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martes, 18 de septiembre de 2018

Los nacionalismos



Los nacionalismos radicales, entendidos como aquellas posturas en las que se rechaza de plano al que no pertenece a la propia nación y se le margina como a un ser inferior -o que simplemente se postula el separatismo como forma de diferenciación-, son opuestos a la concepción social cristiana. Pero no deben confundirse con el patriotismo, entendido como el amor por la propia patria o tierra que, como todo amor, siempre es positivo. El patriota defiende lo suyo, sin despreciar nada y orgulloso de compartir lo suyo con los demás, sin separatismos ni marginaciones.

Son contrarios a la concepción social cristiana por el mismo concepto de cristianismo, abierto a toda la humanidad, cultura, raza o concepción política; porque la llamada de Cristo, en contraposición a la Antigua Alianza que se establece sólo con el pueblo judío, fue universal. Esta es la mayor novedad del mensaje evangélico: la llamada universal. Y, de hecho, el cristianismo se extendió rápidamente por todo el mundo conocido; y posteriormente se fue extendiendo por los nuevos territorios que se fueron conociendo (América y extremo oriente) por la acción de los evangelizadores.

Fue el nacionalismo extremo de los judíos el que les lleva a crucificar al Justo: no quieren admitir que los paganos (despreciables para ellos) puedan estar llamados por Dios en igualdad de condiciones. Y para no ceder en su pretensión de superioridad, cometen el absurdo de someterse al dictamen de Pilatos, el gobernador Romano; e incluso proclamar aquello de "no tenemos más rey que el César".  Los nacionalistas, sometiéndose a los conquistadores para reivindicar su soberanía: quizá el nacionalismo, además de fanático, sea torpe. 

Pero consiguen acabar con Cristo, el rabino que vino a predicar para todos una misma esperanza, sin distinción, y una hermandad universal como hijos de Dios. ¿Acabar con Cristo? Más bien lo que consiguieron fue expandir el cristianismo por todo el Imperio Romano. 

El cristianismo es lo radicalmente opuesto al nacionalismo: y esto lo proclamó Cristo que pertenecía a un pueblo sojuzgado de verdad por los romanos.

Es mi convencimiento.

sábado, 14 de julio de 2018

Bienaventurados los pobres; pero hay del que retenga el salario de su jornalero.

Continúo con la entrada anterior.
Ya he comentado en anteriores ocasiones que el cristianismo no es de derechas ni de izquierdas; entre otras cosas porque no es una ideología política, sino una religión. Es cierto que tanto unos como otros han tratado de apoderarse del mensaje de Cristo para justificar su propia ideología; pero difícilmente lo podrán lograr, debido precisamente a que el cristianismo conjuga los opuestos, no defiende ningún extremo, ni siquiera el centro.
En todo caso, se podría decir que Cristo vino a la tierra para exigir a las derechas que asumiesen los postulados de la izquierda; y a las izquierdas, que asumiese los de la derecha: 

  • Respetar la iniciativa privada, pero que la colectividad vele para que a nadie le falte lo necesario (ni liberalismo ni colectivismo, sino todo lo contrario). 
  • Buscar el mayor bien común, pero sin diluir al individuo en la masa (dignidad personal de cada ser humano, con derechos inviolables). 
  • Defender la propiedad privada, como mejor medio de alcanzar el bien común; pero redistribuirla mediante un sistema impositivo justo (porque sobre toda propiedad privada pesa una hipoteca en favor de las necesidades ajenas).

La perfección del mensaje evangélico consiste precisamente en que conjuga siempre los dos extremos: dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios...

lunes, 3 de febrero de 2014

Cristianismo y nacionalismos

Una de las cosas que más le costó a Cristo enseñar a sus discípulos es la vocación universal del Cristianismo: con la venida del Reino de Dios, el Evangelio pasa a ser propiedad de toda la humanidad, sin distinción de cultura nación ni raza. Y les costó entenderlo porque hasta entonces Dios había sido sólo para el pueblo de Israel... Quizá el primero en comprenderlo y ponerlo en práctica fue San Pablo; y esta apertura le costó más de un disgusto entre los judíos e incluso entre los discípulos.
Por esto la Iglesia que continúa la tradición apostólica desde Roma se llama Iglesia Católica, entendiendo este término como universal... Y al igual de las demás confesiones cristianas, trata de llevar el mensaje evangélico a todo el mundo.
Si hay algo contrario al espíritu del cristianismo es esa cortedad de miras de quien, por defender sus costumbres o su lengua, rechaza la de los demás. Y los nacionalismos, muy habitualmente, caen en este defecto... Es de bien nacido amar la propia tierra, la propia cultura y la propia lengua; pero es mera soberbia encerrarse en ellas y rechazar al que no las comparte. 
No siempre los clérigos lo han entendido así y con frecuencia se alinean con posturas nacionalistas excluyentes, creyendo que así hacen un servicio a la fe. Nada más opuesto a la realidad del cristianismo.
El Papa Francisco dedica un párrafo de su exhortación Evangelii Gaudium a este asunto. Y aunque se refiere a los gobiernos... sería plenamente aplicable a las Diócesis: 
Por ello, exhorto a los países a una generosa apertura, que en lugar de temer la destrucción de la identidad local sea capaz de crear nuevas síntesis culturales. ¡Qué hermosas son las ciudades que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo! ¡Qué lindas son las ciudades que, aun en su diseño arquitectónico, están llenas de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro!

sábado, 1 de febrero de 2014

La caridad cristiana no es ideología

Dos párrafos del Papa Francisco aclaran la actitud que la caridad cristiana debe infundir en todo discípulo de cristo, saliendo al paso tanto de los que se preocupan sólo por transmitir ortodoxia al prójimo, como de los que su solidaridad les lleva a olvidar que el Cristianismo en una religión: el camino para unir a la criatura con su Creador.
No nos preocupemos sólo por no caer en errores doctrinales, sino también por ser fieles a este camino luminoso de vida y de sabiduría. Porque «a los defensores de “la ortodoxia” se dirige a ve ces el reproche de pasividad, de indulgencia o de complicidad culpables respecto a situaciones de injusticia intolerables y a los regímenes políticos que las mantienen».
Pero para que ese rechazo de los regímenes injustos no nos desvíe del camino, en otro párrafo nos aclara:
El pobre, cuando es amado, «es estimado como de alto valor», y esto diferencia la auténtica opción por los pobres de cualquier ideología, de cualquier intento de utilizar a los pobres al servicio de intereses personales o políticos. Sólo desde esta cercanía real y cordial podemos acompañarlos adecuadamente en su camino de liberación. Únicamente esto hará posible que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como en su casa.
No es que el Papa o la Iglesia esté en contra de la política, sólo están en contra de confundir el mensaje evangélico con una ideología concreta; pero animan a todo cristiano a participar en este servicio social (porque la política, por mucho que hoy no lo parezca, debe ser un servicio):
La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común. Tenemos que convencernos de que la caridad «no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas». ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos.

miércoles, 29 de enero de 2014

Evangelii Gaudium: la solidaridad.

Recuerdo cómo explicaba Juan Pablo II el tema de la propiedad privada, recordándonos que ésta tiene como una hipoteca en favor de los necesitados. Ya comentamos sobre lo que Benedicto XVI nos explicó sobre este asunto en la entrada del 22-2-2012. El Papa Francisco lo explica de otra forma: la propiedad privada se justifica por su servicio al bien común. "Sensu contrario", que dirían los juristas, cuando la propiedad privada no sirve al bien común, entonces ya no tiene justificación...

La solidaridad es una reacción espontánea de quien reconoce la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada. La posesión privada de los bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común, por lo cual la solidaridad debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde. Estas convicciones y hábitos de solidaridad, cuando se hacen carne, abren camino a otras transformaciones estructurales y las vuelven posibles. Un cambio en las estructuras sin generar nuevas convicciones y actitudes dará lugar a que esas mismas estructuras tarde o temprano se vuelvan corruptas, pesadas e ineficaces.

En definitiva, esa solidaridad depende más de la actitud de quienes detenten la propiedad o el poder que de la estructura política implantada. No basta con un cambio en los actores: la revolución bolquevique retiró la propiedad de los poderosos, pero no se la entregó al pueblo.  

sábado, 28 de diciembre de 2013

Evangelii Gaudium: los retos

Después de insistir una vez más en que los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio:
No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, « los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio», y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos. Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: «¡Dadles vosotros de comer! » (Mc 6,37).
El Papa nos recuerda los retos que debemos enfrentar en la actualidad para poder implantar el espíritu evangélico, empezando por los económicos: 
No a la economía de exclusión e inequidad: Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».
No a la nueva idolatría del dinero, fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo.  A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta.
No a la inequidad que genera violencia. Cuando la sociedad —local, nacional o mundial— abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad. Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz.
Y siguiendo con otros retos como el relativismo, el hedonismo y la frivolidad:
...una cultura, en la cual cada uno quiere ser el portador de una propia verdad subjetiva, vuelve difícil que los ciudadanos deseen integrar un proyecto común más allá de los beneficios y deseos personales. En la cultura predominante, el primer lugar está ocupado por lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial, lo provisorio. Lo real cede el lugar a la apariencia. En muchos países, la globalización ha significado un acelerado deterioro de las raíces culturales con la invasión de tendencias pertenecientes a otras culturas, económicamente desarrolladas pero éticamente debilitadas.
La Iglesia debe enfrentar estos retos sociales buscando la respuesta más humana posible a cada caso... 
... una actitud burocrática para dar respuesta a los problemas, simples o complejos, de la vida de nuestros pueblos. En muchas partes hay un predominio de lo administrativo sobre lo pastoral, así como una sacramentalización sin otras formas de evangelización...

martes, 11 de septiembre de 2012

Y existe una moral pública


Entendemos por moral pública la moral colectiva de la sociedad que la guía hacia su fin natural; es decir, aquella que permite a la sociedad alcanzar sus fines. Decíamos en la última entrada que sin individuos buenos no se pueden tener sociedades buenas, por muy bien diseñadas que estén… Pues sin una moral pública lo que no puede hacerse es diseñar bien la sociedad, establecer sus fines correctos y el modo de alcanzarlos. ¿De qué les sirvió a los nazis la disciplina y abnegación de sus soldados y ciudadanos (que en sí mismas son virtudes apreciables), si los fines perseguidos les llevaban a la autodestrucción?

La moral pública, esa parte de la Ley Natural que afecta al hombre como individuo social, es tan necesaria como la privada: si se desconoce el destino del hombre, difícilmente se le puede llevar a buen puerto, por muy bueno que sea el barco y a pesar de la pericia de los marineros.

El Cristianismo tiene muchas y buenas ideas sobre esa moral pública; y, de hecho, son las ideas cristianas las que construyeron Occidente hasta nuestros días (por mucho que hoy se quiera ocultar).

Y yo creo que esas ideas en su esencia siguen siendo válidas. Es absurdo rechazarlas de plano simplemente porque provienen del ámbito de las creencias: deben analizarse; y, si son válidas, aplicarlas.

Pero quede claro que el Cristianismo no es un modelo político, por lo que serán los cristianos los que propongan y apliquen las medidas concretas que en cada circunstancia les parezcan más convenientes. Por lo tanto, ni ningún cristiano puede pretender monopolizar la “política cristiana”, ni existe un “partido cristiano”; lo más que puede existir son partidos de inspiración cristiana, diversos e incluso con soluciones opuestas para un mismo problema

martes, 6 de marzo de 2012

El cristianismo total

Ya hemos explicado que el cristianismo ni es de derechas ni es de izquierdas, sino todo lo contrario. Se podría decir que Cristo vino a la tierra para exigir a las derechas que asumiesen los postulados de la izquierda; y a la izquierda, que asumiese los de la derecha. La perfección del mensaje evangélico consiste precisamente en que conjuga siempre los dos extremos. In medio virtus: sí, pero no por la mediocridad de quedarnos a la mitad de todo, sino por la perfección de conjugar los opuestos.
Pues bien, qué pocos cristianos se esfuerzan en conocer y aplicar al totalidad del mensaje evangélico, desde la parábola del buen samaritano, hasta aquello de que quien mira a una mujer deseándola ya está adulterande con ella; y pasando por lo de la expulsión de los mercaderes que convertían el Templo en cueva de ladrones.
El cristianismo es así de exigente: tanto en la justicia social, como en la moral como en el culto y el trato con Dios.
Y por esto, ni los cristianos nos atrevemos a hacerlo triunfar: nos exigiría demasiado. Pero si en un arrebato de arrojo nos atreviésemos, seguro que teníamos más seguidores que proponiendo estas medias tintas que vamos predicando.

lunes, 5 de marzo de 2012

¿Triunfará el cristianismo?

Sigo con mi entrada anterior, en la que recomendaba el triunfo del cristianismo como solución para cualquier crisis. Y viene la pregunta: ¿triunfará alguna vez el cristianismo?; y quizá alguien también se pregunte: ¿por qué no ha triunfado ya si es tan bueno?
La respuesta a ambas cuestiones es muy simple: el cristianismo ni ha triunfado ni triunfará en sociedad alguna porque los cristianos en realidad no queremos.
Me explicaré. 
El problema es que los cristianos, como individuos o como grupos concretos, queremos que triunfen sólo aquellos valores que nos parecen más importantes; o quizá, aquellos que nos parecen más cómodos o provechosos para nosotros mismos o nuestro grupo. 
Profundizaré un poco más. 
Hay un grupo de cristianos a los que podríamos llamar "conservadores" que ponen todo su esfuerzo en mantener la moral cristiana y el culto; es decir, tratan de imponer a los demás "su" moral; y esta meta la sitúan muy por encima de otras necesidades que ese prójimo pueda tener. "Tienes que ser decente y conformarte con la vida que Dios te ha dado", parecen decir muchos cristianos acomodados a los ciudadanos menos favorecidos por la fortuna.
Hay otros cristianos que podríamos llamar "progresistas", a quienes la doctrina social de la Iglesia les parece lo principal y tratan de que triunfe a todas costa, incluso aliándose con sus propios enemigos (como hizo la teología de la liberación con las doctrinas marxistas). A estos cristianos la moral y el culto no les importa casi nada, la meta es establecer la justicia social que Cristo vino a predicar a la Tierra (ignorando que Cristo jamás habló de justicia social).
Y el problema es éste: ninguno de esos grupos está interesado en que triunfe el cristianismo total, aquella doctrina que conjuga la moral y el culto con la justicia social. Y no quieren que triunfe porque les parecería muy exigente: al moralista, porque no le apetece compartir los bienes que Dios le ha dado; al progresista, porque no está dispuesto a pagar el precio de la moral para alcanzar su objetivo social. 
Y así nos va, a los cristianos y a los no cristianos.

martes, 28 de febrero de 2012

La paz

En teoría, todos buscamos la paz: nos parece el valor más común a toda la humanidad. Pero esto no es realmente así. A lo largo de la Historia, muchas sociedades se han basado en la guerra como sistema social y de progreso. Todo en estas sociedades se orientaba hacia lo militar, desde la las distinciones de clase social hasta el urbanismo de sus ciudades; y su única forma de progreso era la conquista del vecino. Y en el mismo siglo XX tenemos dos ejemplos de sociedades por y para la guerra: la Alemania nazi y el Japón imperialista. Realmente, la paz como un valor social es algo que introduce el cristianismo; y muchas veces le cuesta hacerlo, pues se confundía su pacifismo con cobardía o sometimiento. De hecho, lo de bienaventurados los pacíficos se incardina entre las mismas bienaventuranzas que se dedican a los pobres, los que sufren o los perseguidos: a todos ellos se les considera utópicos.

Pero, ¿que es la paz? Pues San Agustín nos responde que paz en la tranquilidad en el orden. Es decir, si la tranquilidad no es consecuencia de una situación jurídica y socialmente ordenada, entonces no es paz: es opresión. En ambos casos se mantiene la tranquilidad social; pero todos sabemos la diferencia que hay entre una tranquilidad apacible y una tranquilidad impuesta.

Me atrevo a añadir otra característica a la definición de San Agustín: la paz debe descansar en la Verdad. El Reino de Dios, como sociedad perfecta, alcanza la paz y la justicia por fuerza de la Verdad; es decir, en base a lo que el hombre realmente es y la dignidad que intrínsecamente posee. Los reinos de los hombres -por muy democráticos que sean- alcanzan la paz por otras vías, ya sean la fuerza militar o la fuerza de los votos; pero en ambos casos se trata de que unos imperen sobre otros. Y esta paz nuca puede colmar al hombre.

sábado, 6 de agosto de 2011

El Papa en España

Faltan ya pocos días para que el Papa llegue a España para la Jornada Mundial de la Juventud: el evento que más jóvenes congrega de todos los que han existido; y, por supuesto, muchos más que los conciertos rock. Pero esto levanta muchas ampollas entre los ateos y laicistas. El colectivo "ateos por un mundo mejor" está promoviendo en España una campaña para que el Estado no financie ni un euro del coste de la visita papal.
Si lo pensamos bien, no les falta razón. según la doctrina social de la Iglesia, el papel del Estado es subsidiario: es decir, que aquello que puedan hacer los particulares lo deben hacer ellos, y el Estado no puede inmiscuirse en todas las actividades ciudadanas. Por lo tanto, yo soy de los que opinan que cada uno debe financiarse sus aficiones, sus actividades y sus creencias. Hasta aquí, de acuerdo.
Pero el problema es que con los impuestos de todos -incluidos los de los nueve millones de católicos que en España frecuentan la Misa dominical- se están subvencionando las aficiones y actividades de otros. Por ejemplo, en España el estado paga parte del coste del cine, el teatro, los sindicatos, los partidos políticos, las asociaciones vecinales, los conciertos rock, los colectivos homosexuales, el estudio de la rana verde... y cien inventos más que únicamente sirven para que los políticos consigan votos.
Por lo tanto, mientras las cosas estén así, ¿por qué no se va a gastar parte de los impuestos de los católicos en financiar la visita de su líder?

miércoles, 6 de abril de 2011

La verdad y la política

Dedica Benedicto XVI un apartado de la segunda parte de su Jesús de Nazaret a comentar el juicio que sufrió Jesús ante Pilatos; y cómo salió entonces a relucir la Verdad. Y así llega a afirmar que el Reino de Dios no es un reinado de poder, sino la implantación de la Verdad como forma de llegar a la justicia y la paz. 
Y esta es la gran diferencia: los reinos de los hombres pretenden alcanzar la paz imponiendo el criterio de la mayoría; y los más violentos, pretenden imponer la paz con fuerza bruta. Pero ninguna de estas vías es posible si esa paz no se basa en la Verdad sobre el hombre, por mucha fuerza que se haga o mucha mayoría que se siga.
Al hombre sólo le colma la paz que se deriva de la Verdad, del conocimiento certero de su propia naturaleza y su propio destino.

miércoles, 23 de marzo de 2011

El crucifijo en Occidente

Una sentencia del Tribunal Constitucional de Perú aclara perfectamente la polémica entre los laicistas empedernidos (que quieren eliminar cualquier símbolo religioso y cercenar la libertaad de expresión de los creyentes) y los auténticos tolerantes (que toleran tanto las expresiones religiosas como las agnósticas o ateas):

“El Tribunal Constitucional considera que la presencia de símbolos religiosos como el crucifijo o la Biblia que se encuentran histórica y tradicionalmente presentes en un ámbito público, como en los despachos y tribunales del Poder Judicial, no afecta la libertad religiosa ni el principio de laicidad del Estado, en tanto que la presencia de esos símbolos responde a una tradición históricamente arraigada en la sociedad, que se explica por ser la Iglesia Católica un elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú, conforme lo reconoce el artículo 50º de la Constitución”.
“De este modo, si bien en un templo el crucifijo tiene un significado religioso, en un escenario público (como en los despachos y tribunales del Poder Judicial) tiene un valor cultural, ligado a la historia del país, a su cultura o tradiciones. En tal contexto, que el Estado mantenga dichos símbolos en tales espacios públicos no significa que abandone su condición de Estado laico para volverse un Estado confesional”.
“Además, la sola presencia de un crucifijo o una Biblia en un despacho o tribunal del Poder Judicial no fuerza a nadie a actuar en contra de sus convicciones, pues no puede sostenerse que de la presencia de tales símbolos se derive alguna obligación de, por ejemplo, adoración o veneración, cuyo cumplimiento afecte la conciencia de los no creyentes.Tal supuesto de coacción no sucede ni se configura por el solo hecho de exhibir o colocar crucifijos siguiendo una tradición arraigada a nuestra historia y a nuestras costumbres”.

Está muy claro; pero el que no quiere entender...

lunes, 31 de enero de 2011

Una propuesta política cristiana

Con objeto de plasmar en política mi interpretación de la concepción social cristiana -de la que he hablado en muchas ocasiones en este blog-, he decidido abrir un nuevo blog dedicado a este objetivo: El Socialcristianismo, una propuesta política cristiana
Espero que sea de vuestro interés.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Al César lo que es del César

Hay que dar al César lo que es del Cesar. Y evidentemente, la administración de Justicia es algo que compete al Estado, a través del poder judicial; y con la mayor independencia posible.


Pero una cosa es que el Estado administre justicia y otra muy distinta que se "invente la justicia". Porque la Justicia es algo que nos viene dado por la Ley Natural, los derechos Humanos o como se le quiera llamar. Y la Justicia tiene un marco que no se puede saltar ni el Estado ni el Parlamento, por muy democráticamente que se haya constituido: el derecho a la vida es universal, los derechos de las minorías son tan inviolables como los de las mayorías.


¿Y qué ocurre cuando la razón humana se oscurece por la ambición, el odio, la revancha, etc? Entonces, el hombre ya no sabe distinguir la auténtica Justicia, el Derecho Natural o los Derechos Humanos. Cuando la razón se oscurece (y hemos tenido muchos episodios de oscurecimiento en la Historia, especialmente en el siglo XX), sólo nos queda la Fe: aceptar la autoridad de un Ser superior, que se nos ha revelado. En este caso, la Fe se presenta como la sabiduría natural de la humanidad: la norma última, que no puede eludirse y marca los límites del obrar humano, político y social...

El Estado administra la Justicia...; pero dentro de los límitess que le vienen impuestos.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Hombre y mujer los creó

Hombre y mujer nos creó Dios, a ambos con una misma dignidad: la dignidad de ser sus hijos.

Hoy, los defensores de la "ideología de género", necesitan muchos más argumentos para defender la igualdad de la dignidad del hombre y la mujer, porque no se reconocen como hijos de Dios. Y si somos simplemente frutos de la evolución o de la casualidad, entonces: por qué íbamos a tener la misma dignidad. Por supuesto, lo mismo puede predicarse de otros dos cualesquiera individuos: si no son ambos hijos de Dios, ¿por qué van a tener la misma dignidad?

Y es que cuando el hombre niega a Dios, lo primero que niega es su propia dignidad; y se acaba defendiendo el "proyecto simio", esa propuesta legislativa que quiere otorgar los derechos humanos a los simios, al considerarles igual de dignos que nosotros: frutos de la casual evolución.

Pero volvamos al hombre y la mujer: Dios nos ha creado con la misma dignidad, pero -al contrario de lo que la ideología de género defiende- nos ha creado como realidades antropológicas distintas, con fisonomía distinta y funciones distintas..., y estas distinciones no son meros accidentes culturales, sino constitutivas de la propia naturaleza del hombre y la mujer.

Hemos negado a Dios, hemos negado nuestra dignidad y hemos acabado negando nuestra naturaleza... Vemos ahora lo expuesto en la entrada anterior sobre lo irracional de la razón instrumental.

viernes, 29 de octubre de 2010

Dos tipos de feminismo

Hablando de la ideología de género(1), me gustaría comentar algo también del feminismo, que es uno de los aspectos de la misma.

El feminismo en sí no es bueno ni malo: es el esfuerzo de la mujeres para que se les reconozca su dignidad, sus capacidades y las limitaciones a que les somete su condición de procreadoras. En la medida en que estos objetivos coincidan con la verdad, son positivos; ya que el descubrimiento de la verdad es siempre algo bueno.

Pero la ideología de género no busca eso, sino que lo que pretende es modificar la antropología humana como está concebida: pretende difuminar la figura del varón y de la mujer, para confundirlas en una especie de ser neutro. En definitiva, creo que su objetivo es acabar con la creación de Dios: hombre y mujer los creó... Así, intenta eliminar del hombre la idea de Dios (ya que a Dios mismo no puede destruirlo); y simultaneamente intenta destruir su principal creación: el ser humano dual. Dicho lo anterior, me atrevo a afirmar que hay dos tipos de mujeres activistas:
  • Las feministas, que son aquéllas que pretenden engrandecer la figura de la mujer; lograr que se realicen en plenitud en el mundo actual; reconociendo la dignidad que tienen -igual a la del varón- pero con diversidad de funciones. Las feministas quieren una mujer muy femenina, madre, esposa, trabajadora, intelectual y capaz de dar a la sociedad esa visión del mundo tan diferente de la del varón.
  • Las feminazis, que son las mujeres obsesionadas por una ideología que nada tiene de femenina y mucho tiene de odio al sexo contrario, al que pretenden suplantar. Estas mujeres quieren imponer a las demás mujeres sus propias actitudes antifemeninas que sólo pretenden convertirlas en "varones sociales es con anatomía hembra"; y que acabará destruyendo a toda mujer que se deje arrastrar por ellas.
La diferencia entre unas y otras radica en si se sigue o no se sigue el plan divino: Hombre y mujer los creó...; y todo lo que se oponga al plan divino sólo puede terminar en destrucción. Por esto las feminazis odian tanto a las feministas.

jueves, 14 de octubre de 2010

La ideología de género

Hace siglo y medio, la civilización -inmersa en la revolución industrial- se lanzó alocadamente a la carrera del progreso sin pensar el coste que dicho progreso pudiese tener: no tuvo en cuenta ni la protección del más débil (el trabajador arrancado del mundo rural y esclavizado en entornos industriales urbanos) ni la conservación de la Naturaleza, que tuvo que soportar todo tipo de agresiones que amenazaban el equilibrio medioambiental en muchas partes del planeta. Fueron necesarias décadas de aberraciones hasta que el afán progresista industrial se moderó y permitió al hombre ver lo que ocurría a su alrededor; y empezar a poner coto a tanta destrucción.

Pues bien, desde la segunda mitad del siglo XX -y especialmente en sus dos últimas décadas- el hombre se ha lanzado a la carrera de disfrutar de las posibilidades que los avances científicos han puesto a su alcance; y en esta alocada carrera tampoco tiene tiempo de pararse a ponderar las consecuencias de sus actos.

Primero se controló la fecundidad humana; y el hombre se lanzó a disfrutar del sexo sin miedo a las consecuencias. Después se la logrado controlar la propia generación del nuevo ser; y muchos se han lanzado a "fabricarse" hijos a su medida, cuándo, cómo y dónde les ha parecido mejor, sin tener en cuenta el bien final de ese hijo que tanto desean.

Y, tras los dos adelantos anteriores, nos hemos lanzado a transformar la sociedad natural basada en la familia (hombre y mujer en unión permanente), sustituyendo la estructura social en la que los individuos se incorporaban a través de una familia basada en lazos de amor, por una estructura totalmente artificial e inviable en la que se considera familia a cualquier colectivo que sea capaz de interaccionar sexualmente.

Y para evitar que las diferencias de sexo ralenticen esta alocada carrera, nos hemos lanzado a eliminarlas y a imponer -a sangre y fuego- una ideología de genero que no es más que la destrucción del ser humano como se ha considerado hasta la fecha (acorde con su naturaleza real): la deconstrucción del hombre.

Y todo para que el goce y la libertad humana sea ilimitada: tratamos de liberar al hombre de su propio cuerpo. Es lo más parecido a Dios: un ser sin limitación alguna que realiza en todo momento su deseo.

Pero en Dios esto es acorde a su naturaleza divina; mientras que en el hombre supone la destrucción de su naturaleza

Por supuesto, para poder imponer esta ideología de género, se debe destruir primero en el hombre todo concepto de trascendencia -de reconocimiento de límites a la actuación humana-, ya que ésto limitaría nuestra libertad de autodestruirnos con tal de gozar sin límite. Con este objetivo, cualquier esfuerzo por corromper la sociedad cristiana será poco; y a los que se opongan se los tachará de retrógrados, fanáticos, peligrosos... y se les acabará persiguiendo. Parece como si la sociedad, ajena a cualquier código moral, hubiese caído en la dependencia de la "droga del deseo" y no le importase lo que haya que destruir para conseguir droga.

¿Es esto diabólico? ¿Hasta cuándo lo consentirá Dios? Quizá hasta que volvamos nuestro rostro hacia Él y le pidamos sinceramente que vuelva a tomar el timón de nuestra sociedad. Entonces podremos mirar a nuestro alrededor y ver todo lo que hemos destruido...

viernes, 24 de septiembre de 2010

El discurso del Papa (II)

Continuamos repasando el importante discurso de Benedicto XVI ante el Parlamento de Westminster.

En otras palabras, la religión no es un problema que los legisladores deban solucionar, sino una contribución vital al debate nacional. Desde este punto de vista, no puedo menos que manifestar mi preocupación por la creciente marginación de la religión, especialmente del cristianismo, en algunas partes, incluso en naciones que otorgan un gran énfasis a la tolerancia.

Éste es el gran problema de occidente: quiere renegar de sus raíces cristianas, como si la religión fuese un obstáculo al progreso; y no se dan cuenta de que precisamente ha sido el cristianismo el que potenció en occidente el progreso social y la dignidad de la persona. Puede que a alguno le extrañe esta afirmación, ya que la "historia políticamente correcta" lleva desde la revolución francesa ocultando los logros del cristianismo y recordando sólo sus errores; pero a quien no comparta esa afirmación le ruego que compare con otras civilizaciones sujetas a otras religiones, o trate de buscar los efectos que el "ateísmo oficial" causó en el pueblo (la propia revolución francesa y la implantación del Comunismo). Y, por supuesto, son los más tolerantes los que no están dispuestos a tolerar que mantengamos nuestras raíces.

Hay algunos que desean que la voz de la religión se silencie, o al menos que se relegue a la esfera meramente privada. Hay quienes esgrimen que la celebración pública de fiestas como la Navidad deberían suprimirse según la discutible convicción de que ésta ofende a los miembros de otras religiones o de ninguna. Y hay otros que sostienen -paradójicamente con la intención de suprimir la discriminación- que a los cristianos que desempeñan un papel público se les debería pedir a veces que actuaran contra su conciencia. Éstos son signos preocupantes de un fracaso en el aprecio no sólo de los derechos de los creyentes a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa, sino también del legítimo papel de la religión en la vida pública. Quisiera invitar a todos ustedes, por tanto, en sus respectivos campos de influencia, a buscar medios de promoción y fomento del diálogo entre fe y razón en todos los ámbitos de la vida nacional.

Claro, si los políticos actuasen según su conciencia, se acabaría la disciplina de partido y muchos políticos verían mermada su influencia. No, a los políticos no les interesan ni los principios ni siquiera la razón... no vaya a ser que les acaben pidiendo cuentas. Ellos prefieren dirigir la política nacional según los intereses del propio partido. La religión, la moral, la ética y la razón: son estorbos para sus ambiciones.


Una vez más, este Papa sabio ha puesto el dedo en la llaga: ¿le harán caso o seguirán llevando a Occidente a su suicidio como civilización?

martes, 21 de septiembre de 2010

Discurso del Papa en el Parlamenteo Británico

El discurso que pronunció Benedicto XVI el pasado día 17 en el Parlamento más antiguo del mundo, es un discurso fundamental para explicar las bases y los límites del sistema democrático; y los límites legislativos de las autoridades; y contiene importantes precisiones sobre la vinculación entre la razón y la democracia. Empieza por ponernos como ejemplo a Santo Tomás Moro, que murió por defender la coherencia política de su fe:

En particular, quisiera recordar la figura de Santo Tomás Moro, .../..., quien es admirado por creyentes y no creyentes por la integridad con la que fue fiel a su conciencia, .../..., pues eligió servir primero a Dios. El dilema que afrontó Moro en aquellos tiempos difíciles, la perenne cuestión de la relación entre lo que se debe al César y lo que se debe a Dios, me ofrece la oportunidad de reflexionar brevemente con ustedes sobre el lugar apropiado de las creencias religiosas en el proceso político.


Después nos recuerda que fue el Cristianismo quien empezó a reconocer la dignidad de toda la persona humana; y, en consecuencia, quien promovió las únicas entidades benéficas que existieron hasta el siglo XX:

.../... Si bien con otro lenguaje, la Doctrina Social de la Iglesia tiene mucho en común con dicha perspectiva, en su preocupación primordial por la protección de la dignidad única de toda persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, y en su énfasis en los deberes de la autoridad civil para la promoción del bien común.

Es decir, que la política tiene como fin el bien común, no el interés de un partido, aunque gobierne en mayoría.

Con todo, las cuestiones fundamentales en juego en la causa de Tomás Moro continúan presentándose hoy.../...: ¿Qué exigencias pueden imponer los gobiernos a los ciudadanos de manera razonable? Y ¿qué alcance pueden tener? ¿En nombre de qué autoridad pueden resolverse los dilemas morales? Estas cuestiones nos conducen directamente a la fundamentación ética de la vida civil. Si los principios éticos que sostienen el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el mero consenso social, entonces este proceso se presenta evidentemente frágil. Aquí reside el verdadero desafío para la democracia.

El consenso, base del sistema democrático, no puede establecer los principios éticos, sino que debe limitarse a encontrar la mejor manera de aplicarlos, una vez reconocidos por todos. No puede renunciarse total o parcialmente a un principio ético con objeto de formar una mayoría parlamentaria; pues no es posible buscar el bien común con principios adulterados.

La reciente crisis financiera global ha mostrado claramente la inadecuación de soluciones pragmáticas y a corto plazo relativas a complejos problemas sociales y éticos. Es opinión ampliamente compartida que la falta de una base ética sólida en la actividad económica ha contribuido a agravar las dificultades que ahora están padeciendo millones de personas en todo el mundo. .../... igualmente en el campo político, la dimensión ética de la política tiene consecuencias de tal alcance que ningún gobierno puede permitirse ignorar.

Nos recuerda que, al igual que la crisis financiera se produce por la total ausencia de principios éticos en la búsqueda del lucro, la búsqueda del voto al margen del bien común y los principios éticos solo puede generar caos social.

Así que, el punto central de esta cuestión es el siguiente: ¿Dónde se encuentra la fundamentación ética de las deliberaciones políticas? La tradición católica mantiene que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación. En este sentido, el papel de la religión en el debate político no es tanto proporcionar dichas normas, como si no pudieran conocerlas los no creyentes. Menos aún proponer soluciones políticas concretas, algo que está totalmente fuera de la competencia de la religión. Su papel consiste más bien en ayudar a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos.

Nos explica cómo se debe utilizar la razón para descubrir los principios éticos; y el papel que la religión juega al exigir la recta actuación de los agentes políticos y sociales, anteponiendo el bien común a sus intereses personales. Precisamente por esta exigencia, la religión ha sido frecuentemente apartada del mundo político: porque nos recuerda constantemente que el poder tiene unos límites objetivos que ninguna mayoría puede traspasar:

Este papel "corrector" de la religión respecto a la razón no siempre ha sido bienvenido, .../... Sin la ayuda correctora de la religión, la razón puede ser también presa de distorsiones, como cuando es manipulada por las ideologías o se aplica de forma parcial en detrimento de la consideración plena de la dignidad de la persona humana. Después de todo, dicho abuso de la razón fue lo que provocó .../... la difusión de las ideologías totalitarias del siglo XX. Por eso deseo indicar que el mundo de la razón y el mundo de la fe -el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas- necesitan uno de otro y no deberían tener miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización.

En definitiva: un discurso histórico que denuncia los intentos de imposición de un laicismo que anule los límites que la religión impone al poder político.

No sé por qué, pero creo que no le van a hacer mucho caso...