domingo, 1 de febrero de 2026

El Evangelio de san Juan (y 3)

Quiero terminar con esta entrada el comentario del comienzo del Evangelio de San Juan.

14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. 15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo. 16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. 17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. 18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

Para poder iluminarnos mejor, la Palabra de Dios se hizo carne como nosotros, compartió todas nuestras circunstancias, debilidades y sentimientos. La ley, la normativa, nos fue revelada en el Antiguo Testa-mento, pero la realidad divina y, sobre todo, el misterio del hombre, nos fue revelado por Jesucristo, el único hombre que, por ser también Dios, podía hacerlo. El Evangelio, por tanto, no solo es una guía espiritual sobre cómo debemos los hombres tratar con nuestro Creador, es también una guía sobre la propia naturaleza humana, que nos enseña a ser hombres de verdad durante nuestra etapa temporal. Esta etapa no puede ser despreciada; al contrario, debe de ser muy importante para nuestra existencia, cuando Dios quiso que, antes de permanecer para siempre con Él, tuviésemos esta vida terrena. La clave, evidentemente, está en el amor, que solo puede desarrollarse desde la libertad. Fue su último mandamiento: amaos unos a otros como yo os he amado, en esto conocerán que sois mis discípulos [Jn 13,34]