El Papa Francisco nos habla en su carta-mensaje para la cuaresma de 2014 de los tres tipos de pobreza que pueden afectar al hombre.
La primera es la pobreza material, lo que él llama miseria. La privación de los derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad es un atentado contra la dignidad del hombre y nada tiene que ver con la pobreza evangélica que se predica en las bienaventuranzas. Todo cristiano está obligado a tratar de curar estas heridas de sus hermanos y cubrir sus necesidades materiales; pero no como una especie de condescendencia hacia el otro, sino como una obligación hacia aquél que comparte una misma dignidad de hijo de Dios. Vuelvo a recordar la enseñanza de Juan Pablo II sobre la propiedad privada: que está gravada con una hipoteca en favor del bien común, en favor de aquellos que no disponen de lo necesario para una vida digna.
Otra forma de pobreza e la pobreza moral, que esclaviza al hombre al pecado y al vicio. En algunos casos se llega a la miseria moral por propia voluntad, aunque después ya no se pueda uno librar del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía. Pero nos recuerda el Papa que en otras ocasiones esta dependencia nace de las propias condiciones sociales injustas: falta de trabajo, marginación, inmigración, etc. En estos casos, el cristiano debe ayudar en lo que esté en su mano a modificar las circunstancias para hacer posible la liberación del hermano o evitar que otros caigan.
Por último, está la miseria espiritual, aquella que nos enajena del amor de Dios, que deja al hombre en la peor de las pobrezas, la que más le aleja de su dignidad de hijo de Dios. Y aquí el cristiano tiene un arma poderosa para combatirla: el Evangelio, que muestra al hombre la misericordia de Dios, su deseo de perdonarnos y que conozcamos su amor.
¡Qué buena ocasión la Cuaresma para acercarnos más a Dios a través del prójimo!... prioritariamente del más necesitado, material, moral o espiritualmente.
Hay quien piensa que fe es lo opuesto a razón. Hay quien piensa que los que tenemos fe no somos personas razonables. No comparto estas opiniones; y para mostraros que en la razón hay mucha parte de fe y que en la fe hay mucha parte de razón, es para lo que comienzo este blog (28-9-2005).
miércoles, 2 de abril de 2014
miércoles, 5 de febrero de 2014
En defensa de la vida
Es cierto que el Papa Francisco ha puesto el acento en la totalidad del mensaje evangélico, que va mucho mas allá que la mera defensa de unas cuestiones morales concretas. Entre otros motivos, porque a quien no se le ha transmitido el mensaje de salvación y se le ha explicado que Dios con su enseñanza lo único que pretende es nuestro bien, no se le puede pedir que siga una conducta que con frecuencia es muy dura.
Pero esto no significa que determinadas cuestiones hayan dejado de ser importantes, simplemente porque no forman la centralidad del Cristianismo.
En concreto, con respecto al respeto que se debe a toda vida humana, el Papa ha querido ser muy charo y dedicarle al tema unos párrafos de su Evalgelii Gaudium:
Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. Es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. Si esta convicción cae, no quedan fundamentos sólidos y permanentes para defender los derechos humanos, que siempre estarían sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno.
Cuando se abre una brecha en la defensa de la vida y se considera que durante determinados periodos ésta puede ser eliminada, lo que se está haciendo es despreciar la dignidad de la propia vida humana; y si el hombre no tiene, por el mero hecho de serlo, una dignidad intrínseca, entonces ¿como defender sus otros derechos?
Pero esto no significa que determinadas cuestiones hayan dejado de ser importantes, simplemente porque no forman la centralidad del Cristianismo.
En concreto, con respecto al respeto que se debe a toda vida humana, el Papa ha querido ser muy charo y dedicarle al tema unos párrafos de su Evalgelii Gaudium:
Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. Es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. Si esta convicción cae, no quedan fundamentos sólidos y permanentes para defender los derechos humanos, que siempre estarían sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno.
Cuando se abre una brecha en la defensa de la vida y se considera que durante determinados periodos ésta puede ser eliminada, lo que se está haciendo es despreciar la dignidad de la propia vida humana; y si el hombre no tiene, por el mero hecho de serlo, una dignidad intrínseca, entonces ¿como defender sus otros derechos?
lunes, 3 de febrero de 2014
Cristianismo y nacionalismos
Una de las cosas que más le costó a Cristo enseñar a sus discípulos es la vocación universal del Cristianismo: con la venida del Reino de Dios, el Evangelio pasa a ser propiedad de toda la humanidad, sin distinción de cultura nación ni raza. Y les costó entenderlo porque hasta entonces Dios había sido sólo para el pueblo de Israel... Quizá el primero en comprenderlo y ponerlo en práctica fue San Pablo; y esta apertura le costó más de un disgusto entre los judíos e incluso entre los discípulos.
Por esto la Iglesia que continúa la tradición apostólica desde Roma se llama Iglesia Católica, entendiendo este término como universal... Y al igual de las demás confesiones cristianas, trata de llevar el mensaje evangélico a todo el mundo.
Si hay algo contrario al espíritu del cristianismo es esa cortedad de miras de quien, por defender sus costumbres o su lengua, rechaza la de los demás. Y los nacionalismos, muy habitualmente, caen en este defecto... Es de bien nacido amar la propia tierra, la propia cultura y la propia lengua; pero es mera soberbia encerrarse en ellas y rechazar al que no las comparte.
No siempre los clérigos lo han entendido así y con frecuencia se alinean con posturas nacionalistas excluyentes, creyendo que así hacen un servicio a la fe. Nada más opuesto a la realidad del cristianismo.
El Papa Francisco dedica un párrafo de su exhortación Evangelii Gaudium a este asunto. Y aunque se refiere a los gobiernos... sería plenamente aplicable a las Diócesis:
Por ello, exhorto a los países a una generosa apertura, que en lugar de temer la destrucción de la identidad local sea capaz de crear nuevas síntesis culturales. ¡Qué hermosas son las ciudades que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo! ¡Qué lindas son las ciudades que, aun en su diseño arquitectónico, están llenas de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro!
Por esto la Iglesia que continúa la tradición apostólica desde Roma se llama Iglesia Católica, entendiendo este término como universal... Y al igual de las demás confesiones cristianas, trata de llevar el mensaje evangélico a todo el mundo.
Si hay algo contrario al espíritu del cristianismo es esa cortedad de miras de quien, por defender sus costumbres o su lengua, rechaza la de los demás. Y los nacionalismos, muy habitualmente, caen en este defecto... Es de bien nacido amar la propia tierra, la propia cultura y la propia lengua; pero es mera soberbia encerrarse en ellas y rechazar al que no las comparte.
No siempre los clérigos lo han entendido así y con frecuencia se alinean con posturas nacionalistas excluyentes, creyendo que así hacen un servicio a la fe. Nada más opuesto a la realidad del cristianismo.
El Papa Francisco dedica un párrafo de su exhortación Evangelii Gaudium a este asunto. Y aunque se refiere a los gobiernos... sería plenamente aplicable a las Diócesis:
Por ello, exhorto a los países a una generosa apertura, que en lugar de temer la destrucción de la identidad local sea capaz de crear nuevas síntesis culturales. ¡Qué hermosas son las ciudades que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo! ¡Qué lindas son las ciudades que, aun en su diseño arquitectónico, están llenas de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro!
sábado, 1 de febrero de 2014
La caridad cristiana no es ideología
Dos párrafos del Papa Francisco aclaran la actitud que la caridad cristiana debe infundir en todo discípulo de cristo, saliendo al paso tanto de los que se preocupan sólo por transmitir ortodoxia al prójimo, como de los que su solidaridad les lleva a olvidar que el Cristianismo en una religión: el camino para unir a la criatura con su Creador.
No nos preocupemos sólo por no caer en errores doctrinales, sino también por ser fieles a este camino luminoso de vida y de sabiduría. Porque «a los defensores de “la ortodoxia” se dirige a ve ces el reproche de pasividad, de indulgencia o de complicidad culpables respecto a situaciones de injusticia intolerables y a los regímenes políticos que las mantienen».
Pero para que ese rechazo de los regímenes injustos no nos desvíe del camino, en otro párrafo nos aclara:
El pobre, cuando es amado, «es estimado como de alto valor», y esto diferencia la auténtica opción por los pobres de cualquier ideología, de cualquier intento de utilizar a los pobres al servicio de intereses personales o políticos. Sólo desde esta cercanía real y cordial podemos acompañarlos adecuadamente en su camino de liberación. Únicamente esto hará posible que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como en su casa.
No es que el Papa o la Iglesia esté en contra de la política, sólo están en contra de confundir el mensaje evangélico con una ideología concreta; pero animan a todo cristiano a participar en este servicio social (porque la política, por mucho que hoy no lo parezca, debe ser un servicio):
La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común. Tenemos que convencernos de que la caridad «no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas». ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos.
No nos preocupemos sólo por no caer en errores doctrinales, sino también por ser fieles a este camino luminoso de vida y de sabiduría. Porque «a los defensores de “la ortodoxia” se dirige a ve ces el reproche de pasividad, de indulgencia o de complicidad culpables respecto a situaciones de injusticia intolerables y a los regímenes políticos que las mantienen».
Pero para que ese rechazo de los regímenes injustos no nos desvíe del camino, en otro párrafo nos aclara:
El pobre, cuando es amado, «es estimado como de alto valor», y esto diferencia la auténtica opción por los pobres de cualquier ideología, de cualquier intento de utilizar a los pobres al servicio de intereses personales o políticos. Sólo desde esta cercanía real y cordial podemos acompañarlos adecuadamente en su camino de liberación. Únicamente esto hará posible que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como en su casa.
No es que el Papa o la Iglesia esté en contra de la política, sólo están en contra de confundir el mensaje evangélico con una ideología concreta; pero animan a todo cristiano a participar en este servicio social (porque la política, por mucho que hoy no lo parezca, debe ser un servicio):
La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común. Tenemos que convencernos de que la caridad «no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas». ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos.
miércoles, 29 de enero de 2014
Evangelii Gaudium: la solidaridad.
Recuerdo cómo explicaba Juan Pablo II el tema de la propiedad privada, recordándonos que ésta tiene como una hipoteca en favor de los necesitados. Ya comentamos sobre lo que Benedicto XVI nos explicó sobre este asunto en la entrada del 22-2-2012. El Papa Francisco lo explica de otra forma: la propiedad privada se justifica por su servicio al bien común. "Sensu contrario", que dirían los juristas, cuando la propiedad privada no sirve al bien común, entonces ya no tiene justificación...
La solidaridad es una reacción espontánea de quien reconoce
la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes como
realidades anteriores a la propiedad privada. La posesión privada de los
bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor
al bien común, por lo cual la solidaridad debe vivirse como la decisión de
devolverle al pobre lo que le corresponde. Estas convicciones y hábitos de
solidaridad, cuando se hacen carne, abren camino a otras transformaciones
estructurales y las vuelven posibles. Un cambio en las estructuras sin generar
nuevas convicciones y actitudes dará lugar a que esas mismas estructuras tarde
o temprano se vuelvan corruptas, pesadas e ineficaces.
En definitiva, esa solidaridad depende más de la actitud de quienes detenten la propiedad o el poder que de la estructura política implantada. No basta con un cambio en los actores: la revolución bolquevique retiró la propiedad de los poderosos, pero no se la entregó al pueblo.
lunes, 27 de enero de 2014
Evangelii Gaudium: el amor es la medida del hombre.
Insiste una y otra vez el Papa Francisco en la dignidad intrínseca de todo hombre; y por eso rechaza de plano cualquier tipo de exclusión o imanación:
Confesar a un Padre que ama infinitamente a cada ser humano
implica descubrir que «con ello le confiere una dignidad
infinita». Confesar que el Hijo de Dios asumió nuestra carne
humana significa que cada persona humana ha sido elevada al corazón mismo de
Dios. Confesar que Jesús dio su sangre por nosotros nos impide conservar
alguna duda acerca del amor sin límites que ennoblece a todo ser humano.
Por esto, insiste el Papa, la mejor expresión del Evangelio, la mejor manifestación del amor a Dios, es el amor a los demás, sin discriminación alguna:
La Palabra de Dios enseña que en el hermano está la
permanente prolongación de la Encarnación para cada uno de nosotros: «Lo
que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, lo hicisteis a mí»
(Mt 25,40). Lo que hagamos con los demás tiene una dimensión trascendente: «Con
la medida con que midáis, se os medirá» (Mt 7,2); y responde a la
misericordia divina con nosotros: «Sed compasivos como vuestro Padre es
compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis
condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará [...] Con la
medida con que midáis, se os medirá» (Lc 6,36- 38). Lo que expresan estos
textos es la absoluta prioridad de la «salida de sí hacia el hermano»
como uno de los dos mandamientos principales que fundan toda norma moral y como
el signo más claro para discernir acerca del camino de crecimiento espiritual
en respuesta a la donación absolutamente gratuita de Dios.
Sí, ya sé que esto ha formado parte de la enseñanza de la Iglesia desde los primeros tiempos; pero que bueno es que se nos recuerde de vez en cuando...
sábado, 25 de enero de 2014
El océano del bien
Quizá una de las mayores armas del maligno sea la magnificación del mal en el
mundo. Los modernos medios de comunicación le permiten hacer que el mal sea
inmediatamente conocido por todos; y el constante machaqueo de males nos aturde
y provoca la sensación de que todo esta podrido. No es así. En el mundo
prevalece el bien, la solidaridad, la bondad de unos con otros, la apreciación de la familia y el matrimonio, la defensa de la vida y de los derechos humanos,
aunque todo esto rara vez salga en las noticias. Los actos de bien son
innumerables y constantes; los actos malignos son raros y pocos (por esto son
noticia); pero el maligno los utiliza para desanimarnos y que nos dejemos llevar
por esa aparente corriente de mal, que es un simple arroyo en comparación con el
inmenso océano de bien.
jueves, 23 de enero de 2014
La Caridad es la prueba
La fe no permite demostraciones ni seguridades tipo científico, entonces, ¿que
medio nos dejo Cristo para "convencer" a los demás de su mensaje? ¿Cómo demostraremos a los
seguidores de otras religiones o o a los ateos la verdad del cristianismo? ¿Cuáles
serán las señales que den credibilidad a nuestro mensaje?
La respuesta es sencilla: la prueba es el amor. Si Dios es amor, la mejor manifestación de su existencia es mostrar ese amor. Y, ¿qué es el amor, la caridad? Pues es esa capacidad de vivir siempre para los demás.
Este es el ejemplo que Jesús mismo nos ha dejado. Él se alegra con las alegrías de sus amigos, como en las bodas de Caná o cuando aquellos 72 volvieron de predicar el Evangelio; y sufre también con el dolor ajeno, cuando siente lástima por los leprosos, los ciegos, los endemoniados o la viuda de Naín.
La caridad cristiana es la demostración "cientifica" de la verdad y bondad del Cristianismo; cada vez que un cristiano atenta contra la caridad en su condición de tal, niega el mensaje evangélico. Por esto, la fe se ha transmitido siempre en familia y por amistad (ámbitos de la caridad) y a través de las obras de caridad: hospitales, misiones, atención a cautivos, enseñanza, etc... Mucho mejor que con razonamientos!(1)
Y al revés; como el mismo Jesús nos dijo: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros (Jn 13, 35).
¡Es una gran responsabilidad para nosotros los cristianos!
(1) Espa, Fulgencio. “Adviento Navidad 2013, vívela con Él.” Ediciones Palabra, 2013-10-25. iBooks
La respuesta es sencilla: la prueba es el amor. Si Dios es amor, la mejor manifestación de su existencia es mostrar ese amor. Y, ¿qué es el amor, la caridad? Pues es esa capacidad de vivir siempre para los demás.
Este es el ejemplo que Jesús mismo nos ha dejado. Él se alegra con las alegrías de sus amigos, como en las bodas de Caná o cuando aquellos 72 volvieron de predicar el Evangelio; y sufre también con el dolor ajeno, cuando siente lástima por los leprosos, los ciegos, los endemoniados o la viuda de Naín.
La caridad cristiana es la demostración "cientifica" de la verdad y bondad del Cristianismo; cada vez que un cristiano atenta contra la caridad en su condición de tal, niega el mensaje evangélico. Por esto, la fe se ha transmitido siempre en familia y por amistad (ámbitos de la caridad) y a través de las obras de caridad: hospitales, misiones, atención a cautivos, enseñanza, etc... Mucho mejor que con razonamientos!(1)
Y al revés; como el mismo Jesús nos dijo: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros (Jn 13, 35).
¡Es una gran responsabilidad para nosotros los cristianos!
(1) Espa, Fulgencio. “Adviento Navidad 2013, vívela con Él.” Ediciones Palabra, 2013-10-25. iBooks
miércoles, 22 de enero de 2014
Evangelii Gaudium: las maneras también son importantes.
Y si el Papa quiere que recuperemos el mensaje fundamental de la evangelización, también nos indica cómo debe transmitirse ese mensaje, porque no solo el contenido es importante, también la manera de transmitirlo debe ajustarse a la enseñanza evangélica:
Necesitamos ejercitarnos en el arte
de escuchar, que es más que oír. Lo primero, en la comunicación con el otro,
es la capacidad del corazón que hace posible la proximidad, sin la cual no
existe un verdadero encuentro espiritual. La escucha nos ayuda a encontrar el
gesto y la palabra oportuna que nos desinstala de la tranquila condición de
espectadores. Sólo a partir de esta escucha respetuosa y compasiva se pueden
encontrar los caminos de un genuino crecimiento, despertar el deseo del ideal cristiano,
las ansias de responder plenamente al amor de Dios y el anhelo de desarrollar
lo mejor que Dios ha sembrado en la propia vida.
Pero el respeto a la libertad ajena, no nos debe hacer olvidar que en algunos casos tenemos que liberar al hermano de su erróneo ejercicio de la libertad,
Aunque suene obvio, el acompañamiento espiritual debe llevar más y más a Dios, en quien podemos alcanzar la verdadera libertad. Algunos se creen libres cuando caminan al margen de Dios, sin advertir que se quedan existencialmente huérfanos, desamparados, sin un hogar donde retornar siempre. Dejan de ser peregrinos y se convierten en errantes, que giran siempre en torno a sí mismos sin llegar a ninguna parte. El acompañamiento sería contraproducente si se convirtiera en una suerte de terapia que fomente este encierro de las personas en su inmanencia y deje de ser una peregrinación con Cristo hacia el Padre.
No olvidemos que nuestra tarea es transmitir la verdad: dejar en un cómodo error al hermano, sería hacerle un flaco favor... Tenemos que advertirle del error; aunque el cambio dependa exclusivamente de su voluntad.
lunes, 20 de enero de 2014
Evangelii Gaudium: el kerigma.
Quiere el Papa Francisco -y lo ha demostrado desde que fue elegido- que la Iglesia vuelva a la centralidad del mensaje fundamental del Cristianismo -lo que se llama el kerigma-: que Dios nos ha querido salvar por amor; que Dios quiere compartir su vida con los hombres, por simple amor, sin exigir nada más que la correspondencia a ese amor, con respecto a Él y a los demás hombres.
En la práctica, esta correspondencia se plasma en multitud de detalles y prácticas que la Iglesia ha ido recopilando y enseñando durante 20 siglos; y esto es bueno. Pero lo que no es bueno es que tanto "detalle", nos haga olvidar el mensaje fundamental:
La centralidad del kerygma demanda ciertas características del anuncio que hoy son necesarias en todas partes: que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa, que no imponga la verdad y que apele a la libertad, que posea unas notas de alegría, estímulo, vitalidad, y una integralidad armoniosa que no reduzca la predicación a unas pocas doctrinas a veces más filosóficas que evangélicas.
Y con respecto al necesario anuncio de la moral evangélica, matiza:
En lo que se refiere a la propuesta moral de la catequesis, que invita a crecer en fidelidad al estilo de vida del Evangelio, conviene manifestar siempre el bien deseable, la propuesta de vida, de madurez, de realización, de fecundidad, bajo cuya luz puede comprenderse nuestra denuncia de los males que pueden oscurecerla. Más que como expertos en diagnósticos apocalípticos u oscuros jueces que se ufanan en detectar todo peligro o desviación, es bueno que puedan vernos como alegres mensajeros de propuestas superadoras, custodios del bien y la belleza que resplandecen en una vida fiel al Evangelio.
En definitiva, como decía Santo Tomás de Aquino: explicar que "el pecado es lo que es malo para el hombre", no la mera transgresión de una normativa arbitraria.
En la práctica, esta correspondencia se plasma en multitud de detalles y prácticas que la Iglesia ha ido recopilando y enseñando durante 20 siglos; y esto es bueno. Pero lo que no es bueno es que tanto "detalle", nos haga olvidar el mensaje fundamental:
La centralidad del kerygma demanda ciertas características del anuncio que hoy son necesarias en todas partes: que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa, que no imponga la verdad y que apele a la libertad, que posea unas notas de alegría, estímulo, vitalidad, y una integralidad armoniosa que no reduzca la predicación a unas pocas doctrinas a veces más filosóficas que evangélicas.
Y con respecto al necesario anuncio de la moral evangélica, matiza:
En lo que se refiere a la propuesta moral de la catequesis, que invita a crecer en fidelidad al estilo de vida del Evangelio, conviene manifestar siempre el bien deseable, la propuesta de vida, de madurez, de realización, de fecundidad, bajo cuya luz puede comprenderse nuestra denuncia de los males que pueden oscurecerla. Más que como expertos en diagnósticos apocalípticos u oscuros jueces que se ufanan en detectar todo peligro o desviación, es bueno que puedan vernos como alegres mensajeros de propuestas superadoras, custodios del bien y la belleza que resplandecen en una vida fiel al Evangelio.
En definitiva, como decía Santo Tomás de Aquino: explicar que "el pecado es lo que es malo para el hombre", no la mera transgresión de una normativa arbitraria.
sábado, 18 de enero de 2014
La unidad de los cristianos
Hoy comienza la semana por la unidad de los cristianos, ya que ese deseo de Cristo manifestado en la oración sacerdotal antes de su Pasión "que todos sean uno como tú Padre y Yo somos uno", en la actualidad no se cumple, por la múltiple división entre los bautizados.
Y aunque entre muchos cristianos sí se puede hablar de un solo rebaño bajo un solo Pastor, ya que todos tenemos como Pastor y Guía a Cristo, otros cristianos se han alejado tanto de la doctrina del Evangelio, ya puede ponerse en duda que pertenezcan al "rebaño".
Lo importante no es la unificación de ritos y obediencias, sino la unidad en el seguimiento de Cristo. Así lo expresa el Papa Francisco en su Evangelii Gaudium:
Y aunque entre muchos cristianos sí se puede hablar de un solo rebaño bajo un solo Pastor, ya que todos tenemos como Pastor y Guía a Cristo, otros cristianos se han alejado tanto de la doctrina del Evangelio, ya puede ponerse en duda que pertenezcan al "rebaño".
Lo importante no es la unificación de ritos y obediencias, sino la unidad en el seguimiento de Cristo. Así lo expresa el Papa Francisco en su Evangelii Gaudium:
Las diferencias entre las personas y comunidades a veces son
incómodas, pero el Espíritu Santo, que suscita esa diversidad, puede sacar de
todo algo bueno y convertirlo en un dinamismo evangelizador que actúa por
atracción. La diversidad tiene que ser siempre reconciliada con la ayuda del
Espíritu Santo; sólo Él puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la
multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad. En cambio, cuando somos
nosotros los que pretendemos la diversidad y nos encerramos en nuestros particularismos,
en nuestros exclusivismos, provocamos la división y, por otra parte, cuando
somos nosotros quienes queremos construir la unidad con nuestros planes humanos,
terminamos por imponer la uniformidad, la homologación. Esto no ayuda a la
misión de la Iglesia.
Este párrafo, que se refiere a la propia Iglesia Católica, también podría aplicarse a la unión de los cristianos: debe ser el Espíritu el que indique el camino: ni tratar de imponer los particularismos de cada uno, ni exigir que desaparezca toda diferencia.
Por ejemplo, ente los Católicos y los Ortodoxos, no hay más distancia que la que reflejan los distintos ritos y la obediencia a la cabeza.
¡qué fácil sería la unión si nos centrásemos en la obediencia a la Cabeza que ya es común a ambos: Cristo!
jueves, 9 de enero de 2014
Evangelii Gaudium: ¿qué anunciamos?
Este es el objeto de la auténtica evangelización:
...la evangelización, como predicación alegre, paciente y
progresiva de la muerte y resurrección salvífica de Jesucristo, debe ser
vuestra prioridad absoluta...
Y si nuestro mensaje es el amor de Cristo por todos, las personas que se acerquen a la Iglesia tienen que notar la coherencia entre nuestra vida y nuestro mensaje:
La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita,
donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a
vivir según la vida buena del Evangelio.
Y nunca confundamos nuestras costumbres, nuestra cultura cristiana (que es lo accesorio) con el mensaje fundamental:
...en la evangelización de nuevas culturas o de culturas que no
han acogido la predicación cristiana, no es indispensable imponer una determinada forma cultural, por más bella y antigua que sea, junto con la propuesta
del Evangelio. El mensaje que anunciamos siempre tiene algún ropaje
cultural, pero a veces en la Iglesia caemos en la vanidosa sacralización de la
propia cultura, con lo cual podemos...Una vez más, el Papa Francisco en esta Exhortación nos ha recordado cosas que parecen obvias, pero que frecuentemente se olvidan.
viernes, 3 de enero de 2014
Evangelii Gaudium: actitudes a evitar
El Papa Francisco identifica dos actitudes a evitar en la evangelización, porque en vez de facilitar la cercanía a los demás y la transmisión del mensaje evangélico, alejan a los que las mantienen por el camino diametralmente opuesto:
Una es la fascinación del gnosticismo, una fe encerrada en
el subjetivismo, donde sólo interesa una determinada
experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente
reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la
inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos.
En definitiva, el cristiano no tiene que transmitir una mera filosofía de vida o una aséptica doctrina social: el cristiano debe transmitir su propio testimonio de amor a Dios y, por esto, de amor a los demás.
La otra es el
neopelagianismo autorreferencial y prometeico de quienes en el fondo sólo
confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros
por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto
estilo católico propio del pasado. Es una supuesta seguridad doctrinal
o disciplinaria que da lugar a un elitismo narcisista y autoritario, donde en
lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás,
y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías
en controlar.
Si nos presentamos ante los demás como seres perfectos, una especie de super-héroes-, además de ser bastante hipócritas, no podremos animar a nadie a seguir el camino evangélico, ya que los demás son muy conscientes de sus propias limitaciones. Quizá por esto, el propio Evangelio no oculta los errores, debilidades y traiciones de quienes después tendrían el encargo de transmitir la buena nueva a los demás. Con nuestro testimonio de vida, con más sombras que luces, pero con empeño y confianza en la ayuda del Señor, sí podremos ayudar a los demás.
En los dos casos, ni Jesucristo ni los demás
interesan verdaderamente. Son manifestaciones de un inmanentismo antropocéntrico.
No es posible imaginar que de estas formas desvirtuadas de cristianismo pueda
brotar un auténtico dinamismo evangelizador.
Y es que a veces confundimos el transmitir a los demás el mensaje recibido con el imponerles nuestras propias convicciones; y esto no es apostolado, sino soberbia.
miércoles, 1 de enero de 2014
Evangelii Gaudium: con optimismo.
Llama la atención el optimismo del Papa, que, sin negar la crudeza de nuestro tiempo, nos anima a confiar con paciencia tanto en la acción de Dios -que es el principal interesado en la evangelización- como en la bondad de fondo de las gentes:
Nuestra fe es desafiada a vislumbrar el vino en que puede
convertirse el agua y a descubrir el trigo que crece en medio de la cizaña...
en contraposición con
...la conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas
quejosos y desencantados con cara de vinagre. El mal espíritu de la derrota es hermano de la tentación de
separar antes de tiempo el trigo de la cizaña, producto de una desconfianza
ansiosa y egocéntrica.
Y por esto identifica las peores tentaciones que puede sufrir un evangelizador: el individualismo, el complejo de inferioridad, refugiarse en seguridades económicas o de poder, búsqueda del propio tiempo libre, falta de espiritualidad que impregne la acción, proponerse tareas irrealizables, tener prisa por cosechar los frutos, diseñar proyectos imaginados por la vanidad, cuidar más las organizaciones que las personas, no tolerar las contradicciones y las cruces del camino:
...así la fe se desgasta y lleva a una tristeza dulzona, sin esperanza...
lunes, 30 de diciembre de 2013
Secularización y Etica
Insiste el Papa en algo que ya comenté en mi entrada sobre la supuesta "privacidad de la moral". Los secularizadores a ultranza (es decir: los enemigos de lo religioso), en su afán por reducir las creencias al ámbito de lo privado, de lo íntimo, han arrasado también con la moral y, como consecuencia de esto, con la ética pública: ya no existe más norma que la ley promulgada, sea ésta lícita o no.
El proceso de secularización tiende a reducir la fe y la
Iglesia al ámbito de lo privado y de lo íntimo.
Además, al negar toda trascendencia, ha producido una creciente deformación
ética, un debilitamiento del sentido del pecado personal y social y un
progresivo aumento del relativismo, que ocasionan una desorientación
generalizada, especialmente en la etapa de la adolescencia y la juventud, tan
vulnerable a los cambios.
Quizá en parte es culpa de los cristianos, que no hemos sabido distinguir en nuestra enseñanza lo que son normas "internas" para los creyentes, de lo que son normas "universales" para todo ciudadano:
Pero nos cuesta mostrar que, cuando planteamos otras cuestiones
que despiertan menor aceptación pública, lo hacemos por fidelidad a las
mismas convicciones sobre la dignidad humana y el bien común.
Y, especialmente en Occidente, debemos recordar que los avances de nuestra civilización se deben en su práctica totalidad a la cultura cristiana: ¿o es que en Oriente ha habido alguna vez algo parecido a la Revolución Francesa, anticlerical, pero cuya justicia social nacía del concepto cristiano de dignidad humana?
Una cultura popular evangelizada contiene valores de fe y de
solidaridad que pueden provocar el desarrollo de una sociedad más justa y
creyente, y posee una sabiduría peculiar que hay que saber reconocer con una
mirada agradecida.
Eso sí, la moral, la ética cristiana no puede confundirse con lo que es meramente cultural: debemos insistir en lo fundamental evangélico y que cada sociedad lo desarrolle a su estilo.
El sentido unitario y completo de la vida humana que propone el
Evangelio es el mejor remedio para los males urbanos, aunque debamos advertir
que un programa y un estilo uniforme e inflexible de evangelización no son aptos
para esta realidad.
sábado, 28 de diciembre de 2013
Evangelii Gaudium: los retos
Después de insistir una vez más en que los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio:
... una actitud burocrática para dar respuesta a los problemas, simples o complejos, de la vida de nuestros pueblos. En muchas partes hay un predominio de lo administrativo sobre lo pastoral, así como una sacramentalización sin otras formas de evangelización...
No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten
este mensaje tan claro. Hoy y siempre, « los pobres son los destinatarios
privilegiados del Evangelio», y la evangelización dirigida
gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer. Hay que decir
sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres.
Nunca los dejemos solos. Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor
a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las
normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos
tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin
cansarse: «¡Dadles vosotros de comer! » (Mc 6,37).
El Papa nos recuerda los retos que debemos enfrentar en la actualidad para poder implantar el espíritu evangélico, empezando por los económicos:
No a la economía de exclusión e inequidad: Ya no se trata
simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo
nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la
sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia,
o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados»
sino desechos, «sobrantes».
No a la nueva idolatría del dinero, fetichismo del dinero y en
la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente
humano. que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el
consumo. A todo ello se añade una corrupción
ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones
mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema,
que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier
cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los
intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta.
No a la inequidad que genera violencia. Cuando la sociedad —local,
nacional o mundial— abandona en la periferia una parte de
sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de
inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad. Esto no
sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los
excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en
su raíz.
Y siguiendo con otros retos como el relativismo, el hedonismo y la frivolidad:
...una cultura, en la cual cada uno quiere ser el portador de una
propia verdad subjetiva, vuelve difícil que los ciudadanos deseen integrar
un proyecto común más allá de los beneficios y deseos personales. En la cultura predominante, el primer lugar está ocupado
por lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial, lo
provisorio. Lo real cede el lugar a la apariencia. En muchos países, la
globalización ha significado un acelerado deterioro de las raíces culturales
con la invasión de tendencias pertenecientes a otras culturas, económicamente
desarrolladas pero éticamente debilitadas.
La Iglesia debe enfrentar estos retos sociales buscando la respuesta más humana posible a cada caso... ... una actitud burocrática para dar respuesta a los problemas, simples o complejos, de la vida de nuestros pueblos. En muchas partes hay un predominio de lo administrativo sobre lo pastoral, así como una sacramentalización sin otras formas de evangelización...
jueves, 26 de diciembre de 2013
Evangelii Gaudium: el bien posible.
Ante las dificultades de la cultura occidental actual, el Papa nos anima a lograr el bien posible de cada persona a la que se pueda acercar a Dios: más vale que de un pequeño paso por el buen camino a que se quede parado porque ve la meta como algo imposible:
...el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el
lugar de la misericordia del Señor que nos estimula a hacer el bien posible.
Un pequeño paso, en medio de grandes límites humanos, puede ser más
agradable a Dios que la vida exteriormente correcta de quien transcurre sus
días sin enfrentar importantes dificultades. A todos debe llegar el consuelo y
el estímulo del amor salvífico de Dios, que obra misteriosamente en cada
persona, más allá de sus defectos y caídas.
Un corazón misionero sabe de esos límites y se hace «débil
con los débiles [...] todo para todos» (1 Co 9,22). Nunca se encierra, nunca
se repliega en sus seguridades, nunca opta por la rigidez autodefensiva. Sabe
que él mismo tiene que crecer en la comprensión del Evangelio y en el
discernimiento de los senderos del Espíritu, y entonces no renuncia al bien
posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino.
A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no
como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde
hay lugar para cada uno con su vida a cuestas.
¡Qué bueno que el Papa predique "el bien posible", en vez de conformarse con "el mal menor", que tan de moda está.
domingo, 22 de diciembre de 2013
Evangelii Gaudium: Fe no es uniformidad.
Dios, que nos ha creado, conoce mejor que nadie la diversidad de sus hijos; y cuando Cristo quiso reunirnos a todos en una sola Iglesia de la que Él es la cabeza, tuvo en cuenta esa diversidad. Al contrario de lo que ocurría con el pueblo de Israel, al que Dios le dio una normativa muy concreta incluso para asuntos culturales y sociales, el mandato "id y anunciad a todas las gentes...", da por presupuesta una amalgama de culturas. Por esto, en la Iglesia hay tantos grupos con carismas muy diferentes.
Y el Papa, a quien preocupa la sustancia del mensaje evangélico mucho más que la forma, nos recuerda que esa diversidad es lo que enriquece a la Iglesia:
Y el Papa, a quien preocupa la sustancia del mensaje evangélico mucho más que la forma, nos recuerda que esa diversidad es lo que enriquece a la Iglesia:
Las distintas líneas de pensamiento filosófico, teológico y
pastoral, si se dejan armonizar por el Espíritu en el respeto y el amor,
también pueden hacer crecer a la Iglesia, ya que ayudan a explicitar mejor el
riquísimo tesoro de la Palabra. A quienes sueñan con una doctrina monolítica
defendida por todos sin matices, esto puede parecerles una imperfecta
dispersión. Pero la realidad es que esa variedad ayuda a que se manifiesten y
desarrollen mejor los diversos aspectos de la inagotable riqueza del Evangelio.
Y precisamente porque lo importante es la sustancia del Cristianismo, la forma de transmitirlo se debe adaptar a la mentalidad del oyente, precisamente para ano desvirtuar el mensaje:
«una cosa es la substancia [...] y otra
la manera de formular su expresión». A veces, escuchando un lenguaje
completamente ortodoxo, lo que los fieles reciben, debido al lenguaje que
ellos utilizan y comprenden, es algo que no responde al verdadero Evangelio
de Jesucristo. Con la santa intención de comunicarles la verdad sobre Dios y
sobre el ser humano, en algunas ocasiones les damos un falso dios o un ideal
humano que no es verdaderamente cristiano. De ese modo, somos fieles a una
formulación, pero no entregamos la substancia. Ése es el riesgo más grave.
Recordemos que «la expresión de la verdad puede ser
multiforme, y la renovación de las formas de expresión se hace necesaria
para transmitir al hombre de hoy el mensaje evangélico en su inmutable
significado»... Por ello, cabe recordar que todo adoctrinamiento ha
de situarse en la actitud evangelizadora que despierte la adhesión del
corazón con la cercanía, el amor y el testimonio.
De poco nos serviría convencer a alguien de una verdad si después ese alguien no la vive: el Cristianismo no es una ciencia matemática que se deba comprender, sino una gimnasia vital que hay que practicar... Y con caridad, la musculatura espiritual se vuelve mucho más flexible.
viernes, 20 de diciembre de 2013
Evangelii Gaudium: ¿evangelizar?
El Papa insiste una y otra vez en que evangelizar no es sino transmitir el mensaje evangélico; y por eso nos recuerda cuál es el contenido principar a transmitir. Considera necesario hacerlo, porque quizá la Iglesia en algunas circunstancias se ha centrado demasiado en combatir desviaciones morales, sin centrar ese combate en el contexto evangélico oportuno:
De ahí que algunas cuestiones que forman parte de la enseñanza
moral de la Iglesia queden fuera del contexto que les da sentido. El problema
mayor se produce cuando el mensaje que anunciamos aparece entonces identificado
con esos aspectos secundarios que, sin dejar de ser importantes, por sí solos
no manifiestan el corazón del mensaje de Jesucristo. Entonces conviene ser
realistas y no dar por supuesto que nuestros interlocutores conocen el
trasfondo completo de lo que decimos o que pueden conectar nuestro discurso con
el núcleo esencial del Evangelio que le otorga sentido, hermosura y atractivo.
Si no se explica el inmenso amor de Dios por el hombre, tampoco éste entenderá los preceptos divinos emanados precisamente de ese amor:
Una pastoral en clave misionera no se obsesiona por la
transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer
a fuerza de insistencia. Cuando se asume un objetivo pastoral y un estilo
misionero, que realmente llegue a todos sin excepciones ni exclusiones, el
anuncio se concentra en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo
más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario. La propuesta se simplifica,
sin perder por ello profundidad y verdad, y así se vuelve más contundente y
radiante.
En este núcleo fundamental lo que resplandece es la belleza
del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado. En
este sentido, el Concilio Vaticano II explicó que «hay
un orden o “jerarquía” en las verdades en la doctrina
católica, por ser diversa su conexión con el fundamento de la fe cristiana ». Esto vale tanto para los dogmas de fe como para el conjunto de las enseñanzas
de la Iglesia, e incluso para la enseñanza moral.
Cuando la predicación es fiel al Evangelio, se manifiesta con
claridad la centralidad de algunas verdades y queda claro que la predicación
moral cristiana no es una ética estoica, es más que una ascesis, no es una
mera filosofía práctica ni un catálogo de pecados y errores. El Evangelio
invita ante todo a responder al Dios amante que nos salva, reconociéndolo en
los demás y saliendo de nosotros mismos para buscar el bien de todos.
El cristianismo no es un catálogo de pecados, sino una senda por la que se llega a sentirse amado por Dios y por la que se llega a amar a los demás; y, precisamente por esto, tratamos de evitar las conductas que ese Amor nos dice que son equivocadas.
miércoles, 18 de diciembre de 2013
Evangelii Gaudium: todo el esfuerzo para los de afuera.
El sueño de nuestro Papa es una Iglesia en la que todo el esfuerzo esté puesto en llevar más gente a Cristo; pero, ¿no es este el objetivo para el que la Iglesia fue instituida?:
Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad.
Y da la clave para que ese sueño se convierta en realidad:
Esto supone que realmente esté en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no se convierta en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos.
Y es que la Iglesia no es el refugio de los católicos, sino el trampolín desde el que llegar a todos.
Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad.
Y da la clave para que ese sueño se convierta en realidad:
Esto supone que realmente esté en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no se convierta en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos.
Y es que la Iglesia no es el refugio de los católicos, sino el trampolín desde el que llegar a todos.
lunes, 16 de diciembre de 2013
Evangelii Gaudium: no perder tiempo en combatir el mal.
Me ha llamado mucho la atención el siguiente párrafo:
Cuida el trigo y no pierde la paz por la cizaña. El sembrador, cuando ve despuntar la cizaña en medio del trigo, no tiene reacciones quejosas ni alarmistas. Encuentra la manera de que la Palabra se encarne en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque en apariencia sean imperfectas.
Efectivamente, ya el Señor en la parábola sobre la cizaña nos advierte que no debemos preocuparnos en arrancarla, para no arrancar también el trigo; pero este nuevo enfoque de que perder tiempo en arrancar la cizaña nos podría distraer de nuestra misión evangelizadora me parece muy interesante.
¿Nos quiere decir el Papa que es más importante transmitir el bien que combatir el mal? Pues más adelante en la exhortación se dan pistas suficientes para pensar que efectivamente ese es el camino que el Papa ha indicado para la Iglesia en el futuro: lo nuestro es mostrar el bien y si lo logramos, el mal se ahogará en si mismo.
Cuida el trigo y no pierde la paz por la cizaña. El sembrador, cuando ve despuntar la cizaña en medio del trigo, no tiene reacciones quejosas ni alarmistas. Encuentra la manera de que la Palabra se encarne en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque en apariencia sean imperfectas.
Efectivamente, ya el Señor en la parábola sobre la cizaña nos advierte que no debemos preocuparnos en arrancarla, para no arrancar también el trigo; pero este nuevo enfoque de que perder tiempo en arrancar la cizaña nos podría distraer de nuestra misión evangelizadora me parece muy interesante.
¿Nos quiere decir el Papa que es más importante transmitir el bien que combatir el mal? Pues más adelante en la exhortación se dan pistas suficientes para pensar que efectivamente ese es el camino que el Papa ha indicado para la Iglesia en el futuro: lo nuestro es mostrar el bien y si lo logramos, el mal se ahogará en si mismo.
sábado, 14 de diciembre de 2013
Evangelii Gaudium: evangelizar a todos y de cerca.
Una de las cosas que me ha llamado la atención es que el Papa Francisco no utiliza el término que usaron sus predecesores de "Nueva Evangelización"; quizá porque no quiere que sea nueva, sino que volvamos a la antigua; eso sí, con nuevas fuerzas y con el mensaje más claro y directo.
Y lo primero que nos dice es que pongamos nuestra confianza en Dios, que es quien posibilitó la primera transmisión del mensaje en el pagano mundo romano:
En cualquier forma de evangelización el primado es siempre de Dios, que quiso llamarnos a colaborar con Él e impulsarnos con la fuerza de su Espíritu. La verdadera novedad es la que Dios mismo misteriosamente quiere producir, la que Él inspira, la que Él provoca, la que Él orienta y acompaña de mil maneras. En toda la vida de la Iglesia debe manifestarse siempre que la iniciativa es de Dios, que « Él nos amó primero» (1 Jn 4,19) y que «es Dios quien hace crecer» (1 Co 3,7). Esta convicción nos permite conservar la alegría en medio de una tarea tan exigente y desafiante que toma nuestra vida por entero. Nos pide todo, pero al mismo tiempo nos ofrece todo.
Y después identifica Iglesia con evangelización, ya que es su principal cometido: llevar la buena nueva del amor de Cristo a los hombres, antes que cualquier otro cometido:
La actividad misionera «representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia» y «la causa misionera debe ser la primera». ¿Qué sucedería si nos tomáramos realmente en serio esas palabras? Simplemente reconoceríamos que la salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia.
Y sin hacer distinción de ningún tipo, como no la hicieron los primeros discípulos que se esparcieron por un mundo pagano tan inmoral como lo puede ser el actual:
Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie.
Y esta labor no se puede hacer a distancia, la buena nueva se transmite mediante el roce con los demás acercándose a los que sufren y acompañando a todos; sin rechazar a los que no la reciban inmediatamente, porque "la paciencia de Dios es la garantía de nuestra salvación" (2Pedro 3,15):
La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los evangelizadores tienen así «olor a oveja» y éstas escuchan su voz. Luego, la comunidad evangelizadora se dispone a «acompañar». Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico.
Creo que queda claro qué es lo principal:
Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación.
Y lo primero que nos dice es que pongamos nuestra confianza en Dios, que es quien posibilitó la primera transmisión del mensaje en el pagano mundo romano:
En cualquier forma de evangelización el primado es siempre de Dios, que quiso llamarnos a colaborar con Él e impulsarnos con la fuerza de su Espíritu. La verdadera novedad es la que Dios mismo misteriosamente quiere producir, la que Él inspira, la que Él provoca, la que Él orienta y acompaña de mil maneras. En toda la vida de la Iglesia debe manifestarse siempre que la iniciativa es de Dios, que « Él nos amó primero» (1 Jn 4,19) y que «es Dios quien hace crecer» (1 Co 3,7). Esta convicción nos permite conservar la alegría en medio de una tarea tan exigente y desafiante que toma nuestra vida por entero. Nos pide todo, pero al mismo tiempo nos ofrece todo.
Y después identifica Iglesia con evangelización, ya que es su principal cometido: llevar la buena nueva del amor de Cristo a los hombres, antes que cualquier otro cometido:
La actividad misionera «representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia» y «la causa misionera debe ser la primera». ¿Qué sucedería si nos tomáramos realmente en serio esas palabras? Simplemente reconoceríamos que la salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia.
Y sin hacer distinción de ningún tipo, como no la hicieron los primeros discípulos que se esparcieron por un mundo pagano tan inmoral como lo puede ser el actual:
Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie.
Y esta labor no se puede hacer a distancia, la buena nueva se transmite mediante el roce con los demás acercándose a los que sufren y acompañando a todos; sin rechazar a los que no la reciban inmediatamente, porque "la paciencia de Dios es la garantía de nuestra salvación" (2Pedro 3,15):
La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los evangelizadores tienen así «olor a oveja» y éstas escuchan su voz. Luego, la comunidad evangelizadora se dispone a «acompañar». Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico.
Creo que queda claro qué es lo principal:
Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación.
jueves, 12 de diciembre de 2013
Evangelii Gaudium: la antigua evangelización
Lo primero que llama la atención de esta Exhortación es su objetivo, que es mucho más amplio de lo que inicialmente podría parecer. El propio Papa dice al comienzo de la misma:
En esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años.
No se trata, por tanto, de indicaciones sobre cómo transmitir el Evangelio -que también-, sino de algo mucho más importante: de modificar el rumbo de la Iglesia para los próximos años. Y a lo largo del texto se va descubriendo cuál debe ser ese rumbo y qué es lo que hace necesario el cambio.
Y lo primero que nos pide es que antes de evangelizar a los demás, nos situemos cada uno muy cerca de Cristo, porque nadie da lo que no tiene:
Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque « nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor». Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos.
Pero no podemos transmitir nuestra relación con Cristo como quien impone un código moral que a él mismo le cuesta cumplir, sino que debemos transmitir la alegría de estar cerca del Señor, a pesar de nuestras debilidades:
Y ojalá el mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con esperanza— pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo.
No se trata tanto de cambiar el mensaje, sino de cambiar la forma de transmitirlo: menos rigorismo y más alegría y caridad.
Este magnífico Papa Francisco nos viene a decir que la Nueva Evangelización no es más que volver a la antigua evangelización, la de los primeros tiempos, la de los discípulos enardecidos por el amor de Cristo Resucitado...
¡Pues eso!
En esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años.
No se trata, por tanto, de indicaciones sobre cómo transmitir el Evangelio -que también-, sino de algo mucho más importante: de modificar el rumbo de la Iglesia para los próximos años. Y a lo largo del texto se va descubriendo cuál debe ser ese rumbo y qué es lo que hace necesario el cambio.
Y lo primero que nos pide es que antes de evangelizar a los demás, nos situemos cada uno muy cerca de Cristo, porque nadie da lo que no tiene:
Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque « nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor». Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos.
Pero no podemos transmitir nuestra relación con Cristo como quien impone un código moral que a él mismo le cuesta cumplir, sino que debemos transmitir la alegría de estar cerca del Señor, a pesar de nuestras debilidades:
Y ojalá el mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con esperanza— pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo.
No se trata tanto de cambiar el mensaje, sino de cambiar la forma de transmitirlo: menos rigorismo y más alegría y caridad.
Este magnífico Papa Francisco nos viene a decir que la Nueva Evangelización no es más que volver a la antigua evangelización, la de los primeros tiempos, la de los discípulos enardecidos por el amor de Cristo Resucitado...
¡Pues eso!
martes, 10 de diciembre de 2013
El Papa y la moral
Varias veces ya han destacado los medios
de comunicación los comentarios del Papa Francisco acerca de que la moral no es
lo más importante del Cristianismo, que no podemos centrarnos en la moral
sexual a la hora de evangelizar. Por supuesto, algunos medios lo han
interpretado como que el Papa pretende cambiar la moral de la Iglesia; la moral
sexual, que es la única que parece importarles.
Creo que en su Exhortación Evangelii
Gaudium lo deja muy claro. La moral no puede ser el primer contacto que tenga
un pastor con un no creyente, sino que se debe empezar por mostrar a Cristo y
su mensaje evangélico, y si es con la propia vida, mucho mejor. Pero esto no
indica que la moral haya dejado de existir o de ser importante. Lo que el Papa
dice es que a la hora de la conversión y de la tarea de la Iglesia, debe pasar
a un segundo plano y dejar el primero a su Fundador, Jesucristo.
Y creo que lo entiendo. El “bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios” sigue plenamente vigente, ya que es uno de los
mensajes centrales de Cristo, junto con las otras siete Bienaventuranzas. El
que está preocupado por sus obsesiones, sensualidades y ambiciones,
difícilmente podrá ver a Dios (entre otras cosas porque se verá sólo a sí
mismo). Pero esto no indica que la mera limpieza de corazón constituya toda la
plenitud evangélica.
El mensaje central del Evangelio, como el
de toda la Biblia, es amar a Dios y al prójimo. Y podríamos decir que no son
dos tareas distintas, sino una sola: a Dios siempre se le ama en el prójimo. Si
alguien permaneciese absolutamente puro, sin contaminación y aislado, en una
especie de éxtasis constante, pero sin amar al prójimo, no sería un buen
cristiano; es más, no creo que fuese siquiera cristiano, ni malo ni bueno. Este
tipo de actitudes es más propio de los budistas; pero de ningún modo es propio
de los cristianos…
Creo que no es difícil de entender.
Entonces, ¿por qué tanta confusión que ha necesitado la aclaración del Papa?
Pues porque habitualmente los creyentes y no creyentes al hablar de moral se
refieren sólo a la moral sexual. Si al hablar de moral tuviésemos también en
cuenta la moral social, entonces se vería mucho más claro que un cristianismo
encerrado en la propia perfección no tiene ningún sentido. Ni siquiera los
contemplativos que viven en clausura dedicados exclusivamente a rezar pueden
aislarse del aspecto fraternal del cristianismo: ellos rezan por los demás, como
la mejor forma de servicio al prójimo. Y desde siempre, los cristianos han sido
los pioneros en la atención social en escuelas, universidades, hospitales,
asilos; incluso con esta nueva forma de marginación que es el SIDA, han sido
voluntarios cristianos los más entregados a los hermanos…
Por supuesto, si además de amar a Dios y
al prójimo, podemos vivir liberados de nuestras dependencia sexuales y
ambiciones, mejor.
domingo, 8 de diciembre de 2013
Las claves de la exhortación Evangelii Gaudium
Me parece que este documento papal es tan denso que sería bueno ir desgranándolo poco a poco; pero también sería bueno empezar por un somero resumen de su contenido, para poder hacernos una idea de su conjunto. Lo digo porque su objetivo inicial es el de definir cómo debe ser la nueva evangelización en el mundo actual; pero el Papa ha aprovechado para ir tocando muchos puntos importantes, que más que ir dirigidos a los no creyentes, nos atañen -y mucho- a los que nos consideramos miembros de la Iglesia de toda la vida; y tan de toda la vida que quizá nos hemos anclado en una visión equivocada de nuestra vocación cristiana y nuestro cometido como tales.
Resumiendo mucho, según mi modesta opinión, las claves del documento son las siguiente:
Resumiendo mucho, según mi modesta opinión, las claves del documento son las siguiente:
- El objetivo prioritario de la Iglesia es la evangelización de los pueblos. Por supuesto, también proporciona una comunidad a los creyentes; pero incluso esto es para que todos los creyentes puedan evangelizar mejor a los demás. Sería equivocado dedicar los esfuerzos a mantener la propia estructura.
- La evangelización se debe centrar en "el primer anuncio", que además de primero es primordial: Cristo, Hijo de Dios, ha muerto por amor a todos, para salvarnos. Este es el mensaje principal del Evangelio, que se debe predicar mucho antes que la doctrina o la moral cristiana.
- Todas las tradiciones o costumbres que no ayuden a este tipo de evangelización deben ser revisado o relegados a un segundo plano. Los pastores tienen que estar cerca del pueblo, tienen que "oler a oveja".
- La evangelización debe ir preferentemente hacia los no creyentes, estando abiertos a sacar de cada uno lo que de bueno pueda dar, mucho o poco. No debemos excluir a nadie, porque todo el mundo puede recibir el mensaje en una medida u otra.
- La opción preferencial de la Iglesia son los pobres y más débiles, por expreso ejemplo del Señor, es una categoría teológica, no una mera opinión. Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura. Cuando lo hacemos, la vida siempre se nos complica maravillosamente y vivimos la intensa experiencia de ser pueblo, la experiencia de pertenecer a un pueblo.
- Los cristianos también deben involucrarse en las cuestiones sociales, para lograr un mundo más justo y solidario; pero con el matiz distintivo de la caridad cristiana, lo que no se encontrará en las actuaciones nacidas de planteamientos meramente ideológicos: Una auténtica fe –que nunca es cómoda e individualista– siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra.
- Reconocimiento de los pecados de los miembros de la Iglesia; pero también de la maravillosa labor que realizan muchos otros: cuántos cristianos dan la vida por amor: ayudan a tanta gente a curarse o a morir en paz en precarios hospitales, o acompañan personas esclavizadas por diversas adicciones en los lugares más pobres de la tierra, o se desgastan en la educación de niños y jóvenes, o cuidan ancianos abandonados por todos, o tratan de comunicar valores en ambientes hostiles, o se entregan de muchas otras maneras que muestran ese inmenso amor a la humanidad que nos ha inspirado el Dios hecho hombre.
viernes, 6 de diciembre de 2013
Evangelii Gaudium
Acaba de publicar el Papa Francisco una exhortación apostólica que comienza con estas dos palabras y da título a todo el texto: Evangelii Gaudium (La ALEGRIA DEL EVANGELIO llena el corazón...). Es un texto largo (142 páginas) pero merece la pena leerlo, porque contiene lo que entiendo que es el programa pastoral del Papa para su pontificado; y se descubren en este texto muchas de las cosas que ya nos ha venido diciendo desde que fue elegido.
Mi impresión -en absoluto cualificada-, es que supone uno de los cambios más profundos en la forma de entender y hacer las cosas en la Iglesia quizá desde el Concilio de Trento. El Papa, sin morderse la lengua en ningún momento, trata de enderezar el rumbo en todo aquello en que la Iglesia, como sociedad humana que es, ha podido ir desviándose de su cometido real. Por supuesto, no cambia ni el Dogma ni la moral, pero vuelve a una interpretación de estos -y de todo lo demás- mucho más acorde con el mensaje evangélico. Es decir: una auténtica revolución.
El Papa Francisco ha demostrado una determinación y una valentía que sólo pueden nacer de una absoluta inconsciencia -que evidentemente no es el caso- o de una profunda inspiración del Espíritu Santo.
Quizá ahora se entienda algo mejor el camino de Dios al inspirar la renuncia de Benedicto XVI (magnífico Papa) y traerse del fin del mundo a Francisco, un jesuita con nombre de franciscano que viste de dominico... y habla como un apóstol de los que "huelen a oveja".
Bendito sea Dios que no deja de maravillarnos.
Mi impresión -en absoluto cualificada-, es que supone uno de los cambios más profundos en la forma de entender y hacer las cosas en la Iglesia quizá desde el Concilio de Trento. El Papa, sin morderse la lengua en ningún momento, trata de enderezar el rumbo en todo aquello en que la Iglesia, como sociedad humana que es, ha podido ir desviándose de su cometido real. Por supuesto, no cambia ni el Dogma ni la moral, pero vuelve a una interpretación de estos -y de todo lo demás- mucho más acorde con el mensaje evangélico. Es decir: una auténtica revolución.
El Papa Francisco ha demostrado una determinación y una valentía que sólo pueden nacer de una absoluta inconsciencia -que evidentemente no es el caso- o de una profunda inspiración del Espíritu Santo.
Quizá ahora se entienda algo mejor el camino de Dios al inspirar la renuncia de Benedicto XVI (magnífico Papa) y traerse del fin del mundo a Francisco, un jesuita con nombre de franciscano que viste de dominico... y habla como un apóstol de los que "huelen a oveja".
Bendito sea Dios que no deja de maravillarnos.
miércoles, 4 de diciembre de 2013
La misericordia y la exigencia (y3)
Visto lo expuesto en las dos entradas
anteriores, ¿cómo compatibilizar esas dos actitudes tan diferentes?
Como ya indiqué, creo que la respuesta se encuentra en el corazón humano, que sólo Cristo conoce y que es lo que le permite tan dispares reacciones ante situaciones que a nosotros nos cuesta distinguir. La pista la tenemos cunado a los discípulos de Jesús se les recrimina comer sin haberse lavado antes. La respuesta de Jesús es clara: “no mancha lo que entra en la boca, sino lo que sale del corazón” (Mt 15, 11-20). Lo que mancha el alma humana, lo que nos separa irremediablemente de Dios, es nuestra actitud.
Por ejemplo, el pecador que va al Templo, reconoce su miseria y trata de reconciliarse con su Dios, vuelve justificado, perdonado, porque así sí se gana la misericordia de Dios, que está buscando la mínima excusa para concederla. Pero el fariseo cumplidor y recto, que se enfrenta a Dios desde su perfección y tiene la desfachatez de darle las gracias por esa perfección, éste no tiene nada de lo que arrepentirse y, por tanto, tampoco puede alcanzar la misericordia para sus pecados, como mínimo, el de soberbia.
Otra clave la podemos encontrar en la parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-32): Dios esperando a que su hijo pecador se arrepienta sinceramente para organizarle un banquete de júbilo; banquete que al parecer nunca se mereció el hijo mayor que siempre cumplía, pero más por apariencia que por cariño. Dios lo que busca es el amor de nuestro corazón, aunque éste tenga que nacer del arrepentimiento de nuestras faltas; pero no aprecia el mero cumplimiento forzoso de "su reglamento".
No se trata de ser cristiano, de Misa diaria, teólogo o cumplidor: en la parábola del buen samaritano (Lc 10, 25-37) se nos dice que aquéllos (sacerdotes y levitas) dieron un rodeo para no socorrer al herido; pero el samaritano (proscrito por los judíos) se acercó, le curó y le llevó a una posada en su propia cabalgadura.
Y si queremos más seguridad, no tenemos más que repasar cómo será el juicio final (Mt 25, 31-46), según relato del mismo Cristo, que será su Juez: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”.
Porque la única manera de amar a Dios es amarle en los hermanos; y si le amamos, siempre encontraremos su misericordia.
lunes, 2 de diciembre de 2013
La misericordia y la exigencia (2)
Continuamos con la entrada anterior, para poner de manifiesto el aspecto opuesto al que mostrábamos allí.
Y es que también hay otros pasajes del
Evangelio que nos muestran todo lo contrario: un Cristo exigente y justo, que
reprocha los pecados y denuncia al pecador. Y no tiene el menor reparo en
mencionar el destino que les espera: la gehena del fuego inextinguible, en
donde habrá llantos y rechinar de dientes…
Así lo vemos en la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro (Lc 16,
19-31); con los fariseos hipócritas a los que llama sepulcros blanqueados, raza
de víboras y les dice que no escaparán del infierno (Mt 23, 27-35); con el fariseo
que ocupa el primer puesto en el Templo y que no bajó justificado después de rezar soberbiamente (Lc 18, 9-14); con Herodes (Lc 13, 31-32); con los escandalizadores (Mt 18, 6-9); y afirma que más vale
cortarse la mano que pecar; que no soporta a los que se burlan de la Ley; y que nos exige “ser
perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto…” (Mt 5, 43-48), que pasemos por “la puerta
estrecha…” (Lc 13, 22-30); y afirma que “quien no coge su cruz y me sigue…” (Mt 10, 38) o “el
que pone la mano en el arado y mira atrás…” (Lc 9, 57-62).
Quizá el mayor contraste se da entre
aquello de Bienaventurados los pacíficos y
la violenta expulsión del templo de los mercaderes, haciendo un látigo con cuerdas… (Jn 2, 13-17).
¿Cómo compaginar ambas actitudes? ¿Cómo discernir cuál debe ser nuestra conducta a la vista de tan dispares ejemplos?
Creo que la respuesta se encuentra en ese sitio que Cristo conocía tan bien: nuestro corazón.
jueves, 28 de noviembre de 2013
La misericordia y la exigencia
Como continuación a las entradas sobre el amor y el perdón, me gustaría poner de manifiesto otra de las aparentes contradicciones del Cristianismo: la oposición entre la misericordia de Cristo con los pecadores y la exigencia que demuestra en otros pasajes del Evangelio.
Evidentemente, la misericordia de Cristo queda clara en muchos pasajes del Evangelio, en los que se apiada de los enfermos o pecadores y después les despide diciendo: “vete y no peques más”.
Se apiada de la mujer adúltera a quien quieren lapidar (Jn 8, 3-11); también de María Madalena, la pecadora, que le baña los pies con perfume en Betania (Mateo 26, 6-13); de Zaqueo, jefe de publicanos (Lc 19, 1-10) y de hospeda en su casa; a Mateo, también publicano, le recibe entre los apóstoles (Mt 9, 9-13). Perdona a Pedro después de la negación, y le confirma como cabeza de la Iglesia (Jn 21, 15-20). También perdona a todos los demás su huida durante la pasión; y hubiese perdonado a Judas si éste se hubiese arrepentido, como perdonó expresamente a aquellos que le estaban crucificando (Lc 23, 34).
No cabe la menor duda de que Jesucristo era misericordioso, rápido para el perdón y la disculpa; y pronto a soslayar aquellas tradiciones que le hubiesen impedido hacer el bien a alguien, como cuando cura en sábado (Lc 13, 10-17 y Lc 14, 1-6) o disculpa a los discípulos que recojan espigas en sábado (Mt 12, 1-8) o que coman sin haber hecho las tradicionales abluciones (Mt 15, 2-11). Cuando le preguntan por qué los apóstoles no hacen penitencia como los discípulos de Juan el Bautista, les contesta aquello de que los amigos del esposo no tienen que hacer penitencia… que ya habrá tiempo (Mt 9, 14-15). Y reflejo de todo esto es su expresión “venid a mí los que estáis cansado y agobiados…” (Mt 11, 28-30)
Evidentemente, la misericordia de Cristo queda clara en muchos pasajes del Evangelio, en los que se apiada de los enfermos o pecadores y después les despide diciendo: “vete y no peques más”.
Se apiada de la mujer adúltera a quien quieren lapidar (Jn 8, 3-11); también de María Madalena, la pecadora, que le baña los pies con perfume en Betania (Mateo 26, 6-13); de Zaqueo, jefe de publicanos (Lc 19, 1-10) y de hospeda en su casa; a Mateo, también publicano, le recibe entre los apóstoles (Mt 9, 9-13). Perdona a Pedro después de la negación, y le confirma como cabeza de la Iglesia (Jn 21, 15-20). También perdona a todos los demás su huida durante la pasión; y hubiese perdonado a Judas si éste se hubiese arrepentido, como perdonó expresamente a aquellos que le estaban crucificando (Lc 23, 34).
No cabe la menor duda de que Jesucristo era misericordioso, rápido para el perdón y la disculpa; y pronto a soslayar aquellas tradiciones que le hubiesen impedido hacer el bien a alguien, como cuando cura en sábado (Lc 13, 10-17 y Lc 14, 1-6) o disculpa a los discípulos que recojan espigas en sábado (Mt 12, 1-8) o que coman sin haber hecho las tradicionales abluciones (Mt 15, 2-11). Cuando le preguntan por qué los apóstoles no hacen penitencia como los discípulos de Juan el Bautista, les contesta aquello de que los amigos del esposo no tienen que hacer penitencia… que ya habrá tiempo (Mt 9, 14-15). Y reflejo de todo esto es su expresión “venid a mí los que estáis cansado y agobiados…” (Mt 11, 28-30)
A la vista de todo lo anterior podría decirse que Jesús era un poco blando, poco exigente con sus propios principios; pero no es así, como podré demostraros en las siguientes entradas.
sábado, 23 de noviembre de 2013
La moral, ¿es algo exclusivamente personal? (y3)
Y terminamos con el comentario de los dos últimos mandamientos -el 9º y el 10º-, los más aparentemente personales, los que se refieren al pensamiento y el deseo:
No consentirás pensamientos impuros: Esto sí que es algo exclusivamente moral, personal de la conciencia de cada uno y que dependerá de sus creencias: en el pensamiento ajeno nadie puede meterse. ¿O sí que puede? Veamos.
No consentirás pensamientos impuros: Esto sí que es algo exclusivamente moral, personal de la conciencia de cada uno y que dependerá de sus creencias: en el pensamiento ajeno nadie puede meterse. ¿O sí que puede? Veamos.
No, porque efectivamente el pensamiento no puede regularse en un código, entre otras cosas, porque no podríamos controlar su cumplimiento.
Sí, porque de hecho sí nos metemos en el pensamiento ajeno y tratamos de regularlo; porque el pensamiento suele ser el primer paso para una conducta… y un pensamiento impuro es el primer paso, para una conducta impura. Así, en los colegios se trata de prevenir la xenofobia y el racismo, como mejor manera de prevenir la violencia hacia estos colectivos.
Quizá tengo que aclarar que en la moral cristiana “pensamiento impuro” no se refiere sólo a la cuestión sexual –que también- sino a cualquier pensamiento de algo que no sea lícito. Por ejemplo, no debo imaginarme con demasiado detalle el cuerpo de esa vecina tan guapa, aunque no tenga intención de llegar a mayores; pero tampoco debería pensar en lo formidable que sería estafar a mi empresa aprovechando las oportunidades que me da mi cargo, aunque por ahora no tenga previsto ponerlo en práctica.
En los dos casos anteriores, ningún juez podría condenarme. Pero yo me pregunto: si se enterasen, ¿me condenaría el marido de la vecina?, ¿me condenaría mi jefe en la empresa? Por supuesto, mi vecino y mi jefe considerarían poco ético que me entretuviese con esos pensamientos, porque en el fondo, esta parte de la moral cristiana no va tan desencaminada, ya que trata de prevenir posteriores conductas que sí tienen reflejo social negativo.
No codiciarás los bienes ajenos: aquí sí que nos encontramos con la mayor de las paradojas. Es un precepto exclusivamente moral. La sociedad, muy al contrario, admira y promueve la ambición: el capitalismo y el sistema de mercado descansan en que cada uno trate de obtener el máximo beneficio, como mejor manera de optimizar la economía general. La ética nada tiene en contra de que una inmensa cantidad de dinero se concentre en unas pocas manos, siempre que lo hayan obtenido legalmente…
Pero esto es solo una apariencia, porque en realidad sí se considera reprobable la especulación, el enriquecimiento rápido, el abuso de posición, por no mencionar el tráfico de influencias y la información privilegiada. Aquél que está siempre pensando en cómo hacerse con lo ajeno, por muy legalmente que sea –en muchos casos porque las leyes no pueden prevenirlo todo-, provoca el rechazo social; y muchas veces con la consabida frase de “forrarse así es inmoral”. Repito: si hay acciones legales pero inmorales, entonces, ¿por qué hemos proscrito esa moral?
Alguien dijo que la presente crisis financiera ha sido provocada por la codicia de algunos… Creo que Occidente debería repensarse su postura frente a la moral…; si el décimo mandamiento se respetase más, el código penal tendría que aplicarse menos y habría menos crisis económicas.
jueves, 21 de noviembre de 2013
La moral, ¿es algo exclusivamente personal? (2)
Seguimos repasando los mandamientos cristianos, para ver si son algo exclusivamente para los cristianos, o podrían generalizarse:
No robarás: volvemos a encontrarnos con un precepto moral que también está ampliamente reflejado no sólo en la ética social, sino en los códigos penales de todos los países. Es cierto que la moral va un paso por delante y proscribe conductas que el código penal no recoge; pero la ética sí las contempla. En estos momentos de crisis económica, la sociedad rechaza abiertamente el enriquecimiento de unos a costa de los otros, por muy legal que sea: se está tratando de imponer un código ético que deba ser respetado por políticos, sindicalistas y banqueros… Y me parece muy bien. Pero parece que nos hemos olvidado que todo eso ya lo tenía previsto la moral cristiana, cuando apela a la conciencia de cada uno para no aprovecharse del prójimo… Es más, cuando los ciudadanos se enteran de las indemnizaciones que algunos cargos cobran por dejar el puesto que tan desafortunadamente desempeñaron, suelen exclamar: ¡eso es inmoral! Entonces, ¿por qué hemos proscrito esa moral?
No mentirás ni darás falso testimonio: Lo de no mentir, sí que se considera, a priori, algo exclusivamente moral, porque la mentira no puede regularse penalmente: es algo de lo que habitualmente sólo el que miente sabe que lo está haciendo. Pero luego vemos que los ciudadanos se escandalizan -y, por supuesto, yo tambén- cuando comprueban que sus políticos les han mentido… Recuperemos, pues, en nuestro código ético la proscripción de la mentira; o mejor, recuperemos en esto la moral cristiana, para que a cada uno le vigile su conciencia para no mentir más… Por supuesto, lo del falso testimonio no solo está rechazado por la moral, sino que también está tipificado por los códigos penales como delito.
En estos dos mandamientos vemos que se mezcla la moral con el código penal: luego nuestra moral cristiana tampoco anda tan descaminada en sus recomendaciones...
Y, ala vista de esto, ¿es la moral algo exclusivamente personal?...
Seguiremos.
En estos dos mandamientos vemos que se mezcla la moral con el código penal: luego nuestra moral cristiana tampoco anda tan descaminada en sus recomendaciones...
Y, ala vista de esto, ¿es la moral algo exclusivamente personal?...
Seguiremos.
lunes, 18 de noviembre de 2013
La moral, ¿es algo exclusivamente personal?
Decía en la entrada anterior que se considera la moral un concepto religioso y sólo exigible, por tanto, a quien practica las creencias de las que procede dicha moral. Quizá en algún caso sea así; pero en lo que a la moral cristiana se refiere, ésta tiene amplia base y reflejo en la conducta social; y, por tanto, no es algo exclusivamente personal.
Por ejemplo, la moral judeo-cristiana se basa fundamentalmente en los Diez Mandamiento que Dios le escribió a Moisés; y que suponen un compendio de la conducta humana de lo más completo…; y, comparado con los hábitos de aquella época, supone un código de conducta avanzadísimo. Los cinco primeros regulan las relaciones del hombre con Dios: son más específicamente "religiosos", por así decirlo. Pero los demás son totalmente sociales. Repasémoslos:
Honrarás a tu padre y a tu madre: por supuesto se trata de algo íntimo de la persona que lo practica; pero también contiene toda una salvaguarda del orden social: si la familia –célula básica de la sociedad- es fuerte y marcha bien, toda la sociedad irá bien. Entonces, ¿sería lícito exigir a los no cristianos que cumpliesen esta norma en beneficio de la sociedad? ¿No es una obligación religiosa que también tiene connotaciones éticas?
No matarás: no se puede hacer mal al prójimo, porque todos somos hijos de Dios; pero ¿no está claro que también es una obligación ética exigible en cualquier sociedad de cualquier creencia?
No cometerás adulterio: es una obligación para los cristianos ser fiel a la propia esposa/marido y respetar a la esposa/marido de los demás. Pero ¿no es también una exigencia ética? ¿No es una norma fundamental para proteger la familia y, en consecuencia, el tejido social? Hasta hace bien poco, en la mayoría de los países occidentales el adulterio era un delito, ya que suponía el quebrantamiento grave del contrato matrimonial. Pero, si queremos evitar el adulterio, no sería bueno que cada uno tuviese controlada su sexualidad, evitando excesos… Por supuesto, esto ya es más difícil de regular desde el código penal, pero sí se podrían generalizar normas éticas que evitasen ese hiper-sexualismo que es lo que a la postre lleva al adulterio, las agresiones sexuales, la pederastia y tantas otras conducta que están reprobadas por la sociedad. ¿No somos un poco hipócritas? Si tanto reprobamos estas conductas que consideramos tan graves, ¿por qué no sugerimos filtros que ayuden a evitarlas? ¿Por qué no promovemos entre nuestros estudiantes el autocontrol de la sexualidad para evitar futuros problemas? ¿Por qué no se rechaza la pornografía generalizada que a muchos les lleva al descontrol de sus impulsos sexuales? Es que éstas serían posturas morales; y en esto no se puede meter la sociedad porque es algo privado. Hipocresía. Sí, son posturas morales, pero su implantación produciría beneficios sociales innegables.
Honrarás a tu padre y a tu madre: por supuesto se trata de algo íntimo de la persona que lo practica; pero también contiene toda una salvaguarda del orden social: si la familia –célula básica de la sociedad- es fuerte y marcha bien, toda la sociedad irá bien. Entonces, ¿sería lícito exigir a los no cristianos que cumpliesen esta norma en beneficio de la sociedad? ¿No es una obligación religiosa que también tiene connotaciones éticas?
No matarás: no se puede hacer mal al prójimo, porque todos somos hijos de Dios; pero ¿no está claro que también es una obligación ética exigible en cualquier sociedad de cualquier creencia?
No cometerás adulterio: es una obligación para los cristianos ser fiel a la propia esposa/marido y respetar a la esposa/marido de los demás. Pero ¿no es también una exigencia ética? ¿No es una norma fundamental para proteger la familia y, en consecuencia, el tejido social? Hasta hace bien poco, en la mayoría de los países occidentales el adulterio era un delito, ya que suponía el quebrantamiento grave del contrato matrimonial. Pero, si queremos evitar el adulterio, no sería bueno que cada uno tuviese controlada su sexualidad, evitando excesos… Por supuesto, esto ya es más difícil de regular desde el código penal, pero sí se podrían generalizar normas éticas que evitasen ese hiper-sexualismo que es lo que a la postre lleva al adulterio, las agresiones sexuales, la pederastia y tantas otras conducta que están reprobadas por la sociedad. ¿No somos un poco hipócritas? Si tanto reprobamos estas conductas que consideramos tan graves, ¿por qué no sugerimos filtros que ayuden a evitarlas? ¿Por qué no promovemos entre nuestros estudiantes el autocontrol de la sexualidad para evitar futuros problemas? ¿Por qué no se rechaza la pornografía generalizada que a muchos les lleva al descontrol de sus impulsos sexuales? Es que éstas serían posturas morales; y en esto no se puede meter la sociedad porque es algo privado. Hipocresía. Sí, son posturas morales, pero su implantación produciría beneficios sociales innegables.
Seguiremos hablando, porque nos quedan otros cuatro mandamientos...
sábado, 16 de noviembre de 2013
Moral y ética
La moral es algo muy mal considerado en la civilización occidental, incluso por aquellos que respetan la ética. En definitiva, ambas vienen a ser lo mismo: un límite a la actuación humana, la exclusión del libertinaje. Entonces, ¿por qué una está proscrita y la otra ensalzada?
Pues está muy claro. En primer lugar, porque se considera que la moral es un concepto cristiano y todo lo referente al Cristianismo no está de moda en Occidente. Es decir, se considera que la moral está ligada a las creencias religiosas, a la conciencia íntima de cada uno, a su relación personal con su Dios; y por tanto, la moral debe ser algo individual, personal de cada uno, que no puede exigirse de los demás, de la que mejor no hablar en público. Por otra parte, se considera que la ética es la norma de comportamiento social, es decir, regula la conducta que es exigible a todo ciudadano en lo que afecta a los demás ciudadanos; no tiene, por tanto, connotaciones religiosas ni depende de las creencias: todos deben respetarla.
No deja de ser acertada esa distinción. Pero tenemos que matizarla en lo referente a ambos conceptos. Con respecto a la moral, no se puede aseverar que dependa de las creencias personales, pues en su mayor parte la moral –en especial la moral cristiana- se refiere al comportamiento humano con los demás. Hablaremos de esto más adelante.
Con respecto a la ética, según es entendida en Occidente, no se puede considerar que es aplicable a todo hombre en todo lugar y circunstancia, porque la ética social puede diferir de una cultura a otra. Por ejemplo, en cualquier país de la CE sería anti-ético que un mismo producto tuviese precios diferentes para diferentes personas; pero en Oriente, el precio de algo se determina en cada momento y para cada transacción, ya que el precio justo es el que el comprador está dispuesto a pagar.
Si Occidente quisiese rescatar el concepto de Ley Natural, entonces sí podríamos hablar de una ética universal –serían lo mismo-, aplicable siempre, a todos y en todo lugar; porque la Ley Natural, aquella que regula los fundamentos del comportamiento humano, es por definición necesaria, universal e inmutable. Pero claro, el relativismo postmodernista no puede admitir tan rígida limitación de la libertad humana.
Y el problema es que lo único que no admitimos que limite nuestra libertad es precisamente la Ley Natural, porque habitualmente consentimos que muchas otras cosas nos la limiten.
Hablaremos más.
domingo, 10 de noviembre de 2013
¿Amor o miedo?
Frecuentemente, la Naturaleza se toma su
venganza de nuestros excesos; pero ni esto debe ser siempre así, ni es bueno
que lo deseemos para los pecadores (todos lo somos), porque debemos desear que
el amor de Dios supla nuestras deficiencias.
Pero, ¿aparte de estos efectos "naturales", ¿es por tanto igual pecar que no pecar? Ni hablar, porque cuando pecamos dejamos de sentir el infinito amor de Dios por nosotros, que es lo más grande que un hombre puede sentir.
Pero, ¿aparte de estos efectos "naturales", ¿es por tanto igual pecar que no pecar? Ni hablar, porque cuando pecamos dejamos de sentir el infinito amor de Dios por nosotros, que es lo más grande que un hombre puede sentir.
Resumiendo: lo fundamental es la seguridad
de que Dios nos ama incondicionalmente, al margen de nuestros pecados; pero es
importante tratar de evitarlos (o volver a Él cuanto antes), para poder
disfrutar de ese amor.
Muchos dirán -y con parte de razón- que esta enseñanza corre el riesgo de
trivializar el pecado y no disuadir al pecador; pero tiene la ventaja de
mostrar la verdadera naturaleza de Dios -que es Amor- y de movernos a amarle más y mejor. Digamos que esta enseñanza tan "arriesgada" consigue mejores resultados que
la táctica del miedo, que tan habitualmente se ha usado y con escasa efectividad.
Y, además, es más acorde con la enseñanza evangélica, basada en el amor a Dios y el prójimo. Es cierto que Jesús también habló del castigo eterno, porque es una realidad que no nos podría ocultar; pero no basó en esto su enseñanza.
Y, además, es más acorde con la enseñanza evangélica, basada en el amor a Dios y el prójimo. Es cierto que Jesús también habló del castigo eterno, porque es una realidad que no nos podría ocultar; pero no basó en esto su enseñanza.
La enseñanza del "temor de
Dios" se debe reconducir hacia el "temor de ofender a Dios"; y
este temor se debe producir más por miedo a separarnos de Dios, que por miedo al castigo o las consecuencias del pecado.
jueves, 7 de noviembre de 2013
El amor y el perdón.
Sigamos profundizando en el tema de la
entrada anterior.
El amor de Dios es incondicional, porque Dios no puede cambiar su actitud hacia nosotros en función de nuestro comportamiento. Dios nos ha creado y redimido porque nos ama infinitamente, como sólo Dios puede amar; y ese amor no depende de nuestra correspondencia.
Es cierto que odia el pecado, pero no como un hecho en sí mismo, sino porque significa la separación entre el hombre y Dios: es la manifestación de nuestro rechazo a sus indicaciones y a la Creación que nos ha regalado...
Efectivamente, el pecado supone una rebelión contra la providencia de Dios, contra la naturaleza que Él nos ha otorgado; y esto hace que nosotros nos separemos de Él. Esto es lo que Dios odia: nuestro alejamiento. Por eso, en cuanto volvemos a Él, se olvida del pecado porque ha desaparecido su efecto pernicioso. Lo mismo ocurre con nuestro egoísmo y nuestras ofensas a los demás: nos separan de Dios: porque si Dios es amor, el egoísmo es el anti-Dios.
Por supuesto, Dios olvida nuestro pecado cada vez que manifestamos arrepentimiento; pero nosotros viviremos en la otra vida el amor de Dios con la misma intensidad con que lo hayamos vivido en esta vida; y si estábamos totalmente alejados, no podremos compartirlo. No es que Dios nos castigue y rechace; es que nosotros habremos optado por rechazarle a Él.
Así visto, el pecado es más grave para nosotros que para Dios, porque Él lo olvida pero nosotros recordaremos nuestro desamor, hasta que nos reciba plenamente en el cielo.
El amor de Dios es incondicional, porque Dios no puede cambiar su actitud hacia nosotros en función de nuestro comportamiento. Dios nos ha creado y redimido porque nos ama infinitamente, como sólo Dios puede amar; y ese amor no depende de nuestra correspondencia.
Es cierto que odia el pecado, pero no como un hecho en sí mismo, sino porque significa la separación entre el hombre y Dios: es la manifestación de nuestro rechazo a sus indicaciones y a la Creación que nos ha regalado...
Efectivamente, el pecado supone una rebelión contra la providencia de Dios, contra la naturaleza que Él nos ha otorgado; y esto hace que nosotros nos separemos de Él. Esto es lo que Dios odia: nuestro alejamiento. Por eso, en cuanto volvemos a Él, se olvida del pecado porque ha desaparecido su efecto pernicioso. Lo mismo ocurre con nuestro egoísmo y nuestras ofensas a los demás: nos separan de Dios: porque si Dios es amor, el egoísmo es el anti-Dios.
Por supuesto, Dios olvida nuestro pecado cada vez que manifestamos arrepentimiento; pero nosotros viviremos en la otra vida el amor de Dios con la misma intensidad con que lo hayamos vivido en esta vida; y si estábamos totalmente alejados, no podremos compartirlo. No es que Dios nos castigue y rechace; es que nosotros habremos optado por rechazarle a Él.
Así visto, el pecado es más grave para nosotros que para Dios, porque Él lo olvida pero nosotros recordaremos nuestro desamor, hasta que nos reciba plenamente en el cielo.
martes, 5 de noviembre de 2013
La ofensa infinita y el perdón de Dios.
Se trata de otra de las compatibilidades
entre dos extremos, que tan frecuentemente vemos en el Cristianismo.
Por una parte, el pecado –ofensa a Dios- es algo tan grave que exigió toda la sangre de Cristo para lavarlo. Esto es comprensible, si vemos la infinita distancia que hay entre el Ofendido y el ofensor; y el inmenso desprecio de la bondad de Dios que supone el ofenderle.
Por otra parte, todo pecado se nos perdona por el mero hecho de arrepentirnos y tener sincero propósito de enmienda, aunque es seguro que volveremos a caer.
¿Cómo se compatibiliza que algo tan caro se pueda comprar tan barato?
Si pudiésemos entender a Dios como entendemos a los hombres, entonces ya no sería Dios. Este es uno de los muchos misterios que seguramente comprenderemos cuando le conozcamos mucho mejor allá en el Cielo. Mientras tanto, nos tendremos que conformar con el ejemplo evangélico del Señor: cómo compagina su propia crucifixión, con el “perdónalos porque no saben lo que se hacen”.
Quizá el catalizador de estas dos realidades sea el amor del Dios-hombre por nosotros: ¡Basta un simple arrepentimiento nuestro, porque Cristo ya nos compró el perdón con su infinito amor, demostrado en la Pasión!
Por una parte, el pecado –ofensa a Dios- es algo tan grave que exigió toda la sangre de Cristo para lavarlo. Esto es comprensible, si vemos la infinita distancia que hay entre el Ofendido y el ofensor; y el inmenso desprecio de la bondad de Dios que supone el ofenderle.
Por otra parte, todo pecado se nos perdona por el mero hecho de arrepentirnos y tener sincero propósito de enmienda, aunque es seguro que volveremos a caer.
¿Cómo se compatibiliza que algo tan caro se pueda comprar tan barato?
Si pudiésemos entender a Dios como entendemos a los hombres, entonces ya no sería Dios. Este es uno de los muchos misterios que seguramente comprenderemos cuando le conozcamos mucho mejor allá en el Cielo. Mientras tanto, nos tendremos que conformar con el ejemplo evangélico del Señor: cómo compagina su propia crucifixión, con el “perdónalos porque no saben lo que se hacen”.
Quizá el catalizador de estas dos realidades sea el amor del Dios-hombre por nosotros: ¡Basta un simple arrepentimiento nuestro, porque Cristo ya nos compró el perdón con su infinito amor, demostrado en la Pasión!
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