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martes, 23 de agosto de 2011

Mi experiencia de la JMJ

Mi experiencia personal de la JMJ no se ha producido en ninguno de los actos a los que he asistido, ni siquiera por las acertadísimas palabras que le he escuchado a Benedicto XVI. Mi experiencia se ha producido con los cuatro peregrinos que he tenido en mi casa durante esta semana. Han sido cuatro chicos estudiantes universitarios que venían de EEUU (Missouri y Pennsylvania), Gales e Irlanda del Norte. Por supuesto, hasta el día en que llegaron a mi casa no tenía ni la menor idea de su existencia: solo sabía que venían a participar en este encuentro juvenil y que compartíamos una misma fe.
Pero he podido comprobar cómo el deseo de Cristo, expresado en su oración sacerdotal durante la última cena, se ha hecho realidad: que todos seamos uno, como Tú Padre en mí y yo en ti (Jn 17, 21). Como ya he dicho en anteriores entradas, lo que une a la humanidad es la realidad de ser hijos de un mismo Padre; aunque, como ocurre con todos los hermanos, muchas veces nos enfadamos entre nosotros. Pero sin este Padre, no sería posible esa unidad: el ateísmo y el agnosticismo no nos traen la tranquilidad, sino que nos quitan la fraternidad. Esos cuatro chicos han sido como mis propios hijos en mi casa, mientras mis hijos trabajaban de voluntarios fuera de ella...
Imagino que la misma sensación de fraternidad universal habrán sentido el resto de las familias que han acogido peregrinos; y los peregrinos entre sí, durante los muchos actos a los que han asistido.
Pero también se pone de manifiesto claramente la labor del maligno: ¿Cómo se puede criticar un encuentro así? ¿Cómo se puede rechazar una fe que produce tanto bien? Es que el maligno redobla sus esfuerzos, pues pensaba que después de los horrores del siglo XX y de la orgullosa postura racionalista de la humanidad, ya había expulsado a Dios de los corazones de los hombres. Pero ha podido comprobar que, en cuanto se nos da una oportunidad, reconocemos a Dios en nuestro corazón y en el del prójimo. Una vez más, el maligno ve cómo el éxito se le escapa de las manos: y es que su poder no prevalecerá contra la Iglesia de Cristo.
Esto, que lo conocemos por la fe, es bueno comprobarlo de vez en cuando en nuestra vida: en cada JMJ tenemos una oportunidad para ello.

lunes, 22 de agosto de 2011

¿Droga o religión?

Dicen que la religión es el opio del pueblo; pero los jóvenes que han estado con el Papa Benedicto en Madrid no han tenido los problemas que otros jóvenes que prefirieron otras formas de diversión aparentemente más intensas. Esto es lo que les pasó, según el periódico el Mundo.
Y es que ya lo dice el Papa: Cristo no quita nada y lo da todo..., no se puede decir lo mismo de compañías.

La Jornada Mundial de la Juventud en Madrid

Ha pasado la JMJ 2011en Madrid y ha sido como un huracán. Pero no de esos huracanes que lo arrasan todo, sino un huracán que nos ha levantado hasta muy arriba y luego nos ha dejado suavemente en el suelo.
Cada uno deberá meditar sobre su experiencia y los efectos de este huracán de juventud.
Yo trataré de transmitir en diversas entradas cuál ha sido mi experiencia; pero antes de comenzar me gustaría manifestar una queja: es la Jornada de la Juventud "Católica". Me gustaría que este apelativo figurase muy claro en la denominación de estos encuentros, porque el denominador común de todos estos jóvenes es precisamente que son católicos. Y es importante tenerlo en cuenta a la hora de comparar la actuación de estos dos millones de jóvenes con el comportamiento que otros jóvenes tienen en otro tipo de reuniones. ¿Es posible juntar a dos millones de jóvenes por cualquier otro motivo sin que la ciudad quede arrasada? Pues esa es la diferencia: éstos son jóvenes católicos.
¿Qué diferencia a un joven católico de otro que no lo es? Pues aparentemente nada: tendrán las mismas aficiones, ambiciones, errores y aciertos. Pero el jóven auténticamente católico buscará siempre el bien, aunque no lo logre; y el joven sin ideal cristiano, o no sabrá o no querrá buscarlo. La diferencia radica en que una persona se haya encontrado con Cristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida, o no se haya encontrado y ande tan despistado que -aunque pretendiese ser un buen hombre- no sabrá cómo hacer el bien.
¿Cómo encontrarnos con Cristo? Esta es una cuestión que trataremos en otra entrada posterior.