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sábado, 29 de agosto de 2026

La sabiduría de Dios

San Pablo, en su primera carta a los Corintios [1, 19-21]habla de la sabiduría de los hombres y la de Dios:
Como está escrito: «Destruiré la sabiduría de los sabios, y confundiré el entendimiento de los inteligentes». ¿En qué queda el filósofo? ¿Cómo queda el experto en la Escritura? ¿Dónde está el intelectual que discute sobre asuntos de este mundo? Dios ha convertido en tontería la sabiduría de este mundo. El mundo en su propia sabiduría, no conoció a Dios. Así que, Dios en su propia sabiduría, prefirió salvar a los que creen por medio de la tontería del mensaje que anunciamos.
La humanidad, con la revolución industrial y el dominio de la técnica, consideró que su sabiduría era suficiente como para dirigir sus designios; y los asombrosos avances posteriores no han hecho sino incrementar esta apreciación. Se desechó el conocimiento por la fe y se basó todo en el conocimiento científico y la razón humana. Tal fue la confianza del hombre en estas dos fuentes de conocimiento que acabó convencido de que cualquier cosa que su razón decidiese sería correcta. Y no se paró para comprobar si dicha razón podía llevarlo al error. Lo peor no fueron esos errores, sino la soberbia que se suscitó en el hombre, al considerarse dueño de sus designios y conocedor supremo de su naturaleza. Y, con el tiempo, tras forzar su razón para que coincidiese con su deseo, acabó considerando que ambas coincidían: y, entonces, fue el deseo humano, el que dirigió sus designios.

En la actualidad, en gran parte de la civilización occidental, considerada el culmen del progreso humano, se ha rechazado la razón y justificado actitudes realmente irracionales, que no corresponden ni a lo que el conocimiento científico revela al hombre ni a lo que le indica su razón. Simplemente, la realidad es lo que cada hombre quiere que sea. No es que la única fuente del conocimiento, como regidor de la vida humana, sea el propio deseo, sino que se ha desechado la posibilidad de contrastar ese deseo con cualquier tipo de conocimiento.

En la época de los asombrosos avances científicos, el hombre, como tal, se ha vuelto irracional. Al parecer, y esto es paradójico, solo aquellos que todavía dudan de su razón y confían en su fe, siguen actuando de forma racional: «Destruiré la sabiduría de los sabios, y confundiré el entendimiento de los inteligentes» Dios ha convertido en tontería la sabiduría de este mundo... Y san Pablo ya lo anunció hace veinte siglos.

martes, 5 de mayo de 2026

La ciencia confirma la grandeza de Dios

Existe la creencia generalizada de que la Humanidad ha creído en la existencia de seres superiores [los judeocristianos creen en un Dios creador, desde 1900 años antes de Cristo] debido a su falta de conocimientos científicos. Se supone que, como esos hombres atrasados no eran capaces de explicar la existencia del Universo, pues lo achacaban a dichos seres superiores. Así que se asimiló la religión a la ignorancia o falta de información.

A finales del siglo XIX, la ciencia empezó a hacer descubrimientos fabulosos en el cosmos, el átomo, la evolución de la vida y las especies, etc. Entonces se pensó que, como la existencia del cosmos, la materia y la vida había sido aclarada, la ciencia revelaba el origen de todo esto y ya no eran necesarios los seres superiores que lo justificasen.

Pero ocurrió que los descubrimientos científicos siguieron profundizando en estas realidades y lo que descubrieron les llevó a una conclusión muy distinta. La teoría del Big Bang [la gran explosión de energía que creó el Universo] y el descubrimiento y codificación del ADN [el ácido desoxirribonucleico, la molécula que contiene la información genética que regula la formación y vida de todos los seres vivos, compuesta por seis mil millones de nucleótidos perfectamente ordenados], nos han mostrado que todo ese orden, el perfecto y minucioso desarrollo de la materia desde la energía inicial, las leyes físicas, el orden en la cadena de ADN, que no puede ser espontáneo, no pueden tener otro origen que el de una Inteligencia Superior que lo haya diseñado. Esta es la razón por la que, superada una primera etapa de la evolución científica, la mayoría de los científicos (físicos, químicos, médicos, biólogos, matemáticos) son personas creyentes en dicha Inteligencia Superior. Tras este cambio, la religión, como creencia en un Ser Superior, ya no es fruto de la ignorancia, sino deducción lógica de los descubrimientos científicos: ha pasado a ser manifestación de conocimiento.

Ya lo advirtió la Biblia: "Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento muestra la obra de sus manos" [salmo 19]; pero hemos tardado siglos en conocer a fondo estas realidades.

miércoles, 22 de abril de 2026

Las leyes de la Física y de la evolución

Dicen los neo-ateos que no existe una Inteligencia Creadora, que todo el Universo puede explicarse con las leyes de la Física y la de la evolución. En primer lugar, debemos aclarar que la Física sí tiene leyes que se cumplen y afectan a la energía y la materia; pero la evolución de las especies es una mera teoría que, por tanto, no tiene leyes, sino meras suposiciones que, además, están bastante superadas por el neo-evolucionismo, que sigue siendo una teoría no demostrada... y, quizá, no demostrable.

En todo caso, estas leyes no rebatirían la existencia de una Inteligencia Creadora, a la que los cristianos llamamos Dios, sino todo lo contrario. Que la materia tenga unas leyes intrínsecas, es decir, una capacidad auto-organizadora, como la llaman algunos científicos, pone de manifiesto que dicha materia fue creada precisamente con esa cualidad. Si la primera célula que apareció (¿por causalidad?) tenía la potencialidad de evolucionar e ir ordenando su ADN para llegar a convertirse en el animal racional que es el hombre, es precisamente porque dicho ADN había recibido esa cualidad.

La principal ley de la Física es la de la Entropía: todo tiende al desorden si alguien no lo ordena. Cuando una energía explotó en el llamado Big Bang y fue el comienzo del Universo, lo lógico hubiese sido un caótico desarrollo de dicha energía y su posterior conversión en materia también caótica. Sin embargo, desde el comienzo la energía respondió a una leyes que la dirigieron; y a la posterior materia también. Esto es lo que nos ha permitido estudiar la "historia" del Universo. Dos grandes científicos recibieron el Premio Nobel precisamente por demostrar que ese orden existía desde el comienzo y que el desarrollo posterior de la materia (formando estrellas, planetas y galaxias) no fue casual [Arno Pencias (1933-2024) y Robert Woodrow Wilson (1936), doctores en ciencias físicas, recibieron conjuntamente por su descubrimiento el Premio Nobel de Física en 1978.]

Las leyes de la Física y de la evolución demuestran la existencia de Aquel que las creó, por mucho que a los cientificistas les moleste.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Fe, razón y ciencia

No se alcanza la fe ni por razonamientos muy sesudos ni por descubrimientos científicos, porque la fe es la adhesión voluntaria a la revelación: no es un convencimiento, sino un acto de la voluntad con la ayuda de la gracia divina.

Lo que pretendo con este blog es transmitir la idea de que, aunque la fe viene de la revelación, también puede ser razonada, razonable y respaldada por la realidad científica. Esto último, entre otros motivos, porque la ciencia es el instrumento dado por Dios para que conozcamos su creación, por lo que no puede haber incompatibilidad entre la fe y el conocimiento científico, por mucho que les pese a los neo-ateos.

La fe nunca será certeza, por lo que tampoco podemos buscar que ese razonamiento lógico o las pruebas científicas nos aporten dicha certeza. Lo que el creyente debe intentar es que con su intelecto y los conocimientos científicos pueda dar el salto a la lógica y verificar que aquello que cree es "razonable" y encaja en nuestro conocimiento de la naturaleza.

Personalmente, cuanto más razono y más conozco los avances científicos, mejor compruebo que lo que he asumido por fe no sólo es lógico, sino que se presenta como la opción más probable. En la mayoría de los casos, veo que los argumentos que se oponen a dicha fe se limitan a invocar "el azar", "la casualidad", "la capacidad ordenadora de la materia" (sin que expliquen quién le ha otorgado dicha capacidad), incluso aluden a influencias "extraterrestres", sin explicar quién creó a dichos extraterrestres o les otorgó la capacidad de crear vida u ordenarla.

Mi consuelo es que la mayoría de los científicos serios (incluyendo a muchos de los Premios Nobel de Física, Química, Biología o Medicina) opinan muy parecido.

sábado, 15 de noviembre de 2025

La Creación continúa: el milagro de la vida

La vida es algo que nos rodea por todas partes y que nosotros mismos, como seres vivientes, compartimos. Quizá por esto nos parece algo normal cuando en realidad es extraordinariamente asombroso. Esto se puso de manifiesto cuando se descubrió el ADN, la cadena de ácido desoxirribonucleico que es como el libro de instrucciones que tiene toda célula de un ser vivo, ya sea animal o vegetal. Ya vimos en las entradas anteriores sobre la evolución del universo y el planeta Tierra, que deben darse unas condiciones muy específicas para que en un planeta pueda generarse la vida, incluso la más sencilla.

Repasemos la historia de la vida de forma muy resumida. Las células complejas, llamadas eucariotas, aparecen en la Tierra hace unos 2.200 millones de años; y los primeros organismos multicelulares, con células que realizan funciones distintas aparecen hace unos 1.700 millones de años. Las plantas marinas hace 1.200 millones de años. Los primeros animales invertebrados, hace 540 millones de años. Las plantas terrestres hace 450 millones de años. Los reptiles hace 350 millones de años; las aves hace 150 millones de años y los animales vertebrados hace solo 15 millones de años. Finalmente, hace unos 4,5 millones de años aparece el llamado Ardipithecus ramidus, que es el antepasado común de los monos y el homo sapiens; y 2,8 millones de años después surge el homo sapiens sapiens, al que pertenecemos todos nosotros.

Es evidente que se ha producido una evolución desde la primera célula hasta el animal racional; pero lo importante es saber cómo se produjo. Aquí es donde entra en escena el ADN, el libro de instrucciones de cada célula para que "sepan" configurar un organismo y hacerlo funcionar correctamente. Es este ADN el que ha ido cambiando para que los organismos resultantes fuesen tan diferentes y cada vez más complejos. Lo asombroso es que el ADN del hombre es una cadena compuesta por tres mil millones de pares de bases, es decir seis mil millones de elementos, perfectamente ordenados de forma que cada célula del cuerpo humano sepa qué hacer dentro del organismo. 

La teoría de Darwin sobre la evolución de las especies afirma que se fueron produciendo mutaciones accidentales y aquellos individuos de cada especia cuyas mutaciones se adaptaban mejor al entorno fueron los que sobrevivieron. Lo primero que tenemos que decir es que se trata de una teoría que nunca fue demostrada y que adolece de algunas incógnitas, como el hecho de que no se hayan encontrado rastros fósiles de esas especies intermedias. Pero el fondo de la cuestión no es ese, sino la imposible probabilidad de que seis mil millones de elementos se hayan ordenado en el ADN humano de forma accidental. La probabilidad de que ese enorme número de elementos se ordenen por casualidad es nula. Imaginemos que encontramos un libro que relata una historia coherente. ¿Qué pensamos?: que se ha escrito por casualidad o que un autor lo ha ido escribiendo. Para que nos hagamos una idea, la Biblia, el libro más largo que existe tiene 3.566.480 letras; pero el ADN humano tiene 1.682 veces más letras: ¿se ha escrito accidentalmente?

El ADN de cualquier célula (la más sencilla contiene 10 millones de pares de bases) es un programa informático que regula el funcionamiento del organismo; es un auténtico lenguaje y, evidentemente, cualquier lenguaje es una creación de una inteligencia; y, en este caso por su complejidad, una Inteligencia superior. Por esto es por lo que se ha llegado a llamar al ADN el lenguaje de Dios. El expresidente estadounidense Bill Clinton, con ocasión de la presentación del Proyecto Genoma Humano,  en el año 2000, dijo: " Hoy estamos aprendiendo el lenguaje con el que Dios creó la vida. Estamos llenándonos aún más de asombro por la complejidad, la belleza y la maravilla del más divino y sagrado regalo de Dios ".

La vida, cualquier tipo de vida, pero especialmente la vida humana racional, solo puede ser el resultado de un diseño inteligente elaborado por Alguien que quiso expresamente que existiesen seres vivos de infinidad de especies y que uno de ellos fuese racional y pudiese llegar a conocer a su creador. 

Lo veremos más detenidamente en la siguiente entrada.


domingo, 9 de noviembre de 2025

La Creación continúa: el planeta Tierra como hogar del hombre.

La evolución producida en el planeta Tierra no es menos asombrosa que la del cosmos. Veamos esta evolución de forma muy simplificada:

En los primeros momentos del universo solo existían el hidrógeno y el helio. Estos elementos se fueron acumulando para formar estrellas. Con el tiempo (millas de millones de años), algunas estrellas envejecieron y colapsaron. Esto dio lugar a la formación del resto de los elementos conocidos. Los nuevos elementos formaron discos planetarios que acabaron tomando la forma de planetas y satélites. Uno de ellos, hace 4.500 millones de años fue nuestra Tierra. 

Para que en un planeta pueda surgir la vida se deben dar una serie de circunstancias tan específicas, que resulta muy improbable que estas se hubieran producido por casualidad; y hacen muy improbable que esas circunstancias se hayan dado también en otros planetas. Se han identificado más de doscientos parámetros necesarios para que un planeta pueda albergar vida. Repasemos algunos.

La existencia de la Luna, un satélite de enorme tamaño —la cuarta parte del de la Tierra y un sexto de su masa—, le proporciona estabilidad a la inclinación del eje de rotación de la Tierra, que es lo que provoca que se sucedan las cuatro estaciones, tan trascendentales para la vida vegetal. Si esta inclinación del eje de la Tierra no fuese tan estable, las estaciones no serían iguales de un año para otro y el clima se volvería caótico, lo que impediría que la vida pudiese haberse desarrollado. 

Por otra parte, si nuestro sistema solar no estuviese en un extremo de nuestra galaxia espiral —la llamada Via Láctea— y se situase más cerca del centro, las explosiones de otras estrellas —supernovas— habrían afectado a la Tierra a lo largo de sus cuatro mil millones de años de existencia, interrumpiendo cualquier proceso de vida que se hubiera iniciado. No solo esto, sino que nos encontramos a la distancia precisa del Sol para que su energía favorezca la vida —calor y fotosíntesis— y no la calcine con sus emisiones. Además, el sistema solar nos proporciona otra protección: el tamaño del planeta Júpiter —solo seis veces inferior al del Sol—, su posición y su órbita casi circular. Esta situación hace que atrape —con su inmensa gravedad— muchos de los asteroides que de otro modo podrían impactar en la Tierra y destruir lo que ya hubiera evolucionado, como posiblemente sucedió, aunque a menor escala, cuando se produjo la extinción de los dinosaurios.

Otra condición indispensable es la existencia de una atmósfera oxigenada, lo que no ocurrió hasta hace unos 2.400 millones de años, y fue lo que propició la aparición de las primeras células complejas. En la siguiente entrada nos centraremos en la evolución de la vida, algo realmente asombroso por su enorme complejidad.


jueves, 6 de noviembre de 2025

La Creación continúa: la expansión del universo

Los descubrimientos científicos que vimos en entradas anteriores no solo ponen de manifiesto que el universo tuvo un inicio y, por tanto, un Iniciador, sino que atestiguan que este Iniciador no se limitó a provocar esa explosión inicial, el Big Bang, sino que se aseguró de que su evolución posterior estuviese de acuerdo con sus planes a largo plazo [¡y tan largo!: 13.700 millones de años].

Los astrólogos, cosmólogos y físicos, así como muchos otros científicos, han comprobado que  las leyes físicas y las constantes cosmológicas  que rigen el universo son exactamente las que tenían que ser para que, pasado dicho largo plazo, pudieran originarse la vida en uno de sus planetas. Este es un tema muy científico que requiere profundos conocimientos de física; pero, no obstante, intentaré resumirlo para que cualquier lector pueda entenderlo.

La posibilidad del origen de la vida se conoce como la cualidad antrópica del universo, refiriéndolo más en concreto a la forma de vida superior, que es la vida racional del animal humano.

Lo primero que tuvo que ocurrir fue que en el momento del Big Bang la energía estuviese tan ordenada que su posterior evolución no resultase un caos (que es lo habitual en cualquier explosión), sino que se fuese convirtiendo en átomos, elementos, astros, sistemas solares y galaxias, entre otros muchos elementos como nebulosas, gas intergaláctico, etc...  Roger Penrose, premio Nobel de Física 2020, calculó que la probabilidad de que la entropía fuese tan baja era de uno entre 10 elevado a 10 elevado a 123. Si ponemos esta magnitud en cifra convencional tendríamos que la probabilidad es de un:

0,000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000001 

Evidentemente, es una probabilidad tan baja que podemos decir que es nula. Por tanto, ese orden inicial no pudo ser casual, sino que tuvo que estar ordenado por Alguien. Otro parámetro imprescindible es la proporción que existe entre la fuerza electromagnética y la fuerza nuclear fuerte. Si esta proporción hubiera variado en un 0,000000000000000001% no se habrían formado las estrellas ni, por tanto,  planeta alguno en el que pudiese originarse la vida. La tercera condición para que el universo fuese antrópico es que la relación entre la masa de un protón y un electrón, lo que determina las características de la órbita de los electrones alrededor del núcleo del átomo, sea exactamente la necesaria para que se formen moléculas, sin las que la vida no habría sido posible.

Dicho de otra forma, que el universo haya evolucionado asó por casualidad es tan probable como que metamos petardos en diferentes botes de pintura y que, al estallar, dejen pintado Las Meninas de Velázquez.

La cualidad antrópica del universo es tan llamativamente extraordinaria que el famoso físico ateo El físico ateo Stephen Hawking reconoció en su libro A Brief History of Time , publicado en 1988, que “ las leyes de la ciencia, tal y como las conocemos en el momento presente, contienen muchos números fundamentales, como el tamaño de la carga del electrón o la relación de las masas del protón y el electrón, …, y el hecho extraordinario es que los valores de esos números parecen haber sido ajustados con precisión para hacer posible el desarrollo de la vida ”.

Al parecer, se puede seguir negando la existencia de Alguien que ha diseñado este universo a pesar de no entender cómo esto pudo ocurrir por casualidad.



 

lunes, 3 de noviembre de 2025

Científicos e intelectuales convertidos.

 A raíz de los descubrimientos científicos sobre el origen del universo y el ADN humano, algunos científicos que eran ateos no han tenido más remedio que abandonar esa fe negativa y proclamar la necesidad de un Ser creador y organizador de lo que existe. Estos son los más notables y algunas de sus frases:

Paul Dirac (1902-1984), Premio Nobel de Física 1933, fue un físico teórico británico que contribuyó de forma fundamental al desarrollo de la mecánica cuántica y la electrodinámica cuántica; ateo convertido al deísmo: “Si no es razonable suponer que la vida habría comenzado por simple ciego azar, entonces debe de existir un Dios y ese Dios estaría demostrando su influencia en los saltos cuánticos que se producen después”; “se debe asumir que Dios existe”.

Fred Hoyle (1915-2001), cosmólogo, rechaza la teoría del Big Bang, ateo convertido al teísmo: “Una interpretación de sentido común de los hechos sugiere que una superinteligencia ha trapicheado con la física, así como con la química y la biología, y que no hay fuerzas ciegas en la naturaleza de las que merezca la pena hablar”.

Antony Flew (1923-2010), fue el filósofo ateo más influyente del mundo, en 2004 se proclamó creyente en un Dios creador: “Los argumentos más impresionantes a favor de la existencia de Dios son los que se apoyan en recientes descubrimientos científicos.… el origen de las leyes de la naturaleza. La única explicación aquí es la mente divina… No, no oí ninguna Voz. Fue la evidencia la que me llevó a esta conclusión”.

Robert Jastrow (1925-2008), trabajó en el campo de la astronomía, geología y cosmología. científico de la NASA, convertido al teísmo por el Big Bang: "La Ley Hubble es uno de los grandes descubrimientos de la ciencia y es uno de los mayores apoyos de la historia científica del Génesis. Que hay lo que yo o cualquier otro llamaría fuerzas sobrenaturales trabajando es ahora un hecho científico comprobado”.

Anton Zeilinger (1945) Premio Nobel de Física 2022, converso: “Algunas de las cosas que descubrimos en la ciencia son tan impresionantes que he decidido creer en Dios”.

Sarah Salviander, doctorada en Astrofísica en 2008, atea convertida al cristianismo: “No sabía nada del cristianismo, pero me parecía hecho para los débiles y los necios”. “Llegué a la fe cristiana a través de mi trabajo científico, y es mi pasión ayudar a otros cristianos a reconciliar sus creencias con la ciencia moderna”. 

Francis Sellés Collins  (1950). Genetista estadounidense. Convertido al protestantismo. Ha dirigido el Proyecto Genoma Humano, con el que se descubrió la secuencia del genoma humano. Defensor de la creación evolucionista: “Para mi consternación encontré que el ateísmo resultó ser la menos racional de todas las posibles elecciones”. Apoya la "evolución teística o la creación evolucionista" (sic). El ADN" como si fuera un programa de software que está en el núcleo de la célula".

Frank Tipler (1947), escritor y profesor de física matemática estadounidense, considerado por algunos como pseudocientífico, ateo convertido al cristianismo: “… las afirmaciones centrales de la teología judeocristiana son de hecho ciertos, que esas afirmaciones son deducciones directas de las leyes de la naturaleza tal y como la entendemos ahora”.

Hugh Norman Ross (1945), doctor en Astrofísica, ateo convertido al cristianismo: “Mis estudios sobre el Big Bang me convencieron de que el universo había tenido un principio y, por tanto, un principiador”.

Robert Kurland (1931) Doctor en Física y licenciado en Química, converso al catolicismo a los 65 años: “Nada de lo que conocemos sobre el mundo según teorías científicas empíricamente verificadas está en conflicto con la doctrina católica”.

Allan Rex Sandage (1926-2010), Astrofísico norteamericano. Premio Crafoord. Ateo convertido al cristianismo en 1983: “Dentro del terreno de la ciencia no se puede decir ningún detalle más sobre la creación de lo que se dice en el primer libro del Génesis”.

Wernher von Braun (1912-1977), ingeniero aeroespacial, artífice de la conquista de la Luna, De teísta a cristiano luterano y evangélico: “Me es difícil entender al científico que no reconoce la presencia de una racionalidad superior detrás de la existencia del universo como me sería difícil de entender al teólogo que negara los avances de la ciencia". En su tumba aparece el salmo 19.


jueves, 30 de octubre de 2025

El comienzo del universo: el Big Bang.

Una de las cuestiones clave en la discusión sobre la existencia de Dios es la realidad del universo. Los creyentes afirman que el universo existe porque fue creado por Dios. Durante muchos años, desde finales del siglo XIX, los ateos afirmaban que el universo era un sistema estable que no había tenido un comienzo ni tendría un fin y, por tanto, no pudo haber sido creado por nadie. Contra esta afirmación, los creyentes solo podían contraponer su fe en la revelación, pero ningún razonamiento lógico. Es cierto que sí alegaban la circunstancia de que el universo sea algo muy ordenado y, en consecuencia, Alguien tenía que haberlo ordenado.

Pero en 1927, George Lemaitre, un sacerdote católico que también era un prestigioso astrónomo belga, pretendió haber resuelto las ecuaciones relativistas de Einstein afirmando que el universo se encontraba en expansión y, por tanto, había tenido un inicio. Además, difundió la teoría de que toda la materia había estado condensada en un momento inicial en el llamado "átomo primordial", de elevadísima densidad; y que el tiempo y el espacio habrían aparecido en ese mismo instante. Esta teoría fue atacada de forma virulenta por aquellos ateos que dedujeron, acertadamente, que un comienzo sería prueba manifiesta de que Alguien provocó ese comienzo de la nada. Un astrofísico materialista y ateo, Fred Hoyle, quiso burlarse de esta teoría designando a ese "átomo primordial" como el "Big Bang" (gran explosión, en inglés) y así fue como desde entonces se conoce al comienzo del universo.

Lo que no podía esperarse los científicos ateos era que esta teoría se vería confirmada por diversas vías años después, siendo en la actualidad generalmente aceptada por los científicos. El físico George Gamow la reformuló en 1952; y en 1964 los premios Nobel Arno Pencias y Robert Wilson descubrieron la radiación cósmica de fondo que constituye el eco del Big Bang. Entre 1989 y 1993 la NASA cartografió la radiación cósmica, demostrando así que coincidía con las predicciones del Big Bang (por este descubrimiento George Smoot y John Mather recibieron el premio Nobel de Física en 2006). Finalmente, dos físicos ateos, Stephen Hawink y Roger Penrouse, demostraron con sus teoremas de singularidad que ese momento inicial era necesario; y también se predijo que tendrá un final, denominado el "Big Crunch".

Debido a estos descubrimientos, el inicio del universo es una certeza científica; y esto exige que Alguien lo haya iniciado y demuestra que antes de ese momento no existía nada, salvo ese Alguien, ni tiempo ni espacio. Una buena noticia para los que somos creyentes, que provocó la conversión de algunos científicos que eran ateos, empezando por el propio Fred Hoyle.

domingo, 26 de octubre de 2025

Otros científicos e intelectuales cristianos

Relacionamos ahora a los principales científicos e intelectuales cristianos que han influido decisivamente en los avances de la humanidad, ordenados por su fecha de nacimiento:

Nicolás Copérnico (1473-1543), matemático y astrónomo que formuló la teoría heliocéntrica del sistema solar. Sacerdote católico.

Galileo Galilei (1564-1642), astrónomo, ingeniero, matemático y físico italiano, considerado como el «padre de la astronomía moderna». Católico.

Johannes Kepler (1571-1630), astrónomo y matemático alemán, conocido fundamentalmente por sus leyes sobre el movimiento de los planetas en su órbita alrededor del Sol. Luterano.

René Descartes (1596-1650) fue un filósofo, matemático y físico francés considerado el padre de la geometría analítica y la filosofía moderna, así como uno de los protagonistas con luz propia en el umbral de la revolución científica. Devoto católico.

Isaac Newton (1643-1727) fue un físico, teólogo, inventor, alquimista y matemático inglés. Anglicano

Leonhard Paul Euler (1707- 1783), fue un matemático y físico suizo, el principal matemático del siglo XVIII. Cristiano protestante.

Carl Friedrich Gauss (1777-1855), matemático, astrónomo, geodesta y físico alemán, considerado ya en vida como príncipe de los matemáticos. Cristiano protestante evangélico.

Charles Darwin (1809-1882), naturalista inglés, reconocido por ser el primero de los que plantearon la idea de la evolución biológica a través de la selección natural. Cristiano anglicano.

Gregor Mendel (1822-1844). Es considerado el padre de la Genética. En 1865 formuló las Leyes de Mendel sobre la transmisión de la herencia genética. Sacerdote católico agustino.

Louis Pasteur (1822–1895). Químico y bacteriólogo francés. Fue el pionero de la microbiología moderna y desarrolló la vacuna contra la rabia. Católico.

William Thomson (1824-1907). Físico y matemático británico. Es uno de los modernizadores de la física. Desarrolló la escala de temperatura Kelvin. Protestante.

Bernhard Riemann, (1826-1866), matemático alemán considerado por muchos como uno de los más grandes matemáticos de todos los tiempos. Cristiano luterano devoto.

James Clerk Maxwell (1831-1879). Matemático británico. Protestante. Desarrolló la teoría electromagnética clásica y formuló las ecuaciones que llevan su nombre.

Jean Baptiste Carnoy (1836-1899). Botánico, naturalista y micólogo belga. Sacerdote católico. Fue el fundador de la citología.

George Mary Searle (1839-1918). Astrónomo estadounidense. Sacerdote católico. Descubrió seis galaxias y el asteroide Pandora.

Georg Cantor (1845-1918). Matemático ruso co-inventor de la teoría de conjuntos. Protestante

John Ambrose Fleming (1848-1945). Físico e ingeniero británico. Fue uno de los precursores de la electrónica. Protestante.

Giuseppe Mercalli (1850-1914). Sismólogo y vulcanólogo italiano. Creó la escala sismológica que lleva su nombre para evaluar la intensidad de los terremotos. Católico.

Nikola Tesla (1856-1943). Ingeniero y físico serbio nacionalizado estadounidense. Fue el inventor del uso actual de la energía eléctrica por corriente alterna. Cristiano ortodoxo.

Heinrich Rudolf Hertz (1857-1894). Físico alemán. Descubrió el efecto fotoeléctrico, la propagación de las ondas electromagnéticas y las formas para producirlas y detectarlas. Protestante.

James Cullen (1867-1933). Matemático irlandés. Definió los números naturales de Cullen. Católico y religioso de la Compañía de Jesús.

Maria Montessori (1870-1952). Médica, psiquiatra, bióloga y psicóloga italiana. Fue la primera mujer italiana que se doctoró en Medicina. Católica.

Charles Stine (1882-1954). Químico estadounidense. Fundó el laboratorio en el que se inventó el nylon. Cristiano creyente.

Gregorio Marañón (1887-1960). Médico y científico español. Fue el fundador de la endocrinología en España. Católico.

Arthur Compton (1892-1962). Físico estadounidense. Descubrió el efecto Compton de los fotones de rayos X. Presbiteriano. Afirmó: “A medida que aprendemos sobre nuestro mundo, la probabilidad de que este sea el resultado de un proceso aleatorio deviene cada vez más remota, de tal manera que son raros los científicos actuales que defiendan una actitud atea”.

Georges Lemaître (1894-1966). Físico y astrónomo belga. Propuso la teoría de la expansión del universo y la teoría del Big Bang sobre el origen del universo. Sacerdote católico.

Theodosius Dobzhansky (1900-1975). Genetista ucraniano. Es uno de los fundadores de la segunda oleada de la síntesis evolutiva moderna. Cristiano ortodoxo.

John Carew Eccles (1903-1997). Neurofisiólogo australiano. Estudió la transmisión de señales entre los nervios y los músculos. Católico.

Karl Stern (1906-1975). Neurólogo y psiquiatra canadiense. Realizó investigaciones sobre neuropatología y psicoanálisis. Católico.

Kurt Friedrich Godel (1906-1978), fue un lógico, matemático y filósofo austríaco, considerado uno de los lógicos más importantes de todos los tiempos. Cristiano, afirmó: “El materialismo es falso. … si el mundo está organizado de forma racional y tiene una significación, entonces debe de haber otra vida”.

Takashi Nagai (1908-1951). Médico japonés. Uno de los pioneros en el estudio de la radiología en Japón. Sobrevivió a la bomba atómica de Nagasaki. Católico.

Charles Coulson (1910-1974). Matemático y químico británico. Fue un pionero de la aplicación de la teoría cuántica de valencia a problemas de estructura molecular, dinámica y reactividad. Metodista.

Wernher von Braun (1912-1977), ingeniero aeroespacial, artífice de la conquista de la Luna. Luterano y evangélico.

Mary Kenneth Keller (1914-1985). Informática estadounidense. Fue la primera persona que se doctoró en Informática y la primera mujer en obtener un doctorado en Computación. Religiosa católica.

Freeman John Dyson (1923-2020), físico teórico y matemático británico-estadounidense. Son relevantes sus contribuciones en electrodinámica cuántica, física del estado sólido, astronomía e ingeniería nuclear. Nominado al Premio Nobel. Cristiano.

Arthur Peacocke (1924-2006). Bioquímico británico. Fue pionero en investigar los principios de la química física del ADN. Sacerdote anglicano.

Jérôme Lejeune (1926-1994). Médico francés. Es considerado el padre de la genética moderna. Católico, está en proceso de beatificación.

Allan Rex Sandage (1926-2010), Astrofísico norteamericano. Premio Crafoord. Ateo convertido al cristianismo en 1983.

Antonino Zichichi (1929). Físico italiano.. Uno de los pioneros de la física nuclear. Católico.

Buzz Aldrin (1930). Ingeniero, Doctor en Ciencias y astronauta estadounidense que pisó la Luna en 1969. Presbiteriano.

Robert Kurland (1931) Doctor en Física y licenciado en Química, converso al catolicismo a los 65 años; afirmó: “Nada de lo que conocemos sobre el mundo según teorías científicas empíricamente verificadas está en conflicto con la doctrina católica”.

Michał Heller (1934). Físico polaco. Ha trabajado en la unificación de la relatividad general y de la mecánica cuántica, las teorías de multiversos y los métodos geométricos en física relativista. Sacerdote católico.

Salvador Cervera (1935-2012). Médico psiquiatra español. Fue uno de los grandes impulsores de la psiquiatría científica basada en los fundamentos biológicos de la enfermedad mental. Católico.

Piedad de la Cierva (1935-2012). Científica española. Fue pionera en los estudios de la radiación artificial en España. Católica.

Donald Knuth (1938). Científico estadounidense. Es uno de los mayores expertos en ciencias de la computación. Protestante.

Hugh Norman Ross (1945), doctor en Astrofísica, ateo convertido al cristianismo; afirmó: “Mis estudios sobre el Big Bang me convencieron de que el universo había tenido un principio y, por tanto, un principiador”.

Francis Selles Collins (1950). Genetista estadounidense. Ha dirigido el Proyecto Genoma Humano, con el que se descubrió la secuencia del genoma humano. Convertido al protestantismo. 


jueves, 23 de octubre de 2025

Ciencia, razón y fe vs ateísmo

No se sabe bien por qué, pero desde finales del siglo XIX se considera que la ciencia y la razón en general son lo opuesto a la fe religiosa. Nada más lejos de la realidad. De hecho, durante siglos la ciencia y la lógica fueron desarrolladas por personas creyentes, fundamentalmente por los cristianos que fundaron las Universidades cuando el saber era patrimonio de muy pocos. Los grandes científicos y pensadores que cambiaron el mundo fueron en su práctica totalidad cristianos creyentes y religiosos. En la entrada anterior figura una relación de los premios Nobel que fueron cristianos; y en una entrada posterior incluiré una relación de científicos eminentes que también lo fueron.

Realmente, con los últimos descubrimientos científicos a la vista, la ciencia y la razón con lo que están enfrentadas es con el ateísmo que sigue afirmando (sin poder aportar prueba alguna, por lo que constituye también una fe, aunque negativa) que todo el Universo se creó por casualidad o que la materia se crea a sí misma y se ordena con la perfección que conocemos por simple azar.

Estos descubrimientos son fundamentalmente:

El Big Bang (la gran explosión) que inició el Universo y que pone de manifiesto inequívocamente que tuvo un principio, por lo que Alguien provocó ese principio.

El conocimiento de las constantes cosmológicas, que están tan exactamente afinadas para propiciar la aparición de la vida, que no pueden haberse producido por casualidad. El físico ateo Stephen Hawking reconoció en su libro A Brief History of Time, publicado en 1988, que “las leyes de la ciencia, tal y como las conocemos en el momento presente, contienen muchos números fundamentales, como el tamaño de la carga del electrón o la relación de las masas del protón y el electrón, …, y el hecho extraordinario es que los valores de esos números parecen haber sido ajustados con precisión para hacer posible el desarrollo de la vida”.

La radiación cósmica de fondo, que pone de manifiesto el eco del Big Bang, por lo que lo ratifica sin duda alguna; y, además, dicha radiación muestra que la "explosión inicial" no fue arbitraria, sino que ya tenía impresas las irregularidades que acabarían creando el Universo que conocemos (Arno Pencias y Robert Woodrow Wilson recibieron el Premio Nobel de Fisica en 1978 por este descubrimiento).

El ADN o el genoma humano, compuesto por seis mil millones de bases perfectamente ordenadas que no han podido ordenarse por accidente, sino que muestran que una Inteligencia las ha ordenado. El expresidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, en la presentación de los resultados del Proyecto Genoma Humano, en el año 2000, dijo: “Hoy estamos aprendiendo el lenguaje con el que Dios creó la vida. Estamos llenándonos aún mas de asombro por la complejidad, la belleza y la maravilla del más divino y sagrado regalo de Dios".

Frente a estos descubrimientos, los creyentes en la no-existencia de un Creador y los científicos materialistas no pueden oponer ninguna razón lógica. Esto es lo que e llevó a Antony Flew (1923-2010), que fue el filósofo ateo más influyente del mundo y que en 2004 se proclamó creyente en un Dios creador, a afirmar: “Los argumentos más impresionantes a favor de la existencia de Dios son los que se apoyan en recientes descubrimientos científicos. … el origen de las leyes de la naturaleza. La única explicación aquí es la mente divina… No, no oí ninguna Voz. Fue la evidencia la que me llevó a esta conclusión”. Y muchos eminentes científicos también tuvieron que convertirse al enfrentarse a estos descubrimientos.

Ya lo iremos viendo.


viernes, 17 de octubre de 2025

Científicos cristianos


Se ha tachado al cristianismo de doctrinario, ajeno a la razón y enemigo de la ciencia. Nada más lejos de la realidad. De entrada, las Universidades las fundaron los cristianos; y durante la Edad Media fueron ellos los que mantuvieron el conocimiento antiguo a través de los monasterios. Grandes descubridores fueron cristianos, los mencionaré en futuras entradas. El cristianismo nada ha tenido que temer de la ciencia, ya que si Dios creó el mundo, sus leyes y secretos no pueden contradecirlo.

Como prueba, ofrezco una lista de Premios Nobel de Física, Química o Medicina que fueron o son cristianos:

Henri Becquerel (1852-1908). Físico francés. Católico. Premio Nobel de Física en 1903 junto al matrimonio Curie en reconocimiento de sus extraordinarios servicios por el descubrimiento de la radiactividad espontánea.

John William Strutt (1842-1919). Físico británico. Cristiano creyente. Premio Nobel de Física en 1904 por sus investigaciones sobre la densidad de un buen número de gases, así como por el descubrimiento del argón.

Joseph John Thomson (1856-1940). Científico británico. Anglicano. Premio Nobel de Física en 1906 por su investigación sobre la conducción de la electricidad a través de los gases.

Santiago Ramón y Cajal (1852-1934). Médico español. Católico. Premio Nobel de Medicina en 1906 por sus estudios sobre el sistema nervioso.

Guillermo Marconi (1874-1937). Ingeniero eléctrico italiano. Católico. Premio Nobel de Física 1909. Fue uno de los grandes impulsores de la radiotransmisión a larga distancia: “Cuanto más trabajo con los poderes de la naturaleza más siento la benevolencia de Dios hacia el hombre y estoy más cerca de la gran verdad de que todo depende del Creador y Sostenedor Eterno”.

Alexis Carrel (1873-1944). Médico francés. Católico. Premio Nobel de Medicina en 1912 en reconocimiento a su trabajo acerca de sutura vascular y trasplante de vasos sanguíneos y de órganos.

Max Planck (1858-1947). Físico y matemático alemán. Protestante. Premio Nobel de Física en 1918 por la creación de la mecánica cuántica: “Dios existió antes de que hubiera seres humanos en la Tierra… Cree. La fe es una característica de la que no puede carecer un científico. La ciencia impone la idea de Dios”.

Niels Bohr (1885-1965). Físico danés. Protestante. Premio Nobel de Física en 1922 por sus trabajos sobre la estructura atómica y la radiación.

Robert Andrews Millikan (1868-1953). Físico estadounidense. Congregacionista. Premio Nobel de Física en 1923 por sus investigaciones sobre el efecto fotoeléctrico y la carga del electrón: “Para mí es impensable que un ateo real pueda ser un científico… Nunca he conocido ningún hombre inteligente que no creyera en Dios”.

Louis de Broglie (1892-1987), cristiano Premio Nobel de Física 1929: “toda materia tiene propiedades de onda [la dualidad de la naturaleza de la luz sugiere la de la Trinidad]

Karl Landsteiner (1868-1943). Patólogo y biólogo austriaco. Católico. Premio Nobel de Medicina en 1930 por descubrir y tipificar los grupos sanguíneos.

Werner Heisenberg (1901-1976). Físico alemán. Protestante. Premio Nobel de Física en 1932 por el descubrimiento de las formas alotrópicas del hidrógeno: “Donde no quedan ideales rectores que apunten al camino, la escala de valores desaparece y con ella el significado de nuestras acciones y sufrimientos y al final solo se extiende negación y desesperación… La religión es por eso la base de la ética y la ética la presuposición de la vida”.

Erwin Schrödinger (1887-1961). Físico austriaco. Católico. Premio Nobel de Física en 1933 por desarrollar su ecuación sobre mecánica cuántica.

Victor Francis Hess (1883–1964). Físico austriaco. Católico. Premio Nobel de Física en 1936 por sus estudios sobre los rayos cósmicos.

George Hevesy (1885-1966). Físico y químico húngaro nacionalizado sueco. Católico. Premio Nobel de Química en 1943 por sus investigaciones sobre los isótopos usados como trazadores en el estudio de las propiedades químicas de las sustancias.

Alexander Fleming (1881-1955). Científico británico. Católico. Premio Nobel de Medicina en 1945 por descubrir la penicilina.

Wolfgang Pauli (1900-1958). Físico teórico austríaco nacionalizado estadounidense. Premio Nobel de Física en 1946 por su descubrimiento del Principio de exclusión. Se cuenta entre los padres fundadores de la mecánica cuántica. Católico nominal, deísta y místico: «Debemos postular un orden cósmico de la naturaleza más allá de nuestro control, al que están sujetos tanto los objetos materiales externos como las imágenes internas».

Gerty Cori (1896-1957). Bioquímica estadounidense. Católica. Premio Nobel de Medicina en 1947 por descubrir el mecanismo por el que el glucógeno se convierte en ácido láctico en el tejido muscular. Fue la primera mujer que recibió este premio.

Max Born (1882-1970). Físico y matemático alemán. Protestante. Premio Nobel de Física en 1954 por sus trabajos en mecánica cuántica.

Charles Hard Townes (1915-2015). Físico estadounidense. Miembro de la Iglesia Unida de Cristo. Premio Nobel de Física en 1964 por su trabajo fundamental en el campo de los electrones cuánticos: “Yo creo firmemente en la existencia de Dios, basándome en la intuición, en las observaciones, en la lógica y también en los conocimientos científicos. Para mí Dios es personal y omnipresente. Una gran fuente de fuerza. Él me ha cambiado la vida”.

Albert Claude (1899-1983). Biólogo belga. Católico. Premio Nobel de Medicina en 1974 por ensanchar el conocimiento de las células.

Nevill Francis Mott (1905-1996), cristiano, Premio Nobel de Física 1977: “Creo en un Dios que puede responder a las plegarias, en quien podemos confiar y sin el Cual la vida en esta tierra no tendría sentido”.

Werner Arber (1929). Microbiólogo suizo. Protestante. Premio Nobel de Medicina en 1978 por sus investigaciones sobre las enzimas de restricción: “Cómo se han juntado esas ya muy complejas estructuras es un misterio para mí. La posibilidad de la existencia de un Creador, de Dios, representa para mí una solución satisfactoria para este problema”.

Arthur Leonard Schawlow (1921-1999). Físico estadounidense, coinventor del láser, cristiano Metodista. Premio Nobel de Física en 1981 por su contribución al desarrollo del láser espectroscópico: “Existe una necesidad de Dios en el universo y para mi propia vida”.

Carlo Rubbia (1934). Físico de partículas italiano. Cristiano creyente. Premio Nobel de Física en 1984 por descubrir las partículas W y Z en el CERN.

Joseph Edward Murray (1919-2012). Médico y cirujano plástico estadounidense. Católico. Premio Nobel de Medicina en 1990. Hizo grandes contribuciones a la mejora de los trasplantes de órganos.

Clyde Cowan (1919-1974). Físico estadounidense. Católico. Codescubridor del neutrino en 1956 junto a Frederick Reines. Premio Nobel de Física en 1995 por sus estudios sobre las partículas subatómicas.

Mario Molina (1943-2020). Ingeniero químico mexicano. Católico. Premio Nobel de Química en 1995 por ser uno de los descubridores de las causas del agujero de la capa de ozono antártica.

Eric Wieschaus (1947). Biólogo estadounidense. Católico. Premio Nobel de Medicina en 1995 por sus descubrimientos sobre el control genético del desarrollo embrionario.

Richard Smalley (1848-1945). Químico estadounidense. Protestante. Premio Nobel de Química en 1996 por el descubrimiento de los fulerenos: “Dios creó el universo hace 13,700 millones de años y Él se ha involucrado con su creación desde entonces”.

William Daniel Phillips (1948). Físico estadounidense. Metodista. Premio Nobel de Física en 1997 por sus contribuciones al campo de la refrigeración mediante láser: “Creo en Dios. De hecho, creo en un Dios personal que actúa e interactúa con la creación. Las observaciones del orden del universo físico … sugieren que un Creador inteligente es el responsable”.

Peter Grünberg (1939-2018). Físico alemán. Católico. Premio Nobel de Física en 2007 por su descubrimiento de la magnetorresistencia gigante.

John Gurdon (1933). Biólogo británico. Anglicano. Premio Nobel de Medicina en 2012 por sus descubrimientos sobre la clonación.

Brian Kobilka (1955). Fisiólogo molecular y celular estadounidense. Católico. Premio Nobel de Química en 2012 por el estudio de los receptores acoplados a proteínas G.


martes, 14 de octubre de 2025

Ciencia, razón y fe

En muchas de las entradas de este blog he criticado a los científicos por su soberbia de pretender ser los únicos que poseen el conocimiento; y debo pedir perdón.

En su mayoría los científicos son personas inteligentes, ingeniosas y, sobre todo, razonables. Lo que suele ocurrir es que en sus escritos técnicos no tratan de temas personales, como su fe o sus opiniones en otros campos. Pero resulta que he descubierto que, por ejemplo, el 95% de los Premios Nobel son personas creyentes en la existencia de un Dios creador del mundo (es decir: son teístas); y muchos de ellos religiosos practicantes. 

Junto con los anteriores coexisten los llamados cientifistas, que son los que, efectivamente, creen poseer la totalidad del conocimiento y rechazan las demás formas de conocimiento. También están los científicos ateos o materialistas que hacen proselitismo de su ateísmo, despreciando a cualquiera que profese una fe. Es a estos a los que me refería cuando he venido criticándolos; entre otros motivos, porque el ateísmo es también una fe, aunque una fe negativa: creen que no existe un Creador, aunque, evidentemente, no pueden demostrarlo.

Por último, hay científicos ateos que no pueden admitir la existencia de un Ser Superior, pero que no tienen inconveniente en razonarlo con los que sí creen.

Además, he descubierto que muchos Premios Nobel de Física, Medicina o Química, consideran que los descubrimientos científicos del último siglo son evidencia de que una Inteligencia superior creó y diseñó el mundo. De este modo, no es que la fe sea razonable, cosa que siempre he defendido, sino que ahora cuenta con el respaldo de la ciencia. Quizá el título del blog debiera ser: Desde mi fe, con razón y apoyado en la ciencia. 

En posteriores entradas iré explicando todo esto de forma más detallada:, empezando en la siguiente con una relacionar de los Premio Nobel que son cristianos.


sábado, 17 de febrero de 2024

La Inteligencia Artificial (2)

Continuando con la entrada anterior, lo que realmente me preocupa no es la técnica que pueda desarrollarse (evidentemente mucho mejor contando con el apoyo total de la informática), sino la actitud del hombre frente a la Inteligencia Artificial.

Desde Descartes, y pasando por Darwin, el hombre ha confiado más en su razón que en sus creencias. Lo cual no deja de ser incoherente, porque, si el hombre es la consecuencia de una evolución aleatoria y casual, ¿cómo confiar en que las conclusiones de su razón (algo aleatorio) puedan ser correctas? De hecho, desde que comenzó el siglo XXI, la conducta humana se está separando de la razón lógica y adoptando conductas realmente irracionales. La ideología de género es el mejor ejemplo de esto: la orientación sexual humana puede desvincularse de la biología, la ciencia y la lógica, dependiendo exclusivamente del deseo del momento.

En mi perfil de WatsAPP, la frase que elegí fue: "Solo puede fiarse de su razón quien sabe que ha sido creado por un Ser inteligente". Si mi lógica depende de la casualidad, ya no puedo fiarme de mí mismo. Pero el hombre ha negado la inteligencia de Dios creador y confíó solo en su propia inteligencia y su razón. Pero ahora, al parecer, va a confiar en una inteligencia (la IA) ajena a cada uno e incontrolable. ¿Hemos rechazado un Dios creador y padre para entregarnos en brazos de una inteligencia artificial? ¿Negamos que nos haya creado una inteligencia divina; pero estamos dispuestos a dejarnos dirigir por una inteligencia artificial?

Esta es mi preocupación. La IA nos va a llevar a niveles tecnológicos insospechables; pero ¿será ese progreso parejo al progreso humano? El riesgo de quedarnos estancados e incluso retroceder en el progreso personal es altísimo: la Historia nos demuestra que el hombre siempre elige el camino más fácil y menos esforzado. En breve no haremos nada que la IA pueda hacer por nosotros.

Yo me pregunto: ante la adversidad, ¿será la IA quien me consuele? Ante la dificultad, ¿será al IA quien me aliente? Cuando equivoque el rumbo de mi vida personal, ¿será la IA capaz de recriminármelo? Pues, aunque así fuese, yo prefiero que todo esto lo haga una inteligencia natural; y si es divina, mucho mejor.

En su momento, utilizaré la IA como una herramienta más; pero mi confianza seguirá puesta en quien por haberme creado, sabe cuál debe ser mi rumbo.

martes, 6 de febrero de 2024

La Inteligencia Artificial

En primer lugar, quiero advertir que considero necesario que el hombre utilice para su progreso todas las herramientas que pueda conseguir. Por lo tanto, la informática es algo positivo que ha contribuido al progreso humano. Pero una cosa es servirse de una herramienta y otra muy distinta depender de ella. Y vistas las expectativas puestas en la Inteligencia Artificial (en adelante IA), me temo que en breve el hombre dependerá de la máquina.

Empezando por el principio, la IA ni es inteligencia ni es artificial. Me explico: la inteligencia es del hombre, que ha sido capaz de desarrollar la informática hasta este punto. Y no es artificial, porque la IA no aporta nada nuevo, simplemente aprende de todo lo que existe en la WEB [ojo, también de lo malo], hace una especie de resumen y lo utiliza para elaborar nuevos productos intelectuales. Esto tiene sus riesgos. Entre los profesionales se conocen casos de elaboración de informes por la IA que habían tenido en cuenta tanto la opiniones acertadas como las erróneas, llegando a conclusiones y afirmaciones disparatadas. 

Pero el sentir general es de absoluta confianza en que la IA solucionará todos nuestros problemas (como si el principal problema del hombre fuese la técnica) y en el futuro no será el hombre quien diseñe máquinas, sino la IA quien le indique a este cómo vivir. ¿Exagero? ¿Dónde quedará el ingenio humano cuando sea la IA la que componga nuestras sinfonías, escriba nuestras novelas, pinte nuestros cuadros y elabore nuestras poesías? Pero si la IA se "nutre" de lo que ya existe en la WEB, ¿cómo crear algo nuevo? La realidad histórica es que la humanidad ha progresado utilizando unos los conocimientos de otros: en la Edad Media, occidente importó sabiduría y técnica de oriente; después fue al revés: occidente exportó conocimientos a oriente. Pero siempre existió la genialidad del individuo que variaba el rumbo introduciendo conceptos nuevos. ¿Será la IA capaz de inventar? ¿O nos condenará a un progreso técnico y un estancamiento humano? El futuro nos lo dirá.

martes, 10 de marzo de 2020

El Verbo Divino, La Palabra.

Dice el comienzo del evangelio de San Juan que al principio existía El Verbo, La Palabra. A Dios se le designa en el cristianismo con este término: La Palabra. Y es curioso que sea precisamente la palabra, las palabras, las que vengan a demostrar (de un nuevo modo) la existencia de La Palabra. Me explico:
La semiótica (la ciencia que estudia los signos, la escritura) no puede explicarse sin pensar en que existe una mente detrás que ha creado las palabras con esos signos y que es capaz de entenderlas cuando las lee. El significado de los signos (valga la redundancia), no puede ser casual, aleatorio; el lenguaje no puede explicarse en base a meras leyes físicas y químicas. 
Si vemos una palabra escrita en la arena de una playa, no pensamos que ha sido un cangrejo que al andar erráticamente ha construido esos signos. Sabemos con certeza que un ser inteligente la ha escrito con la intención de que otros seres inteligentes la lean y la entiendan. Es decir: ha querido transmitirnos una información o un sentimiento. Entonces, la palabra más larga que existe, el ADN, el código genético, 3.500 millones de letras perfectamente ordenadas, ¿sí puede explicarse con física y química? ¿deriva de cambios aleatorios no guiados? No sería más razonable pensar que alguien inteligente la ha escrito para que las células vivas puedan interpretarla (por cierto, la ciencia no ha podido explicar cómo "leen" y aplican su código genético las células... deben ser más listas que nosotros).
La información es algo distinto de la física y la química, no se puede reducir a movimientos de partículas elementales. La información, no sólo es interpretada correctamente por alguien distinto de quien la produjo, sino que incluso puede provocar sentimientos. La información se plasma sobre la materia (un libro) pero no es material y puede generar actividad inmaterial, sentimientos (quizá porque la información es la forma de comunicarse las almas, no los cuerpos).
Esta realidad está haciendo tambalearse muchas teorías materialistas y cosmovisiones ateas del universo.
Las palabras no pueden explicarse sin una inteligencia que las produzca inteligencia: ¿será por esto por lo que Dios se denomina a sí mismo la Palabra?
Todo procede de la nada o todo procede de Dios: ¿qué es más difícil de creer?