir de quien transciende la mera vida material y llega a la plenitud de la vida espiritual. Y ¿cómo se transciende este mundo? Pues Benedicto XVI nos indica que la respuesta nos la da el mismo Cristo en su oración sacerdotal: "ésta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Tú has enviado" (Jn 17,3). Por tanto, la vida eterna, la trascendencia, se nos da por el simple conocimiento de Dios y de Cristo que nos ha sido revelado. En el fondo, es así de simple: el hombre se hace inmortal uniéndose al que es Inmortal; y para esta unión basta con conocerle.
E incluso ese simple conocimiento se nos ha puesto bastante fácil, ya que, en Cristo, Dios sale continuamente al encuentro de los hombres, para que ellos puedan ir hacia Él. Dar a conocer a Cristo significa dar a conocer a Dios: "si me has conocido a mí, has conocido al Padre".
Habitualmente, cuando los cristianos hablamos de "vida eterna", estamos pensando en la vida que hay después de la muerte; y esto es un grave error. Benedicto XVI nos recuerda que vida eterna no significa la vida que nos espera después de muertos, como una contraposición de la vida actual. La vida eterna es toda la vida del hombre, la única vida desde que nace y su alma es creada, hasta toda la eternidad durante la que perdurará esa alma. Así nos lo aseguró el Señor: "el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre" (Jn 11,25); es decir, para él la muerte será sólo un tránsito para continuar con la vida…
Al hablar de vida eterna, estamos estableciendo una diferencia no entre dos etapas de la vida, sino entre dos formas de vivirla. Porque, en efecto, hay una diferencia entre el mero existir de los seres vivos y el vivir de quien transciende la mera vida material y llega a la plenitud de la vida espiritual. Y ¿cómo se transciende este mundo? Pues Benedicto XVI nos indica que la respuesta nos la da el mismo Cristo en su oración sacerdotal: "ésta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Tú has enviado" (Jn 17,3). Por tanto, la vida eterna, la trascendencia, se nos da por el simple conocimiento de Dios y de Cristo que nos ha sido revelado. En el fondo, es así de simple: el hombre se hace inmortal uniéndose al que es Inmortal; y para esta unión basta con conocerle.
E incluso ese simple conocimiento se nos ha puesto bastante fácil, ya que, en Cristo, Dios sale continuamente al encuentro de los hombres, para que ellos puedan ir hacia Él. Dar a conocer a Cristo significa dar a conocer a Dios: "si me has conocido a mí, has conocido al Padre".
sábado, 28 de mayo de 2011
Los cristianos, la libertad y la cuestión social
La libertad del hombre es algo tan importante, que Dios arriesgó el éxito de su creación con tal de garantizar nuestra libertad. De hecho, con nuestra libertad hemos alterado bastante los planes de Dios. Pero sin libertad, nuestros actos carecerían de todo valor y sería imposible el amor. Y Dios quiero sobre todo que amemos y nos sintamos amados.
Los cristianos debemos proteger la libertad humana y fomentar su ejercicio real; y tener en cuenta esto en toda nuestra acción social.
Todos los hombres somos iguales en dignidad, porque compartimos una misma naturaleza humana. Pero nuestra condici´n de seres libres nos hace únicos, radicalmente distintos unos de otros e irrepetibles como persona.
Los cristianos debemos proteger la libertad humana y fomentar su ejercicio real; y tener en cuenta esto en toda nuestra acción social.
Todos los hombres somos iguales en dignidad, porque compartimos una misma naturaleza humana. Pero nuestra condici´n de seres libres nos hace únicos, radicalmente distintos unos de otros e irrepetibles como persona.
Estos claros conceptos deben informar la actitud del cristiano frente a la cuestión social: fomentar la dignidad individual, la iniciativa privada, la propiedad privada y las libertades civiles; pero con una estructura social que proteja decididamente al más débil y que cubra esas facetas que la iniciativa asociativa ciudadana no puede cubrir.
Por esto, el cristianismo no es de derechas ni de izquierdas, sino que integra a ambos en defensa del ser humano.
En lenguaje coloquial se podría resumir diciendo que en una sociedad cristiana los ciudadanos serían de derechas y el Estado de izquierdas: aquéllos garantizan la dignidad individual, respetada por el Estado; y éste garantiza la protección social, distribuyendo entre todos lo imprescindible.
viernes, 6 de mayo de 2011
¿Se esconde Dios detrás del mal?
Estamos hablando de la huella de Dios en el mundo y de la queja de muchos de que Dios se esconda del hombre. Esto por supuesto es falso: es precisamente Dios quien ha tomado la iniciativa y se ha revelado al hombre para que éste pueda conocerlo. Y no le ha bastado con revelarse: también se ha encarnado para que podamos "tratarle" de una manera más humana. No obstante, reconozco que en ocasiones a todos nos parece que Dios se ha escondido o, por lo menos, se ha retirado a descansar por un tiempo.
Algunos piensan que donde mejor se esconde Dios es detrás del mal. Para muchos la constatación del mal, de los horrores que sufre la humanidad [a veces el dolor de unos hombres a manos de otros hombres] les impide ver a Dios. Pero la realidad es que Dios no se esconde detrás del mal -ni en ningún otro lugar-, porque el mal no existe por sí mismo: el mal es la ausencia de bien, la ausencia de Dios. El mal es lo que queda cuando eludimos el bien, cuando eludimos a Dios. Por desgracia tenemos dos buenos ejemplos de esta afirmación: los tres totalitarismos que negaron a Dios fueron los más terroríficos de la historia. Me refiero a la Revolución Francesa (que exaltó la razón), el Nazismo (que exaltó la superioridad de la raza) y el Comunismo (que exaltó al estado y abolió la dignidad individual).
Por tanto, no es que Dios se esconda detrás del mal o que éste le sea indiferente, sino que nosotros le hemos apartado y Él simplemente ha respetado nuestra libertad; y podríamos decir que la respeta "muy a su pesar", porque sin libertad humana no hay bien posible.
No culpemos a Dios de un mal del que sólo nosotros tenemos la culpa.
martes, 3 de mayo de 2011
Tenemos que ser como niños
Nos cuesta distinguir lo que es realmente extraordinario. al parecer sólo puede serlo aquello que no constatamos con nuestros sentido (lo sobrenatural) y no caemos en la cuenta de la cantidad de cosas extraordinarias e inexplicables que ocurren en el orden de lo natural, lo material. Lo venimos comentando y lo comentaremos más adelante.
Pero quiero ahora constatar un hecho que nos pasa habitualmente inadvertido: para los niños, todo es nuevo y extraordinario y, por tanto, todo es "normal". Parta ellos todo es posible y todo se lo creen: ¿por qué dudar de un ratón pérez que pone caramelos a los niños a los que se les cae un diente?; o ¿qué es más increíble, que una cigüeña traiga a los niños de París o que se desarrollen por arte de magia desde una minúscula célula en la tripita de mamá?.
Pero quiero ahora constatar un hecho que nos pasa habitualmente inadvertido: para los niños, todo es nuevo y extraordinario y, por tanto, todo es "normal". Parta ellos todo es posible y todo se lo creen: ¿por qué dudar de un ratón pérez que pone caramelos a los niños a los que se les cae un diente?; o ¿qué es más increíble, que una cigüeña traiga a los niños de París o que se desarrollen por arte de magia desde una minúscula célula en la tripita de mamá?.
Tenemos que ser como niños, para creer en la realidad y la verdad; recuperar lo asombroso de lo cotidiano y la sencillez de lo sobrenatural. Tenemos que perder la costumbre de lo habitual y recuperar su maravillosa realidad.
Cuando veamos la maravilla de lo sobrenatural en todo lo natural que vemos, entonces dejaremos de dudar de todas las maravillas sobrenaturales que no vemos.
Cuando veamos la maravilla de lo sobrenatural en todo lo natural que vemos, entonces dejaremos de dudar de todas las maravillas sobrenaturales que no vemos.
jueves, 28 de abril de 2011
Hechos extraordinarios
Hablábamos en la entrada anterior de que la huella de Dios puede también encontrarse en una serie de hechos extraordinarios; y es que Dios busca que le queramos más por la fe que por el conocimiento, por esto parece que está jugando al escondite con los hombres.
Pero también muchos hechos ordinarios -muy materiales y humanos- carecen de explicación; y no por eso los negamos científicamente. En realidad, si todo aquello que no llegamos a conocer en profundidad se rechazase del conocimiento científico, nuestra vida sería mucho más atrasada de lo que lo es. Y es que a los científicos les basta con la certeza de que algo existe para reconocerlo aunque no lo entiendan; pero no les basta la existencia del mundo como prueba irrefutable de la existencia de un Creador: ¡paradojas de la Ciencia!
Por ejemplo, nadie sabe lo que es la gravedad, por muy estudiada que esté su famosa Ley. Sabemos cómo se comportan los cuerpos en razón de la atracción que experimentan unos por otros; pero no tenemos ni la más remota idea de en qué consiste esa atracción: ¿son ondas?; ¿es la curvatura del espacio-tiempo?; ¿cómo puede influir instantáneamente a distancias de millones de años luz? Esto último, por cierto, es incompatible con la teoría de la relatividad, pues ésta afirma que nada puede viajar más rápido que la luz. Pues bien, la gravedad es instantánea, una molificación de masa en un rincón del universo afectaría a todo él (y, de hecho, los cuerpos siempre se están afectando mutuamente) a pesar de las astronómicas distancias que separan a unos cuerpos de otros.
Pero, por supuesto, nadie negaría la gravedad por el pequeño detalle de no entenderla; sólo nos permitimos negar a Dios porque no le entendemos; ¡nosotros, sus criaturas!
martes, 26 de abril de 2011
La firma de Dios
Muchos ateos y agnósticos basan su postura en la queja de que dios debería haber firmado su obra una vez terminada la creación, así no nos resultaría tan difícil reconocer su existencia. La verdad es que esta es una postura tentadora y que a mí también me hubiese gustado poder ver claramente la firma de Dios en su creación.
Por otra parte, todo esto depende de lo que se considere como firma, ya que Dios sí ha dejado muchas huellas de su paso por la creación. algunas de esta huellas podrían ser las pruebas de Santo Tomás y el reconocimiento de que entre lo creado hay aspectos espirituales que no pueden tener explicación con la mera materia.
Pero lo que yo considero la gran firma de la creación -al menos de la creación del hombre-; y que es bastante más que una firma o una simple huella es el paso de Jesucristo por la Tierra.
Y es que Jesucristo, el Dios hecho hombre -con su naturaleza divina y su naturaleza humana en una única persona- es la firma más completa que se puede plasmar: Dios firma con toda una naturaleza humana. Y más que una huella, se trata de todo un rastro, ya que puede seguirse; y si se sigue con constancia se acaba encontrando a Dios sin lugar a dudas.
Es una firma tan intensa, que puede incluso amarse; y es ésta la manera más segura de acabar encontrando a Dios.
Estamos ahora en la octava pascual, celebrando la resurrección del Señor: la firma viva que Dios quiso imprimir en la naturaleza humana y en toda la creación.
Y si alguien duda que la naturaleza humana y divina de Jesucristo es la firma de Dios, su huella más profunda en la creación y todo un rastro que puede ser seguido, que estudie con detenimiento el mensaje evangélico, que trate de seguirlo; y le aseguro que comprobará la autenticidad de la firma divina... y mucho más.
¿Alguien puede dudar de que el rastro de Cristo en la tierra no es divino?
Por otra parte, todo esto depende de lo que se considere como firma, ya que Dios sí ha dejado muchas huellas de su paso por la creación. algunas de esta huellas podrían ser las pruebas de Santo Tomás y el reconocimiento de que entre lo creado hay aspectos espirituales que no pueden tener explicación con la mera materia.
Pero lo que yo considero la gran firma de la creación -al menos de la creación del hombre-; y que es bastante más que una firma o una simple huella es el paso de Jesucristo por la Tierra.
Y es que Jesucristo, el Dios hecho hombre -con su naturaleza divina y su naturaleza humana en una única persona- es la firma más completa que se puede plasmar: Dios firma con toda una naturaleza humana. Y más que una huella, se trata de todo un rastro, ya que puede seguirse; y si se sigue con constancia se acaba encontrando a Dios sin lugar a dudas.
Es una firma tan intensa, que puede incluso amarse; y es ésta la manera más segura de acabar encontrando a Dios.
Estamos ahora en la octava pascual, celebrando la resurrección del Señor: la firma viva que Dios quiso imprimir en la naturaleza humana y en toda la creación.
Y si alguien duda que la naturaleza humana y divina de Jesucristo es la firma de Dios, su huella más profunda en la creación y todo un rastro que puede ser seguido, que estudie con detenimiento el mensaje evangélico, que trate de seguirlo; y le aseguro que comprobará la autenticidad de la firma divina... y mucho más.
¿Alguien puede dudar de que el rastro de Cristo en la tierra no es divino?
lunes, 11 de abril de 2011
Los cristianos y la guerra
En España ha habido en los últimos años varios debates fuertes sobre la participación en conflictos bélicos. Y en uno de los casos, la postura se politizó mucho, ya que tuvo importante influencia en un proceso electoral. A muchos les extrañó el apoyo a la entrada en la guerra de Irak por parte de un amplio sector de la "derecha española", a pesar de que el propio Juan Pablo II se manifestó en contra del inicio de dicha guerra. Recientemente ha sido un gobierno de "izquierda" el que ha decretado la participación en la guerra civil de Libia. Esto nos pone de manifiesto dos ideas muy claras:
- El belicismo no es de derechas ni de izquierdas, sino que depende de los intereses del gobierno de turno.
- La "derecha española" no se guía por las indicaciones del Papa; y ya no mantiene posturas netamente cristianas, como lo hacía antaño. Y es que una cosa son las posturas políticas y otra las creencias religiosas o morales. Tradicionalmente se ha considerado a los católico como votantes de derechas (y puede que así sea) pero esto es una mera coincidencia, no una consecuencia lógica.
Hecha la anterior advertencia, paso a lo importante.
La postura auténticamente cristiana es siempre pacifista; y a esta conclusión se llega mediante la lectura del sermón de la montaña, que es sin duda el compendio más importante del mensaje evangélico. En este sermón se contienen las bienaventuranzas; la séptima de las cuales no admite lugar a dudas: "Bienaventurados los pacíficos porque ellos serán llamados hijos de Dios". Y si repasamos el resto del sermón veremos que Jesús nos anima a no reclamar nuestros derechos: "si te quitan el manto dale también la capa"; " a quien te obligue a caminar un trecho, acompáñale dos".
Ya sé que la moral cristiana permite el ejercicio de los propios derechos, incluso admite la guerra justa en defensa propia; pero lo propio del cristiano, lo más coherente con el espíritu evangélico es la actitud pacífica.
Y me ha gustado mucho encontrar esta confirmación en el nuevo libro de Benedicto XVI (la segunda parte de Jesús de Nazaret), en donde pone de relieve que el pacifismo de los cristianos se puso de manifiesto desde el principio, renunciando a la lucha armada contra Roma e incluso negándose a combatir en la defensa de Jerusalén, ni siquiera para impedir la destrucción del Templo. Efectivamente, siguiendo el consejo evangélico, huyeron a la montaña, en vez de participar en su sangrienta defensa; y esto no fue por cobardía, sino por coherencia con el mismo mensaje evangélico.
No debemos olvidar esta enseñanza, ni siquiera cuando esta postura coincida con la de nuestro oponentes políticos...
miércoles, 6 de abril de 2011
La verdad y la política
Dedica Benedicto XVI un apartado de la segunda parte de su Jesús de Nazaret a comentar el juicio que sufrió Jesús ante Pilatos; y cómo salió entonces a relucir la Verdad. Y así llega a afirmar que el Reino de Dios no es un reinado de poder, sino la implantación de la Verdad como forma de llegar a la justicia y la paz.
Y esta es la gran diferencia: los reinos de los hombres pretenden alcanzar la paz imponiendo el criterio de la mayoría; y los más violentos, pretenden imponer la paz con fuerza bruta. Pero ninguna de estas vías es posible si esa paz no se basa en la Verdad sobre el hombre, por mucha fuerza que se haga o mucha mayoría que se siga.
Al hombre sólo le colma la paz que se deriva de la Verdad, del conocimiento certero de su propia naturaleza y su propio destino.
lunes, 4 de abril de 2011
El culto y la moral no bastan
En el Antiguo Testamento la fe se mantenía a base de ritos; es decir, descansaba sobre el culto, los sacrificios y otra serie de costumbres que el pueblo debía seguir para mantener la alianza. Esta ritualización se llevó hasta el extremo; y en tiempos de Jesucristo, ya había suplantado totalmente a la verdadera moral, llegándose a la hipocresía de cumplir minuciosamente la norma sin practicar el amor a Dios ni al prójimo.
Jesús no ocultó su rechazo de esta hipocresía y se permitió denominar como “sepulcros blanqueados” y “raza de víboras” a estos cumplidores de palabra. Así las cosas, los cristianos se liberaron de la Ley y pusieron en énfasis en la moral: no basta con seguir una serie de normas aparentes, hay que adherirse de verdad a los mandamientos y cumplirlos personalmente. Por supuesto, esto significa un avance importante frente a la mera hipocresía anterior; pero también tiene sus riesgos.
De hecho, con el tiempo, este predominio de la moral también acabó corrompiéndose y pretendió reducir nuestra fe a una mera moral sexual. Desde el siglo XIX, esto se acentuó tanto que se llega a identificar como buen cristiano a todo aquél que es decente.
Esto no es así. El cristianismo no es una moral –aunque contenga una moral-: el cristianismo es el seguimiento de una persona, que concretó su mensaje con el mandamiento de “amar a Dios y al prójimo”. De nada vale ser el más decente del barrio, la más pudorosa de las mujeres, si no se ama de verdad a Cristo. Cierto que ´Él mismo dijo: “si me amáis guardaréis mis mandamientos”, y por tanto, hay que guardarlos; pero no dijo “si guardáis mis mandamientos me amaréis”, y por tanto, no basta con el mero cumplimiento.
En la segunda parte de su libro Jesús de Nazaret, Benedicto XVI lo deja bien claro: "En lugar de la pureza ritual no ha entrado simplemente la moral, sino el don del encuentro con Dios en Jesucristo".
Sin encuentro personal con Cristo, de nada sirven ni el culto ni la moral; porque todo eso sólo alcanza su pleno sentido en Cristo.
miércoles, 23 de marzo de 2011
El crucifijo en Occidente
Una sentencia del Tribunal Constitucional de Perú aclara perfectamente la polémica entre los laicistas empedernidos (que quieren eliminar cualquier símbolo religioso y cercenar la libertaad de expresión de los creyentes) y los auténticos tolerantes (que toleran tanto las expresiones religiosas como las agnósticas o ateas):
“El Tribunal Constitucional considera que la presencia de símbolos religiosos como el crucifijo o la Biblia que se encuentran histórica y tradicionalmente presentes en un ámbito público, como en los despachos y tribunales del Poder Judicial, no afecta la libertad religiosa ni el principio de laicidad del Estado, en tanto que la presencia de esos símbolos responde a una tradición históricamente arraigada en la sociedad, que se explica por ser la Iglesia Católica un elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú, conforme lo reconoce el artículo 50º de la Constitución”.
“De este modo, si bien en un templo el crucifijo tiene un significado religioso, en un escenario público (como en los despachos y tribunales del Poder Judicial) tiene un valor cultural, ligado a la historia del país, a su cultura o tradiciones. En tal contexto, que el Estado mantenga dichos símbolos en tales espacios públicos no significa que abandone su condición de Estado laico para volverse un Estado confesional”.
“Además, la sola presencia de un crucifijo o una Biblia en un despacho o tribunal del Poder Judicial no fuerza a nadie a actuar en contra de sus convicciones, pues no puede sostenerse que de la presencia de tales símbolos se derive alguna obligación de, por ejemplo, adoración o veneración, cuyo cumplimiento afecte la conciencia de los no creyentes.Tal supuesto de coacción no sucede ni se configura por el solo hecho de exhibir o colocar crucifijos siguiendo una tradición arraigada a nuestra historia y a nuestras costumbres”.
Está muy claro; pero el que no quiere entender...
viernes, 18 de marzo de 2011
Dios y la libertad
Dios es lo que hace grande al hombre, le otorga la dignidad que posee y le revela el secreto de la naturaleza humana, que Dios conoce perfectamente por haberla creado. Pero es precisamente esta condición de criatura de Dios, el tener una naturaleza creada, lo que limita su campo de acción a aquello que le es propio según su naturaleza. El origen de nuestra grandeza es precisamente la causa de nuestra limitación en el obrar, si queremos mantenerla. Pero esta limitación no hace sino manifestar la libertad que tenemos para mantenernos dentro de dichos límites o saltárnoslos olímpicamente.
Por el contrario, sin Dios, sin un origen personal que nos conforme según un plan creador, el hombre no es más que una cosa, fruto de la casualidad y que actúa en función de un cúmulo de reacciones electroquímicas. Si el hombre no tiene una naturaleza personalmente concebida, entonces puede actuar como quiera en cada momento, modificando su naturaleza a capricho y despreciando la de los demás seres que -como casuales- también carecen de dignidad. Pero si todo es fruto de la casualidad, entonces el propio actuar humano también lo es: el hombre sin límites naturales no es libre, ya que no actúa según una voluntad ni un plan, sino simplemente siguiendo los sentimientos que sus reacciones electroquímicas le imponen en cada momento.
Es decir: solo Dios nos da la libertad, aunque nos marque límites; sin Dios no hay límites, pero tampoco somos libres...
¿Es que seríamos personas sin Dios?
jueves, 10 de marzo de 2011
El humanismo cristiano
Seguimos con el tema de la entrada anterior.
La diferencia entre el humanismo inmanentista -en el que el hombre es soberano de si mismo y centro del universo, lo que le permite cualquier conducta que su razón le muestre- y el humanismo cristiano -en el que el hombre posee una dignidad trascendente, pero está sometido a una Ley superior, que le impone límites y le exige el respeto de los demás seres, humanos o no-, no radica en su racionalidad -que ambos la tienen- sino en la Fe, que sólo el último tiene.
Como decía Juan Pablo II, sin Dios no es posible un auténtico humanismo; es decir, un humanismo que sea realmente humano. Porque sólo Dios revela al hombre su propio misterio, su fin último y sus límites como criatura.
Por desgracia, demasiados ejemplos nos dan la razón: sin Dios el hombre se vuelve irracional e inhumano.
lunes, 7 de marzo de 2011
El Renacimiento
Leo en un libro de texto escolar la siguiente frase referente al Renacimiento, plagada de errores:
El humanismo es una nueva corriente de pensamiento que supone un gran cambio con respecto a la Edad Media, por la que se pone al hombre como centro del universo se le libera de la religión y se proclama su capacidad de actuar y pensar racionalmente.
Vayamos por partes:
- Efectivamente, se produce un gran cambio con respecto a la Edad Media. Durante ésta, la cultura y el arte está exclusivamene ligado con la religión y se desarrolla en los monasterios, que fueron los encargados de hacernos llegar toda la cultura clásica. La sociedad civil no religiosa fue tremendamente oscura y bárbara, dominada por un feudalismo señorial que sometía a la pleve a la esclavitud de la incultura. Por lo tanto, es la religión la que preserva toda esa cultura y permite que en el Renacimeinto llegue al resto de la sociedad civil.
- Al hombre como centro del universo le pone el Cristianismo, al afirmar que es la única criatura creada a imagen y semejanza de Dios; y, por lo tanto, con una dignidad intrínseca que nos iguala a todos y nos pone en un plano infinitamente superior al del resto de los seres creados.
- Si el humanismo libró al hombre de la religión, por qué siglos después sigue habiendo religión en el mundo. ¿De qué religión le liberó? Porque, por ejemplo, en España durante la Edad Media la religión mayoritaria era el Islam; y precisamente a la salida de la Edad Media fue volviendo al Cristianismo.
- El humanismo proclama la capacidad del hombre de pensar y actuar racionalmente al margen de la religión. Por esto, en las ocasiones en que más renegó de la religión actuó racionalmente (¿?) pero no tan humanamente. Tenemos tres ejemplos de esto:
- La época del terror en la revolución francesa, que tras entronizar a la diosa razón, se dedicó a cortar la cabeza a todo aquél que se puso a mano, incluidos los propios revolucionarios; pero, por supuesto, lo hizo racionalmente: utilizó un invento aseptico y efectivo, la guillotina.
- El Comunismo, tanto el soviético como el chino o camboyano, que utilizó los mejores métodos de manipulación personal y social para torturar y aniquilar a todos sus oponentes, con el sano objetivo de imponer el paraíso del proletariado... allí en donde ya había acabado con todos los proletarios.
- El nazismo científica doctrina para solucionar finalmente el problema del odio y la envidia y establecer el orgullo humanista de la raza aria: exterminar a todo aquél que nos estorba ya sea en el campo de batalla o en los científicamente diseñados hornos crematorios después de aplicar el último invento de la razón: el gas ziklon.
Y conste que soy admirador de los logros del Renacimiento; pero estos no se produjeron de espaldas a la religión, sino gracias al valor que el Cristianismo otorga al ser humano y a su paso por la Tierra.
viernes, 4 de marzo de 2011
El humanismo sin Dios
En la entrada anterior incluíamos una parábola sobre la creación de dios por el hombre: sigamos ahondando en las graves consecuencias de esto.
Sin Dios, no se puede siquiera crear un auténtico humanismo, ya que la dignidad del hombre procede precisamente de su condición de ser criatura de Dios, hecha a su imagen y semejanza. Sin un Dios Padre común, ¿cómo ser hermanos?; y si no somos hermanos, ¿por qué respetarnos en vez de buscar exclusivamente el propio provecho?
“Un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza, y una cultura sin Dios lleva en su núcleo la desesperación, se vuelve inevitablemente cultura de la muerte.” Joseph Ratzinger, 2001. Por desgracia, hemos podido comprobar la realidad de esta afirmación con los millones de muertes derivados de la sustitiución de Dios por un ideal a la medida del hombre: el comunismo, el nazismo; pero también el aborto, la eutanasia y las esterilizaciones masivas, porque sin Dios y sin esperanza la vida deja de tener sentido.
Por el contrario, la esperanza en Dios nos lleva a la actividad, al progreso, a compartir con nuevos hombres lo logrado. Por esto, Pablo VI afirmaba sin miedo que "el humanismo cristiano es la fuerza más poderosa al servicio del desarrollo". Puede parecer exagerada esta frase, pero ¿de dónde proviene el desarrollo del mundo, sino de la cultura cristiana?
lunes, 28 de febrero de 2011
...Y el hombre se hizo un dios a su imagen y semejanza...
Al sexto día, el hombre miró todo lo que había hecho y cómo había dominado la naturaleza y las ciencias y vio que todo era bueno; y entonces se dijo "hagamos un dios a nuestra imagen y semejanza".
Y tomó un poco de su entendimiento y modeló un dios que el hombre pudiese comprender; y le dijo: "puedes dominar toda la tierra y las leyes de la naturaleza; pero la voluntad humana no podrás dominarla, porque el día que lo intentases te desterraré de mi fe". Y dios fue feliz poniendo nombre a todas las cosas, pero no se atrevió a contradecir la voluntad humana.
Y al séptimo día, una vez dominadas todas las cosas -incluso su dios-, el hombre descansó.
Pero, cuando el hombre despertó de su descanso, descubrió que desconocía de dónde venía y cual era su destino. Comprobó que, siguiendo su propia voluntad sin moral alguna, el hombre no lograba respetar ni su naturaleza ni a sus semejantes. Vio cómo los animales y las plantas -dominados por dios- prosperaban, crecían y se multiplicaban, mientras que el hombre se iba aniquilando a sí mismo. Y quiso buscar una norma que seguir, al igual que los demás seres de la naturaleza; pero no la encontró, porque el dios que hizo a su imagen y semejanza, con su mismo entendimiento y voluntad, no podía mostrársela.
Y cuando el hombre estaba más abatido y desconcertado, Dios creyó en el hombre y tuvo misericordia de él y barrió de la tierra al dios que el hombre había creado, y se mostró al hombre para que éste pudiese conocerle y amarle; y, al fin, el hombre creyó y amó a un Dios que lo había creado a su imagen y semejanza.
Y tomó un poco de su entendimiento y modeló un dios que el hombre pudiese comprender; y le dijo: "puedes dominar toda la tierra y las leyes de la naturaleza; pero la voluntad humana no podrás dominarla, porque el día que lo intentases te desterraré de mi fe". Y dios fue feliz poniendo nombre a todas las cosas, pero no se atrevió a contradecir la voluntad humana.
Y al séptimo día, una vez dominadas todas las cosas -incluso su dios-, el hombre descansó.
Pero, cuando el hombre despertó de su descanso, descubrió que desconocía de dónde venía y cual era su destino. Comprobó que, siguiendo su propia voluntad sin moral alguna, el hombre no lograba respetar ni su naturaleza ni a sus semejantes. Vio cómo los animales y las plantas -dominados por dios- prosperaban, crecían y se multiplicaban, mientras que el hombre se iba aniquilando a sí mismo. Y quiso buscar una norma que seguir, al igual que los demás seres de la naturaleza; pero no la encontró, porque el dios que hizo a su imagen y semejanza, con su mismo entendimiento y voluntad, no podía mostrársela.
Y cuando el hombre estaba más abatido y desconcertado, Dios creyó en el hombre y tuvo misericordia de él y barrió de la tierra al dios que el hombre había creado, y se mostró al hombre para que éste pudiese conocerle y amarle; y, al fin, el hombre creyó y amó a un Dios que lo había creado a su imagen y semejanza.
lunes, 21 de febrero de 2011
La idea-sentimiento
Estoy leyendo a Dostoyevsky -uno de los escritores que mejor describe la personalidad humana-, y me he encontrado en su obra El Adolescente con un personaje que afirma que de poco valen los razonamientos para convencer a alguien si, además de las razones, no le transmitimos también una idea-sentimiento que sustituya a sus anteriores convencimientos y llene el vacío que éstos dejan.
Me ha gustado mucho esta afirmación, ya que -de algún modo- la había utilizado yo en entradas anteriores para expresar que sólo con razones -por muy fuertes e inteligentes que sean- no se llega a convertir a nadie. Nadie cambia de vida porque se le convenza de que su forma de actuar no es la más lógica posible. Lo que cambia a las personas es encontrarse con una idea nueva que suscita en ellos un sentimiento -una especie de intuición- de que merece la pena seguir dicha idea; y, entonces, ya no hacen falta las razones porque la Fe -ese conocimiento no comprobable- se habrá aposentado en su mente y en su corazón.
Precisamente, en el Cristianismo tenemos la mejor idea-sentimiento que pudiese pensarse (si se me permite esta burda comparación): tenemos a Cristo. Es el conocimiento de Cristo y de su mensaje lo que cambiará nuestra forma de actuar; lo que hará que encontremos más lógico el mensaje evangélico, que el absurdo mensaje egoísta que transmite el mundo.
Demos a conocer a Cristo -también con nuestro ejemplo- y quizá después ya no haya que razonar tanto.
Me ha gustado mucho esta afirmación, ya que -de algún modo- la había utilizado yo en entradas anteriores para expresar que sólo con razones -por muy fuertes e inteligentes que sean- no se llega a convertir a nadie. Nadie cambia de vida porque se le convenza de que su forma de actuar no es la más lógica posible. Lo que cambia a las personas es encontrarse con una idea nueva que suscita en ellos un sentimiento -una especie de intuición- de que merece la pena seguir dicha idea; y, entonces, ya no hacen falta las razones porque la Fe -ese conocimiento no comprobable- se habrá aposentado en su mente y en su corazón.
Precisamente, en el Cristianismo tenemos la mejor idea-sentimiento que pudiese pensarse (si se me permite esta burda comparación): tenemos a Cristo. Es el conocimiento de Cristo y de su mensaje lo que cambiará nuestra forma de actuar; lo que hará que encontremos más lógico el mensaje evangélico, que el absurdo mensaje egoísta que transmite el mundo.
Demos a conocer a Cristo -también con nuestro ejemplo- y quizá después ya no haya que razonar tanto.
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