domingo, 3 de noviembre de 2013

Creer, a pesar de lo que vemos.

Habitualmente se considera que fe es creer en lo que nos dicen, a pesar de que no podemos verlo. Por supuesto, esto es cierto. Pero en nuestros días se da un tipo de fe mucho más exigente. A los cristianos se nos está exigiendo creer “a pesar” de lo que sí vemos.

Efectivamente, se nos exige creer en un Dios todopoderoso y misericordioso, a pesar del mal y la injusticia que vemos en el mundo.
Se nos exige creer en que la Iglesia perdurará siempre, a pesar de las persecuciones que padece y las traiciones y divisiones internas que sufre.
Se nos exige creer en el triunfo definitivo de Cristo, a pesar de que, entre los que le conocen, unos le odian ferozmente y otros prácticamente le iognoran... y los demás somos bastante mediocres. 
Y el mayor de todos los actos de fe: se nos exige creer que Cristo está realmente presente en la Eucaristía, a pesar de que solo vemos pan y vino.
Quizá si practicásemos más a menudo este último acto de fe, los demás nos resultarían más fáciles…

¡Y no hay mejor manera de creer en la Eucaristía que adorarla!

miércoles, 30 de octubre de 2013

Lumen Fidei (y6)

Nos dice el Papa que Dios al revelarse no tiene reparo en mostrarse como nuestro Padre y llamarnos sus hijos; pero en la sociedad moderna existe como una vergüenza de reconocerle no ya como padre, sino como simple creador (si es que a la Creación se la puede calificar de "simple"):

¿Seremos en cambio nosotros los que tendremos reparo en llamar a Dios nuestro Dios? ¿Seremos capaces de no confesarlo como tal en nuestra vida pública, de no proponer la grandeza de la vida común que él hace posible? La fe ilumina la vida en sociedad; poniendo todos los acontecimientos en relación con el origen y el destino de todo en el Padre que nos ama, los ilumina con una luz creativa en cada nuevo momento de la historia.

Y nos recuerda que la sociedad occidental está basada en la Fe cristiana; y es debido al Cristianismo que Occidente ha influido positivamente en otras culturas, llevando lo que de más humano tiene. Pero cuando esos fundamentos desaparecen, también la civilización occidental se resiente:

Cuando la fe se apaga, se corre el riesgo de que los fundamentos de la vida se debiliten con ella, como advertía el poeta T. S. Eliot: «¿Tenéis acaso necesidad de que se os diga que incluso aquellos modestos logros / que os permiten estar orgullosos de una sociedad educada / difícilmente sobrevivirán a la fe que les da sentido?». Si hiciésemos desaparecer la fe en Dios de nuestras ciudades, se debilitaría la confianza entre nosotros, pues quedaríamos unidos sólo por el miedo, y la estabilidad estaría comprometida.

Y nosotros tan orgullosos de un laicismo ateo que nos está haciendo desaparece como civilización, aunqeu sólo sea por la falta de natalidad...

domingo, 27 de octubre de 2013

Lumen Fidei (5)

Uno de los aspectos más destacables de la primera encíclica del Papa Francisco es la unión que hace entre Fe y Amor.

La Fe, que procede de la absoluta autoridad de Dios, nuestro creador, sin embargo se presenta más como producto de Su amor...

Dios no nos impone la Fe; es decir, no se revela omnipotentemente para someternos (no tendríamos otra alternativa que creer en Él después de haberle visto), sino que se va revelando discretamente a través de su acción en el hombre, para que éste le ame... pero le ame libremente.

Así, la fe confiesa el amor de Dios, origen y fundamento de todo, se deja llevar por este amor para caminar hacia la plenitud de la comunión con Dios. El decálogo es el camino de la gratitud, de la respuesta de amor, que es posible porque
, en la fe, nos hemos abierto a la experiencia del amor transformante de Dios por nosotros. Y este camino recibe una nueva luz en la enseñanza de Jesús, en el Discurso de la Montaña (cf. Mt 5-7).

Así, un primer paso de ese amor de correspondencia sería cumplir el decálogo de Dios, que es el reglamento adecuado a nuestra naturaleza: reconocemos que nos ha creado por amor y cumplimos las normas que indican el camino a seguir.

Pero existe un segundo paso, el que Cristo mismo quiso dar primero y explicárnoslo después. Se trata de ir mucho más allá de lo que es correcto, lo que es bueno para nuestra naturaleza. Ahora se trata de darse, de excederse dándose a Dios; y éste quiere que lo hagamos dándonos a los hermanos, que son también sus hijos. Este camino de segundo nivel está recogido en el Sermón de la Montaña: las Bienaventuranzas y demás consejos evangélicos (amar al enemigo, rezar por los que nos persiguen, poner la otra mejilla, etc.) 

viernes, 25 de octubre de 2013

Lumen Fidei (4)

Nos explica el Papa que en la tradición judía la Fe se recibía a través de la revelación de la Palabra divina: Dios habló a Abraham y habló a Moisés. Por el contrario, en la tradición griega, la fe llega por la luz, por la contemplación de las cosas.
El Cristianismo, de hecho, ha conjugado ambas posibilidades: La fe nos puede venir tanto a través de la luz, viendo la creación; como a través de la Palabra, recibiendo el mensaje evangélico por el testimonio de los hermanos o la lectura de la Biblia.
Consecuentemente, la Fe que hemos recibido se debe convertir en luz (tenemos que reflejar la que hemos recibido, como si fuésemos espejos); pero también requiere de nuestro testimonio, de nuestra palabra: no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído... (Hechos 4, 19-20).
Y en palabras del Papa: Quien se ha abierto al amor de Dios, ha escuchado su voz y ha recibido su luz, no puede retener este don para sí. La fe, puesto que es escucha y visión, se transmite también como palabra y luz. El apóstol Pablo, hablando a los Corintios, usa precisamente estas dos imágenes. Por una parte dice: « Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por eso hablé, también nosotros creemos y por eso hablamos » (2 Co 4,13).
¡Es una grave responsabilidad para los que hemos recibido la Fe!

jueves, 24 de octubre de 2013

Lumen Fidei (3)

Seguimos con la encíclica del Papa Francisco.

En el primer capítulo de la enccíclica, el Papa vincula fe y amor; es más, insiste en que el objeto fundamental de la Fe debe ser el amor de Dios por su criatura:
 
La fe transforma toda la persona, precisamente porque la fe se abre al amor. Esta interacción de la fe con el amor nos permite comprender el tipo de conocimiento propio de la fe, su fuerza de convicción, su capacidad de iluminar nuestros pasos. La fe conoce por estar vinculada al amor, en cuanto el mismo amor trae una luz. La comprensión de la fe es la que nace cuando recibimos el gran amor de Dios que nos transforma interiormente y nos da ojos nuevos para ver la realidad.
 Como decía San Pablo, de las tres virtudes teologales la primera es la Caridad; pero no solo como importancia, sino que también es la que debe aparecer primero en nuestro proceso de conversión. Es el conocimiento del amor de Dios lo que abre las puertas de nuestro corazón a la Fe; y después, como una consecuencia, vendrá la Esperanza en llegar a poseer aquello que amamos y creemos.

Los cristianos solemos basar nuestra predicación en la existencia de Dios; primero tratamos de suscitar la fe en su existencia, como paso previo a cualquier otra explicación. Quizá ese sea el camino lógico en otras religiones; pero para el Cristianismo, lo decisivo es la fe en el amor de Dios por nosotros, en que El nos amó primero y por eso Cristo nos redimió: la fe de los cristianos, o es en el amor de Cristo o no nos llegaremos a enterar de lo que es el Cristianismo.

miércoles, 23 de octubre de 2013

No explotarás al jornalero

No explotarás al jornalero pobre e indigente, tanto si es uno de los tuyos, como si se trata de un emigrante que reside en tu tierra o en tu ciudad. Le darás cada día su jornal, antes de la puesta del sol, pues es pobre y espera impaciente su salario. (Deuteronomio 24, 14-15).

No molestes ni oprimas al forastero, porque también vosotros fuisteis forasteros en Egipto. No maltrates a la viuda ni al huérfano... (Exodo 22, 20-21).

El problema de la inmigración es mucho más antiguo de lo que nos parece; y para los cristianos ya nos quedó claro el criterio en la Biblia, aunque no esté de más recordarlo de vez en cuando...

Y, por supuesto, esa doctrina es aplicable a todos los jornaleros... El abuso de los trabajadores es uno de los pecados que en la Biblia "claman al cielo".


lunes, 21 de octubre de 2013

Lumen Fidei (2)

Nos aclara el Papa en su encíclica que la luz de la fe no disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una lámpara, guía nuestros pasos en la noche, y esto basta para caminar. A veces pretendemos que la linterna de la fe ilumine la totalidad del campo, cuando sólo podrá iluminar el sendero por el que vamos, que es lo realmente necesario. Quizá en estos casos lo que pretendemos no es tanto iluminar nuestra vida, sino más bien saciar nuestra curiosidad; y lo absurdo es que como no lo logramos, apagamos la linterna como si fuese inútil... ¡y entonces nos quedamos totalmente a oscuras! 

Sí, eso hacemos cada vez que prescindimos de la Fe porque ésta no nos lo explica todo: renunciamos incluso a eso que sí nos explica.

El Papa nos pone un ejemplo del actuar de Cristo en nuestra vida: al hombre que sufre, Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompaña, con una historia de bien que se une a toda historia de sufrimiento para abrir en ella un resquicio de luz. En Cristo, Dios mismo ha querido compartir con nosotros este camino y ofrecernos su mirada para darnos luz. Cristo es aquel que, habiendo soportado el dolor, « inició y completa nuestra fe » (Hb 12,2).

Porque bien sabemos todos que en los momentos de dolor, no queremos explicaciones, sino compañía...

domingo, 20 de octubre de 2013

Encíclica Lumen Fidei

Estamos en el año de la Fe y el Papa ha publicado su primera encíclica sobre este tema. Ya el título es muy revelador: Lumen Fidei. La Luz de la Fe. Porque como el Papa no se cansará de repetir a lo largo de toda la encíclica, la Fe es más una Luz que un mero convencimiento. Es la luz que nos permitirá ver el amor y comprendernos a nosotros mismos.

Una primera idea: en Occidente hemos tratado de eliminar la fe de nuestra vida, como si fuese algo totalmente pasado, como si la fe ya no fuese una forma posible de conocimiento. Pero es curioso que lo hemos hecho sólo en el ámbito de lo espiritual: hemos eliminado la fe religiosa como algo absurdo; sólo puede creerse aquello que puede ser comprobado empírica o científicamente; lo demás no es conocimiento válido. Y pensamos que después de esta eliminación todo puede seguir funcionando igual, porque hemos eliminado algo no sólo superfluo, sino incluso inconveniente.

Veamos si esto es así. Eliminemos la fe de los otros ámbitos de la vida, no sólo del espiritual. Eliminemos la fe de la vida ciudadana, de la comunicaciones, de la enseñanza, de las relaciones comerciales, etc. etc. Porque aunque no nos demos cuenta, estamos constantemente ejercitando nuestra fe en los demás, en lo que nos dicen. Imagináos que no nos creyésemos ninguna noticia si no la hemos comprobado personalmente. O que no comprásemos ningún producto en el supermercado sin abrir la caja y comprobar lo que tiene. Que los alumnos no se creyesen lo que les dicen sus maestros, sino que se empeñasen en comprobarlo; y por supuesto no se creerían ninguna verdad científica, por mucho que haya sido comprobada, ya que no se creerían esa comprobación... O que simplemente no nos creyésemos que los demás van a respetar un semáforo rojo, o que van a funcionar los frenos de nuestro coche,que acabamos de sacar del taller, o que el avión en el que nos hemos montado va a soportar nuestro peso, o el barco seguir a flote...
 
Es evidente que la vida como la conocemos no sería posible sin un constante ejercicio de fe; porque sin la fe como una de las fuentes del conocimiento, la vida y el progreso son imposibles.

Pues bien, nuestro mundo libre occidental se ha edificado sobre la fe cristiana, sobre la fe en la dignidad intrínseca de cada hombre porque todos somos hijos iguales de un mismo Dios. Y ahora se ha eliminado toda esta fe y se pretende que esto no tendrá consecuencias, y consecuencias graves.

Pues yo creo que esas consecuencias ya las estamos sufriendo y son muy graves; pero claro nadie quiere reconocer a qué son debidas aunque cada vez son mas evidentes. Porque reconocer esto ya sería un ejercicio de fe...; preferimos creernos cualquier otra explicación que se invente el listillo de turno.

miércoles, 16 de octubre de 2013

No se trata solo de Fe, sino de Caridad (2)

Podíamos seguir con nuestro ejemplo de la entrada anterior y repasar las diferentes actitudes con las que se puede encontrar nuestro "camarero celestial".

Podríamos encontrarnos con quien responde con grosería y malas palabras (¿blasfemias?) a las atenciones recibidas; quien nunca está contento con el servicio recibido y exige a gritos algo más y mejor. Por supuesto, esta es una actitud que cualquiera rechazaría.

También habría quien se comportase con absoluta indiferencia; algunos ni siquiera se da cuenta de que eso que se esta tomando lo ha preparado una persona, no una máquina; que todo lo que les rodea se lo deben a Alguien... Serían los ateos...

Por supuesto, una gran mayoría -como en el ejemplo de la entrada anterior-, se comportaría con agradecimiento e incluso dejando propina...; quizá  algunas oraciones. Reconocemos lo bueno que recibimos y consideramos que con nuestra respuesta cortés, compensamos sobradamente los esfuerzos de nuestro camarero celestial. Es más, después de la propina, es él quien nos tiene que estar agradecidos. Son las personas creyentes, que consideran que con rezar de vez en cuando a su Creador y asistir a algunos actos piadosos, han cumplido...

Pero la manera correcta de comportarse con quien tantas atenciones tiene constantemente con nosotros debe ir mucho más allá: tenemos que mirar a los ojos al divino camarero, para establecer una comunicación interpersonal, de corazón a corazón, reconociéndonos mutuamente los sentimientos; y entonces el agradecimiento y la propina ya no están fuera de lugar, porque se dirigen a la persona, con afecto..., no le estamos comprando, sino compartiendo...

Por supuesto, existe una respuesta perfecta: la de aquél que también se enamora del Amor, lo deja todo y se entrega...

De verdad, ¿no sientes curiosidad por conocer al divino camarero, que tantas molestias se ha tomado por ti?

domingo, 13 de octubre de 2013

No se trata sólo de Fe, sino de Caridad

Entra una mujer hermosa en la cafetería para su desayuno matutino; y el camarero que está perdidamente enamorado de ella, la atiende con mimo: le prepara ese café con leche en el punto y la temperatura que le gusta, le tuesta el pan por los dos lados, sin quemarlo, con la mantequilla necesaria para que esté crujiente, pero no grasiento,y se lo acompaña con esa mermelada especial que a ella tanto le gusta, pero que está fuera del precio del desayuno ordinario. Y, por supuesto, se lo pone todo rápido y con una sonrisa.
Ella, que es una buena mujer, no olvida agradecer la eficacia de ese camarero tan servicial. Realmente está encantada con que él recuerde sus gustos y la atienda tan bien y rápido; y no olvida dejar cada día una buena propina: es de bien nacidos estar agradecidos.
Él, espera a que ella haya salido de la cafetería para recoger su desayuno y llevarse con cierta amargura la propina. Porque él no actúa así por mera eficacia -que también tiene con otros clientes-, ni por el interés de la propina -que sí tiene cuando se trata de otros clientes-, sino porque está enamorado de ella. Y lo que espera no es su agradecimiento ni su propina; lo que él quiere es una sonrisa, una muestra de cariño, de correspondencia al amor que tiene.
Pero claro, no se puede corresponder a un amor que se ignora; y nuestro camarero seguirá pacientemente esperando día tras día...
Cuantas veces, en nuestro trato con Dios -que es el camarero que nos mima porque nos ama- somos como esa clienta: creemos en Dios, admiramos su obra, agradecemos su providencia, incluso le rezamos algunas veces a modo de propina...; pero no le amamos...
Y es que tenemos que fijarnos más en que Dios, que es Dios -y no un mero camarero- se rebaja a mimarnos y mendigar nuestro cariño porque nos ama, no por eficacia ni por preservar su Creación... Nos ama más de lo que nunca podremos imaginar; y, por supuesto, mucho más de lo que nosotros nos amamos a nosotros mismos...
Cristo no se dejó crucificar para redimir al género humano y restablecer nuestra relación con Dios -esto lo podría haber hecho de forma mucho más sencilla-. Cristo se encarnó y se dejó crucificar porque nos ama con locura... Y hasta que no seamos consientes de esto, ni nos habremos enterado de lo que es el Cristianismo ni podremos corresponder a ese amor...

Y nuestro camarero celestial seguirá pacientemente esperando a que descubramos que nos mima, no por la propina ni el agradecimiento, sino porque está locamente enamorado de nosotros...

lunes, 23 de septiembre de 2013

Vuelta a la actividad

He estado casi séis meses sin escribir nada, debido a varios factores que me han mantenido lejos de este blog.
Trataré de volver cuanto antes, ya que nuestro querido Papa Francisco nos da frecuentes temas sobre los que comentar.

lunes, 25 de marzo de 2013

Lunes Santo

Entramos en la Semana para la que nos hemos preparado durante toda la Cuaresma.
El Lunes Santo es como el comienzo de la Pasión: podríamos fijarnos en la oración en el huerto de los olivos.
Después de celebrar la Pascua rodeado del cariño de sus apóstoles (Judas se marchó pronto), de tener con ellos el gesto de humildad del lavatorio de los piés y de instituir la Eucaristía, les pide que recen con Él durante una hora. Pero los apóstoles caen adormecidos.
No es que no lleguen a cumplir sus brabuconas promesas de que darían la vida por el Maestro, es que simplemente se quedan dormidos, ignoran todo el peligro y dejan solo al Señor.
¡Qué inexplicable es la debilidad humana!
Se entiende que Pedro, por miedo a la soldadesca y a los criados del Sumo Sacerdote, negara a su Señor tres veces; pero no se puede entender que dejen solo a su Señor (por dos veces les encontrará dormidos) después de que éste les hubiese... "amado hasta el extremo", ni siquiera pudieron velar una hora...
Entonces, Jesús no pudo contar ni con la compañía ni el cariño de los que le querían de veras...; todavía podemos remediarlo.

lunes, 18 de marzo de 2013

Mi matrimonio (y II)

Dicen los entendidos que el amor matrimonial debe tener tres características: ser pleno, permanecer fiel y ser fecundo.
Creo que en nuestro matrimonio dichas características se dieron en plenitud.
Nuestro amor matrimonial afectaba a la totalidad de nuestras vidas, sin que hubiese ni un aspecto ni un momento en el que no estuviese presente: nos dimos recíprocamente sin reservarnos nada.
La fidelidad fue absoluta, no sólo desde que nos casamos, sino que ambos mantuvimos esa fidelidad desde siemrpe, incluso antes de conocernos; y por supuesto la seguimos manteniendo a pesar de nuestra separación. Personalmente, cuando decidí recibir por esposa a mi mujer, rechace la posibilidad de que en el futuro hubiese otra mujer, ni siqueira en caso de enviudar.
Creo que la manifestación de nuestra fecundidad es evidente: de los catorce embarazos nacieron nueve hijos, de los que viven ocho. Tenemos una nieta y están de camino otros dos nietos. Pero esta fecundidad no ha sido solo demográfica. Creo que como matrimonio hemos podido ayudar a mucha otra gente y participar en numerosas iniciativas.
A pesar de la separación actual, impuesta por una fatalidad que Dios ha consentido, mi matrimonio sigue afectando a toda mi vida, me mantengo fiel (con la Gracia de Dios) y ahí siguen los frutos de su fecundidad...: creo que puedo seguir poniendo en el perfil de este blog que estoy casado...

Y eso no es óbice para que, en opinión de mi anónimo comentarista, siga siendo "un mierda"...; pero un mierda casado.

sábado, 16 de marzo de 2013

Mi matrimonio

El comentario realizado anónimamente a mi última entrada me obliga a hablar de algo que hasta ahora había preferido no comentar; y que me afecta muy personalmente.
Para los católicos el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer para TODA la vida. De esta forma, cuando uno se casa permanece casado hasta que la muerte disuelve el vínculo.
Por motivos que sólo conciernen a mi mujer y a mí, tuvimos que separarnos hace ahora un año, lo que resultó muy doloroso para nosotros y nuestros hijos. Pero yo me sigo considerando casado, no sólo porque permanece el vínculo sacramenteal, sino porque gran parte de lo que es un matrimonio pervive en nuestra relación.
Como cursillista prematrimonial, enseñé muchas veces a parejas de novios que el amor matrimonial tiene tres manifestaciones: preferir, buscar el bien del otro y dar sin recibir nada a cambio.
Pues bien, yo preferí a mi esposa antes que a todas las demás mujeres, de forma que ha sido la única mujer en mi vida; y ahora, en mi siutación de separado, sigo manteniendo esa preferencia ya que sigo excluyendo a todas las demás.
Siempre busqué el bien de mi esposa, tanto material como espiritual; y ahora, que la falta de convivencia ya no me permite seguir haciéndolo, le sigo deseando lo mejor.
Al recibirla como mi esposa, no sólo le di todo lo que tenía, sino que me di yo mismo. Es cierto que durante nuestra convivencia, ella se esforzó en corresponder y darme lo mejor de sí misma; pero ahora que estamos separados, soy yo quien sigue manteniendo económicamente a esa familia sin poder recibir ni la compañía, ni el cariño, ni la ayuda que antes recibía; y esto me supone la mayor parte parte de los ingresos que obtengo con mi trabajo.
Así que, de una manera mucho menos agradable para mí, puedo seguir diciendo que estoy casado, que tengo ocho hijos y que voy a tener dos nietos más antes de fin de año.
Con la Gracia de Dios, por supuesto...

miércoles, 13 de marzo de 2013

¡¡Habemus Papam!!

Ya tenemos de nuevo Papa en la Iglesia; sólo han sido trece días de sede vacante.
Y es el primer Papa argentino, el primer Papa jesuíta y el primero en adoptar el nombre de Francisco; y en su primera aparición ha dejado bien claro que no se siente sujeto por el "protocolo vaticano", sino que va a ser él mismo. Creo que en su sede de Buenos Aires también imprimió un estilo muy personal y bastante sencillo.
Y si a la sede de Pedro ha llegado un Francisco como el de Asís; o como el de Sales (patrono de los periodistas), o como el de Javier, misionero de tierras nuevas, entonces es de esperar que imprima a la Iglesia la sencillez,la doctrina y el ardor apostólico de  éstos.
Seguro que el Espíritu Santo lo tiene todo muy bien planeado; a nosotros sólo nos queda dejarle hacer, que no es poco...

viernes, 1 de marzo de 2013

El Papa emérito

Desde ayer "non habemus Papam" estamos sin Papa, lo que me produce una sensación como de horfandad espiritual: los católicos sabemos que el Papa está allí en el Vaticano velando por nosotros...; pero ahora ya no está.
De todos modos no es la misma horfandad que cuando un Papa fallece, porque ahora sabemos que Benedicto XVI sigue rezando al Padre por la Iglesia, aunque ya no le veamos.
Si la principal función de un Papa es ser guía espiritual de los católicos, entonces Benedicto XVI continúa prestando ese servicio: con su oración, con su consejo -si es que se lo piden- y con el ejemplo de su vida y su retiro -que servirá a los Cardenales electores de modelo de cómo debe ser un Papa.
Y a quien todo esto no le consuele de estar sin Papa, que recurra a nuestros refugios seguros: el Sagrado Corazón de Jesús y el Dulce corazón de María. Al fin y al cabo, a Cristo lo tenemos siempre, incluso cuando su Vicario se retira o fallece.

jueves, 28 de febrero de 2013

Prioridad de la fe, primado de la caridad

Éste es el título de la cuarta y última parte de la carta cuaresmal de este magnífico Papa que se nos está yendo en estos momentos. Ya sé que vamos a querer muchísimo al próximo, pero eso no evitará que echemos de menos a Bendicto XVI, al igual que echamos de menos a Juan Pablo II...
Volvamos a la carta cuaresmal...
Esta cuarta parte es el resumen de todo lo anterior, la aclaración final. Primero se produce la Fe, el conocimeinto de lo divino; e inmediatamente nace la adehesión del corazón a la verdad conocida. Si no es así, es que entonces no hemos captado esa verdad...
Dejemos explicarse al Papa:
La fe, don y respuesta, nos da a conocer la verdad de Cristo como Amor encarnado y crucificado,... la fe graba en el corazón y la mente la firme convicción de que precisamente este Amor es la única realidad que vence el mal y la muerte. Por su parte, la caridad nos hace entrar en el amor de Dios que se manifiesta en Cristo, nos hace adherir de modo personal y existencial a la entrega total y sin reservas de Jesús al Padre y a sus hermanos. Infundiendo en nosotros la caridad, el Espíritu Santo nos hace partícipes de la abnegación propia de Jesús: filial para con Dios y fraterna para con todo hombre. Todo parte de la humilde aceptación de la fe («saber que Dios nos ama»), pero debe llegar a la verdad de la caridad («saber amar a Dios y al prójimo»)...
Que el Padre otorgue a Benedicto XVI la paz que se merece y el Espíritu ilumine a los que han de elegir a su sucesor, para que se dejen guiar por sus mociones y no por sus preferencias.

martes, 26 de febrero de 2013

El lazo indisoluble entre fe y caridad

En la tercera parte de su carta, el Papa Benedicto nos sigue insitiendo en la unidad que debe existir entre Fe y Caridad, porque cualquiera de las dos se queda totalmente coja sin la otra: ni la Fe puede sustituir a las obras, ni las obras pueden sustituir a la Fe.
Para una vida espiritual sana es necesario rehuir tanto el fideísmo como el activismo moralista. La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios.
Por esto, en la Iglesia la misión de transmitir el Evangelio ha estado siempre unida al servicio a los hermanos y la preocupación por sus necesidades tanto espirituales como materiales: porque el servicio a Dios se debe concretar siempre en el servicio a los hombres.Pero el Papa nos hace dos advertencias al respecto:
  • La prioridad corresponde siempre a la relación con Dios y el verdadero compartir evangélico debe estar arraigado en la fe.
  • La mayor obra de caridad es precisamente la evangelización, es decir, el servicio de la Palabra.
Resumiendo: Una fe sin obras es como un árbol sin frutos: estas dos virtudes se necesitan recíprocamente.

viernes, 22 de febrero de 2013

La caridad como vida en la fe

Vamos a seguir aprovechando las enseñanzas de este magnífico Papa, cuando sabemos que sólo nos quedan séis días.
En el segundo punto de su carta cuaresmal, el Papa sigue insistiendo que la única forma de vivir nuestra Fe es en la Caridad:
Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios. La primera respuesta es precisamente la fe, acoger llenos de estupor y gratitud una inaudita iniciativa divina que nos precede y nos reclama.
¡Qué importante es ese estupor que Dios debe producir en nosotros cuando se nos revela! Y mucho mayor estupor cuando descubrimos que todo lo hace por amor a nosotros. Por esto, nuestra única respuesta a la Fe descubierta puede ser el amor:
Cuando dejamos espacio al amor de Dios, nos hace semejantes a Él, partícipes de su misma caridad. Abrirnos a su amor significa dejar que él viva en nosotros y nos lleve a amar con Él, en Él y como Él; sólo entonces nuestra fe llega verdaderamente «a actuar por la caridad» y Él mora en nosotros.
Y es que el Cristianismo es en el fondo una magnífica historia de amor: es la historia de un Dios que crea por amor, de unas criaturas que se enamoran de ese Dios en cuanto le conocen y del amor que debe demostrarse entre ellas. El Papa lo explica mejor:
Con la fe se entra en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y se cultiva esta amistad 
Todos los dogmas, toda la moral, toda la liturgia, sin el amor a Dios no son nada...; con el amor a Dios, cobran la inmensa importancia que tienen, porque se convierten en el reflejo de ese amor.

jueves, 21 de febrero de 2013

Fe y caridad

La carta del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma de 2013 está perfectamente armonizada con su declaración del año de la Fe en su carta Porta Fidei; tanto, que casi no habla de los típicos temas cuaresmales: oración, limosna y ayuno. Pero, en cualquier caso, es otro de sus magistrales escritos en el que viene a remachar la necesidad de compaginar Fe y Caridad.
Empieza recordándonos lo que ya nos dijo en su encíclica Deus Caritas est: no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida...
Es decir, el Cristianismo es la adhesión a una Persona a la que se ama, más que una adhesión a una idea o una moral, por muy alta que esta sea. Sin amar a Cristo no se puede ser cristiano. Pero el Papa nos aclara que no se trata de un amor sensiblero... El encuentro con Dios Amor no sólo comprende el corazón, sino también el entendimiento: El reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor.
El auténtico amor está siempre en evolución, por esto, el Cristianismo será el seguimiento de Cristo cada vez más de cerca; y la mejor manera de acercarnos a Él es acercándonos a los demás: El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor ―«caritas Christi urget nos» , está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo.
La mejor prueba de que estamos amando a Cristo como Él quiere ser amado es que compartimos ese amor con los demás; en caso contrario, pequeño es nuestro amor. 
La Fe nos muestra el amor de Dios y sirve de la espoleta para iniciar nuestro amor en respuesta al suyo; si este segunda paso no se llega a dar... vana es nuestra Fe. En palabras del Papa: la principal actitud característica de los cristianos es precisamente «el amor fundado en la fe y plasmado por ella...
No se puede explicar mejor... vamos a echar de menos la sabiduría y claridad de este Papa... ¡Pero seguro que el Espíritu ya nos tiene preparado algo mejor aún! 

lunes, 11 de febrero de 2013

Un gran hombre, hasta en su despedida.

Benedicto XVI anuncia su renuncia para el próximo 28 de febrero; que Dios le conceda la paz que su alma necesita y se ha ganado con un continuo y enorme servicio a la Iglesia. Sus palabras no pueden ser más sencillas, humildes y claras:

Queridísimos hermanos:
Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia. Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando. Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado. Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.

Queridísimos hermanos, os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos. Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice. Por lo que a mi respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria.

Vaticano, 10 de febrero 2013.
BENEDICTUS PP. XVI

No temáis (2)

Continúo con la anterior entrada.
En muchas otras ocasiones, comprobamos en el Evangelio que Jesús tiene que tranquilizar a los hombres a los que se aparece o a los que va a pedir o dar algo. Somos tan cortos de miras que cualquier acción de lo sagrado en nuestras vidas nos hace tambalear; y muchas veces, a pesar de que reiteradamente comprobamos que las "intromisiones" de Dios en nuestra vida -que tanto nos inquietan- a la larga son muy beneficiosas...
El Señor, cuando elige a sus apóstoles  o envía a sus discípulos, les anima a afrontar las dificultades sin miedo:
No temas; desde ahora serán hombres los que has de pescar. Y ellos, sacando las barcas a tierra, dejadas todas las cosas, le siguieron. (Lc 5, 4-11)
No les tengáis miedo, pues nada hay oculto que no vaya a ser descubierto, ni secreto que no llegue a saberse. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma [Mt 10, 26-31]
A vosotros amigos míos, os digo: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo y después de esto no pueden hacer nada mas... Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. No temáis vosotros valéis mas que muchos pajarillos [Lc 12, 4-7]
Cuando os lleven a las sinagogas y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupeis de como defenderos, o qué teneis que decir, porque el Espiritu Santo os ensenara en aquella hora que es lo que hay que decir [Lc 12, 11-12; Mc 13, 11]
No temáis, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino. Vended vuestros bienes y dad limosna [Lc 12, 32-33]
Y cuando piensan que van a perecer en medio de una tempestad en el lago, a pesar de estar acompañados por el mismo Jesús, les tiene que recriminar:
Por que os asustáis, hombres de poca fe? [Mt 8, 26; Mc 4, 40]
En dos ocasiones en las que se les presenta con todo su poder y majestad, ante el temor de los apóstoles, tiene que tranquilizarlos:
Cuando le vieron los discípulos andando sobre el mar, se asustaron y dejaron: (es un fantasma! Y llenas de miedo empezaron a gritar. Pero al instante Jesús les hablo: -Tened confianza, soy yo, no tengáis miedo. [Mt 14, 26-27; Mc 6, 50]
Los discípulos al oírlo [la voz del cielo, durante la transfiguración] cayeron de bruces llenos de temor. Entonces se acerco Jesús y los toco y les dijo: Levantaos y no tengáis miedo [Mt 17, 6]
Y a quienes se le acercan a pedir su favor, pero les impresiona la persona de Cristo, tiene que animarles a que se acojan a su misericordia sin miedo:
Jesús, al oír lo que hablaban [que la hija de Jairo ya había muerto], le dice al jefe de la sinagoga [Jairo]: no temas, tan solo ten fe. [Mc 5, 36; Lc 8,50]
Y a la hemorroísa que se atreve a tocar la orla de su manto para quedar curada:
Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado [Mt 9, 22] 
Pero a pesar de todas estos mensajes evangélicos, las intervenciones divinas nos siguen asustando.

domingo, 10 de febrero de 2013

No temáis

Sigo con la penúltima entrada.
Efectivamente, Dios mismo sabe que nosotros nos sentimos "estorbados" por sus planes, porque alteran los nuestros; y nuestra fe no es lo suficientemente fuerte para fiarnos más de sus planes que de los nuestros.
Por esto, podemos comprobar en el Evangelio que, cada vez que Dios pretende irrumpir en los planes humanos, empieza su mensaje tranquilizando al destinatario con un "no temáis". Transcribiré los casos más significativos en los que esto ocurre.
El ángel -mensajero del Señor-, en las ocasiones en que anuncia a los hombres la llegada del precursor o del Señor, comienza por tranquilizar al sus oyentes:
No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido escuchada, así que tu mujer Isabel te dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Juan [Lc 1, 13;]
No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús [Lc 1, 30]
No temáis, porque vengo a anunciaros un gran gozo, que lo sera para todo el pueblo: hoy os ha nacido en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor: encontrareis a un niño envuelto en panales y reclinado en un pesebre [Lc 2, 10-12]
Y cuando anuncia a la mujeres la resurrección del Señor, también las tranquiliza:
Un mancebo cubierto de vestidura blanca les dice "no temais" [Mt 28, 5]
Vosotras no tengáis miedo; ya sé que buscáis a Jesús  el crucificado. No esta aquí  porque ha resucitado como había dicho [Mt 28, 5-6] 
Y el propio Señor tiene que tranquilizar a las mujeres a las que se aparece...
No tengáis miedo; Id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán [Mt 28, 10]
Incluso a los apóstoles, que le creen un espíritu:
Mientras ellos estaban hablando de estas cosas Jesús se puso en medio y les dijo: La paz esté con vosotros. Se llenaron de espanto y de miedo, pensando que veían un espíritu. Y les dijo: Por qué os asustáis, y por qué admitís esos pensamientos en vuestros corazones? [Lc 24, 36-38].

domingo, 3 de febrero de 2013

La Fe no es mero convencimiento

La Fe práctica no debe contentarse con asentir a las verdades que se nos proponen. El creyente no puede actuar como el alumno que se cree un teorema que no entiende. La Fe, o se pone en práctica o es un conocimiento estéril.
Como nos dice Benedicto XVI en su carta Porta Fidei, la Fe debe anclarse firmemente en el corazón, para que pueda tener reflejo en nuestra vida. De nuevo en su último libro sobre Jesús de Nazaret (el que se refiere a la infancia del Señor), se queja de que a veces el estudio de nuestro Credo se queda en disquisiciones académicas, sin influir en nuestra vida.
A veces la teología se agota en la disputa académica, hablamos de nuestro Credo, de nuestros Sacramentos, de los preceptos, de nuestra moral y los diseccionamos y estudiamos la mejor manera de cumplirlos. Pero si no ponemos en ello nuestro corazón -el amor de Dios y a Dios-, estamos convirtiendo la religión en una disciplina más, en una teoría sin raíz en nuestra vida. La religión debe ser como la gimnasia, quedarse en su estudio teórico no sirve para nada, porque no hace ningún bien ni al cuerpo ni al alma.

Nuestra. Fe, o esta en el corazón o no es fe, es simple teoría.

miércoles, 30 de enero de 2013

Dios nos estorba

Dios, evidentemente, estorba al hombre que considera que su libertad no debe tener límites, ni físicos ni morales. Por esto es de algún modo lógica la postura de tanto ateo o liberal: Dios no existe.
Pero lo que ya resulta más extraño es que Dios también estorbe a los que creemos en Él y le consideramos nuestro creador. 
Frecuentemente consideramos que estorba en nuestra vida cotidiana y, sobre todo, que altera nuestros planes humanos.... que consideramos los mejores de los posibles.
¡Qué incongruencia!
Si Dios es nuestro creador y padre, entonces deberíamos estar atentos a sus planes y muy agradecidos de que nos los comunique con claridad para poder seguirlos; y rectificar inmediatamente los que nosotros nos hubiésemos trazado.
Pero la soberbia de creernos más listos que Dios, por una parte; y una falta de Fe práctica durante la vida ordinaria, por otra parte; nos hacen preferir nuestros errores a los magníficos planes de Dios.
¡Y luego le echamos la culpa de que nos hayan salido mal! 

lunes, 28 de enero de 2013

La acción de Dios

Si Dios fuese una mera creación humana, entonces sólo podría influir en nuestras ideas y nuestra espiritualidad. 
Por el contrario, si el cosmos, el hombre y su alma son creaciones de Dios, entonces Él puede influir fácilmente tanto en lo material como en lo espiritual, pues ambas cosas las ha creado de la nada.
La única limitación que tendría Dios es la de no incurrir en contradicción con su propia creación:  no interferir la voluntad humana, no alterar sin motivo las leyes físicas.
Por esto, los ateos se preocupan muy mucho de negar cualquier intervención divina, incluso las más patentes. Porque si Dios tiene influencia en lo material, entonces no puede ser creación del hombre, sino precisamente lo contrario.
Por eso, los científicos cuando no pueden explicar algo lo achacan a la casualidad -que es la más anticientífica de las razones-; porque por esa puerta abierta a otras explicaciones, se les podría colar Dios.

sábado, 26 de enero de 2013

Dios es amor

Dios es amor, por eso la mayor y mejor manifestación de Dios es el amor humano.
Si existe amor entre los hombres es porque existe Dios.
Si todo lo que existe no fuese más que una consecuencia de casualidades cósmicas que crearon la materia; y  los seres vivos -incluido el hombre- no fuesen más que el resultado de la evolución de dicha materia; entonces el amor no tendría ninguna cabida en ese mundo material. Por definición, la evolución es la tendencia de un ser a perfeccionarse y sobrevivir frente a los demás congéneres: la ley del más fuerte, del más hábil. 
Dentro de esa evolución no tienen ninguna cabida ni el amor, ni la misericordia, ni la solidaridad, ni el perdón, ni cualquiera de los muchos sentimientos humanos relacionados con el amor...; que son los que realmente han creado nuestra sociedad humana...
Pero si el hombre está creado a imagen y semejanza de quien es amor, entonces los sentimientos humanos tienen una clara explicación; y nos llevan al mundo que conocemos que -con todos los defectos humanos- es infinitamente mejor de lo que hubiese sido un mundo meramente material regido exclusivamente por las leyes de la evolución.
Demos gracias a Dios.

jueves, 24 de enero de 2013

Nuestros límites

El hombre moderno se empeña en combatir a Dios, porque le considera como un límite de su libertad; y en cierto modo no se equivoca: Dios es quien determina nuestros límites morales. Así como la Naturaleza nos impone a los hombres muchas limitaciones con sus leyes físicas; y las autoridades nos imponen límites a nuestra libertad de actuar; así Dios, que es quien nos ha creado, ha establecido limitaciones a la conducta humana para que no nos desviemos de nuestra propia naturaleza, aunque nos deje en libertad para traspasar dichos límites. De hecho, el hombre, en su afán de dominarlo todo, se rebela contra los limites; y ha logrado eliminar muchos de los limites físicos (hemos conquistado la velocidad, el espacio, las telecomunicaciones, etc...), o los ha disfrazado (transexualidad); y ahora solo le queda eliminar a Dios para acabar con sus límites morales.
Pero corremos el riesgo de perder la más importante de nuestras libertades, la libertad intrínseca, la libertad de ser lo que debemos ser. Si incurrimos en el error de eliminar a Dios, de eliminar los límites que nuestra propia naturaleza nos impone, puede que entonces nos creamos absolutamente libres, pero en realidad nos habremos hecho esclavos de nuestro error, de nuestros caprichos, en definitiva, de nuestro pecado. Y de esta esclavitud no es posible liberarse, porque no querremos, ya que nos empecinaremos en el error de creernos libres, absolutamente libres..., sin nadie que nos pueda sacar del error. Por eso dijo Jesús que el pecado contra el Espíritu ( aquél que no se reconoce como pecado) no podrá ser perdonado, nunca...
Dios respeta nuestra libertad y nos permite transgredir sus límites morales sin impedírnoslo; pero también respeta nuestra naturaleza y no elimina los efectos dañinos que esas transgresiones tienen para el individuo y para la sociedad.

martes, 22 de enero de 2013

El signo para nuestra confianza

El signo que se nos da para que confiemos en la providencia Divina es este: una virgen concebirá y dará a luz un hijo que se llamará Emmanuel, Dios con nosotros. Este signo es el que acabamos de conmemorar con la celebración de la Navidad. La encarnación es el signo por el que se nos puede exigir plena confianza en Dios y en sus caminos; por que: si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?
Tenemos que desterrar de nuestras vidas la soberbia de pensar que, de vez en cuando, en algunos temas, Dios se equivoca, que nosotros tenemos mejores soluciones que Él, que nuestros "atajos" son mejores y mas rápidos que sus caminos...
Esto es lo que le ocurrió a Acaz, rey de Judá, que confió más en una alianza con el rey de Asiria que en sus hermanos de Israel; y fue esta desconfianza la que le mereció la profecía sobre el signo que hemos transcrito arriba.
Confiemos  más en la providencia de Dios, en sus preceptos y designios, que en la sabiduría humana; porque de hecho los "atajos" humanos nos llevan tarde o temprano al desastre.

domingo, 20 de enero de 2013

Tus pecados te son perdonados (2)

Como ya vimos en la anterior entrada con este mismo título, Jesús nos perdona los pecados quizá cuando nosotros esperabamos de El otra cosa; quizá esperábamos que nos ayudase con nuestras dificultades o nos curase una enfermedad; pero El "sólo" nos perdona...
 
Es curioso cómo atribuimos a Dios todas las funciones menos la que le es más propia. Le consideramos nuestro médico o nuestro asesor personal o incluso nuestro adivino de los sorteos de la lotería; y no nos damos cuenta de que Dios es fundamentalmente "nuestro Dios"; es decir, Aquél que nos ha creado para que seamos felíces amándole; y para esto, el perdón es mucho más importante que la salud, el éxito y, por supuesto, el dinero.

Porque la función primordial del hombre -aquello para lo que ha sido creado- es estar en Dios; y el pecado le separa de Dios... Lo principal del hombre no es tener salud, ni techo, ni comida, ni trabajo: lo principal es estar en Dios y eso nos lo ha traído Cristo redimiéndonos; es decir, regalándonos el perdón de nuestros pecados.

Pero no debemos confundirmos. Precisamente por nuestra dignidad de hijos de Dios, que es consecuencia de nuestra trascendencia espiritual, debemos respetar también nuestra dignidad inmanente, como hombres creados y con necesidades materiales que debemos satisfacer. Ningún hombre puede consentir que su prójimo carezca de lo necesario; y mucho menos con la excusa de que eso no es lo fundamental para su salvación. Sólo Dios puede decidir cuándo un hombre ha de prescindir de lo conveniente, incluso de lo necesario, para acercarse más a Él; el hombre siempre ha de buscar el bien, material y espiritual del prójimo, sin excepción.

lunes, 7 de enero de 2013

La adoración de los Reyes Magos

Ayer celebrábamos la Epifanía, o manifestación del Señor a los gentiles. Y es que efectivamente, tres hombres que no compartían la fe de los judíos ni conocían sus tradiciones fueron capaces de reconocer a Dios a través de su manifestación en la Creación. En concreto, dice la tradición que descubrieron un hecho extrarodinario observando una estrella. Es decir, que incluso sin la revelación ni la Escritura, es posible reconocer la existencia de un Ser superior que ha intervenido en la creación y ordenación de todo lo que existe.
Al igual que los Magos, todos los hombres, ajenos a la revelación judaica, han reconocido la existencia del Creador simplemente observando sus obras. Es cierto que, sin la revelación, es difícil "conocer" al Creador; y por eso, unos le adoraban como sol, otros como un animal poderoso, otros como fuego o en cualquiera de las manifestaciones que más asombran al hombre; pero todos ellos descubrieron en lo creado la huella de lo divino.
Y en esto, la Ciencia no va en contra de la creencia popular, sino que, muy al contrario, cuanto más profundiza la Ciencia en los secretos de la Creación, más magníficas aparecen la obras de Dios y más difícil es creer que todo ello haya surgido "por casualidad".
El problema no es de la Ciencia, sino de los científicos, que cuanto más profundizan en su saber, más quieren suplantar al Creador de todo lo que ellos descubren. La alternativa, rendir su soberbia a Aquél que todo lo hizo desde la simplicidad, no les parece posible a "mentes tan preclaras"... mentes que, por supuesto, también fueron creadas por Aquél a quien rechazan.
Por el contrario, los Magos, no se sintieron "los dueños" de la estrella que habían descubierto, sino que por el contrario, sintieron que con ese hecho extraordinario, el Creador del cosmos quería decirles algo... y se pusieron en camino para descubrirlo.