No se alcanza la fe ni por razonamientos muy sesudos ni por descubrimientos científicos, porque la fe es la adhesión voluntaria a la revelación: no es un convencimiento, sino un acto de la voluntad con la ayuda de la gracia divina.
Lo que pretendo con este blog es transmitir la idea de que, aunque la fe viene de la revelación, también puede ser razonada, razonable y respaldada por la realidad científica. Esto último, entre otros motivos, porque la ciencia es el instrumento dado por Dios para que conozcamos su creación, por lo que no puede haber incompatibilidad entre la fe y el conocimiento científico, por mucho que les pese a los neo-ateos.
La fe nunca será certeza, por lo que tampoco podemos buscar que ese razonamiento lógico o las pruebas científicas nos aporten dicha certeza. Lo que el creyente debe intentar es que con su intelecto y los conocimientos científicos pueda dar el salto a la lógica y verificar que aquello que cree es "razonable" y encaja en nuestro conocimiento de la naturaleza.
Personalmente, cuanto más razono y más conozco los avances científicos, mejor compruebo que lo que he asumido por fe no sólo es lógico, sino que se presenta como la opción más probable. En la mayoría de los casos, veo que los argumentos que se oponen a dicha fe se limitan a invocar "el azar", "la casualidad", "la capacidad ordenadora de la materia" (sin que expliquen quién le ha otorgado dicha capacidad), incluso aluden a influencias "extraterrestres", sin explicar quién creó a dichos extraterrestres o les otorgó la capacidad de crear vida u ordenarla.
Mi consuelo es que la mayoría de los científicos serios (incluyendo a muchos de los Premios Nobel de Física, Química, Biología o Medicina) opinan muy parecido.
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