viernes, 10 de julio de 2026

Los pilares de nuestro cristianismo

Los primeros pilares de nuestro cristianismo son la fe y la esperanza.

La fe en Dios Padre, creador y auténtico padre; en el Hijo, Jesucristo, que entregó su vida por nosotros y, a través del Evangelio, nos muestra el camino de la felicidad; y en el Espíritu Santo (el Amor Eterno), que con su gracia nos permite mantener esa fe.

La esperanza en que las promesas se cumplirán, que podremos gozar de la vida eterna junto a Dios; pero también la esperanza en que seremos capaces de mantener la fe, de llegar al final del camino, fundamentalmente con la ayuda del Espíritu.

Si esa fe y esa esperanza, creo que ni siquiera empezaríamos el camino; y esto es lo que debemos transmitir a los demás para divulgar el Evangelio. Pero ni la fe ni la esperanza podrán dar sus frutos si no se apoyan en el tercer pilar: la caridad. Sin sentir y corresponder al amor de Dios, sin enamorarnos de Jesucristo, sin el amor que nos infunde el Espíritu, sería imposible seguir el camino. ¿Cómo vivir las Bienaventuranzas si no nos impulsa el amor? ¿Rezar por los enemigos o poner la otra mejilla?: ¡imposible!, si no lo hacemos por Cristo, que nos enamora. Ya lo dice san Pablo: “En una palabra, quedan estas tres: la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor” (1 Co 13,13). O san Juan de la Cruz: "Al atardecer de la vida nos examinarán en el amor".

Es la caridad, la que nos permitirá no solo vivir nuestra fe con esperanza, sino también transmitirla: "Amaos unos a otros en esto conocerán que sois mis discípulos" (Juan 13, 35). Sin amor, no es posible evangelizar a quien no se siente amado.