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martes, 13 de octubre de 2026

El mal en el mundo: tres visiones (II)

Siguiendo con el mal en el mundo, veamos ahora el segundo punto de vista con el que puede afrontarse. 

Debemos contemplar ahora el punto de vista de aquellos que sí creen en un Dios creador y preocupado por sus criaturas —fundamentalmente los judeocristianos y los islamistas—. A estos es a los que los escandaliza que, siendo Dios padre y bueno, consienta que exista ese mal en el mundo. En este caso, la explicación es más complicada; pero posible. 

Como ya dijimos, el mal no existe, sino que es ausencia de bien, tanto el mal material como el moral. Dios crea al hombre libre, porque es lo óptimo, lo que le permite hacer el bien y amar, aunque esto tenga también consecuencias colaterales desagradables: la libertad le permite odiar y hacer el mal. Dios nos crea así, con una garantía finalista, que no nos asegura el bien en cada momento de nuestra vida, sino al final, proporcionándonos la gloria eterna: al final todo termina bien; y si no ha terminado bien es que todavía no era el final. Ante los reveses de la vida, esto resulta duro de sobrellevar; pero Dios sabe que esta forma de vida humana es la más perfecta que podía "diseñar", aunque tenga sus sombras.

La cuestión es que el plan de Dios —que no es ni aleatorio ni casual, como la supuesta evolución de la naturaleza— tiene sus normas que debemos cumplir para llegar a ese buen fin y se puedan afrontar las "sombras" de la vida. Aquellos que, creyendo en la dimensión espiritual del hombre, pero no siguiendo las normas divinas —el reglamento de instrucciones de nuestra vida—, se enfrentan con el mal moral o físico sin los recursos para poder sobrellevarlo; y no pueden comprenderlo y acaban culpando a Dios de lo que les ocurre. Esperan que Dios lo arregle todo milagrosamente, sin caer en la cuenta de que habitualmente el mal lo provoca el hombre con su libertad; y de que Dios nos ha proporcionado los medios para superarlo, si siguiésemos sus indicaciones. En realidad, la culpa de no entender la existencia del mal y de no saber cómo afrontarlo, no es de Dios Padre, sino nuestra por no haber seguido correctamente el designio de Dios y no haber tenido la visión sobrenatural, la esperanza en la felicidad final, que se nos exige como hijos suyos.

Con respecto al mal material, las catástrofes naturales, el sufrimiento humano, el problema es el mismo: el corto punto de vista de los creyentes pero no practicantes. Sin la visión sobrenatural, se considera que cada suceso catastrófico termina en sí mismo, en vez de verlo en el largo plazo, en ese final que Dios promete; y que nos permitiría comprender que las contrariedades de la vida son escollos de un magnífico camino que nos conduce a la felicidad.

 

domingo, 13 de septiembre de 2026

Felicidad vs sufrimiento

Recientemente, un conocido se quejaba de que Dios, cuando nos va bien, se apunta el mérito, pero cuando nos va mal se desentiende. Desde un punto de vista ateo o agnóstico, ese planteamiento puede ser válido; pero para los creyentes no lo es...; por las siguientes razones.

Dios nos ha dado la vida. De hecho, ha "creado" la vida en general y, en especial, la vida humana. Pero la vida tiene sus luces y sus sombras; sus momentos magníficos de felicidad y otros de sufrimiento, terminando con la muerte. Esto ocurre en ambos reinos: el vegetal y el animal; pero para el hombre se presenta también la felicidad o el sufrimiento moral, no solo el físico. Los creyentes sabemos esto y deberíamos recapacitar y darnos cuenta de que las quejas deberían provenir de Dios, no nuestras. Él podría reprocharnos que, cuando nos va bien y disfrutamos de la felicidad, no solemos agradecérselo, pero en cuanto las cosas se tuercen le exigimos que las arregle o le echamos las culpas. En realidad, deberíamos agradecerle constantemente el hecho de que estemos vivos y, por tanto, que puedan producirse momentos de sombra. Quizá somos conscientes de la felicidad --la luz-- porque hemos tenido experiencia de momentos de contradicción. Bien podríamos pensar que la vida es lucha y superación; y que lo excepcional son los momentos felices... En realidad, un creyente sabe que esto no es así: Dios nos creó para nuestra felicidad, en especial para la felicidad eterna; aunque no nos priva de momentos malos, porque la vida es así. Como dijo el santo Job: si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?

Otro motivo por el que Dios podría recriminarnos por nuestras quejas y exigencias es que Él mismo, en la persona de Cristo se sometió a la muerte de cruz, tras horribles padecimientos, para demostrarnos que el sufrimiento, si tiene un sentido y se asume por amor, no es malo. Después de esta demostración: ¿cómo quejarnos de nuestras contrariedades?

No obstante lo dicho, Dios conoce nuestra débil naturaleza mejor que nosotros y "soporta" nuestras quejas porque sabe lo que nos cuesta afrontar el sufrimiento.

sábado, 22 de agosto de 2026

El mandamiento más importante: amar.

Le preguntó un doctor de la ley a Jesús [Mateo 22, 34-40]: "¿Cuál es el mandamiento principal?". La respuesta fue clara, comenzando por el primer mandamiento que Dios le inspiró a Moisés: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente". Pero continuó con un segundo mandamiento, que puede ser resumen de los siete últimos de las tablas de Moisés: "Amaras a tu prójimo como a ti mismo". Le pregunta por el mandamiento principal pero Jesús de responde con dos, que son similares: amar. Pero quizás esto no sea extraño, porque, en realidad, se trata de un único mandamiento: el del amor; y el amor a Dios. La segunda parte, no es sino una concreción de la primera: la forma de amar a Dios es amando al prójimo.

Colijo esta conclusión de dos circunstancias. La primera es que el hombre no sabe cómo amar a un Dios, creador, omnipotente, eterno, inmutable y que no necesita nada: ¿Cómo amar a un Ser así? La segunda es que, visto lo anterior, nuestra forma de manifestar el amor bien puede ser amando las obras de Dios; y su creación más importante, lo que hizo a su imagen y semejanza, fue el hombre.

Si queremos amar a Dios, tendremos que amar a sus hijos,  amándonos entre hermanos. No puedo estar muy desencaminado cuando el mismo Cristo nos lo especificó con su nuevo mandamiento: Amaos unos a otros como yo os he amado [Juan 13, 34].

lunes, 10 de agosto de 2026

Dios necesita de nuestra acción (II)

Seguimos con este asunto de la colaboración que Dios necesita del hombre para poder intervenir en el mundo.

Precisamente, me encuentro que hoy el Evangelio de la misa se refiere a la multiplicación de los panes y los peces. La ocasión en la que las multitudes están hambrientas y Jesucristo siente pena por ellos. Los discípulos le advierten de que debe despedir a la gente para que puedan comprar alimentos. Él, como en tantas ocasiones, les replica con una afirmación que, aparentemente, no tiene sentido alguno: "dadles vosotros de comer". Ellos, que no tienen nada, y ni siquiera el dinero de la bolsa sería suficiente para comprar pan para tanta gente, le informan de que un muchacho tiene ¡cinco panes y dos peces! Es su manera de hacerle ver a Jesús que ellos nada pueden hacer para dar de comer a cinco mil personas; y que, definitivamente, debe despedirlos. Desde el punto de vista humano, su postura es correcta.

Jesús, para asombrarlos y mostrarles su inmenso poder, podría haber hecho aparecer panes milagrosamente -o hacer llover maná, como en el desierto-; pero Él pretende no solo dar de comer a la gente, sino que, también, quiere dar una lección a sus discípulos.

Les ha dicho que ellos den de comer a la gente, y así va a ser. Pero, antes, quiere que el hombre ponga de su parte todo lo que pueda: cinco panes y dos peces. se trata de ese "casi nada" que el hombre debe aportar siempre para que Dios ponga su "casi todo". En concreto, el muchacho pone un uno por mil y Jesús multiplica esos cinco panes por otros mil. Aun así, quiere que su intervención pase inadvertida: los discípulos van distribuyendo a la gente lo multiplicado y todos acaban comiendo; no de la mano de Dios, sino de la de otros hombres. Es así, porque Dios siempre recaba la colaboración humana, incluso cuando lo hace Él todo.

Esa multiplicación, que se repetirá otra vez, ¿es la única manera en la que Dios alimenta milagrosamente al hombre? Cuando el sembrador se limita a enterrar una pequeña semilla y, tras un proceso asombroso (¿milagroso?), aparece una espiga con treinta, sesenta o cien granos. ¿Es el hombre el que lo ha hecho? No, fue Dios mismo, al diseñar su creación y permitir que evolucionasen las plantas y los animales que, finalmente, alimentarán al hombre. Siempre es Dios la causa de todo; los que llamamos milagros no son sino ocasiones en las que Él actúa más directamente; en todo lo demás, requiere la intervención humana; pero no dejan de ser milagros.

Evidentemente, Dios lo podría hacer todo prescindiendo de la colaboración humana, porque ¡ya lo ha creado! Pero, cuando decidió crear al hombre a "su imagen y semejanza", quiso también se asemejase en eso de "crear"; y le ordenó "henchid y dominad la tierra". Y eso debemos hacer: colaborar en lo que nos sea posible.



jueves, 6 de agosto de 2026

Dios necesita de nuestra oración

En ocasiones se oye esta pregunta: Si Dios lo sabe todo, nos conoce y nos ama, ¿por qué es necesaria la oración para que Él actúe?

La respuesta es sencilla: porque Dios, ante todo, nos ha hecho libres. La libertad es lo único que puede conceder mérito a nuestras acciones y lo único que permite que seamos capaces de amarlo a Él y a los demás. Sin libertad, el amor resulta imposible. En esto es en lo que Dios nos creó "semejantes" a Él: en nuestra libertad, que es lo que nos faculta para amar. Si hay algo que Dios no puede hacer, porque sería contrario a su propio proyecto creando al hombre, es forzar nuestra libertad; o modificar las circunstancias de modo que esta quede anulada. Pero, en su infinita sabiduría, supo hallar la forma de compaginar ambos objetivos, intervenir, pero sin menoscabar la libertad: la oración. Cuando somos nosotros los que le pedimos expresamente algo, lo hacemos libremente y, al concedérnoslo deja intacta nuestra libertad. Más aún: si ofrecemos algún sacrificio, lo que estamos mostrando es el interés que tenemos para que nos conceda eso que pedimos. Entonces, Dios tiene muy claro que no suplantará nuestra libertad al realizar algún acto más o menos extraordinario, en respuesta a nuestras peticiones. 

Pero la oración y el ofrecimiento de sacrificios también puede tener otro objetivo: implorar por el bien de un prójimo. Aquí Dios utiliza una escusa por semejanza: es el ser humano el que ruega por aquel que está necesitado, por lo que, si le concede esa petición, tampoco se estará menoscabando la libertad ni del que pide ni del destinatario de la oración.

En la historia de la Humanidad, y la personal de cada uno, Dios es el que lo hace el "casi todo" y nosotros aportamos el "casi nada"; pero, para salvaguardar nuestra libertad, es necesario que nosotros aportemos ese "casi nada". Nos lo dijo el propio Jesucristo: "pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá".


sábado, 18 de julio de 2026

La vida temporal

Aparentemente, para los cristianos lo fundamental es la salvación y la vida eterna; y esto es algo incuestionable. No obstante, no debemos olvidarnos de que, antes de ese momento, tenemos toda una vida temporal que completar. Dios no nos ha hecho ángeles, sino que quiso que tuviésemos un cuerpo material, con sus debilidades e imperfecciones, tanto físicas como morales. Al parecer, Dios quiso crear seres libres que, para demostrar su amor a Él, tuviesen que esforzarse en superar sus tendencias naturales -y una naturaleza herida por el pecado-, para poder cumplir con el plan que diseñó para nuestras vidas. Es decir: la vida temporal es la etapa que nos sirve para merecer. El propio Cristo nos lo dice en el Evangelio: en el juicio final se nos preguntará qué hemos hecho por Él y por los demás:

Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. (Mateo 25, 34-36).

Creo que deberíamos valorar esta vida temporal como algo muy especial que los ángeles no tienen: poder amar a Dios y a los demás mediante el esfuerzo, demostrando así que es auténtico amor, nacido de nuestra voluntad. Imagino que el amor en el cielo será perfecto y glorioso; pero carecerá de esa característica tan especial que es el esfuerzo y la posibilidad de demostrar nuestra determinación.

Esta vida azarosa con frecuencia nos decepciona, porque no somos capaces de vivirla como nos habíamos propuesto. El propio San Pablo se queja de esto en Romanos 7, 19-25:

Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

Pues esto, que tanto nos molesta, es el mejor regalo que Dios podía hacer a una de sus criaturas: la capacidad de amarlo, a pesar de nuestra naturaleza caída. Quizá este es el motivo por el que Dios, en su infinita misericordia, está siempre dispuesto a perdonarnos. 

Esta vida no es un valle de lágrimas, ¡sino una asombrosa oportunidad!

martes, 5 de mayo de 2026

La ciencia confirma la grandeza de Dios

Existe la creencia generalizada de que la Humanidad ha creído en la existencia de seres superiores [los judeocristianos creen en un Dios creador, desde 1900 años antes de Cristo] debido a su falta de conocimientos científicos. Se supone que, como esos hombres atrasados no eran capaces de explicar la existencia del Universo, pues lo achacaban a dichos seres superiores. Así que se asimiló la religión a la ignorancia o falta de información.

A finales del siglo XIX, la ciencia empezó a hacer descubrimientos fabulosos en el cosmos, el átomo, la evolución de la vida y las especies, etc. Entonces se pensó que, como la existencia del cosmos, la materia y la vida había sido aclarada, la ciencia revelaba el origen de todo esto y ya no eran necesarios los seres superiores que lo justificasen.

Pero ocurrió que los descubrimientos científicos siguieron profundizando en estas realidades y lo que descubrieron les llevó a una conclusión muy distinta. La teoría del Big Bang [la gran explosión de energía que creó el Universo] y el descubrimiento y codificación del ADN [el ácido desoxirribonucleico, la molécula que contiene la información genética que regula la formación y vida de todos los seres vivos, compuesta por seis mil millones de nucleótidos perfectamente ordenados], nos han mostrado que todo ese orden, el perfecto y minucioso desarrollo de la materia desde la energía inicial, las leyes físicas, el orden en la cadena de ADN, que no puede ser espontáneo, no pueden tener otro origen que el de una Inteligencia Superior que lo haya diseñado. Esta es la razón por la que, superada una primera etapa de la evolución científica, la mayoría de los científicos (físicos, químicos, médicos, biólogos, matemáticos) son personas creyentes en dicha Inteligencia Superior. Tras este cambio, la religión, como creencia en un Ser Superior, ya no es fruto de la ignorancia, sino deducción lógica de los descubrimientos científicos: ha pasado a ser manifestación de conocimiento.

Ya lo advirtió la Biblia: "Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento muestra la obra de sus manos" [salmo 19]; pero hemos tardado siglos en conocer a fondo estas realidades.

domingo, 22 de marzo de 2026

El milagro de la vida

Ya he comentado en otras entradas que la evolución del universo en general y de la vida en particular ha requerido de ciertos saltos cualitativos que "parecen" haber estado programados desde el principio. Hablando claro: la creación fue diseñada por un Ser superior e infinitamente inteligente.

Recientemente, la Academia de las Ciencias de Estados Unidos ha premiado a varios investigadores por demostrar, de nuevo, que la evolución de la vida ha experimentado esos saltos inexplicables, salvo que estuviesen ya previstos por quien propicia esa vida. Cuatro físicos y biólogos españoles, Jordi Bascompte, Bartolo Luque, Fernando Ballesteros  y  Enrique Muro, acaban de ganar  el premio Cozzarelli de la prestigiosa Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos al mejor estudio del año en biología por haber descrito el paso necesario y fundamental, para que la vida pudiese dejar de ser exclusivamente microviana y pasarse a formar organismos complejos.

Los primeros seres vivos eran microbios aparecidos hace unos 3.500 millones de años. Pero para seguir evolucionando necesitaban fabricar proteínas cada vez más largas, hasta que llegaron a un punto en el que ya no podían alargar más las moléculas. Entonces ocurrió el hecho extraordinario (¿milagro? en el sentido de intervención divina en la creación): hubo un “cambio de fase algorítmico” que permitió, por ejemplo, que un solo gen pudiese fabricar varias proteínas, y que la complejidad pudiese seguir aumentando. Esa capacidad surgió en secuencias de ADN no codificantes, que no tenían la receta para fabricar proteínas; y esto es lo extraordinario. Sin estas largas secuencias genéticas, también conocidas como  ADN basura, y capaces de multiplicarse a lo largo del genoma, no podría haber dado el salto, la revolución, 1.000 millones de años después de la aparición de la vida. Esta permitió la posterior aparición de células complejas, y de los organismos pluricelulares: hongos, plantas y animales, entre ellos, los humanos. 

Lo que muestra el trabajo de los científicos premiados “es que no puede haber formas intermedias, porque ese cambio, esa transición, tiene que suceder, como predice la física, con una transición de fase". Una intervención especial, lo llamaría yo.

Evidentemente, han sido inmediatamente criticados por los dogmáticos evolucionistas, que afirman que toda fuente de orden procede del azar (la casualidad), según la ya muy superada teoría de la evolución de Darwin; pero que ellos defienden como un dogma científico sin base probatoria alguna: ¿quién puede probar el azar? No soportan que nuestra fe pueda ser razonable cuando sus postulados no lo son (¿casualidad?) y se ven rebatidos por la Ciencia.



viernes, 12 de diciembre de 2025

Dios crea por amor

En las anteriores entradas hemos ido viendo que el universo ha tenido que ser creado por un Ser superior que estaba fuera no solo del universo, sino también del tiempo y el espacio. Y hemos visto cómo la creación se fue perfeccionando por etapas hasta llegar a ese ser tan especial que es el hombre, y que constituye la única especie inteligente, al menos del planeta Tierra. Pero las constantes cosmológicas y el ADN nos muestran la dificultad de llegar a la existencia de este animal racional. Incluso el enorme lapso temporal desde el inicio del universo hasta la aparición de la vida y, después, de la vida humana, habría sido necesario para que se formasen moléculas que la propiciasen y para que se llegase a ordenar el ADN necesario para toda vida. Parecería que desde el Big Bang todo el proceso posterior estaba dirigido a que el hombre llegase a la existencia, siendo por tanto el culmen del universo. 

¿Por qué se toma el Creador tantas molestias? La Biblia nos dice que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Pero ¿qué semejanza puede haber entre el Ser superior eterno y un animal, por muy racional que sea? ¿Es su espiritualidad? Parece que sí, ya que el hombre tiene una dimensión espiritual, no material y eterna. No obstante ¿es esta característica suficiente como para decir que somos semejantes a Dios?

Personalmente creo que la semejanza radica en que el hombre, debido a su dimensión espiritual, puede amar; y si se nos creó con esta formidable capacidad sería para que pudiésemos amar, sobre todo, a nuestro Creador. Y ahora tenemos que volver al principio: ¿por qué quiere Dios que lo amemos? Y de esto no hay duda, porque fue el primer mandamiento que le comunicó a Moisés: amarás a tu Dios con todo el corazón con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Solo encuentro una respuesta lógica: Dios nos creó para que lo amásemos porque Él nos amó primero: Dios nos crea por amor.

Esta afirmación es trascendental, ya que, si nos creó porque nos ama, entonces está vinculado a su creación y también se va a preocupar por nosotros. El Ser superior que crea el universo en el Big Bang y después dirige su evolución hasta que aparece el ser humano, sigue implicado en su creación, muy especialmente en el hombre; y esta debe ser la base de nuestra esperanza. El Ser superior es fundamentalmente Padre.

domingo, 30 de noviembre de 2025

El principio espiritual del hombre

Si el hombre puede realizar funciones no materiales es porque dispone de un principio espiritual al que llamamos alma. Al no ser material, tiene que haber sido infundida espiritualmente por Dios en el momento en que el cuerpo comienza a existir. Las principales facultades del alma son la memoria, el entendimiento y la voluntad. Las dos primeras podrían considerarse como comunes a otros animales evolucionados, pero si las analizamos detenidamente vemos que en el hombre tienen características distintas y muy superiores.

Memoria[1] y entendimiento[2]: Los animales poseen cierta memoria más o menos amplia. Por otra parte, sus instintos les permiten adaptar su conducta según su experiencia y aplicarlo cuando los sucesos y las circunstancias se repitan. Esto es lo que nos permite amaestrarlos: aprenden que recibirán un premio o un castigo según se comporten. Pero en modo alguno alcanzan un conocimiento intelectual que les permita analizar las causa y efectos de sus actos o de los acontecimientos de su entorno, para poder aplicar este conocimiento en circunstancias distintas. En el hombre, la memoria no es solo un recuerdo automático, sino que puede provocar sentimientos o condicionar la actuación. El entendimiento humano permite sacar conclusiones de las experiencias, averiguar sus causas y aplicar el conocimiento en circunstancias distintas. Es lo que permite el progreso.

Pero la tercera facultad del alma, la voluntad, es exclusiva del hombre, sin que tenga ningún tipo de reflejo en el animal. Es la facultad que le otorga la libertad y le permite autodeterminarse

Voluntad[3]: El animal está vinculado al instinto de su especie y debe seguirlo ciegamente ante cada circunstancia. El instinto procura la mejor adaptación a la naturaleza del animal y la preservación de la especie. Por el contrario, el ser racional, el hombre, no está sometido al instinto, aunque también lo tiene, sino que puede eludirlo e incluso oponerse a él y seguir un camino dañino para él mismo o la especie. Esta capacidad de autodeterminarse mediante su voluntad es exclusiva del hombre. El hombre puede usar esta libertad que le ofrece su voluntad de muchas formas, pero la más extraordinaria y opuesta a la actividad instintiva de los demás animales es su capacidad de amar: la decisión  de buscar el bien de otro por encima del bien propio. Por desgracia, otros usos de esa libertad, como la autodegradación y el suicidio, también son prueba de que la voluntad humana está independizada de su instinto.

Pero no son estas las únicas funciones espirituales que distinguen al hombre del resto de animales, elevándolo a una categoría intrínsecamente superior: el lenguaje simbólico, el progreso, el arte, la ética y la religión son manifestaciones espirituales que no se dan en los animales y que hacen del hombre ese ser tan especial. Lo veremos en siguientes entradas.



[1] La memoria es una capacidad mental que registra, retiene y recupera información del pasado, como imágenes, ideas, sentimientos o experiencias. [2] El entendimiento es la capacidad humana de comprensión, asimilación y procesamiento de información, ideas o conceptos. [3] La voluntad es la facultad de decidir y ordenar la propia conducta (RAE). La voluntad es el apetito racional que tiende de modo natural a lo que la inteligencia descubre como bueno, superando los estímulos de agrado y desagrado, para descubrir otras dimensiones en los objetos.

jueves, 20 de noviembre de 2025

La creación continúa: el hombre, esa especie animal tan "especial".

Hemos visto en las entradas anteriores cómo fue evolucionando el universo, nuestro planeta Tierra y la vida dentro de él. El culmen de la evolución sería la aparición del hombre: un animal muy evolucionado que cuenta con la capacidad de razonar. De hecho, el hombre es el ÚNICO animal racional, y esto lo hace algo muy especial y lo diferencia cualitativamente del resto de los animales. Pero en esta entrada me limitaré a manifestar mi asombro por ese hecho extraordinario de que el hombre sea la única especie animal racional; y en las siguientes entradas repasaremos sus otras asombrosas características.

La Naturaleza muestra una potencia diversificadora asombrosa. Cada vez que se produce un salto cualitativo en la evolución de la vida, aparecen infinidad de especies que lo consolidan. Cuando la vida sale del agua y conquista la tierra, aparecen los reptiles diversificados en más de ocho mil especies de todo tipo y tamaño, sin incluir las cerca de dos mil especies de dinosaurios que se extinguieron. Después, cuando se conquista el cielo, las especies de aves llegan a ser unas dieciocho mil. Finalmente, los amos de la tierra, los mamíferos, están representados por nada menos que seis mil quinientas especies. Pero cuando se produce el último salto cualitativo, la aparición de la vida racional, esta se queda estancada en una única especie. Parece como si este enorme salto hasta la vida racional fuese algo tan extraordinario y único que ni siquiera toda la potencia generadora de la Naturaleza pudiese reiterarlo. La ciencia no tiene explicación lógica para esto. El género homo va evolucionando, pasando por muchas etapas, pero en cada una de ellas hay solo una o dos especies coetáneas.[1]. El cristianismo aventura una respuesta: la vida racional es tan exclusiva que para lograrse necesitó la intervención directa y expresa del Creador; y, al parecer, a Dios le parecía conveniente que una sola especie —la humana— fuese racional y dominase toda la Tierra. De hecho, el hombre se ha extendido sobre la superficie del globo, conquistando todos sus hábitats por muy hostiles que fuesen; y, con su inteligencia y voluntad, ha dominado su entorno y prosperado industrial y científicamente hasta poder viajar por el espacio. Pero, no obstante, permanece siendo una única especie.

Quizás lo más curioso de toda esta evolución sea que los primates —simplificando: simios y monos— desde el Ardipithecus ramidus,  del que hablé en la entrada anterior, se han diversificado en 705 especies y subespecies; mientras que de los homínidos ¡solo ha quedado una! ¿No hubiera sido lógico que cada especie de homínidos se hubiera adaptado mejor a determinadas circunstancias ambientales y hubieran perdurado varias con capacidad racional? Además, ¿a qué se debe que ningún otro animal camine erecto? Si esta fue la gran ventaja de los todos los homínidos, ¿por qué se extinguieron? ¿Es que el homo hábilis estaba menos adaptado a su entorno que el chimpancé?, ya que este ha pervivido y aquel no. ¿Fueron exterminados por catástrofes naturales?; entonces, ¿cómo sobrevivieron los que sí evolucionaron? De nuevo, la ciencia, cuanto más averigua sobre la evolución de la vida, y en concreto la racional, más cuestiones suscita. Y la única respuesta lógica es que la Inteligencia que dirige toda la evolución del universo así lo quiso.

Si todo lo anterior es correcto, significa que el hombre es un ser querido expresamente por el Creador, que diseñó un universo que fuese capaz de generar vida y que esta evolucionase hasta una única especie creada libre a " su imagen y semejanza ". Este descubrimiento sería fundamental, porque entonces el hombre no sería un insignificante ser en medio de un vastísimo universo, sino la razón por la que todo lo demás fue creado.



[1] Desde el homo habilis de hace dos millones de años, el homo erectus de medio millón de años después, el homo neandertalensis y finalmente el homo sapiens hace doscientos mil años.


sábado, 15 de noviembre de 2025

La Creación continúa: el milagro de la vida

La vida es algo que nos rodea por todas partes y que nosotros mismos, como seres vivientes, compartimos. Quizá por esto nos parece algo normal cuando en realidad es extraordinariamente asombroso. Esto se puso de manifiesto cuando se descubrió el ADN, la cadena de ácido desoxirribonucleico que es como el libro de instrucciones que tiene toda célula de un ser vivo, ya sea animal o vegetal. Ya vimos en las entradas anteriores sobre la evolución del universo y el planeta Tierra, que deben darse unas condiciones muy específicas para que en un planeta pueda generarse la vida, incluso la más sencilla.

Repasemos la historia de la vida de forma muy resumida. Las células complejas, llamadas eucariotas, aparecen en la Tierra hace unos 2.200 millones de años; y los primeros organismos multicelulares, con células que realizan funciones distintas aparecen hace unos 1.700 millones de años. Las plantas marinas hace 1.200 millones de años. Los primeros animales invertebrados, hace 540 millones de años. Las plantas terrestres hace 450 millones de años. Los reptiles hace 350 millones de años; las aves hace 150 millones de años y los animales vertebrados hace solo 15 millones de años. Finalmente, hace unos 4,5 millones de años aparece el llamado Ardipithecus ramidus, que es el antepasado común de los monos y el homo sapiens; y 2,8 millones de años después surge el homo sapiens sapiens, al que pertenecemos todos nosotros.

Es evidente que se ha producido una evolución desde la primera célula hasta el animal racional; pero lo importante es saber cómo se produjo. Aquí es donde entra en escena el ADN, el libro de instrucciones de cada célula para que "sepan" configurar un organismo y hacerlo funcionar correctamente. Es este ADN el que ha ido cambiando para que los organismos resultantes fuesen tan diferentes y cada vez más complejos. Lo asombroso es que el ADN del hombre es una cadena compuesta por tres mil millones de pares de bases, es decir seis mil millones de elementos, perfectamente ordenados de forma que cada célula del cuerpo humano sepa qué hacer dentro del organismo. 

La teoría de Darwin sobre la evolución de las especies afirma que se fueron produciendo mutaciones accidentales y aquellos individuos de cada especia cuyas mutaciones se adaptaban mejor al entorno fueron los que sobrevivieron. Lo primero que tenemos que decir es que se trata de una teoría que nunca fue demostrada y que adolece de algunas incógnitas, como el hecho de que no se hayan encontrado rastros fósiles de esas especies intermedias. Pero el fondo de la cuestión no es ese, sino la imposible probabilidad de que seis mil millones de elementos se hayan ordenado en el ADN humano de forma accidental. La probabilidad de que ese enorme número de elementos se ordenen por casualidad es nula. Imaginemos que encontramos un libro que relata una historia coherente. ¿Qué pensamos?: que se ha escrito por casualidad o que un autor lo ha ido escribiendo. Para que nos hagamos una idea, la Biblia, el libro más largo que existe tiene 3.566.480 letras; pero el ADN humano tiene 1.682 veces más letras: ¿se ha escrito accidentalmente?

El ADN de cualquier célula (la más sencilla contiene 10 millones de pares de bases) es un programa informático que regula el funcionamiento del organismo; es un auténtico lenguaje y, evidentemente, cualquier lenguaje es una creación de una inteligencia; y, en este caso por su complejidad, una Inteligencia superior. Por esto es por lo que se ha llegado a llamar al ADN el lenguaje de Dios. El expresidente estadounidense Bill Clinton, con ocasión de la presentación del Proyecto Genoma Humano,  en el año 2000, dijo: " Hoy estamos aprendiendo el lenguaje con el que Dios creó la vida. Estamos llenándonos aún más de asombro por la complejidad, la belleza y la maravilla del más divino y sagrado regalo de Dios ".

La vida, cualquier tipo de vida, pero especialmente la vida humana racional, solo puede ser el resultado de un diseño inteligente elaborado por Alguien que quiso expresamente que existiesen seres vivos de infinidad de especies y que uno de ellos fuese racional y pudiese llegar a conocer a su creador. 

Lo veremos más detenidamente en la siguiente entrada.


jueves, 6 de noviembre de 2025

La Creación continúa: la expansión del universo

Los descubrimientos científicos que vimos en entradas anteriores no solo ponen de manifiesto que el universo tuvo un inicio y, por tanto, un Iniciador, sino que atestiguan que este Iniciador no se limitó a provocar esa explosión inicial, el Big Bang, sino que se aseguró de que su evolución posterior estuviese de acuerdo con sus planes a largo plazo [¡y tan largo!: 13.700 millones de años].

Los astrólogos, cosmólogos y físicos, así como muchos otros científicos, han comprobado que  las leyes físicas y las constantes cosmológicas  que rigen el universo son exactamente las que tenían que ser para que, pasado dicho largo plazo, pudieran originarse la vida en uno de sus planetas. Este es un tema muy científico que requiere profundos conocimientos de física; pero, no obstante, intentaré resumirlo para que cualquier lector pueda entenderlo.

La posibilidad del origen de la vida se conoce como la cualidad antrópica del universo, refiriéndolo más en concreto a la forma de vida superior, que es la vida racional del animal humano.

Lo primero que tuvo que ocurrir fue que en el momento del Big Bang la energía estuviese tan ordenada que su posterior evolución no resultase un caos (que es lo habitual en cualquier explosión), sino que se fuese convirtiendo en átomos, elementos, astros, sistemas solares y galaxias, entre otros muchos elementos como nebulosas, gas intergaláctico, etc...  Roger Penrose, premio Nobel de Física 2020, calculó que la probabilidad de que la entropía fuese tan baja era de uno entre 10 elevado a 10 elevado a 123. Si ponemos esta magnitud en cifra convencional tendríamos que la probabilidad es de un:

0,000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000001 

Evidentemente, es una probabilidad tan baja que podemos decir que es nula. Por tanto, ese orden inicial no pudo ser casual, sino que tuvo que estar ordenado por Alguien. Otro parámetro imprescindible es la proporción que existe entre la fuerza electromagnética y la fuerza nuclear fuerte. Si esta proporción hubiera variado en un 0,000000000000000001% no se habrían formado las estrellas ni, por tanto,  planeta alguno en el que pudiese originarse la vida. La tercera condición para que el universo fuese antrópico es que la relación entre la masa de un protón y un electrón, lo que determina las características de la órbita de los electrones alrededor del núcleo del átomo, sea exactamente la necesaria para que se formen moléculas, sin las que la vida no habría sido posible.

Dicho de otra forma, que el universo haya evolucionado asó por casualidad es tan probable como que metamos petardos en diferentes botes de pintura y que, al estallar, dejen pintado Las Meninas de Velázquez.

La cualidad antrópica del universo es tan llamativamente extraordinaria que el famoso físico ateo El físico ateo Stephen Hawking reconoció en su libro A Brief History of Time , publicado en 1988, que “ las leyes de la ciencia, tal y como las conocemos en el momento presente, contienen muchos números fundamentales, como el tamaño de la carga del electrón o la relación de las masas del protón y el electrón, …, y el hecho extraordinario es que los valores de esos números parecen haber sido ajustados con precisión para hacer posible el desarrollo de la vida ”.

Al parecer, se puede seguir negando la existencia de Alguien que ha diseñado este universo a pesar de no entender cómo esto pudo ocurrir por casualidad.



 

jueves, 30 de octubre de 2025

El comienzo del universo: el Big Bang.

Una de las cuestiones clave en la discusión sobre la existencia de Dios es la realidad del universo. Los creyentes afirman que el universo existe porque fue creado por Dios. Durante muchos años, desde finales del siglo XIX, los ateos afirmaban que el universo era un sistema estable que no había tenido un comienzo ni tendría un fin y, por tanto, no pudo haber sido creado por nadie. Contra esta afirmación, los creyentes solo podían contraponer su fe en la revelación, pero ningún razonamiento lógico. Es cierto que sí alegaban la circunstancia de que el universo sea algo muy ordenado y, en consecuencia, Alguien tenía que haberlo ordenado.

Pero en 1927, George Lemaitre, un sacerdote católico que también era un prestigioso astrónomo belga, pretendió haber resuelto las ecuaciones relativistas de Einstein afirmando que el universo se encontraba en expansión y, por tanto, había tenido un inicio. Además, difundió la teoría de que toda la materia había estado condensada en un momento inicial en el llamado "átomo primordial", de elevadísima densidad; y que el tiempo y el espacio habrían aparecido en ese mismo instante. Esta teoría fue atacada de forma virulenta por aquellos ateos que dedujeron, acertadamente, que un comienzo sería prueba manifiesta de que Alguien provocó ese comienzo de la nada. Un astrofísico materialista y ateo, Fred Hoyle, quiso burlarse de esta teoría designando a ese "átomo primordial" como el "Big Bang" (gran explosión, en inglés) y así fue como desde entonces se conoce al comienzo del universo.

Lo que no podía esperarse los científicos ateos era que esta teoría se vería confirmada por diversas vías años después, siendo en la actualidad generalmente aceptada por los científicos. El físico George Gamow la reformuló en 1952; y en 1964 los premios Nobel Arno Pencias y Robert Wilson descubrieron la radiación cósmica de fondo que constituye el eco del Big Bang. Entre 1989 y 1993 la NASA cartografió la radiación cósmica, demostrando así que coincidía con las predicciones del Big Bang (por este descubrimiento George Smoot y John Mather recibieron el premio Nobel de Física en 2006). Finalmente, dos físicos ateos, Stephen Hawink y Roger Penrouse, demostraron con sus teoremas de singularidad que ese momento inicial era necesario; y también se predijo que tendrá un final, denominado el "Big Crunch".

Debido a estos descubrimientos, el inicio del universo es una certeza científica; y esto exige que Alguien lo haya iniciado y demuestra que antes de ese momento no existía nada, salvo ese Alguien, ni tiempo ni espacio. Una buena noticia para los que somos creyentes, que provocó la conversión de algunos científicos que eran ateos, empezando por el propio Fred Hoyle.

jueves, 25 de julio de 2024

¿Nos creó Dios libres?

Hace unos días me encontré en la edición del periódico El País del 23-7-24,  la siguiente frase atribuida a una escritora que estaba siendo entrevistada:

"Dios no nos creó libres: nos trajo al mundo con unos mandamientos y una lista de pecados"

A primera vista, podría parecer una afirmación ingeniosa; pero, si se le dedica un pensamiento, aparece como profundamente falsa y denota un desconocimiento total de lo que se dice. Analicemos por partes: ¿Qué es un mandamiento? ¿Qué es un pecado?

Los mandamientos que Dios nos comunicó no son una lista de normas arbitrarias para tenernos sometidos a Él, sino el "libro de instrucciones" para desarrollar nuestra naturaleza, que Él conoce mejor que nadie, ya que nos ha creado. ¿Atenta esto contra nuestra libertad? Veamos.

La obligación de descansar el domingo y las fiestas, la obligación de respetar a los padres, la prohibición de matar, robar, mentir o quitarle la mujer al prójimo: ¿nos hace menos libres? ¿A quien le quita la libertad: al asesino, al ladrón, al mentiroso?; ¿o más bien le asegura la libertad a la víctima? 

En serio: ¿quién puede pensar que esto nos quita la libertad a los humanos? Sigamos.

¿Qué es un pecado? Pues el pecado es el error que cometemos cuando infringimos alguno de los mandamientos. Porque, al saltarnos el "libro de instrucciones", hacemos daño al prójimo o a nosotros mismos. Y la lista de pecados se nos ha dado para que lo tengamos en cuenta.

Pues bien, a pesar de que tanto los mandamientos como la lista de pecados se nos ha proporcionado para nuestro bien, Dios quiso CREARNOS LIBRES para que con nuestra voluntad decidiésemos cumplir esos mandamientos o incurrir en pecado. No nos creó con instintos irrenunciables, como a los animales, sino con voluntad libre para llevar la contraria a quien nos creó. Y esta es la grandeza de Dios y del hombre. Además, cuando cometemos uno de esos pecados, no nos extermina, ni nos reduce a la animalidad, sino que pacientemente espera a que nos arrepintamos.

En serio: ¿quién puede pensar que una actitud así nos quita la libertad? ¿Se puede conceder más dignidad a algo creado que hacerle dueño de su propio destino? ¿Os imagináis que nosotros a nuestras máquinas les diésemos la posibilidad de funcionar como ellas quisieran? Pues así de magnánimo es Dios que nos creo a su imagen y semejanza.

Pero no solo en el marco de la religión, sino en toda la vida humana, las normas -cuando son justas- no quitan libertad, sino que la proporcionan. Sin las normas de tráfico, sería imposible circular. Nos sentimos libres de ir a 100 por hora en una carretera porque sabemos que el coche que viene de frente va a respetar su derecha. Cruzamos como peatones una calle sin miedo, porque tenemos el semáforo abierto; y en correspondencia, el coche que tiene abierto el semáforo, cruza el paso de peatones sabiendo que estos se van a esperar en la acera. La señal de "curva peligrosa" o ´los pretiles de las curvas -que son los equivalentes a la lista de pecados-: ¿nos quitan la libertad? ¿o más bien nos permiten circular con seguridad? Las normas, las advertencias, cuando son justas e inteligentes, son las que nos proporcionan la libertad de actuar.

Pues eso: Dios nos hizo libres; y para salvaguardar nuestra libertad nos indicó unos mandamientos y una lista de pecados.



sábado, 27 de abril de 2024

Ecología humana

Sigamos con el asunto de la ecología. Es curioso que esta se centre en el cuidado de casi todas las especies... Porque hay una especie a la que muchos ecologistas pretenden extinguir: el hombre. Y los que no llegan a tal extremo, tampoco se preocupan por "desnaturalizar esta especie". ¿Cuándo tendremos ecologistas preocupados por la naturaleza del hombre? ¿Por respetar su constitución biológica? Los ejemplos contrarios son muchos.

Defendemos los huevos de los animales hasta imponer penas de cárcel por estropear un huevo de lagarto o de buitre. Pero consideramos que matar el embrión humano no solo está permitido, sino que es un derecho. Recientemente, los franceses han considerado que este derecho es tan evidente, que lo han protegido incluyéndolo en su Constitución: ¿Dónde quedan la Liberté, Fraternité y Egalité de su famosa Revolución? ¿Qué fraternidad, igualdad y libertad se le muestra al que se le impide nacer?

Por otra parte, los ecologistas se posicionan en contra de los alimentos transgénicos; pero nada dicen de las leyes que permiten (incluso fomentan) los cambios transgénero humanos: ¿Es que esta especie no debe ser protegida? ¿Es que el hombre deber cuidar y respetar todo menos a sí mismo?

Uno de los retos que la humanidad se ha planteado es la llamada Agenda 20-30, indicando el rumbo que debe seguir la humanidad. Pero es curioso que en dicha Agenda (realmente un nuevo Decálogo laico para la Humanidad) las palabras padre, madre o familia no aparezcan mencionadas. ¿No serían estas las claves para una correcta ecología humana? 

Esta nueva "moral laica", convertida en la nueva religión universal, con sus mandamientos, dogmas, herejes y casi sacerdotes, solo aborda parte de las dimensiones del hombre, dejando de lado aquellas que no se consideran "políticamente correctas". Por el contrario, el Decálogo que Dios entregó a Moisés es un breve compendio de todas las dimensiones del hombre, incluidas aquellas que la Agenda 20-30 silencia.

martes, 23 de abril de 2024

La Ecología

Según la creencia cristiana, el hombre es el culmen de la Creación, la guinda que la hace perfecta. Sin el hombre, ¿quién disfrutaría de todas las maravillas creadas?, ¿quién se admiraría de todo esto?

Es por este motivo por el que el hombre tiene una responsabilidad: ha de usar y cuidar de lo que se le ha dado; no puede derrochar estas maravillas de forma egoísta. Así visto, la ecología sería parte de ese mandato que recibió: ¡dominad la Tierra!... pero sin estropearla, añadiría yo.

En ocasiones, el hombre se ha mostrado como un depredador ecológico, cazando o pescando especies hasta ponerlas en riesgo de extinción; o contaminando el aire, los ríos y los mares... Pero no podemos culpar al hombre de aquellos otros fenómenos que son propios de la evolución natural del planeta.

La mayor extinción de especies (al menos por su tamaño) fue la de los dinosaurios... y el hombre no tuvo nada que ver con aquello. Y cuando el clima del planeta cambió entre glaciaciones y temperaturas más suaves, tampoco el hombre tuvo nada que ver. Cuando los volcanes arrojan a la atmósfera miles de toneladas de gases tóxicos o arrasan con los cultivos que les rodean, el hombre no tiene más responsabilidad que la de haber cultivado o construido en la falda de estos monstruos naturales. ¿Qué culpa tuvo el hombre de que el mar que existió en otra época ahora sea el desierto del Sáhara? La Naturaleza también evoluciona por sí misma y tiene como norma evolutiva que el más fuerte se coma al débil... ¡No he oído a nadie quejarse de esto! Cuando un león se come un cordero es algo natural; pero cuando lo hace un hombre (cordero que no existiría si él no lo hubiese criado) entonces es un ataque a la Naturaleza.

Repito: el hombre tiene una responsabilidad; pero no saquemos las cosas de quicio. El hombre no es el enemigo de la Naturaleza... Su mayor enemigo es ella misma...; al menos durante los millones de años que lleva existiendo nuestro planeta.

sábado, 17 de febrero de 2024

La Inteligencia Artificial (2)

Continuando con la entrada anterior, lo que realmente me preocupa no es la técnica que pueda desarrollarse (evidentemente mucho mejor contando con el apoyo total de la informática), sino la actitud del hombre frente a la Inteligencia Artificial.

Desde Descartes, y pasando por Darwin, el hombre ha confiado más en su razón que en sus creencias. Lo cual no deja de ser incoherente, porque, si el hombre es la consecuencia de una evolución aleatoria y casual, ¿cómo confiar en que las conclusiones de su razón (algo aleatorio) puedan ser correctas? De hecho, desde que comenzó el siglo XXI, la conducta humana se está separando de la razón lógica y adoptando conductas realmente irracionales. La ideología de género es el mejor ejemplo de esto: la orientación sexual humana puede desvincularse de la biología, la ciencia y la lógica, dependiendo exclusivamente del deseo del momento.

En mi perfil de WatsAPP, la frase que elegí fue: "Solo puede fiarse de su razón quien sabe que ha sido creado por un Ser inteligente". Si mi lógica depende de la casualidad, ya no puedo fiarme de mí mismo. Pero el hombre ha negado la inteligencia de Dios creador y confíó solo en su propia inteligencia y su razón. Pero ahora, al parecer, va a confiar en una inteligencia (la IA) ajena a cada uno e incontrolable. ¿Hemos rechazado un Dios creador y padre para entregarnos en brazos de una inteligencia artificial? ¿Negamos que nos haya creado una inteligencia divina; pero estamos dispuestos a dejarnos dirigir por una inteligencia artificial?

Esta es mi preocupación. La IA nos va a llevar a niveles tecnológicos insospechables; pero ¿será ese progreso parejo al progreso humano? El riesgo de quedarnos estancados e incluso retroceder en el progreso personal es altísimo: la Historia nos demuestra que el hombre siempre elige el camino más fácil y menos esforzado. En breve no haremos nada que la IA pueda hacer por nosotros.

Yo me pregunto: ante la adversidad, ¿será la IA quien me consuele? Ante la dificultad, ¿será al IA quien me aliente? Cuando equivoque el rumbo de mi vida personal, ¿será la IA capaz de recriminármelo? Pues, aunque así fuese, yo prefiero que todo esto lo haga una inteligencia natural; y si es divina, mucho mejor.

En su momento, utilizaré la IA como una herramienta más; pero mi confianza seguirá puesta en quien por haberme creado, sabe cuál debe ser mi rumbo.

jueves, 22 de octubre de 2020

El Papa y los homosexuales

 Están teniendo mucha notoriedad los últimos comentarios del Papa sobre las uniones civiles de homosexuales. Y esto me permite continuar con mi entrada anterior, pues es la plasmación práctica de lo que allí decía.

Una cosa es que Dios rechace la homosexualidad, porque esta orientación sexual es contraria a la naturaleza de la sexualidad con la que Él nos creo; y otra, totalmente compatible, que Dios ame al homosexual infinitamente. Quizá esto sea difícil de comprender, pero el ejemplo de la entrada anterior sobre el amor de una madre al hijo cuya conducta detesta, nos sirve de ayuda.

Creo que esto es lo que ha tratado de decir el Papa, al indicar que "los homosexuales son hijos de Dios". Por esto, dice que, desde el punto de vista civil, la sociedad puede regular las relaciones entre todo tipo de personas... Y estoy de acuerdo.

Lo que las noticias no dicen es que, desde el punto de vista moral, la Iglesia (y por supuesto el Papa) sigue rechazando la práctica sexual fuera del matrimonio (fornicación, adulterio, homosexualidad...). Y lo rechaza, porque considera que es contrario a la naturaleza biológica o social del hombre.... En definitiva, porque considera que es malo para él...

La regulación de uniones civiles, es otro asunto que depende de cada cuerpo legislativo. Y son estos los que deben determinar las consecuencias que se deriven de una convivencia entre personas. Pero, a mi parecer, se deberían contemplar no sólo las convivencias afectivo-sexuales, sino también otras convivencias afectivas no menos importantes. ¿Es que tienen menos derechos dos hermanos que conviven bajo el mismo techo con cariño y mutua ayuda? ¿Y si no son hermanos, pero han decidido compartir su vida en una relación afectiva no sexual? ¿Del mismo o de distinto sexo? 

Pues a Dios lo que es de Dios (el amor y la moral) y al César lo que es del César (una legislación justa).

Pero me parece que los medios de comunicación prefieren dar las noticias de forma que escandalicen, en vez de aclarar el fondo de la cuestión.




martes, 10 de marzo de 2020

El Verbo Divino, La Palabra.

Dice el comienzo del evangelio de San Juan que al principio existía El Verbo, La Palabra. A Dios se le designa en el cristianismo con este término: La Palabra. Y es curioso que sea precisamente la palabra, las palabras, las que vengan a demostrar (de un nuevo modo) la existencia de La Palabra. Me explico:
La semiótica (la ciencia que estudia los signos, la escritura) no puede explicarse sin pensar en que existe una mente detrás que ha creado las palabras con esos signos y que es capaz de entenderlas cuando las lee. El significado de los signos (valga la redundancia), no puede ser casual, aleatorio; el lenguaje no puede explicarse en base a meras leyes físicas y químicas. 
Si vemos una palabra escrita en la arena de una playa, no pensamos que ha sido un cangrejo que al andar erráticamente ha construido esos signos. Sabemos con certeza que un ser inteligente la ha escrito con la intención de que otros seres inteligentes la lean y la entiendan. Es decir: ha querido transmitirnos una información o un sentimiento. Entonces, la palabra más larga que existe, el ADN, el código genético, 3.500 millones de letras perfectamente ordenadas, ¿sí puede explicarse con física y química? ¿deriva de cambios aleatorios no guiados? No sería más razonable pensar que alguien inteligente la ha escrito para que las células vivas puedan interpretarla (por cierto, la ciencia no ha podido explicar cómo "leen" y aplican su código genético las células... deben ser más listas que nosotros).
La información es algo distinto de la física y la química, no se puede reducir a movimientos de partículas elementales. La información, no sólo es interpretada correctamente por alguien distinto de quien la produjo, sino que incluso puede provocar sentimientos. La información se plasma sobre la materia (un libro) pero no es material y puede generar actividad inmaterial, sentimientos (quizá porque la información es la forma de comunicarse las almas, no los cuerpos).
Esta realidad está haciendo tambalearse muchas teorías materialistas y cosmovisiones ateas del universo.
Las palabras no pueden explicarse sin una inteligencia que las produzca inteligencia: ¿será por esto por lo que Dios se denomina a sí mismo la Palabra?
Todo procede de la nada o todo procede de Dios: ¿qué es más difícil de creer?