miércoles, 30 de enero de 2013

Dios nos estorba

Dios, evidentemente, estorba al hombre que considera que su libertad no debe tener límites, ni físicos ni morales. Por esto es de algún modo lógica la postura de tanto ateo o liberal: Dios no existe.
Pero lo que ya resulta más extraño es que Dios también estorbe a los que creemos en Él y le consideramos nuestro creador. 
Frecuentemente consideramos que estorba en nuestra vida cotidiana y, sobre todo, que altera nuestros planes humanos.... que consideramos los mejores de los posibles.
¡Qué incongruencia!
Si Dios es nuestro creador y padre, entonces deberíamos estar atentos a sus planes y muy agradecidos de que nos los comunique con claridad para poder seguirlos; y rectificar inmediatamente los que nosotros nos hubiésemos trazado.
Pero la soberbia de creernos más listos que Dios, por una parte; y una falta de Fe práctica durante la vida ordinaria, por otra parte; nos hacen preferir nuestros errores a los magníficos planes de Dios.
¡Y luego le echamos la culpa de que nos hayan salido mal! 

lunes, 28 de enero de 2013

La acción de Dios

Si Dios fuese una mera creación humana, entonces sólo podría influir en nuestras ideas y nuestra espiritualidad. 
Por el contrario, si el cosmos, el hombre y su alma son creaciones de Dios, entonces Él puede influir fácilmente tanto en lo material como en lo espiritual, pues ambas cosas las ha creado de la nada.
La única limitación que tendría Dios es la de no incurrir en contradicción con su propia creación:  no interferir la voluntad humana, no alterar sin motivo las leyes físicas.
Por esto, los ateos se preocupan muy mucho de negar cualquier intervención divina, incluso las más patentes. Porque si Dios tiene influencia en lo material, entonces no puede ser creación del hombre, sino precisamente lo contrario.
Por eso, los científicos cuando no pueden explicar algo lo achacan a la casualidad -que es la más anticientífica de las razones-; porque por esa puerta abierta a otras explicaciones, se les podría colar Dios.

sábado, 26 de enero de 2013

Dios es amor

Dios es amor, por eso la mayor y mejor manifestación de Dios es el amor humano.
Si existe amor entre los hombres es porque existe Dios.
Si todo lo que existe no fuese más que una consecuencia de casualidades cósmicas que crearon la materia; y  los seres vivos -incluido el hombre- no fuesen más que el resultado de la evolución de dicha materia; entonces el amor no tendría ninguna cabida en ese mundo material. Por definición, la evolución es la tendencia de un ser a perfeccionarse y sobrevivir frente a los demás congéneres: la ley del más fuerte, del más hábil. 
Dentro de esa evolución no tienen ninguna cabida ni el amor, ni la misericordia, ni la solidaridad, ni el perdón, ni cualquiera de los muchos sentimientos humanos relacionados con el amor...; que son los que realmente han creado nuestra sociedad humana...
Pero si el hombre está creado a imagen y semejanza de quien es amor, entonces los sentimientos humanos tienen una clara explicación; y nos llevan al mundo que conocemos que -con todos los defectos humanos- es infinitamente mejor de lo que hubiese sido un mundo meramente material regido exclusivamente por las leyes de la evolución.
Demos gracias a Dios.

jueves, 24 de enero de 2013

Nuestros límites

El hombre moderno se empeña en combatir a Dios, porque le considera como un límite de su libertad; y en cierto modo no se equivoca: Dios es quien determina nuestros límites morales. Así como la Naturaleza nos impone a los hombres muchas limitaciones con sus leyes físicas; y las autoridades nos imponen límites a nuestra libertad de actuar; así Dios, que es quien nos ha creado, ha establecido limitaciones a la conducta humana para que no nos desviemos de nuestra propia naturaleza, aunque nos deje en libertad para traspasar dichos límites. De hecho, el hombre, en su afán de dominarlo todo, se rebela contra los limites; y ha logrado eliminar muchos de los limites físicos (hemos conquistado la velocidad, el espacio, las telecomunicaciones, etc...), o los ha disfrazado (transexualidad); y ahora solo le queda eliminar a Dios para acabar con sus límites morales.
Pero corremos el riesgo de perder la más importante de nuestras libertades, la libertad intrínseca, la libertad de ser lo que debemos ser. Si incurrimos en el error de eliminar a Dios, de eliminar los límites que nuestra propia naturaleza nos impone, puede que entonces nos creamos absolutamente libres, pero en realidad nos habremos hecho esclavos de nuestro error, de nuestros caprichos, en definitiva, de nuestro pecado. Y de esta esclavitud no es posible liberarse, porque no querremos, ya que nos empecinaremos en el error de creernos libres, absolutamente libres..., sin nadie que nos pueda sacar del error. Por eso dijo Jesús que el pecado contra el Espíritu ( aquél que no se reconoce como pecado) no podrá ser perdonado, nunca...
Dios respeta nuestra libertad y nos permite transgredir sus límites morales sin impedírnoslo; pero también respeta nuestra naturaleza y no elimina los efectos dañinos que esas transgresiones tienen para el individuo y para la sociedad.

martes, 22 de enero de 2013

El signo para nuestra confianza

El signo que se nos da para que confiemos en la providencia Divina es este: una virgen concebirá y dará a luz un hijo que se llamará Emmanuel, Dios con nosotros. Este signo es el que acabamos de conmemorar con la celebración de la Navidad. La encarnación es el signo por el que se nos puede exigir plena confianza en Dios y en sus caminos; por que: si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?
Tenemos que desterrar de nuestras vidas la soberbia de pensar que, de vez en cuando, en algunos temas, Dios se equivoca, que nosotros tenemos mejores soluciones que Él, que nuestros "atajos" son mejores y mas rápidos que sus caminos...
Esto es lo que le ocurrió a Acaz, rey de Judá, que confió más en una alianza con el rey de Asiria que en sus hermanos de Israel; y fue esta desconfianza la que le mereció la profecía sobre el signo que hemos transcrito arriba.
Confiemos  más en la providencia de Dios, en sus preceptos y designios, que en la sabiduría humana; porque de hecho los "atajos" humanos nos llevan tarde o temprano al desastre.

domingo, 20 de enero de 2013

Tus pecados te son perdonados (2)

Como ya vimos en la anterior entrada con este mismo título, Jesús nos perdona los pecados quizá cuando nosotros esperabamos de El otra cosa; quizá esperábamos que nos ayudase con nuestras dificultades o nos curase una enfermedad; pero El "sólo" nos perdona...
 
Es curioso cómo atribuimos a Dios todas las funciones menos la que le es más propia. Le consideramos nuestro médico o nuestro asesor personal o incluso nuestro adivino de los sorteos de la lotería; y no nos damos cuenta de que Dios es fundamentalmente "nuestro Dios"; es decir, Aquél que nos ha creado para que seamos felíces amándole; y para esto, el perdón es mucho más importante que la salud, el éxito y, por supuesto, el dinero.

Porque la función primordial del hombre -aquello para lo que ha sido creado- es estar en Dios; y el pecado le separa de Dios... Lo principal del hombre no es tener salud, ni techo, ni comida, ni trabajo: lo principal es estar en Dios y eso nos lo ha traído Cristo redimiéndonos; es decir, regalándonos el perdón de nuestros pecados.

Pero no debemos confundirmos. Precisamente por nuestra dignidad de hijos de Dios, que es consecuencia de nuestra trascendencia espiritual, debemos respetar también nuestra dignidad inmanente, como hombres creados y con necesidades materiales que debemos satisfacer. Ningún hombre puede consentir que su prójimo carezca de lo necesario; y mucho menos con la excusa de que eso no es lo fundamental para su salvación. Sólo Dios puede decidir cuándo un hombre ha de prescindir de lo conveniente, incluso de lo necesario, para acercarse más a Él; el hombre siempre ha de buscar el bien, material y espiritual del prójimo, sin excepción.

lunes, 7 de enero de 2013

La adoración de los Reyes Magos

Ayer celebrábamos la Epifanía, o manifestación del Señor a los gentiles. Y es que efectivamente, tres hombres que no compartían la fe de los judíos ni conocían sus tradiciones fueron capaces de reconocer a Dios a través de su manifestación en la Creación. En concreto, dice la tradición que descubrieron un hecho extrarodinario observando una estrella. Es decir, que incluso sin la revelación ni la Escritura, es posible reconocer la existencia de un Ser superior que ha intervenido en la creación y ordenación de todo lo que existe.
Al igual que los Magos, todos los hombres, ajenos a la revelación judaica, han reconocido la existencia del Creador simplemente observando sus obras. Es cierto que, sin la revelación, es difícil "conocer" al Creador; y por eso, unos le adoraban como sol, otros como un animal poderoso, otros como fuego o en cualquiera de las manifestaciones que más asombran al hombre; pero todos ellos descubrieron en lo creado la huella de lo divino.
Y en esto, la Ciencia no va en contra de la creencia popular, sino que, muy al contrario, cuanto más profundiza la Ciencia en los secretos de la Creación, más magníficas aparecen la obras de Dios y más difícil es creer que todo ello haya surgido "por casualidad".
El problema no es de la Ciencia, sino de los científicos, que cuanto más profundizan en su saber, más quieren suplantar al Creador de todo lo que ellos descubren. La alternativa, rendir su soberbia a Aquél que todo lo hizo desde la simplicidad, no les parece posible a "mentes tan preclaras"... mentes que, por supuesto, también fueron creadas por Aquél a quien rechazan.
Por el contrario, los Magos, no se sintieron "los dueños" de la estrella que habían descubierto, sino que por el contrario, sintieron que con ese hecho extraordinario, el Creador del cosmos quería decirles algo... y se pusieron en camino para descubrirlo.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Nuestra Fe en el Niño Dios

Muchas veces he comentado que la manifestación más grande de nuestra Fe es la Eucaristía. cuando un hombre culto y moderno se arrodilla delante de un trozo de Pan consagrado (del Cuerpo de Cristo), está admitiendo -directa o indirectamente- la mayor parte de los dogmas de nuestra Fe; y está haciendo un acto de humildad muy importante y despreciando la opinión de tantos incrédulos, que nunc aentenderán coómo se puede adorar a una "cosa".
Pues bien, en este tiempo de Navidad, también se puede manifestar nuestra Fe de forma especial: adorando al Niño Dios.
Porque quien admite que ese Niño indefenso es Dios, también estará admitiendo el resto de los dogmas fundamentales de nuestra religión.
Y si le resulta más fácil querer a un Niño que a un trozo de Pan...; pues empiece por aquí.
Seguro que ese Niño y su Madre, nos acabarán llevando al Señor Redentor y a su Cuerpo.

martes, 18 de diciembre de 2012

Tus pecados te son perdonados

Podríamos decir que esta es la frase favorita de Jesucristo: tus pecados te son perdonados…
Y es que Él vino precisamente a librarnos de nuestros pecados, mucho antes que para restaurar un orden social o curar nuestras enfermedades del cuerpo. De hecho, en muchas ocasiones en las que se le acercaban enfermos, Cristo empezaba por perdonarles los pecados, aunque era manifiesto que los interesados pretendían su curación física antes que la espiritual. Pero es que Jesús primero nos da lo que considera más importante para nosotros y lo que sólo Él puede darnos. Y en aquellas ocasiones en que comienza por curar la enfermedad, suele terminar con el repetido: vete y no peques más
La enfermedad del cuerpo no es lo peor, sino la enfermedad del alma. Muchas organizaciones caritativas cristianas parecen haber olvidado esto y se conforman con curar el cuerpo…

domingo, 16 de diciembre de 2012

Fe, esperanza y caridad.

Todo el mensaje evangélico se puede resumir en estas tres virtudes: Fe, Esperanza y Caridad. Cristo vino a predicarnos a la Tierra para que tuviésemos Fe en que Él es el Hijo de Dios encarnado para redimirnos; para que tuviésemos Esperanza en el Reino de Dios y su venida definitiva; y para que tuviésemos Caridad con el prójimo.
Veinte siglos después, sigue pidiéndonos lo mismo: Fe, Esperanza y Caridad; aunque hayan cambiado las circunstancias y, por tanto, la manera concreta de vivier estas tres virtudes teologales:
 
La Fe se nos exige en aquello que es más representativo de Jesucristo: Fe en la Eucaristía. Porque creer en la presencia real de Cristo en el sagrario es creer en la práctica totalidad del mensaje evangélico. Creer en la Eucaristía presupone la creencia en el Hijo de Dios encarnado, en que murió por redimirnos y en que después resucitó. Y si creemos en que es verdad aquello de que debemos comer su carne y beber su sangre, ¿cómo no creer en el resto de sus mensajes? Por el contrario: si creemos que nos engañó en algo tan importante, que cuando instituyó la Eucaristía simplemente estaba haciendo una alegoría, ¿cómo creer en el resto de sus afirmaciones?; ¿cómo creeer en aquello de que los pobres, los que lloran, los que sufren persecución son los bienaventurados? Estoy convencido que la Fe en la Eucaristía debe ser el centro de todo el Cristianismo actual; y porque no le es en la práctica, en Occidente el Cristianismo, como la Fe en la Eucaristía, está en manifiesto retroceso.
La Esperanza se nos exige con respecto a su mensaje: debemos esperar que el plan de Dios para la Humanidad y para cada hombre es el mejor de los posibles. Si ponemos nuestra esperanza en el progreso humano -en la Ciencia- muy pronto nos veremos defraudados, ya que sin contar con Dios los avances humanos se suelen volver contra el hombre.
La Caridad se nos sigue exigiendo, igual que hace veinte siglos, hacia el más necesitado, el más débil, el enfermo, el marginado… Pero la Humanidad sigue considerando un derecho la eliminación de los débiles (el niño en gestación, el anciano, el deficiente…), precisamente para poder evitar ese ejercicio de la caridad que nos sería exigible hacia ellos.
La Fe, la Esperanza y la Caridad son virtudes teologales, trascedentes; pero también pueden ser muy humanas, muy de cada día...

sábado, 15 de diciembre de 2012

21 del 12 de 2012

Por no sé qué profecía maya, dicen que el mundo se acabará en esta fecha tan cercana (por cierto, antes se especuló con que se acabaría el 12-12-12, día de Nuestra Señora de Guadalupe); pero ya se ve que se equivocaron).
Pero, ¿qué es el fin del mundo?
Si se refieren a un tremendo cataclismo que extermine toda la vida (al menos la humana) sobre la faz de la Tierra, entonces el fin del mundo es una noticia realmente desoladora, porque el universo se quedaría sin quien pudiera conocerlo y disfrutarlo: ¿de qué sirve tanta maravilla si nadie la va a reconocer?
Pero si por el fin del mundo se entiende el fin de la Historia como venimos conociéndola; si el fin del mundo es el cumplimiento de la profecía cristiana de que será directamente Cristo quien tome las riendas de la Historia; entonces se trata de la mejor noticia que nos pudiesen dar. Y es una buena noticia a pesar de que todos tendremos que afrontar nuestros errores y nuestros pecados; pero la alegría de ver a Dios será muy superior a la pena por haberle dado tanto tiempo la espalda. Y sería una muy buena noticia a pesar de que dicha venida de Cristo estuviese acompañada de signos portentosos que nos hiciesen temblar de miedo, porque el hombre siempre tiene miedo a lo desconocido.
Todos los dolores de este parto merecerían la pena, porque en adelante la Historia estaría gobernada por su Dueño y Señor; y toda la creación respondería perfectamente a los fines para los que fue creada. Imagino que ante esta perspectiva hasta los más rebeldes se someterían a su Creador y Salvador…; aunque no es de descartar que un nuevo Lucifer o algún que otro Judas sigan rechazando la Bondad infinita: y es que la soberbia es el auténtico pecado imperdonable.
Espero con impaciencia el próximo día 21…; y si entonces no viene el Salvador, tendré que conformarme con la alegría del aniversario de su primera venida… la Natividad el próximo día 25; que esto sí es seguro.

jueves, 13 de diciembre de 2012

El primer twitter del Papa

El Papa Benedicto XVI publicó ayer -festividad de Nuestra Señora de Guadalupe- su primer mensaje en twitter:

 “Dialoga con Jesús en la oración, escucha a Jesús que te habla en el Evangelio, encuentra a Jesús, presente en el necesitado”.

Es un resumen buenísimo de todo el Evangelio, realmente ya no necesitaría añadir nada más.

Y resulta curioso que haya comenzado sus mensajes el día del aniversario de la aparición de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego, ya que ese "mensaje" celestial marcó el comienzo de la conversión de los pueblos americanos al Cristianismo...

Esperemos que el mensaje del Papa también suponga el comienzo de la reconversión de occidente al Cristianismo.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.


Esta es la única condición para ver el rostro de Dios: mirar con el corazón limpio.
Por eso en un mundo absolutamente materializado, en el que se ve a los demás como objeto de nuestra sensualidad u objetivo de nuestra codicia; en el que todas las cosas creadas por Dios, en vez de revelárnoslo, nos reflejan únicamente nuestros propios defectos: ambición, codicia, soberbia, lujuria; en un mundo así es imposible ver a Dios.

Pero si viésemos a los hermanos como objeto de nuestra caridad y los bienes materiales como instrumentos para ejercerla, el rostro divino estaría habitualmente desvelado y no nos costaría nada reconocerle.

lunes, 10 de diciembre de 2012

El rostro de Dios

En el Antiguo Testamento se creía que ver el rostro de Dios provocaba la muerte del que le viese. Algunos oyeron la voz de Dios; y Moisés le vio como zarza ardiendo, pero a su paso tuvo que volver la cara.
En el Nuevo Testamento es muy distinto; realmente es todo lo contrario: el rostro de Dios nos ha sido mostrado a todos los hombres. Y ver ese rostro, en vez de ocasionar nuestra muerte, puede lograr nuestra salvación. Esto es posible porque Dios ha querido tener un rostro auténticamente humano, nacido de mujer. Con su encarnación no solo nos ha redimido, sino que además nos ha proporcionado un rostro en el que ver a Dios.
Se dice que tuvieron mucha suerte los que compartieron los días de Jesucristo y pudieron ver con sus propios ojos el rostro de Cristo, de Dios. Pero la realidad es que desde entonces todos podemos compartir ese privilegio: todo el que tenga Fe podrá ver el rostro de Dios. ¿Cómo podemos verle?
Pues cada vez que miramos con amor a alguien, vemos el rostro de Cristo. La beata Teresa de Calcuta lo sabía muy bien y lo puso en práctica. Y cada vez que nos dejamos amar por alguien, también podemos ver en quien nos ama el rostro de Cristo. Y si damos un vaso de agua al hermano, su rostro se vuelve divino.
Y todos los rostros serían divinos si, además de la caridad, practicásemos también la justicia; si se sustituyese el egoísmo por la fraternidad, la ambición por la generosidad, la revancha por el perdón...
Si no vemos a Dios es por nuestra terquedad: basta con mirar con el corazón limpio para verle muy de cerca.

sábado, 8 de diciembre de 2012

¿Es tan difícil creer?

Ahora que estamos esperando la llegada del Niño Dios, resulta especialmente adecuado este diálogo que circula por la red y que pone de manifiesto lo difícil que es mantener la Fe cuando a uno le falta esa chispa de imaginación que sólo Dios puede poner en nuestra mente y nuestro corazón:

En el vientre de una mujer embarazada se encontraban dos bebes. Uno pregunta al otro:
-¿Tu crees en la vida después del parto?.
-Claro que si. Algo debe existir después del parto. Tal vez estemos aquí porque necesitamos prepararnos para lo que seremos mas tarde.
-¡ Tonterías! No hay vida después del parto. ¿Cómo sería esa vida?.
-No lo se pero seguramente…habrá mas luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y nos alimentemos por la boca.
-¡Eso es absurdo! Caminar es imposible. ¿Y cómo comer por la boca? ¡Eso es ridículo! El cordón umbilical es por donde nos alimentamos. Yo te digo una cosa: la vida despues del parto esta excluida. El cordón umbilical es demasiado corto.
-Pues yo creo que debe haber algo. . Y tal vez sea sólo un poco distínto a lo que estamos acostumbrados a tener aquí.
-Pero nadie ha vuelto nunca del mas allá, después del parto. El parto es el final de la vida. Y a fin de cuentas, la vida no es más que una angustiosa existencia en la oscuridad que no lleva a nada.
-Bueno, yo no se exactamente cómo será después del parto pero seguro que veremos a mamá y ella nos cuidará.
-¿Mamá? ¿tú crees en mamá? ¿ Y donde crees tu que está ella?.
-¿Dónde? ¡En todo nuestro alrededor! En ella y a través de ella es como vivimos. Sin ella todo este mundo no existiría.
-¡ Pués yo no me lo creo! Nunca he visto a mamá, por lo tanto es lógico que no exista.
-Bueno, pero a veces, cuando estamos en silencio, tu puedes oírla cantando o sentir como acaricia nuestro mundo. ¿Sabes?...yo pienso que hay una vida real que nos espera y que ahora solamente estamos preparándonos para ella….

¡Qué difícil es entender la Fe desde fuera de la Fe!

domingo, 25 de noviembre de 2012

Cristo, Rey del universo.

Hoy celebramos la solemnidad de Cristo Rey del universo todos aquellos que pensamos que un día Él vendrá con gloria a juzgar a vivos y muertos e instaurará definitivamente su reino.
Por supuesto, no será un reino parecido a los que conocemos, que se basan en estructuras de poder más o menos democráticas. El reino de Dios en la tierra será un reino de justicia, paz y amor. “
Entonces, tú eres rey”, le preguntó Pilatos. “Tú lo dices, Soy Rey; pero mi reino no es de este mundo…”; y poco después murió en una Cruz. Pues cuando Él vuelva con gloria, no gobernará su reino desde un trono, sino desde esa Cruz; porque su reino es distinto y se rige mejor desde la Cruz que desde el trono.

Es reino de Justicia, pero no esa justicia que imparten los soberanos desde sus tronos, mediante la cual absuelven a los inocentes y condenan a los que se declaran culpables. En el reino de Dios se absuelve al que reconoce su culpa; y se permite que el inocente se ofrezca a cumplir la pena del culpable. Por esto, desde la Cruz se imparte mejor este tipo de Justicia divina.
Reino de Paz, esa paz que san Agustín definía como “la tranquilidad en el orden”; ¿y hay mayor Paz que entregar la vida en cumplimiento de la propia misión?; ¿hay mayor Paz que estar agonizando colgado de una Cruz y perdonar a los ejecutores?; ¿hay mayor Paz que conservar la mirada de amor, cuando se está cargando con todos los pecados de los hombres?
Reino de Amor, porque el Rey es sólo eso: Amor. Un Reino en el que cada uno busca el bien para los demás, en el que se da todo sin esperar nada a cambio, en el que cada cual prefiere al otro antes que a uno mismo.

Pues a pesar de todo esto, Cristo ya nos advirtió de que muchos dirían: “no queremos que ese reine sobre nosotros…”

¿Y quién mejor?

viernes, 16 de noviembre de 2012

Año de la Fe... en la Eucaristía.

Estamos en el año de la Fe: fe en Dios Padre creador, en Dios Hijo redentor y en Dios Espíritu Santo; fe en la encarnación, en la resurrección, en la segunda venida de Jesucristo, en la Iglesia y la comunión de los santos, en el perdón de los pecados y en la vida eterna. Estas son las verdades que se recogen en nuestro Credo. Esto es lo que principalmente tenemos que creer y que transmitir.

Pero todo eso podríamos creerlo sin que apenas se notase en nuestras vidas (“también los demonios creen y se estremecen”, Sant. 2, 19); si queremos una fe que de verdad nos compromete, que nos acerca al Señor, que nos permite dar y recibir amor, entonces debemos fomentar la fe en la Eucaristía.
No hay nada que más claramente distinga a un católico que un profundo amor a la Eucaristía, en donde podemos incluso tocar a Dios. Pero como dijo en recientemente nombrado doctor de la Iglesia San Juan de Ávila: “trátale bien, que es Hijo de buena Madre”.
Si tuviésemos auténtica fe en la Eucaristía, no podríamos ignorar –incluso despreciar- al Señor de la forma en que se le trata habitualmente.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Queremos suplantar a Dios

No es sólo que hayamos vuelto la espalda a Dios, sino que incluso nos enfrentamos arrogantemente a Él y nos empeñamos en destruir su creación, en destruir la naturaleza humana. Pretendemos suplantar a Dios tratando de convertir nuestra voluntad en la única guía de nuestra conducta, en ser dueños de nuestro destino y de nuestra propia naturaleza. Pero hemos acabado convirtiéndonos en colaboradores activos del maligno y hemos terminado enredándonos en sus redes. Los que pretendían ser dioses han acabado siendo siervos del más desgraciado de los seres.

 ¿Hasta cuándo consentirá Dios esto? ¿Se enfadará y nos mandará su castigo?, o simplemente esperará a que las consecuencias lógicas  de tantos desmanes se vuelvan contra la Humanidad y nos obliguen a rectificar dolorosamente el rumbo.
Cualquiera de ambas posibilidades sería justa: nos lo hemos merecido sobradamente. Pero lo que no acabo de comprender es por qué las consecuencias de la soberbia humana caen frecuentemente en primer lugar sobre los menos culpables [nadie es inocente ante Dios]. ¿Será que Dios utiliza ese sufrimiento “injusto” como ofrenda para acortar los padecimientos de los demás? Tampoco podremos reprochárselo, ya que es lo que le pidió a su propio Hijo. ¿Es, entonces, el sufrimiento humano una forma de corredención?

Es la única explicación que se le ocurre a mi pobre mente. Pero para que el sufrimiento fuese provechoso, deberíamos aceptarlo y ofrecerlo… ¡Y qué difícil es cuando no se siente cercano el amor de Dios!

martes, 13 de noviembre de 2012

¿Pedir cuentas a Dios?


Me dice un amigo que no entiende tantas desgracias como ocurren actualmente, en especial las relacionadas con la violencia de género. También son habituales las catástrofes como ciclones, terremotos, tsunamis, etc. Dice que no pretende conocer el plan de Dios y que imagina que todo esto tendrá algún significado dentro de ese plan.
No coincido plenamente con él. Quizá muchas de estas cosas están muy al margen del plan de Dios; y por supuesto, todas se derivan del pecado humano. Los efectos desastrosos de muchas de las catástrofes naturales son debidos al hacinamiento humano provocado generalmente por la avaricia de los especuladores inmobiliarios, capaces de urbanizar las mismas costas y hasta los cauces secos de los ríos. Y esos crímenes por celos o peleas matrimoniales, pueden tener mucho que ver con la trivialización social del matrimonio, el rechazo de la fidelidad [recientemente se han podido ver en España anuncios que promocionaban el adulterio… ¡pagando, claro!], el desprecio de la vida humana en sus comienzos o finales, la manipulación genética antinatural [se ha cruzado material genético humano con el de animales, para “ver qué pasaba”] y tantos otros atentados contra la naturaleza humana [por motivos supuestamente ecológicos se están utilizando como combustible los cultivos que deberían servir para la alimentación humana, provocando la escalada de su precio y la hambruna de millones de personas inocentes]. Y lo peor no son los hechos en sí –que son graves- sino la aceptación social de todo esto con total naturalidad.
¿Cómo, después de provocar –o aceptar pasivamente- todo esto, nos atrevemos a pedir cuentas a Dios? ¿Cómo vamos a exigirle que evite las consecuencias de lo que nosotros mismos fomentamos?

domingo, 11 de noviembre de 2012

¿Está el Cristianismo en peligro de supervivencia? (2)

Continúo con la entrada anterior.
Más recientemente, diversos movimientos sociales creyeron haber enterrado el Cristianismo porque eran ellos los que habían encontrado el supuesto paraíso material del hombre. La Revolución Francesa entronizó a la Diosa Razón (curiosamente representada por una prostituta); y esa razón les llevó a la época del terror, que dinamitó su lema de Libertad, Igualdad y Fraternidad con la ejecución de todo ciudadano que se opusiese al supuesto paraíso material, empezando por los propios promotores de la Revolución, que fueron guillotinados por sus seguidores.

Años después, era el comunismo ateo el que descubría e paraíso del proletariado, y renegaba de toda religión, consiguiendo, por la fuerza, extinguirla en sus territorios. Pero pronto se vio que ese paraíso sólo lo era para los jefes comunistas y que para los demás era un infierno… Y el comunismo se colapsó sobre sí mismo y el cristianismo renació allí donde se le suponía extinguido.
Otras también han intentado sustituir la religión por su ideología; pero sin Dios, toda ideología, por muy bien intencionada que nazca, acaba corrompiéndose y convirtiéndose en lo contrario de lo que pretendía. El Nazismo, que sustituía el culto a Dios por el culto a la raza y pretendía el engrandecimiento de la propia patria, acabó siendo el mayor enemigo del hombre y el destructor de la nación a la que pretendía servir. Y estas ideologías pasaron… y el Cristianismo resurgió y fue el motor de la reconciliación europea y la construcción de la unidad.

Y el posmodernismo nos trae la cultura del hedonismo, la centralidad del hombre y su voluntad como único sentido de la vida humana, la cultura de la muerte que impone el control de natalidad y la eliminación de los hijos no deseados, como meros subproductos de la liberación sexual (con total desfachatez, se encubre el homicidio como salud reproductiva). Pero esta sociedad occidental pagada de sí misma está abocada a la desaparición, por su propio envejecimiento y su incapacidad de esfuerzo en actividades realmente productivas. La economía financiera y la especulación, fomentadas por la cultura del enriquecimiento rápido, han producido un esquema económico inviable y dependiente de culturas menos fuertes pero integradas por personas más fuertes; y en las que el Cristianismo avanza en la misma medida en que retrocede en Occidente.
Y es que cuando algo es de Dios, es vano tratar de combatirlo…