jueves, 30 de agosto de 2018

Creer es lo más razonable


Creo, porque creer en Dios me parece lo más razonable.

Con respecto a la existencia de Dios, tenemos por una parte la teoría científica: que todo lo que vemos ha evolucionado hasta este punto por casualidad. No me parece razonable, porque contradice dos postulados científicos:
  • ·        Que la ciencia es el estudio de la materia y su comportamiento, por lo que no puede pronunciarse más allá del big bang: no podría ni afirmar ni negar la existencia de un ser espiritual.
  • ·         La ley de la entropía: todo tiende por sí mismo a un mayor desorden, nunca a un mayor orden.

Por otra parte, tenemos el postulado de la fe: todo lo que vemos ordenado ha sido creado por un Ser inteligente que lo ha ordenado; o, más bien, que imprimió a su creación la capacidad de ir evolucionando y ordenarse cada vez más y mejor. Este Ser tiene que actuar directamente cuando ha de producirse un salto en dicha creación: el paso de la materia a la vida y el paso de la vida vegetal o animal a la vida racional. El hombre, un ser inteligente, dotado de alma, capaz de superar sus instintos y amar o crear arte, necesita de la creación directa de Dios.

Cuando lo estudio detenidamente, veo que hay que tener más fe (¿ser más ingenuo?) para creer la teoría científica de la evolución absoluta (sin intervención de inteligencia creadora) que para profesar la fe tradicional en la existencia de Dios:
  • ·        A este último convencimiento llego por los razonamientos que he expuesto en otras entradas y muchos otros que he desarrollado en otros escritos: si hay algo ordenado es porque Alguien lo ha ordenado. No puedo creer en las casualidades.
  • ·         Pero los científicos no me dan razón alguna que rebata mi opinión de que cuando veo algo ordenado es porque Alguien lo ha ordenado: simplemente me piden que me crea que ha sido por casualidad. Les tengo que creer sin pruebas ni razonamientos, sólo porque ellos lo dicen. ¡No tengo tanta fe! El recurso a la casualidad es todo menos un razonamiento científico.


miércoles, 22 de agosto de 2018

Amar las carencias

Si el amor es buscar el bien del otro, más que sus virtudes, lo que nos perfecciona en el amor son sus carencias, sus defectos; porque estos son los que nos permitirán buscar su bien, dándole lo que le falta. 
El secreto de un matrimonio es la administración de las carencias. Primero, reconocer las propias carencias -que es la humildad- que nos llevará a pedir la gracia y la ayuda para superarlas: este es el comienzo de la solución. Después, perdonar siempre las carencias del otro, porque dejar de perdonar es desesperar del otro, pensar que ya no tiene solución.
Recordemos el himno al amor de san Pablo (1 Cor 13 4-7):
El amor es paciente, es bondadoso. 
El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. 
No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. 
El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. 
Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

lunes, 20 de agosto de 2018

La cruz, escándalo para los cristianos

....pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, y necedad para los gentiles... (1Cor 1, 23).
Hoy también la cruz es escándalo para los cristianos, como antaño lo fue para los judíos; y necedad para los gentiles. El sufrimiento, el sacrificio voluntario no se entiende, porque vivimos en la cultura del deseo, del placer. 
Pero cuando ese sufrimiento se acepta por amor a Cristo, por el afán de acompañarle en la medida de lo posible en su misión redentora, entonces ya no es escándalo ni necedad, entonces es la maravillosa sensación de estar con Aquél a quien amamos. Como nos dijo san Pablo en su carta a los colosenses: Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia (Col 1, 24).
La madre Teresa de Calcuta entendió muy bien en qué consiste el amor cuando nos recomendaba: "amad hasta que os duela el amor". Porque la prueba más fiable de un amor verdadero es sufrir por el ser amado; aunque sea un sufrimiento gozoso...
Aunque, por supuesto, los que no conozcan a Cristo no podrán entenderlo.

martes, 14 de agosto de 2018

María, virgen y madre.


El 15 de agosto se celebra una de las más importantes festividades dedicadas a la Virgen María; y por esto quiero dedicarle a ella esta entrada, en la que voy a hablar de la más gloriosa contradicción del cristianismo: la virginidad y maternidad de María.

Se asombran hipócritamente muchos de que María hubiese podido ser madre sin intervención de varón; pero no se asombran del habitual milagro de la vida: una célula masculina minúscula entra en contacto con una célula femenina bastante mayor y se desencadena el más milagroso proceso que existe en la naturaleza: esas dos células acaban convertidas en unos 30 billones, perfectamente ordenadas por tejidos (piel, músculos, nervios…) y desarrollando  funciones muy complicadas; para acabar siendo el ser humano con consciencia propia, sentimientos y voluntad… Aunque esto último no puede ser un paso más de la evolución natural del cigoto, sino la específica creación espiritual del alma humana en el mismo instante de la concepción…

Pero sigamos con el proceso natural. ¿Es posible eliminar de ese proceso la primera e insignificante célula y desencadenar su desarrolla? ¿Es que el que lo diseñó con una efímera intervención de varón, no podía por una vez prescindir de él? Pues esto es lo que pasó con la Virgen María. (1)

Y convenía que fuese así, porque el Hijo de Dios, para ser auténtico hombre necesitaba un seno en el que gestarse (una madre), pero no un padre humano del que recibir herencia genética, porque ya tenía un Padre divino. No obstante, sí quiso que hubiese una figura paterna, para protección de la Virgen y mostrarnos su infancia en el seno de una familia.
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(1) Clive S. Louis en su libro “Los Milagros” explica maravillosamente esto y muchas otras cosas.


jueves, 9 de agosto de 2018

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados (Mateo 5, 4); pero también: alegraos siempre en el Señor, de nuevo os lo digo: ¡alegráos! (Filipenses 4, 4)


¿En qué quedamos: tenemos que llorar como nos recomienda el Señor o tenemos que alegrarnos, como nos dice san Pablo?
En el discurso de las Bienaventuranzas el Señor quiere contraponer lo que el mundo considera como dicha (bienestar, placer, poder y fortuna) con lo que realmente es importante y nos hará dichosos. El mundo desprecia el llanto; pero éste puede ser dichosos en función a la causa que lo provoca: si sufrimos por una causa superior, entonces debemos aceptarlo sin tristeza y con el convencimiento de que a la larga seremos consolados.
Y esto mismo es lo que nos dice san Pablo: un cristiano que espera en el Señor no puede estar triste, porque a pesar de que sus circunstancias puedan ser desfavorables, sabe que tiene el mayor de los tesoros: el amor de Dios. El apóstol viene a combatir esa errónea creencia de que la virtud y el ascetismo son incompatibles con el buen humor. Nada más equivocado: la fe, la esperanza y la caridad cristianas nos tienen que llevar a la alegría, porque nos sabemos hijos de Dios.
Un cristiano triste es un triste cristiano; una virtud triste nunca es virtud.

martes, 7 de agosto de 2018

Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha (Mateo 6, 3); pero id y predicad a todas las gentes (Marcos 16, 15).


Otra aparente contradicción más: si tenemos que hacer las obras buenas sólo de cara a Dios, sin que los demás se enteren, ¿cómo compaginarlo con ir proclamándolo al mundo? En este caso la explicación es sencilla: esas dos frases están en un contexto bien diferente.
Por una parte, se nos pide que cuando oremos o demos limosna, lo hagamos para satisfacer a Dios, que quiere que nosotros acudamos a Él para solicitar su ayuda, pero que también estemos nosotros dispuestos a ayudar a los demás. Esta es la manera en la que habitualmente Dios envía su ayuda a quien acude a Él: a través de los demás hombres, por esto, cuando nos desentendemos de nuestros hermanos, estamos frustrando los planes de Dios. Pero Él no quiere que nos apuntemos el mérito de nuestra ayuda, que a fin y al cabo sólo podemos prestarla porque previamente la hemos recibido de Dios. Por esto nos pide que el hermano no se entere de que le ayudamos, que no hagamos alarde ni esperemos recompensa por nuestras buenas obras.
Pero, por otra parte, sí quiere que proclamemos al mundo las misericordias de Dios con los hombres y la buena nueva de que Cristo quiso dar su vida para que supiésemos cuánto nos ama. Y en esto no quiere que seamos recatados en absoluto (¡Ay de mí si no evangelizara!, decía San Pablo 1Corintios 9, 16). En esto, quiere que demos testimonio de cómo actúa Dios en nuestra vida, cuánto lo amamos y cuánto le debemos. Cuando se trata de proclamar a Cristo, ya no importa que los demás vean las buenas obras que Dios hace en nosotros, porque no es para vanagloriarnos de ellas, sino para mayor gloria de Dios. Y, si fuese necesario, tendríamos que vencer nuestra vergüenza para manifestar nuestros sentimientos hacia Cristo.


domingo, 5 de agosto de 2018

Fuera de la Iglesia no hay salvación posible, pero todos los hombres están llamados a la salvación.


Esta otra aparente contradicción se entiende mucho mejor después de conocer el símil del barco del que hablaba en mi entrada anterior: la humanidad entera puede viajar en el barco de la salvación, que es la única manera de llegar a buen puerto; solo hace falta que cada uno conserve su pasaje con su decisión de llegar. La mejor y más segura forma de obtener un pasaje es el bautismo de los cristianos, que es el medio que Cristo -nuestro Salvador- instituyó. Pero en ningún sitio se dice que no haya otras formas de obtenerlo. Ya lo comentaba san Juan Pablo II: fuera de la Iglesia no hay salvación; pero nadie conoce con certeza los límites de esa Iglesia. Casi sería mejor dar la vuelta a la frase: todo el que se salva es porque estaba en la Iglesia; aunque no sepamos cómo, aunque ni siquiera él lo supiese.
No obstante, para los que conocemos un método seguro y directo -el bautismo-: ¿no sería absurdo buscar otras vías inciertas?

jueves, 2 de agosto de 2018

La salvación depende de nosotros; pero ya nos ha sido dada.


Esta paradoja me fue aclarada hace tiempo por un sacerdote sabio y santo de forma muy sencilla:
El tema de la salvación es como un barco cuyo rumbo conduce directamente a buen puerto; pero depende de cada uno de los pasajeros llegar con bien a ese puerto: si no permanecemos en el barco, si no colaboramos con los demás, no estaremos a bordo cuando el barco atraque.
O lo que es lo mismo: nuestro comportamiento en esta vida es “condición” para nuestra salvación; pero no es la “causa”. La salvación nos ha sido concedida gratuitamente por Dios y recuperada (redimida) por Cristo cuando nosotros la perdimos. Nada de lo que nosotros pudiésemos hacer nos otorgaría el “derecho” a salvarnos, porque compartir la vida divina es algo que nosotros no podemos lograr, es Dios quien nos lo regala gratis (gratia en latín es gracia: todo es gracia de Dios). Pero hay una condición imprescindible: que nosotros queramos salvarnos y hagamos los esfuerzos oportunos para ello; mejor dicho, que no pongamos obstáculos a la gracia de Dios para demostrar que realmente queremos salvarnos.

lunes, 30 de julio de 2018

Jesús nos dijo: sed sagaces como serpientes, pero sencillos como palomas (Mt. 1, 16)


Y también añade: Los hijos de este mundo parecen más listos que los hijos de la luz (Luc 16, 8).


Jesús nos anima a buscar el bien con sencillez, sin doblez ni hipocresía, pero con ahínco, con inteligencia, porque estrecha es la puerta que conduce al paraíso (Mt 7, 13)… No es que se trate de un paso angosto, que nos exigirá hacer contorsiones para pasarlo, sino que lo que nos dice es que de las muchas posibilidades de vida que el mundo nos ofrece, la auténtica, la que coincide con el plan de Dios es sólo una; y merece la pena encontrarla.

Por esto, tenemos que poner todos los medios humanos para hacer el bien como si no existiese la ayuda de Dios; pero con el optimismo que nos da el saber que será Él quien lo logre…, si es que tiene interés en ello. Si nosotros ponemos todos nuestros medios… el resultado ya no debe preocuparnos, sino que debemos dejarlo en sus manos…

sábado, 28 de julio de 2018

Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto (Mt 5, 48).


Pero en otro pasaje añade: sin mí no podéis hacer nada (Juan 15, 5).

¿En qué quedamos: todo depende de nuestra perfección o de su ayuda? 

Es una nueva aparente contradicción en el mensaje evangélico, porque se nos exigen los dos extremos a la vez; y tenemos que compaginarlos.
La experiencia nos dice que la frase del Evangelio de San Juan es totalmente cierta: sin la ayuda de Dios, nuestros más firmes propósitos se vienen abajo a la primera de cambio. Y no sólo me refiero a la ayuda que supone el propio mensaje evangélico, que nos va indicando cuál es el camino a seguir (Yo soy el camino, la verdad y la vida Jn 14, 6); sino a la ayuda directa de la gracia de Dios: todo es gracia (gratis) que Él nos da.

Entonces, ¿de qué perfección habla Cristo en el Evangelio de San Mateo? Pues está claro: de la perfección de Dios. Y Dios, ¿qué es? Pues Dios es amor... Esto es lo único que se nos pide, que seamos perfectos en el amor, que nuestra voluntad sea amarlo y cumplir sus mandamientos...;  aunque sin su ayuda será sólo eso: un propósito efímero.


jueves, 26 de julio de 2018

El que gane su vida la perderá y el que la pierda la ganará (Luc 17, 33)

O lo que es lo mismo: el que no muere no da fruto (Juan 12, 24).
Parece una contradicción; pero está claro: si nos afanamos en "ganar" la vida según nuestros criterios, la estaremos desperdiciando; pero si nos fiamos de los criterios de Cristo, entonces la viviremos plenamente, aquí y después por toda la eternidad. Porque seguir el plan de Dios para nuestra vida es la mejor manera de aprovecharla. ¡Cuantas veces nos arrepentimos de haber seguido nuestros planes! Y en la mayoría de los casos no es por maldad, sino por ignorancia. decía Eugene Boylan en su libro El Amor de Dios que nos afanamos en pedir a Dios que nos ayude a cumplir nuestros planes, cuando debería ser al revés: deberíamos pedirle que nos ayude a cumplir sus planes, que son los que nos harán felices. Es decir, si morimos a nuestra voluntad (no por masoquismo, sino por convencimiento de que quien sabe lo que nos conviene es Él), entonces es cuando nuestra vida fructifica, tanto para nosotros mismos como para los demás.
Y si vernos en el camino correcto es lo que nos hace felices, cuando además constatamos que eso ayuda a los otros, entonces la felicidad es plena.

martes, 24 de julio de 2018

El pecado es lo intrínsecamente opuesto a Dios; pero el pecador es el hijo amado de ese Dios.


Dios es justo y misericordioso; es más, es infinitamente justo e infinitamente misericordioso.
Por supuesto, este es el caso en el que más claro se ve que la virtud no está en el medio: Dios no es medio-justo y medio-misericordioso (¡vaya chapuza sería esto!). Dios, una vez más, nos maravilla conjugando los dos extremos: administra su justicia con toda misericordia; y es misericordioso con aquellos a los que ha de juzgar.
Por eso, en virtud de su justicia, rechaza el pecado, que es lo opuesto al plan de Dios; pero ama al pecador, como hijo extraviado que es.
Este pensamiento es el que lleva a la conclusión que de sólo se condena aquél que expresamente rechaza el amor de Dios (Dios, en justicia, tiene que respetar ese rechazo); y todo el que de algún modo desea salvarse, logrará salvarse, porque la misericordia de Dios lo hará posible a pesar de sus pecados.
Este pensamiento es el que alienta mi esperanza, mi seguridad de que encontraré en Dios un juez que, sin negar mis pecados, sabrá perdonarlos...
Cristo nos consiguió ese perdón, sólo tenemos que pedirlo.

viernes, 20 de julio de 2018

La voluntad de Dios es nuestra norma; pero la conciencia individual es inviolable.

Siguiendo con lo expuesto en la entrada anterior, la dignidad de cada alma es tan alta, que sólo puede juzgársela atendiendo a su propia conciencia.
Es cierto que no se puede despreciar ni una tilde de la Ley, pero la Ley al final no es lo importante; lo importante es la actitud con la que actuamos. Y en esto, la Ley de Dios es totalmente distinta a la Ley o justicia humanas, que se fija únicamente en los actos externos y sus consecuencias. Para Dios, lo importante es que hayamos actuado según nuestro conocimiento del bien y el mal; y que lo hayamos hecho por amor a Dios y al prójimo.
Porque, en definitiva, lo que a Dios le importa es la medida de nuestro amor, no la eficacia en cumplir sus normas. si así lo hubiese querido, entonces no habría creado hombres, sino máquinas perfectas sin posibilidad de error... y carentes e todo cariño.

miércoles, 18 de julio de 2018

Somos meras criaturas de Dios; pero eso nos confiere una dignidad infinita.


La propia Humanidad constituye un ejemplo de cómo el cristianismo es capaz de conjugar los dos extremos.
Efectivamente, el cristianismo afirma que cada hombre es infinitamente valioso en sí mismo y tiene una dignidad infinita como hijo que es de Dios. Y, por tanto, respeta al máximo la libertad de su conciencia y la posibilidad de seguir el camino evangélico a su manera. Son muchos los diferentes carismas que existen en el cristianismo. Entre los católicos son innumerables las Órdenes Religiosas, Institutos Seculares, iniciativas apostólicas y movimientos espirituales; y algo similar ocurre con los protestantes o los ortodoxos…
Sin embargo, también consideramos que la Humanidad entera constituye como un solo cuerpo, del que cada uno somos uno de sus miembros. Y como ocurre en cualquier cuerpo, lo que le suceda a un miembro repercute en el resto del organismo. Por esto, los cristianos, sin menoscabar el hecho de que el amor a Dios y el camino para encontrarlo debe ser algo personal, nos exigimos el cooperar al bien de ese organismo y de cada uno de los demás miembros.


lunes, 16 de julio de 2018

Cristo es rey, pero su reino no es de este mundo…


Yo soy rey, pero mi reino no es de este mundo(Juan 18, 36)

Es una frase que se entiende a la perfección; pero quizá no signifique exactamente lo que parece a primera vista. No se trata de que Cristo sólo sea rey en los cielos, sino que es rey precisamente en la Tierra, aunque su reino no se parezca a los reinos de los humanos.
Cristo es rey y por eso nos puede exigir obediencia. No ejerce su reinado como un tirano más, que exige sumisión ejerciendo su poder y amenazando con la violencia. Cristo es rey --es nuestro Señor- porque ejerce la auténtica autoridad, que no es otra cosa que “el saber universalmente admitido”. Y Cristo es nuestra autoridad porque es quien mejor puede indicarnos cual debe ser nuestro proceder, cómo vivir nuestra vida; no porque sea quien puede obligarnos a obedecerlo.
Por eso, su reino no es como los de este mundo, porque Él, después de ejercer su autoridad, nos deja en libertad para obedecerlo o no. Es un reino que procura el bien de los súbditos; no su simple sumisión.
Tampoco es un reino territorial, no tiene fronteras, sino que puede pertenecer a este reino cualquier ser humano (id y enseñad a todas las gentes) sea cual sea su condición; y, de una manera misteriosa, incluso cualquiera que sea su religión, si es hombre de buena voluntad.

Esto no es posible para los hombres; pero para Dios no hay nada imposible...

sábado, 14 de julio de 2018

Bienaventurados los pobres; pero hay del que retenga el salario de su jornalero.

Continúo con la entrada anterior.
Ya he comentado en anteriores ocasiones que el cristianismo no es de derechas ni de izquierdas; entre otras cosas porque no es una ideología política, sino una religión. Es cierto que tanto unos como otros han tratado de apoderarse del mensaje de Cristo para justificar su propia ideología; pero difícilmente lo podrán lograr, debido precisamente a que el cristianismo conjuga los opuestos, no defiende ningún extremo, ni siquiera el centro.
En todo caso, se podría decir que Cristo vino a la tierra para exigir a las derechas que asumiesen los postulados de la izquierda; y a las izquierdas, que asumiese los de la derecha: 

  • Respetar la iniciativa privada, pero que la colectividad vele para que a nadie le falte lo necesario (ni liberalismo ni colectivismo, sino todo lo contrario). 
  • Buscar el mayor bien común, pero sin diluir al individuo en la masa (dignidad personal de cada ser humano, con derechos inviolables). 
  • Defender la propiedad privada, como mejor medio de alcanzar el bien común; pero redistribuirla mediante un sistema impositivo justo (porque sobre toda propiedad privada pesa una hipoteca en favor de las necesidades ajenas).

La perfección del mensaje evangélico consiste precisamente en que conjuga siempre los dos extremos: dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios...

jueves, 12 de julio de 2018

Bienaventurados los pobres…; pero bien merece el jornalero su salario.


Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (Mateo 5, 3)

Es decir, la pobreza la debemos practicar para con uno mismo. Debemos tratar de no estar dominados por los bienes materiales, en el sentido más amplio del término. Muchos hombres actuales son esclavos de alguna de las llamadas tres "P": el placer, el poder o el poseer; y las ambicionan obsesivamente. Por eso, bienaventurados aquellos que estén liberados de esas tres "P".  

Pero las palabras de Jesús no sólo no nos permiten imponer esta bienaventuranza a los demás, sino que nos exigen que busquemos su bien y tratemos de cubrir con dignidad sus necesidades. Por eso también las palabras de Jesús: bien merece el jornalero su salario... Ya el antiguo testamento, exigía esto de los israelitas: No oprimirás a tu prójimo, ni lrobarás. El salario de un jornalero no ha de quedar contigo toda la noche hasta la mañana. (Levítico 19, 13)

Alguien ha considerado que esta bienaventuranza era una forma de conformar al pueblo con su suerte: en modo alguno. La pobreza que predica es para con uno mismo, nunca para con el prójimo. 
La sobriedad la practicamos cada uno, para provecho de nuestra alma y ayuda para los demás; pero jamás se la imponemos al hermano.

miércoles, 11 de julio de 2018

Amar a Dios sobre todas las cosas; y al prójimo como a uno mismo


Porque somos cuerpo y alma, espirituales y materiales, destinados al Cielo pero viviendo muy en la Tierra, debemos amar a Dios con todas nuestras fuerzas materiales pero también al prójimo como a nosotros mismos. Más aún, debemos amar al prójimo como Dios le ama. ¿Que no es fácil? Efectivamente, no lo es; pero la dificultad es debida a la propia grandeza del hombre, a la complejidad de su naturaleza. Por esto, la moral cristiana no descansa en la certeza absoluta de un dogma, sino en la incertidumbre de querer conjugar los extremos: amar a Dios y al hombre, el cuerpo y el alma, la materia y el espíritu. Y esto nos lleva a no tener nunca la certeza de haberlo hecho totalmente bien; pero tampoco podremos nunca constatar que lo hemos hecho totalmente mal. Mientras vivamos, nunca tendremos el Cielo asegurado; pero tampoco estaremos condenados irremediablemente al infierno. Ya conocéis el dicho: no hay santo sin pasado ni pecador sin futuro.

¿No será esto una manifestación de lo que pueda ser la infinita justicia divina conjugada con su infinita misericordia?

lunes, 9 de julio de 2018

Lo importante es el alma; pero dentro de un cuerpo

Lo importante es el alma; pero ésta no es sino la forma del cuerpo. Ambos son indisociables y su unión es lo que caracteriza al ser humano y lo distingue de los demás seres que son sólo cuerpo o sólo espíritu.

Porque es Dios quien ha querido que no seamos una mera espiritualidad inmaterial, como los ángeles. Él ha querido crear un mundo que es a la vez material y espiritual; ha querido crear y amar a un hombre que es cuerpo y alma. Por esto, todas las cosas materiales creadas son santas; aunque todas, fuera de su momento oportuno y justa medida, nos pueden hacer pecar. Dominad y henchid la Tierra es el mandato que recibimos; pero si ella nos domina, entonces vamos contra el plan de Dios.

Nuestro cuerpo será glorioso en el cielo; pero mientras tanto tiene necesidades materiales; y no sólo el nuestro, sino fundamentalmente el de los demás. Así, debemos atender al bien espiritual de nuestros hermanos -que es su salvación-; pero sin descuidar su bien material, sus necesidades para mantener ese cuerpo que Dios le ha dado. El mismo Jesús quiso liberar a muchos enfermos de su enfermedad (cuidar su cuerpo); pero siempre les dijo: vete y no peques más (para cuidar también su alma). Porque, aunque sabía mejor que nadie que lo realmente malo no es el mal del cuerpo, sino el del alma, también quiso curar nuestras enfermedades, aliviar nuestras penas.


Y lo que hiciéremos con cualquier hermano, a Él se lo hacemos (Mateo 25, 40).

domingo, 8 de julio de 2018

Importa la vida eterna; pero ésta se consigue en esta vida


¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? 
Evidentemente, lo importante es disfrutar toda la eternidad en el cielo de la presencia y el amor de Dios. Pero este mismo Dios ha querido que ese disfrute nos lo ganemos durante nuestra vida temporal: nos pide nuestro amor, cuando todavía no podemos ver completamente el suyo. Y nos lo ganamos con nuestra actitud, porque en realidad el cielo es un mero regalo de Dios, que nunca podríamos alcanzar con nuestra solas fuerzas.
Por esto, en la vida cristiana, existe la oración y la acción, la meditación y el trabajo; y lo correcto no es rezar un poco y trabajar otro poco; sino que lo perfecto es alumbrar toda nuestra acción con la oración: en definitiva, mantener lo más posible a lo largo de nuestra vida esa presencia del Dios que nos ama y al que pretendemos amar. 
Si actuásemos así no sólo nos estaríamos ganando el cielo durante nuestra vida terrena, ¡es que ya lo estaríamos viviendo!

viernes, 6 de julio de 2018

Somos miembros del Cuerpo de Cristo; pero únicos e irrepetibles.


Efectivamente, formamos todos un mismo cuerpo espiritual, como los ladrillos de un edificio o los distintos miembros de un mismo organismo; pero no nos confundimos en el todo. Nos salvamos dentro de la Iglesia, en comunidad; pero nos salvamos individualmente, porque nadie puede conseguirnos la salvación por nosotros mismos, ni siquiera Cristo, que nos abrió la puerta del cielo, pero no nos obliga a entrar. Somos un pensamiento en la mente de Dios; pero tenemos toda la dignidad de seres únicos e irrepetibles, imaginados y amados por Dios desde el comienzo de los tiempos. Somos "la humanidad"; pero Dios sólo es capaz de ver a cada uno de los individuos, porque nos ama a cada uno de nosotros.

jueves, 5 de julio de 2018

Jesús sube a los Cielos, pero se queda con nosotros


¿Cómo volver al seno de la Trinidad con su naturaleza divina y su naturaleza humana, pero quedarse también “todos los días hasta el fin del mundo” entre nosotros con su naturaleza humana y su divinidad?

El amor siempre encuentra soluciones imaginativas para lograr su objetivo: con su divinidad forma un cuerpo místico que nos abarca a todos los hombres y de esta forma todos estamos dentro de él; pero simultáneamente, con la Eucaristía, consigue que su cuerpo humano pueda entrar en cada uno de nosotros. El continente que entra dentro de cada una de las partes del contenido. Cristo nos abraza como miembros de su cuerpo místico; pero quiere sentir cómo nosotros le abrazamos -cada uno individualmente- con nuestro propio cuerpo.

¡Alucinante! Sólo el Amor podría imaginar algo así.

miércoles, 4 de julio de 2018

Nos explica la Ley, pero nos libera del legalismo


Jesucristo, al transmitirnos su mensaje, conservó hasta la última tilde de la Ley antigua; pero arrasó con todos los añadidos que algunos hombres habían echado sobre los hombros de otros hombres. De la ley deja aquello que nos libera, que nos hace más hombres: el amor a Dios y al prójimo; y elimina lo que nos esclaviza, el legalismo reglamentario (613 preceptos tenían los judíos de aquella época) mediante el cual lo importante era cumplir el precepto, no el por qué se cumplía ni la actitud con la que se cumplía. Cristo fue indudablemente un revolucionario, como lo debe ser todo cristiano: pero su revolución consistió en dejarlo todo igual, en volver a los orígenes. Por eso le crucificaron, porque revolucionaba las falsas estructuras entonces establecidas, sin modificar los cimientos: eliminó las super-estructuras que los hombres habíamos construido, para que pudiésemos contemplar claramente su mensaje.

martes, 3 de julio de 2018

Jesucristo es perfecto Dios y perfecto hombre

El mayor ejemplo evangélico de contradicción (perfección de los extremos) lo tenemos en el propio Cristo: no fue medio Dios y medio hombre; sino plenamente Dios y plenamente hombre.

Es decir, que si un Dios Uno y Trino no era ya bastante lío, se nos revela que una de las personas que conforman la naturaleza divina es a la vez Dios y hombre: es creador y criatura.

Y esto ni siquiera la imaginación puede describirlo. Sólo el amor -la misma naturaleza divina- puede arrojar algo de luz sobre la cuestión: Dios crea por la fecundidad de su amor y acaba amando a aquello que ha creado. Y esto es lo razonable: si amar es la determinación de la voluntad de buscar como único bien propio el bien ajeno, ¿no es lógico que Dios ame y busque el bien de aquello que creó por amor? Y si la criatura ofende a Dios, ¿no es lógico que uno de los amantes trate de reparar esa ofensa? Y qué mejor forma de reparar que hacerse uno con aquello que se ama. Y éste es Jesucristo, una sola persona divina con las dos naturalezas: la del amante y la del amado.

Mi amor no me da para más explicación.

Y este Jesucristo, Dios y hombre, es quien mejor nos puede revelar el misterio de nuestra naturaleza humana, el sentido de nuestra existencia. Lo encontramos en el Evangelio: la buena nueva.

Repasemos en las siguientes entradas las aparentes contradicciones de su maravilloso mensaje.

viernes, 29 de junio de 2018

Jesús nos explica la Ley, pero nos libera del legalismo.


Jesucristo, al transmitirnos su mensaje, conservó hasta la última tilde de la Ley antigua; pero arrasó con todos los añadidos que algunos hombres habían echado sobre los hombros de otros hombres. De la ley deja aquello que nos libera, que nos hace más hombres: el amor a Dios y al prójimo; y elimina lo que nos esclaviza, el legalismo reglamentario (613 preceptos tenían los judíos de aquella época) para el que era más importante cumplir el precepto, que el por qué se cumplía o que la actitud con la que se cumplía. Cristo fue indudablemente un revolucionario, como lo debe ser todo cristiano: pero su revolución consistió en dejarlo todo igual, en volver a los orígenes. Por eso le crucificaron, porque revolucionaba las falsas estructuras entonces establecidas, sin modificar los cimientos: eliminó las super-estructuras que los hombres habíamos construido sobre su mandato.


miércoles, 27 de junio de 2018

Dios es uno y trino

La base fundamental de nuestra religión, junto con las otras dos religiones descendientes del patriarca Abraham es el monoteísmo. Es más, sólo estas tres religiones son monoteístas (el judaísmo, el cristianismo y el islam); y las tres tienen la característica de ser religiones reveladas: Dios le indica al hombre cómo quiere ser amado. Las demás religiones o filosofías de vida son el esfuerzo del hombre por averiguar cómo debe amar a sus dioses o afrontar su vida.

Pues bien, la característica especialísima del cristianismo (a diferencia de las otras dos religiones monoteístas) es que afirma que ese único Dios que se le ha revelado es no sólo Uno, sino Trino. Ni el judaísmo ni el islam aceptan esta revelación de la naturaleza íntima de Dios que el mismo Jesucristo nos reveló.

¡Qué contradicción! Toda nuestra fe se basa en un Dios único, ¿pero tenemos que creer y venerar a tres Dioses? ¡No!; y esta es la auténtica contradicción: son tres Personas, pero un solo Dios. No trataré ni de entenderlo ni de explicarlo: esperaré a verlo cuando llegue a la presencia divina.

¿Tres personas? Sí, y una sola naturaleza divina. Y como Dios es perfecto, indica que no podía ser de otra forma: es esta la forma perfecta de existencia de la única divinidad.

A modo de remedo de explicación sólo se me ocurre decir: una sola voluntad divina, pero tres amores entre tres intimidades. Así, la naturaleza divina que no es otra cosa que amor, puede subsistir en sí misma: engendrando amor. Pero ¿hacían falta tres?, ¿no bastaba con dos? Sí, hacen falta tres, porque el amor para ser perfecto tiene que ser fecundo: el amor de dos alcanza esa perfección cuando se dirige conjuntamente a un tercero.

Mi imaginación no da para más. 

martes, 26 de junio de 2018

¿In medio virtus?


O, ¿cómo vivir el cristianismo?

Se dice que en el medio está la virtud; pero esto sólo es aplicable cuando se habla de dos extremos viciosos: en este caso, efectivamente lo recomendable es la moderación. Pero cuando realmente hablamos de virtudes, lo óptimo está en el extremo: practicar la virtud en su total extensión. De hecho, la santidad se le reconoce a quien practicó las virtudes de forma heroica.

El cristianismo es la religión de los extremos, no se conforma con la mediocridad. Es más, frecuentemente sucede que ambos extremos de una circunstancia constituyen la virtud; y, en estos caos, el punto medio sería erróneo o mediocre. Es quizá lo más típicamente original del cristianismo: que conjuga ambos extremos sin que exista contradicción entre afirmar una cosa y su opuesta.  Así, la virtud está en saber conjugar los dos extremos; no en practicar ambos a medias. Porque, hablando de virtudes, la verdad de un extremo no excluye la del contrario; sino que la afirma. Y también sería un error quedarse en uno de los extremos y negar el otro: nuestra virtud no sería mediocre, sino que estaría coja.

¿In medio virtus?: sí, pero no por la mediocridad de quedarnos a la mitad de todo, sino por la perfección de conjugar los opuestos.

El cristianismo le muestra al hombre el misterio del hombre; y como éste está hecho a imagen y semejanza de Dios, tiende a la perfección: la perfección extrema de ambos extremos. ¿Es esto posible? Evidentemente, no; y esta es la primera contradicción del mensaje evangélico. Porque, ¿no hay en el mensaje evangélico tantas contradicciones aparentes como en la vida del hombre? Pues sí, las hay; pero este es el Camino, la Verdad y, en definitiva, la Vida misma.

Trataré de identificar muchas de las aparentes contradicciones que podemos encontrar en el cristianismo, en las que ambos extremos se presentan como la verdad o la virtud.

Nueva etapa

Después de una largo paréntesis, quiero iniciar una nueva etapa en este blog y retomar la publicación de entradas con asiduidad.

Un tema me ha estado rondando últimamente y es la característica fundamental del cristianismo de compaginar un concepto y su contrario. Y va más allá: no sólo los compagina, sino que hace que ambos extremos constituyan la virtud.

Empezaré esta nueva etapa hablando de estas aparentes contradicciones.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Somos diamantes

Ante Dios todos somos como valiosos diamantes, ya seamos piedras pulidas y brillantes o diamantes en bruto; porque para Dios somos siempre valiosos. Incluso, como decía en la entrada anterior, aunque estemos manchados de estiércol. Porque a Dios no le engaña el envoltorio o el estuche en el que aparezca el diamante: envuelto en papel de estraza o entre terciopelo. El lujo o la pobreza no le impiden a Dios ver el auténtico valor de lo que tiene delante, que es siempre infinito, ya que se molestó en entregar toda su sangre para redimirlo. Dios siempre aprecia la capacidad de brillar de todo diamante y espera pacientemente a que nos dejemos tallar... Eso sí, no nos forzará nunca.

jueves, 3 de noviembre de 2016

El estiércol

Recientemente he leído una idea que me ha resultado especialmente positiva y esperanzadora(1).
El mal en nuestra vida es algo que se queda allí, descomponiéndose, pudriéndose; y esto es algo que puede llevar a la desesperación a quien tiene un pasado de pecador. Incluso puede parecer una rémora para los que, sin ser pecadores empedernidos, no acabamos de superar nuestros defectos, cayendo una y otra vez en los mismos pecados y faltas.
Pues bien, la idea que he leído es que toda esa podredumbre es lo que produce un terreno magníficamente abonado para que después pueda crecer en él todo lo bueno que queramos sembrar y dará magníficos frutos. El estiércol acumulado en nuestra vida, ¡no es un obstáculo, sino un trampolín para cambiar y dar frutos!
¿Demasiado optimista? Pues también me lo pareció a mí al principio, hasta que recordé que la idea ni es nueva ni de ningún teólogo. La idea la expuso por primera vez el propio Jesucristo, y al menos en dos ocasiones:

  •  Cuando la pecadora entra en casa del fariseo para ungirle los pies y todos se escandalizan porque se deje tocar por una prostituta, Él se defiende diciendo "ésta ha amado mucho porque se le ha perdonado mucho: al que más se le perdona, más ama". Podría haber dicho que se le perdonaban los pecados porque amaba; pero lo dijo exactamente al revés: el amor proviene del perdón. Y entonces podríamos decir que sin perdón no hay amor. Y para que haya perdón es necesario que haya habido ofensa. Es decir, el pecado es la base del amor...; es la base para que se despierte un gran amor... 
  • En otra ocasión Jesucristo afirma: "hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte que por cien justos que no necesitan convertirse". De nuevo la base de la alegría es el pecado...
No son mis palabras, sino la Sagrada Escritura la que afirma que sobre un terreno abonado con pecados nace el amor y la alegría... Eso sí, una vez sembrado con arrepentimiento.
Me parece una idea esperanzadora para los que tenemos que arrepentirnos con demasiada frecuencia.



(1) En el libro MAS FUERTE QUE EL ODIO del autor TIM GUENARD, cuya lectura recomiendo porque es un claro ejemplo vivo de lo que digo.

martes, 11 de octubre de 2016

El primer mandamiento de todos

Habitualmente se interpreta como primer mandamiento el resumen del Decálogo que hizo el propio Jesucristo: "Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo".
Por supuesto, es correcto.
Pero si nos atenemos al criterio temporal, Dios antes de entregar el decálogo a Moisés dice a su pueblo: "escucha Israel, el Señor tu Dios...".
Realmente lo primero que nos manda Dios es "escuchar". Ni dice: "mira Israel..."; ni dice "haz esto o lo otro...". No, lo primero que tiene que hacer el creyente es escuchar la palabra de Dios, estar atento a lo que tiene que decirnos. 
El mismo Jesucristo nos dice: el que escucha mis palabras y las pone por obra, ese es mi madre y mis hermanos…; ese es como el que edifica sobre roca
Se nos manda escuchar, porque es por la palabra, por el oído, por donde entra la FE, que es lo que realmente se nos pide: tener fe. Si tuvieseis fe como un grano de mostaza...
Por el contrario, es por la vista por donde se suele obtener la certeza, el conocimiento más exacto (aunque la vista también nos puede engañar). Cuando nos llega un conocimiento dudoso por el oído, queremos comprobarlo: “si no lo veo no creo”. También el tacto nos proporciona certeza: cuando tocamos algo comprobamos su existencia: "si no meto mi dedo en las llagas y no meto mi mano en la herida del costado"... fue la exigencia del apóstol Tomás para creer en la resurrección. 
Pero lo que Dios nos pide no es que comprobemos las cosas, sino que tengamos FE: bienaventurados los que sin ver han creído..." . Y esta es una constante a lo largo de la Biblia: lo que se nos pide es FE, aceptación de la palabra de Dios y su puesta en práctica…; ni siquiera se menciona la necesidad de que comprobemos aquello que creemos… 
Por supuesto, la FE en la palabra no está en contradicción con que tratemos de razonar aquello que creemos; pero el orden es este: primero creemos y luego razonamos. Porque si aceptamos algo porque hemos llegado a esa conclusión, entonces no es fe, sino ciencia. Al igual que ocurre con la vista: si veo algo entonces ya no lo creo (admito eso que no puedo comprobar) sino que adquiero el conocimiento cierto, comprobado, de lo que veo.
No, lo que Dios nos pide es FE, aceptarle a Él y su palabra, aunque no lo entendamos...; y de esto depende nuestra felicidad... 
¡Qué lejos está de esto la racionalista civilización occidental!

jueves, 20 de noviembre de 2014

El cristianismo es religión de pecadores.

Sí, el Cristianismo es religión de pecadores. y este no es un invento mío, sino una afirmación rotunda de su propio Fundador: no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores (Mc 2, 17); y pronuncia esta frase precisamente después de haber llamado a Leví (Mateo), considerado pecador público y traidor a su pueblo. No es por tanto una mera expresión, sino la confirmación de lo que acaba de hacer.
Si el cristianismo consiste en seguir a Cristo, los llamados a seguirlo somos los pecadores.
Y por si no nos había quedado claro, volvió sobre el tema con ocasión de que la Magdalena le ungiese los pies con perfume: Al que poco se le perdona, poco ama.... (Lc 7, 41-47); y así le perdona a esta pecadora pública sus muchos pecados, porque ha amado mucho...
Si fuésemos perfectos y no tuviésemos falta alguna, ¿qué tendría que perdonarnos? ¿cuanto le amaríamos si no nos tuviese que perdonar nada? Porque lo importante no es ser inmaculados, sin tacha alguna, sino amar y amar mucho...; y precisamente porque amamos, trataremos de no caer en la tentación...

Por todo esto, resulta muy absurdo ese afán de algunas instancias cristianas (eclesiásticas o no) de presentar a los cristianos, nuestras instituciones o a los miembros relevantes de la jerarquía, como perfectos. Ese afán de perfección no solo nos hace quedar en ridículo con mucha frecuencia, sino que espanta a los que se sienten atraídos por el mensaje evangélico, pero son muy conscientes de que su debilidad no les permitirá seguirlo en su integridad... ¡ni a ellos ni a nadie!

martes, 18 de noviembre de 2014

Sin Fe, más que racionales somos animales.

Los hombres tenemos una especial capacidad de adaptación, y dejando de ser espirituales podemos llegar a ser cien por cien materiales; e incluso en casos extremos dejar de ser racionales, para ser solo y del todo animales.” [Pasaje de Fulgencio Espa; “Junio 2014, con Él.” Ediciones Palabra]
El hombre es un animal racional; pero su racionalidad le viene precisamente de su condición de ser espiritual, compuesto de cuerpo y alma. Por supuesto que la negación de la existencia del alma no produce que ésta desaparezca; al igual que negar la existencia de Dios no hace que Dios "muera" (como decía Nietzsche). Pero la tozuda negación del alma y sus facultades, el encierro voluntario del hombre en su inmanencia meramente corporal, ha debilitado esa facultad del hombre que es la inteligencia, la racionalidad. 
Primero se sustituyó la fe por la "diosa razón" en la Revolución Francesa (razón que duró bien poco y fue devorada por el Terror); pero si lo importante es lo que el hombre piensa, ¿por qué no dar prioridad a lo que quiere? Y así, el hombre actual ya no es racional, sino que rinde su razón a su voluntad: ¿si es lo que me apetece, por qué no voy a hacerlo? Como mucho se pone el absurdo límite de... ¡si no hago mal a nadie! Y esta estúpida excusa justifica desde el aborto (homicidio de otro ser humano) hasta la degradación de la droga, pasando por el adulterio. La cultura del deseo ha sustituido a la razón ante el vacío creado por la supresión de la fe, de la existencia de una norma superior que limite nuestra voluntad... y así nos va.

martes, 4 de noviembre de 2014

Libertad, igualdad y fraternidad

Este era el lema de los revolucionarios franceses en 1789; y por supuesto es un lema ambicioso que todos deberíamos seguir. Pero es curioso que esos mismos revolucionarios rechazasen y combatiesen los lemas mucho mejores que ofrece el Cristianismo; y tanto se empeñaron en demostrar que sólo sus ideas eran correctas y buenas, que acabaron matándose entre ellos, después de acabar con todos los que consideraban sus enemigos. La Revolución Francesa, la libertad de los oprimidos franceses, de los pobres y despreciados, acabó con lo que la Historia conoce como El Terror, así sin más apelativos: el monstruo se devoró (mejor dicho, se decapitó) a sí mismo en la guillotina.
Y es que cuando esa Libertad, Igualdad o Fraternidad no están soportadas por sólidas bases (conocimiento profundo del origen de la dignidad del hombre, su transcendencia) acaban siendo meras palabras que justifican la violencia y el odio que trataban de erradicar.

En cambio, el Cristianismo nos ofrece Verdad (que nos hará libres), Dignidad de hijos de Dios (que nos hará hermanos) y Caridad (que nos hará iguales). Es inexplicable que en general la revoluciones que han pretendido la liberación de los oprimidos hayan empezado por perseguir a los cristianos...
¡Que mal hemos tenido que transmitir el mensaje evangélico! ¡Que mal lo estaremos viviendo cuando transmitimos exactamente lo contrario de lo que predicamos!

viernes, 31 de octubre de 2014

Lucy

Seguimos con películas. En Lucy (Francia, 2014: dirigida por Luc Besson y protagonizada por Scarlett Johansson y Morgan Freeman) se nos presenta la potencialidad del cerebro humano, que si llegase a rendir al 100% de su capacidad lograría cosas asombrosas.
Es como llevar al extremo la teoría de la evolución. No es que en la película se diga expresamente, pero se deja claro que el hombre, que ha evolucionado como fruto de la casualidad desde una energía-materia (por supuesto, para nada se menciona una inteligencia creadora) puede llegar a dominar solo con su voluntad no sólo su cuerpo, sino también los de los demás e incluso todo el cosmos. El hombre puede llegar a convertirse en Dios omnipotente y omnipresente.
Es curioso como en esta película de ciencia ficción (que refleja la concepción occidental sobre la evolución) se rechaza la existencia de Dios como origen de todo (y esto evita que tengamos que rendir cuentas a ningún creador); pero se admite que ese Dios pueda aparecer al final como simple evolución del hombre (y así el hombre sólo se tendría que rendir cuentas a sí mismo).
A ver si la ciencia (aunque sea ficción) se aclara:¿ si no existe algo más allá de la energía-materia, anterior a ella, cómo pueden aventurar que exista algo más allá de dicha materia, posterior a ella?
Y es que la ciencia (aunque sea ficción) sabe que no sabe lo que existe más allá de la materia... por mucho que se empeñe en negarlo...

miércoles, 29 de octubre de 2014

City of Angels

En la película City of Angels (Nicolas Cage y Meg Ryan) puedes escuchar esta explicación del llanto: ...el llanto es consecuencia de la emoción; cuando el espíritu es más fuerte que el cuerpo -la materia-, éste se resiente y reacciona excitando las glándulas lacrimales, que fisiológicamente solo deberían servir para lubricar los ojos. 
Cuando el alma asume el control del cuerpo, las reacciones de ésta ya no se corresponden con las funciones fisiológicas, sino que éstas pueden alterarse; y estos cambios son como la manifestación de que en el alma pasa algo. El llanto es la manifestación del alma humana en el cuerpo, y éste tiene que "lubricar esa fricción" que se produce entre lo espiritual y lo material...
Yo añadiría que la sonrisa, la risa y la carcajada, que tampoco responden a ninguna función fisiológica, también son manifestación del alma en el cuerpo.
Ni llorar, ni reír son cosas de niños, sino de humanos adultos "con mucha alma"...

lunes, 27 de octubre de 2014

Arrodillarse ante Dios (2)

Por otra parte, si el mismo Cristo, Dios Hijo de Dios, se arrodilló ante los hombres -el traidor Judas incluido-, ¿como podemos nosotros despreciar a ninguno de nuestros hermanos, cualquiera que sean sus circunstancias o condiciones morales? 

domingo, 26 de octubre de 2014

¿Arrodillarse ante Dios?

Le regateamos a Dios nuestra adoración, arrodillándonos cada vez menos; ni en la liturgia de la Misa, ni en el momento de la comunión. A algunos les parece que es demasiado humillante para el hombre, que su dignidad intrínseca le dispensa de tal signo de sumisión. 

Pues bien, si el mismo Cristo se arrodilló ante los hombres, justo antes de la primera Misa ( la institución de la Eucaristía y su posterior sacrificio en la cruz) y además les lavó los pies, ¿cómo podemos nosotros negarnos a hacer lo mismo con Él? 

Y Él lo hizo no por servilismo -aunque vino a servir-, sino que lo hizo por amor: ...habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo... (Juan, 13 1)

¡Que tentación diabólica la de regatearle al Señor nuestras muestras de amor y adoración?

viernes, 24 de octubre de 2014

El alcalde y sus hijos

Os propongo un ejemplo sobre cómo es imposible amar a Dios sin amar a los demás.

Imaginaos al típico adulador que se cruza con el alcalde de su pueblo y no deja de saludarle, decirle cosas amables e incluso invitarle a una cerveza en el bar más cercano. Pensará que se ha ganado su amistad y que el alcalde estará encantado con su compañía. Pero poco después de dejarle, se cruza con los hijos del alcalde y los desprecia, les retira el saludo e incluso los insulta. Cuando estos le cuenten a su padre la conducta de ese vecino, ¿estará contento el padre o se enfadará con él?

Por el contrario, otro vecino que ha tenido serios problemas con el Ayuntamiento y su alcalde, aprovecha la menor oportunidad para demostrarle su desprecio, en público y en privado. Esto, por supuesto, levanta las iras del alcalde, que trata de responderlo de la misma forma. Pero este ciudadano, se encuentra en una ocasión con uno de los hijos menores del alcalde, que acaba de tener un accidente con su bicicleta y ha quedado tendido en la calzada y lleno de magulladuras. Lo auxilia, lo lleva a su casa en su coche, lo reconforta con una buena merienda y finalmente lo conduce a casa de su padre el alcalde, aunque tiene la precaución de parar bien lejos, para no encontrarse con su enemigo.

Cuándo el alcalde se entere de su conducta, ¿Cómo reaccionará? ¿No sentirá aprecio por ese vecino que se ha portado tan bien con su hijo?

Si Dios es Padre, sólo se le puede amar amando a sus hijos.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Perder la vida

El mal del mundo actual es que se busca solo el placer, la sensualidad, el propio capricho; y esto nos hace esclavos de ese placer y esa sensualidad
A lo más, estamos dispuestos a renunciar a parte de nuestra comodidad para seguir el plan que nos hemos trazado a largo plazo para obtener cosas de los demás. Nos sacrificamos por conseguir una mayor formación o una mejor forma física, porque esto nos permitirá competir con ventaja sobre los demás y llevarnos lo mejor de lo que el mundo ofrece. Y nos hacemos esclavos de ese plan tan ambicioso.
Si por el contrario nuestro objetivo fuese servir a los demás, capacitarnos mejor para poder dar más, en vez de recibir más, entonces seriamos libres y señores de nuestras propias vidas. 
El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, la encontrará (Mateo, 16,25)

miércoles, 2 de abril de 2014

Tres tipos de pobreza

El Papa Francisco nos habla en su carta-mensaje para la cuaresma de 2014 de los tres tipos de pobreza que pueden afectar al hombre.
La primera es la pobreza material, lo que él llama miseria. La privación de los derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad es un atentado contra la dignidad del hombre y nada tiene que ver con la pobreza evangélica que se predica en las bienaventuranzas. Todo cristiano está obligado a tratar de curar estas heridas de sus hermanos y cubrir sus necesidades materiales; pero no como una especie de condescendencia hacia el otro, sino como una obligación hacia aquél que comparte una misma dignidad de hijo de Dios. Vuelvo a recordar la enseñanza de Juan Pablo II sobre la propiedad privada: que está gravada con una hipoteca en favor del bien común, en favor de aquellos que no disponen de lo necesario para una vida digna.
Otra forma de pobreza e la pobreza moral, que esclaviza al hombre al pecado y al vicio. En algunos casos se llega a la miseria moral por propia voluntad, aunque después ya no se pueda uno librar del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía. Pero nos recuerda el Papa que en otras ocasiones esta dependencia nace de las propias condiciones sociales injustas: falta de trabajo, marginación, inmigración, etc. En estos casos, el cristiano debe ayudar en lo que esté en su mano a modificar las circunstancias para hacer posible la liberación del hermano o evitar que otros caigan.
Por último, está la miseria espiritual, aquella que nos enajena del amor de Dios, que deja al hombre en la peor de las pobrezas, la que más le aleja de su dignidad de hijo de Dios. Y aquí el cristiano tiene un arma poderosa para combatirla: el Evangelio, que muestra al hombre la misericordia de Dios, su deseo de perdonarnos y que conozcamos su amor.
¡Qué buena ocasión la Cuaresma para acercarnos más a Dios a través del prójimo!... prioritariamente del más necesitado, material, moral o espiritualmente.

miércoles, 5 de febrero de 2014

En defensa de la vida

Es cierto que el Papa Francisco ha puesto el acento en la totalidad del mensaje evangélico, que va mucho mas allá que la mera defensa de unas cuestiones morales concretas. Entre otros motivos, porque a quien no se le ha transmitido el mensaje de salvación y se le ha explicado que Dios con su enseñanza lo único que pretende es nuestro bien, no se le puede pedir que siga una conducta que con frecuencia es muy dura.
Pero esto no significa que determinadas cuestiones hayan dejado de ser importantes, simplemente porque no forman la centralidad del Cristianismo.
En concreto, con respecto al respeto que se debe a toda vida humana, el Papa ha querido ser muy charo y dedicarle al tema unos párrafos de su Evalgelii Gaudium:
Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. Es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. Si esta convicción cae, no quedan fundamentos sólidos y permanentes para defender los derechos humanos, que siempre estarían sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno.
Cuando se abre una brecha en la defensa de la vida y se considera que durante determinados periodos ésta puede ser eliminada, lo que se está haciendo es despreciar la dignidad de la propia vida humana; y si el hombre no tiene, por el mero hecho de serlo, una dignidad intrínseca, entonces ¿como defender sus otros derechos?

lunes, 3 de febrero de 2014

Cristianismo y nacionalismos

Una de las cosas que más le costó a Cristo enseñar a sus discípulos es la vocación universal del Cristianismo: con la venida del Reino de Dios, el Evangelio pasa a ser propiedad de toda la humanidad, sin distinción de cultura nación ni raza. Y les costó entenderlo porque hasta entonces Dios había sido sólo para el pueblo de Israel... Quizá el primero en comprenderlo y ponerlo en práctica fue San Pablo; y esta apertura le costó más de un disgusto entre los judíos e incluso entre los discípulos.
Por esto la Iglesia que continúa la tradición apostólica desde Roma se llama Iglesia Católica, entendiendo este término como universal... Y al igual de las demás confesiones cristianas, trata de llevar el mensaje evangélico a todo el mundo.
Si hay algo contrario al espíritu del cristianismo es esa cortedad de miras de quien, por defender sus costumbres o su lengua, rechaza la de los demás. Y los nacionalismos, muy habitualmente, caen en este defecto... Es de bien nacido amar la propia tierra, la propia cultura y la propia lengua; pero es mera soberbia encerrarse en ellas y rechazar al que no las comparte. 
No siempre los clérigos lo han entendido así y con frecuencia se alinean con posturas nacionalistas excluyentes, creyendo que así hacen un servicio a la fe. Nada más opuesto a la realidad del cristianismo.
El Papa Francisco dedica un párrafo de su exhortación Evangelii Gaudium a este asunto. Y aunque se refiere a los gobiernos... sería plenamente aplicable a las Diócesis: 
Por ello, exhorto a los países a una generosa apertura, que en lugar de temer la destrucción de la identidad local sea capaz de crear nuevas síntesis culturales. ¡Qué hermosas son las ciudades que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo! ¡Qué lindas son las ciudades que, aun en su diseño arquitectónico, están llenas de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro!

sábado, 1 de febrero de 2014

La caridad cristiana no es ideología

Dos párrafos del Papa Francisco aclaran la actitud que la caridad cristiana debe infundir en todo discípulo de cristo, saliendo al paso tanto de los que se preocupan sólo por transmitir ortodoxia al prójimo, como de los que su solidaridad les lleva a olvidar que el Cristianismo en una religión: el camino para unir a la criatura con su Creador.
No nos preocupemos sólo por no caer en errores doctrinales, sino también por ser fieles a este camino luminoso de vida y de sabiduría. Porque «a los defensores de “la ortodoxia” se dirige a ve ces el reproche de pasividad, de indulgencia o de complicidad culpables respecto a situaciones de injusticia intolerables y a los regímenes políticos que las mantienen».
Pero para que ese rechazo de los regímenes injustos no nos desvíe del camino, en otro párrafo nos aclara:
El pobre, cuando es amado, «es estimado como de alto valor», y esto diferencia la auténtica opción por los pobres de cualquier ideología, de cualquier intento de utilizar a los pobres al servicio de intereses personales o políticos. Sólo desde esta cercanía real y cordial podemos acompañarlos adecuadamente en su camino de liberación. Únicamente esto hará posible que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como en su casa.
No es que el Papa o la Iglesia esté en contra de la política, sólo están en contra de confundir el mensaje evangélico con una ideología concreta; pero animan a todo cristiano a participar en este servicio social (porque la política, por mucho que hoy no lo parezca, debe ser un servicio):
La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común. Tenemos que convencernos de que la caridad «no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas». ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos.

miércoles, 29 de enero de 2014

Evangelii Gaudium: la solidaridad.

Recuerdo cómo explicaba Juan Pablo II el tema de la propiedad privada, recordándonos que ésta tiene como una hipoteca en favor de los necesitados. Ya comentamos sobre lo que Benedicto XVI nos explicó sobre este asunto en la entrada del 22-2-2012. El Papa Francisco lo explica de otra forma: la propiedad privada se justifica por su servicio al bien común. "Sensu contrario", que dirían los juristas, cuando la propiedad privada no sirve al bien común, entonces ya no tiene justificación...

La solidaridad es una reacción espontánea de quien reconoce la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada. La posesión privada de los bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común, por lo cual la solidaridad debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde. Estas convicciones y hábitos de solidaridad, cuando se hacen carne, abren camino a otras transformaciones estructurales y las vuelven posibles. Un cambio en las estructuras sin generar nuevas convicciones y actitudes dará lugar a que esas mismas estructuras tarde o temprano se vuelvan corruptas, pesadas e ineficaces.

En definitiva, esa solidaridad depende más de la actitud de quienes detenten la propiedad o el poder que de la estructura política implantada. No basta con un cambio en los actores: la revolución bolquevique retiró la propiedad de los poderosos, pero no se la entregó al pueblo.  

lunes, 27 de enero de 2014

Evangelii Gaudium: el amor es la medida del hombre.

Insiste una y otra vez el Papa Francisco en la dignidad intrínseca de todo hombre; y por eso rechaza de plano cualquier tipo de exclusión o imanación:
Confesar a un Padre que ama infinitamente a cada ser humano implica descubrir que «con ello le confiere una dignidad infinita». Confesar que el Hijo de Dios asumió nuestra carne humana significa que cada persona humana ha sido elevada al corazón mismo de Dios. Confesar que Jesús dio su sangre por nosotros nos impide conservar alguna duda acerca del amor sin límites que ennoblece a todo ser humano.
Por esto, insiste el Papa, la mejor expresión del Evangelio, la mejor manifestación del amor a Dios, es el amor a los demás, sin discriminación alguna:
La Palabra de Dios enseña que en el hermano está la permanente prolongación de la Encarnación para cada uno de nosotros: «Lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, lo hicisteis a mí» (Mt 25,40). Lo que hagamos con los demás tiene una dimensión trascendente: «Con la medida con que midáis, se os medirá» (Mt 7,2); y responde a la misericordia divina con nosotros: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará [...] Con la medida con que midáis, se os medirá» (Lc 6,36- 38). Lo que expresan estos textos es la absoluta prioridad de la «salida de sí hacia el hermano» como uno de los dos mandamientos principales que fundan toda norma moral y como el signo más claro para discernir acerca del camino de crecimiento espiritual en respuesta a la donación absolutamente gratuita de Dios.

Sí, ya sé que esto ha formado parte de la enseñanza de la Iglesia desde los primeros tiempos; pero que bueno es que se nos recuerde de vez en cuando...

sábado, 25 de enero de 2014

El océano del bien

Quizá una de las mayores armas del maligno sea la magnificación del mal en el mundo. Los modernos medios de comunicación le permiten hacer que el mal sea inmediatamente conocido por todos; y el constante machaqueo de males nos aturde y provoca la sensación de que todo esta podrido. No es así. En el mundo prevalece el bien, la solidaridad, la bondad de unos con otros, la apreciación de la familia y el matrimonio, la defensa de la vida y de los derechos humanos, aunque todo esto rara vez salga en las noticias. Los actos de bien son innumerables y constantes; los actos malignos son raros y pocos (por esto son noticia); pero el maligno los utiliza para desanimarnos y que nos dejemos llevar por esa aparente corriente de mal, que es un simple arroyo en comparación con el inmenso océano de bien.

jueves, 23 de enero de 2014

La Caridad es la prueba

La fe no permite demostraciones ni seguridades tipo científico, entonces, ¿que medio nos dejo Cristo para "convencer" a los demás de su mensaje? ¿Cómo demostraremos a los seguidores de otras religiones o o a los ateos la verdad del cristianismo? ¿Cuáles serán las señales que den credibilidad a nuestro mensaje? 
La respuesta es sencilla: la prueba es el amor. Si Dios es amor, la mejor manifestación de su existencia es mostrar ese amor. Y, ¿qué es el amor, la caridad? Pues es esa capacidad de vivir siempre para los demás. 
Este es el ejemplo que Jesús mismo nos ha dejado. Él se alegra con las alegrías de sus amigos, como en las bodas de Caná o cuando aquellos 72 volvieron de predicar el Evangelio; y sufre también con el dolor ajeno, cuando siente lástima por los leprosos, los ciegos, los endemoniados o la viuda de Naín.
La caridad cristiana es la demostración "cientifica" de la verdad y bondad del Cristianismo; cada vez que un cristiano atenta contra la caridad en su condición de tal, niega el mensaje evangélico. Por esto, la fe se ha transmitido siempre en familia y por amistad (ámbitos de la caridad) y a través de las obras de caridad: hospitales, misiones, atención a cautivos, enseñanza, etc... 
Mucho mejor que con razonamientos!(1)
Y al revés; como el mismo Jesús nos dijo: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros (Jn 13, 35).
¡Es una gran responsabilidad para nosotros los cristianos!
(1) Espa, Fulgencio. “Adviento Navidad 2013, vívela con Él.” Ediciones Palabra, 2013-10-25. iBooks

miércoles, 22 de enero de 2014

Evangelii Gaudium: las maneras también son importantes.

Y si el Papa quiere que recuperemos el mensaje fundamental de la evangelización, también nos indica cómo debe transmitirse ese mensaje, porque no solo el contenido es importante, también la manera de transmitirlo debe ajustarse a la enseñanza evangélica:
Necesitamos ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que oír. Lo primero, en la comunicación con el otro, es la capacidad del corazón que hace posible la proximidad, sin la cual no existe un verdadero encuentro espiritual. La escucha nos ayuda a encontrar el gesto y la palabra oportuna que nos desinstala de la tranquila condición de espectadores. Sólo a partir de esta escucha respetuosa y compasiva se pueden encontrar los caminos de un genuino crecimiento, despertar el deseo del ideal cristiano, las ansias de responder plenamente al amor de Dios y el anhelo de desarrollar lo mejor que Dios ha sembrado en la propia vida.
Pero el respeto a la libertad ajena, no nos debe hacer olvidar que en algunos casos tenemos que liberar al hermano de su erróneo ejercicio de la libertad, 
Aunque suene obvio, el acompañamiento espiritual debe llevar más y más a Dios, en quien podemos alcanzar la verdadera libertad. Algunos se creen libres cuando caminan al margen de Dios, sin advertir que se quedan existencialmente huérfanos, desamparados, sin un hogar donde retornar siempre. Dejan de ser peregrinos y se convierten en errantes, que giran siempre en torno a sí mismos sin llegar a ninguna parte. El acompañamiento sería contraproducente si se convirtiera en una suerte de terapia que fomente este encierro de las personas en su inmanencia y deje de ser una peregrinación con Cristo hacia el Padre.
No olvidemos que nuestra tarea es transmitir la verdad: dejar en un cómodo error al hermano, sería hacerle un flaco favor... Tenemos que advertirle del error; aunque el cambio dependa exclusivamente de su voluntad.

lunes, 20 de enero de 2014

Evangelii Gaudium: el kerigma.

Quiere el Papa Francisco -y lo ha demostrado desde que fue elegido- que la Iglesia vuelva a la centralidad del mensaje fundamental del Cristianismo -lo que se llama el kerigma-: que Dios nos ha querido salvar por amor; que Dios quiere compartir su vida con los hombres, por simple amor, sin exigir nada más que la correspondencia a ese amor, con respecto a Él y a los demás hombres.
En la práctica, esta correspondencia se plasma en multitud de detalles y prácticas que la Iglesia ha ido recopilando y enseñando durante 20 siglos; y esto es bueno. Pero lo que no es bueno es que tanto "detalle", nos haga olvidar el mensaje fundamental:
La centralidad del kerygma demanda ciertas características del anuncio que hoy son necesarias en todas partes: que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa, que no imponga la verdad y que apele a la libertad, que posea unas notas de alegría, estímulo, vitalidad, y una integralidad armoniosa que no reduzca la predicación a unas pocas doctrinas a veces más filosóficas que evangélicas.
Y con respecto al necesario anuncio de la moral evangélica, matiza:
En lo que se refiere a la propuesta moral de la catequesis, que invita a crecer en fidelidad al estilo de vida del Evangelio, conviene manifestar siempre el bien deseable, la propuesta de vida, de madurez, de realización, de fecundidad, bajo cuya luz puede comprenderse nuestra denuncia de los males que pueden oscurecerla. Más que como expertos en diagnósticos apocalípticos u oscuros jueces que se ufanan en detectar todo peligro o desviación, es bueno que puedan vernos como alegres mensajeros de propuestas superadoras, custodios del bien y la belleza que resplandecen en una vida fiel al Evangelio.
En definitiva, como decía Santo Tomás de Aquino: explicar que "el pecado es lo que es malo para el hombre", no la mera transgresión de una normativa arbitraria. 

sábado, 18 de enero de 2014

La unidad de los cristianos

Hoy comienza la semana por la unidad de los cristianos, ya que ese deseo de Cristo manifestado en la oración sacerdotal antes de su Pasión "que todos sean uno como tú Padre y Yo somos uno", en la actualidad no se cumple, por la múltiple división entre los bautizados.
Y aunque entre muchos cristianos sí se puede hablar de un solo rebaño bajo un solo Pastor, ya que todos tenemos como Pastor y Guía a Cristo, otros cristianos se han alejado tanto de la doctrina del Evangelio, ya puede ponerse en duda que pertenezcan al "rebaño".
Lo importante no es la unificación de ritos y obediencias, sino la unidad en el seguimiento de Cristo. Así lo expresa el Papa Francisco en su Evangelii Gaudium:
Las diferencias entre las personas y comunidades a veces son incómodas, pero el Espíritu Santo, que suscita esa diversidad, puede sacar de todo algo bueno y convertirlo en un dinamismo evangelizador que actúa por atracción. La diversidad tiene que ser siempre reconciliada con la ayuda del Espíritu Santo; sólo Él puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad. En cambio, cuando somos nosotros los que pretendemos la diversidad y nos encerramos en nuestros particularismos, en nuestros exclusivismos, provocamos la división y, por otra parte, cuando somos nosotros quienes queremos construir la unidad con nuestros planes humanos, terminamos por imponer la uniformidad, la homologación. Esto no ayuda a la misión de la Iglesia.
Este párrafo, que se refiere a la propia Iglesia Católica, también podría aplicarse a la unión de los cristianos: debe ser el Espíritu el que indique el camino: ni tratar de imponer los particularismos de cada uno, ni exigir que desaparezca toda diferencia.
Por ejemplo, ente los Católicos y los Ortodoxos, no hay más distancia que la que reflejan los distintos ritos y la obediencia a la cabeza.
¡qué fácil sería la unión si nos centrásemos en la obediencia a la Cabeza que ya es común a ambos: Cristo!


jueves, 9 de enero de 2014

Evangelii Gaudium: ¿qué anunciamos?

Este es el objeto de la auténtica evangelización:
...la evangelización, como predicación alegre, paciente y progresiva de la muerte y resurrección salvífica de Jesucristo, debe ser vuestra prioridad absoluta...
Y si nuestro mensaje es el amor de Cristo por todos, las personas que se acerquen a la Iglesia tienen que notar la coherencia entre nuestra vida y nuestro mensaje:
La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio.
Y nunca confundamos nuestras costumbres, nuestra cultura cristiana (que es lo accesorio) con el mensaje fundamental:
...en la evangelización de nuevas culturas o de culturas que no han acogido la predicación cristiana, no es indispensable imponer una determinada forma cultural, por más bella y antigua que sea, junto con la propuesta del Evangelio. El mensaje que anunciamos siempre tiene algún ropaje cultural, pero a veces en la Iglesia caemos en la vanidosa sacralización de la propia cultura, con lo cual podemos...
Una vez más, el Papa Francisco en esta Exhortación nos ha recordado cosas que parecen obvias, pero que frecuentemente se olvidan.

viernes, 3 de enero de 2014

Evangelii Gaudium: actitudes a evitar

El Papa Francisco identifica dos actitudes a evitar en la evangelización, porque en vez de facilitar la cercanía a los demás y la transmisión del mensaje evangélico, alejan a los que las mantienen por el camino diametralmente opuesto:

Una es la fascinación del gnosticismo, una fe encerrada en el subjetivismo, donde sólo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos. 
En definitiva, el cristiano no tiene que transmitir una mera filosofía de vida o una aséptica doctrina social: el cristiano debe transmitir su propio testimonio de amor a Dios y, por esto, de amor a los demás.

La otra es el neopelagianismo autorreferencial y prometeico de quienes en el fondo sólo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado. Es una supuesta seguridad doctrinal o disciplinaria que da lugar a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar. 
Si nos presentamos ante los demás como seres perfectos, una especie de super-héroes-, además de ser bastante hipócritas, no podremos animar a nadie a seguir el camino evangélico, ya que los demás son muy conscientes de sus propias limitaciones. Quizá por esto, el propio Evangelio no oculta los errores, debilidades y traiciones de quienes después tendrían el encargo de transmitir la buena nueva a los demás. Con nuestro testimonio de vida, con más sombras que luces, pero con empeño y confianza en la ayuda del Señor, sí podremos ayudar a los demás.

En los dos casos, ni Jesucristo ni los demás interesan verdaderamente. Son manifestaciones de un inmanentismo antropocéntrico. No es posible imaginar que de estas formas desvirtuadas de cristianismo pueda brotar un auténtico dinamismo evangelizador.
Y es que a veces confundimos el transmitir a los demás el mensaje recibido con el imponerles nuestras propias convicciones; y esto no es apostolado, sino soberbia.

miércoles, 1 de enero de 2014

Evangelii Gaudium: con optimismo.

Llama la atención el optimismo del Papa, que, sin negar la crudeza de nuestro tiempo, nos anima a confiar con paciencia tanto en la acción de Dios -que es el principal interesado en la evangelización- como en la bondad de fondo de las gentes:
Nuestra fe es desafiada a vislumbrar el vino en que puede convertirse el agua y a descubrir el trigo que crece en medio de la cizaña...
en contraposición con
...la conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre. El mal espíritu de la derrota es hermano de la tentación de separar antes de tiempo el trigo de la cizaña, producto de una desconfianza ansiosa y egocéntrica.
Y por esto identifica las peores tentaciones que puede sufrir un evangelizador: el individualismo, el complejo de inferioridad, refugiarse en seguridades económicas o de poder, búsqueda del propio tiempo libre, falta de espiritualidad que impregne la acción, proponerse tareas irrealizables, tener prisa por cosechar los frutos, diseñar proyectos imaginados por la vanidad, cuidar más las organizaciones que las personas, no tolerar las contradicciones y las cruces del camino:
...así la fe se desgasta y lleva a una tristeza dulzona, sin esperanza...