Hay quien piensa que fe es lo opuesto a razón. Hay quien piensa que los que tenemos fe no somos personas razonables. No comparto estas opiniones; y para mostraros que en la razón hay mucha parte de fe y que en la fe hay mucha parte de razón, es para lo que comienzo este blog (28-9-2005).
martes, 18 de septiembre de 2018
Los nacionalismos
sábado, 14 de julio de 2018
Bienaventurados los pobres; pero hay del que retenga el salario de su jornalero.
Ya he comentado en anteriores ocasiones que el cristianismo no es de derechas ni de izquierdas; entre otras cosas porque no es una ideología política, sino una religión. Es cierto que tanto unos como otros han tratado de apoderarse del mensaje de Cristo para justificar su propia ideología; pero difícilmente lo podrán lograr, debido precisamente a que el cristianismo conjuga los opuestos, no defiende ningún extremo, ni siquiera el centro.
En todo caso, se podría decir que Cristo vino a la tierra para exigir a las derechas que asumiesen los postulados de la izquierda; y a las izquierdas, que asumiese los de la derecha:
- Respetar la iniciativa privada, pero que la colectividad vele para que a nadie le falte lo necesario (ni liberalismo ni colectivismo, sino todo lo contrario).
- Buscar el mayor bien común, pero sin diluir al individuo en la masa (dignidad personal de cada ser humano, con derechos inviolables).
- Defender la propiedad privada, como mejor medio de alcanzar el bien común; pero redistribuirla mediante un sistema impositivo justo (porque sobre toda propiedad privada pesa una hipoteca en favor de las necesidades ajenas).
La perfección del mensaje evangélico consiste precisamente en que conjuga siempre los dos extremos: dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios...
lunes, 3 de febrero de 2014
Cristianismo y nacionalismos
Por esto la Iglesia que continúa la tradición apostólica desde Roma se llama Iglesia Católica, entendiendo este término como universal... Y al igual de las demás confesiones cristianas, trata de llevar el mensaje evangélico a todo el mundo.
Si hay algo contrario al espíritu del cristianismo es esa cortedad de miras de quien, por defender sus costumbres o su lengua, rechaza la de los demás. Y los nacionalismos, muy habitualmente, caen en este defecto... Es de bien nacido amar la propia tierra, la propia cultura y la propia lengua; pero es mera soberbia encerrarse en ellas y rechazar al que no las comparte.
No siempre los clérigos lo han entendido así y con frecuencia se alinean con posturas nacionalistas excluyentes, creyendo que así hacen un servicio a la fe. Nada más opuesto a la realidad del cristianismo.
El Papa Francisco dedica un párrafo de su exhortación Evangelii Gaudium a este asunto. Y aunque se refiere a los gobiernos... sería plenamente aplicable a las Diócesis:
Por ello, exhorto a los países a una generosa apertura, que en lugar de temer la destrucción de la identidad local sea capaz de crear nuevas síntesis culturales. ¡Qué hermosas son las ciudades que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo! ¡Qué lindas son las ciudades que, aun en su diseño arquitectónico, están llenas de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro!
sábado, 1 de febrero de 2014
La caridad cristiana no es ideología
No nos preocupemos sólo por no caer en errores doctrinales, sino también por ser fieles a este camino luminoso de vida y de sabiduría. Porque «a los defensores de “la ortodoxia” se dirige a ve ces el reproche de pasividad, de indulgencia o de complicidad culpables respecto a situaciones de injusticia intolerables y a los regímenes políticos que las mantienen».
Pero para que ese rechazo de los regímenes injustos no nos desvíe del camino, en otro párrafo nos aclara:
El pobre, cuando es amado, «es estimado como de alto valor», y esto diferencia la auténtica opción por los pobres de cualquier ideología, de cualquier intento de utilizar a los pobres al servicio de intereses personales o políticos. Sólo desde esta cercanía real y cordial podemos acompañarlos adecuadamente en su camino de liberación. Únicamente esto hará posible que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como en su casa.
No es que el Papa o la Iglesia esté en contra de la política, sólo están en contra de confundir el mensaje evangélico con una ideología concreta; pero animan a todo cristiano a participar en este servicio social (porque la política, por mucho que hoy no lo parezca, debe ser un servicio):
La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común. Tenemos que convencernos de que la caridad «no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas». ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos.
miércoles, 29 de enero de 2014
Evangelii Gaudium: la solidaridad.
sábado, 28 de diciembre de 2013
Evangelii Gaudium: los retos
... una actitud burocrática para dar respuesta a los problemas, simples o complejos, de la vida de nuestros pueblos. En muchas partes hay un predominio de lo administrativo sobre lo pastoral, así como una sacramentalización sin otras formas de evangelización...
martes, 11 de septiembre de 2012
Y existe una moral pública
martes, 6 de marzo de 2012
El cristianismo total
Pues bien, qué pocos cristianos se esfuerzan en conocer y aplicar al totalidad del mensaje evangélico, desde la parábola del buen samaritano, hasta aquello de que quien mira a una mujer deseándola ya está adulterande con ella; y pasando por lo de la expulsión de los mercaderes que convertían el Templo en cueva de ladrones.
El cristianismo es así de exigente: tanto en la justicia social, como en la moral como en el culto y el trato con Dios.
Y por esto, ni los cristianos nos atrevemos a hacerlo triunfar: nos exigiría demasiado. Pero si en un arrebato de arrojo nos atreviésemos, seguro que teníamos más seguidores que proponiendo estas medias tintas que vamos predicando.
lunes, 5 de marzo de 2012
¿Triunfará el cristianismo?
martes, 28 de febrero de 2012
La paz
Pero, ¿que es la paz? Pues San Agustín nos responde que paz en la tranquilidad en el orden. Es decir, si la tranquilidad no es consecuencia de una situación jurídica y socialmente ordenada, entonces no es paz: es opresión. En ambos casos se mantiene la tranquilidad social; pero todos sabemos la diferencia que hay entre una tranquilidad apacible y una tranquilidad impuesta.
Me atrevo a añadir otra característica a la definición de San Agustín: la paz debe descansar en la Verdad. El Reino de Dios, como sociedad perfecta, alcanza la paz y la justicia por fuerza de la Verdad; es decir, en base a lo que el hombre realmente es y la dignidad que intrínsecamente posee. Los reinos de los hombres -por muy democráticos que sean- alcanzan la paz por otras vías, ya sean la fuerza militar o la fuerza de los votos; pero en ambos casos se trata de que unos imperen sobre otros. Y esta paz nuca puede colmar al hombre.
sábado, 6 de agosto de 2011
El Papa en España
Si lo pensamos bien, no les falta razón. según la doctrina social de la Iglesia, el papel del Estado es subsidiario: es decir, que aquello que puedan hacer los particulares lo deben hacer ellos, y el Estado no puede inmiscuirse en todas las actividades ciudadanas. Por lo tanto, yo soy de los que opinan que cada uno debe financiarse sus aficiones, sus actividades y sus creencias. Hasta aquí, de acuerdo.
Pero el problema es que con los impuestos de todos -incluidos los de los nueve millones de católicos que en España frecuentan la Misa dominical- se están subvencionando las aficiones y actividades de otros. Por ejemplo, en España el estado paga parte del coste del cine, el teatro, los sindicatos, los partidos políticos, las asociaciones vecinales, los conciertos rock, los colectivos homosexuales, el estudio de la rana verde... y cien inventos más que únicamente sirven para que los políticos consigan votos.
Por lo tanto, mientras las cosas estén así, ¿por qué no se va a gastar parte de los impuestos de los católicos en financiar la visita de su líder?
miércoles, 6 de abril de 2011
La verdad y la política
miércoles, 23 de marzo de 2011
El crucifijo en Occidente
lunes, 31 de enero de 2011
Una propuesta política cristiana
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Al César lo que es del César
Hay que dar al César lo que es del Cesar. Y evidentemente, la administración de Justicia es algo que compete al Estado, a través del poder judicial; y con la mayor independencia posible.
Pero una cosa es que el Estado administre justicia y otra muy distinta que se "invente la justicia". Porque la Justicia es algo que nos viene dado por la Ley Natural, los derechos Humanos o como se le quiera llamar. Y la Justicia tiene un marco que no se puede saltar ni el Estado ni el Parlamento, por muy democráticamente que se haya constituido: el derecho a la vida es universal, los derechos de las minorías son tan inviolables como los de las mayorías.
¿Y qué ocurre cuando la razón humana se oscurece por la ambición, el odio, la revancha, etc? Entonces, el hombre ya no sabe distinguir la auténtica Justicia, el Derecho Natural o los Derechos Humanos. Cuando la razón se oscurece (y hemos tenido muchos episodios de oscurecimiento en la Historia, especialmente en el siglo XX), sólo nos queda la Fe: aceptar la autoridad de un Ser superior, que se nos ha revelado. En este caso, la Fe se presenta como la sabiduría natural de la humanidad: la norma última, que no puede eludirse y marca los límites del obrar humano, político y social...
El Estado administra la Justicia...; pero dentro de los límitess que le vienen impuestos.
domingo, 5 de diciembre de 2010
Hombre y mujer los creó
Hoy, los defensores de la "ideología de género", necesitan muchos más argumentos para defender la igualdad de la dignidad del hombre y la mujer, porque no se reconocen como hijos de Dios. Y si somos simplemente frutos de la evolución o de la casualidad, entonces: por qué íbamos a tener la misma dignidad. Por supuesto, lo mismo puede predicarse de otros dos cualesquiera individuos: si no son ambos hijos de Dios, ¿por qué van a tener la misma dignidad?
Y es que cuando el hombre niega a Dios, lo primero que niega es su propia dignidad; y se acaba defendiendo el "proyecto simio", esa propuesta legislativa que quiere otorgar los derechos humanos a los simios, al considerarles igual de dignos que nosotros: frutos de la casual evolución.
Pero volvamos al hombre y la mujer: Dios nos ha creado con la misma dignidad, pero -al contrario de lo que la ideología de género defiende- nos ha creado como realidades antropológicas distintas, con fisonomía distinta y funciones distintas..., y estas distinciones no son meros accidentes culturales, sino constitutivas de la propia naturaleza del hombre y la mujer.
Hemos negado a Dios, hemos negado nuestra dignidad y hemos acabado negando nuestra naturaleza... Vemos ahora lo expuesto en la entrada anterior sobre lo irracional de la razón instrumental.
viernes, 29 de octubre de 2010
Dos tipos de feminismo
El feminismo en sí no es bueno ni malo: es el esfuerzo de la mujeres para que se les reconozca su dignidad, sus capacidades y las limitaciones a que les somete su condición de procreadoras. En la medida en que estos objetivos coincidan con la verdad, son positivos; ya que el descubrimiento de la verdad es siempre algo bueno.
Pero la ideología de género no busca eso, sino que lo que pretende es modificar la antropología humana como está concebida: pretende difuminar la figura del varón y de la mujer, para confundirlas en una especie de ser neutro. En definitiva, creo que su objetivo es acabar con la creación de Dios: hombre y mujer los creó... Así, intenta eliminar del hombre la idea de Dios (ya que a Dios mismo no puede destruirlo); y simultaneamente intenta destruir su principal creación: el ser humano dual. Dicho lo anterior, me atrevo a afirmar que hay dos tipos de mujeres activistas:
- Las feministas, que son aquéllas que pretenden engrandecer la figura de la mujer; lograr que se realicen en plenitud en el mundo actual; reconociendo la dignidad que tienen -igual a la del varón- pero con diversidad de funciones. Las feministas quieren una mujer muy femenina, madre, esposa, trabajadora, intelectual y capaz de dar a la sociedad esa visión del mundo tan diferente de la del varón.
- Las feminazis, que son las mujeres obsesionadas por una ideología que nada tiene de femenina y mucho tiene de odio al sexo contrario, al que pretenden suplantar. Estas mujeres quieren imponer a las demás mujeres sus propias actitudes antifemeninas que sólo pretenden convertirlas en "varones sociales es con anatomía hembra"; y que acabará destruyendo a toda mujer que se deje arrastrar por ellas.
jueves, 14 de octubre de 2010
La ideología de género
Pues bien, desde la segunda mitad del siglo XX -y especialmente en sus dos últimas décadas- el hombre se ha lanzado a la carrera de disfrutar de las posibilidades que los avances científicos han puesto a su alcance; y en esta alocada carrera tampoco tiene tiempo de pararse a ponderar las consecuencias de sus actos.
Primero se controló la fecundidad humana; y el hombre se lanzó a disfrutar del sexo sin miedo a las consecuencias. Después se la logrado controlar la propia generación del nuevo ser; y muchos se han lanzado a "fabricarse" hijos a su medida, cuándo, cómo y dónde les ha parecido mejor, sin tener en cuenta el bien final de ese hijo que tanto desean.
Y, tras los dos adelantos anteriores, nos hemos lanzado a transformar la sociedad natural basada en la familia (hombre y mujer en unión permanente), sustituyendo la estructura social en la que los individuos se incorporaban a través de una familia basada en lazos de amor, por una estructura totalmente artificial e inviable en la que se considera familia a cualquier colectivo que sea capaz de interaccionar sexualmente.
Y para evitar que las diferencias de sexo ralenticen esta alocada carrera, nos hemos lanzado a eliminarlas y a imponer -a sangre y fuego- una ideología de genero que no es más que la destrucción del ser humano como se ha considerado hasta la fecha (acorde con su naturaleza real): la deconstrucción del hombre.
Y todo para que el goce y la libertad humana sea ilimitada: tratamos de liberar al hombre de su propio cuerpo. Es lo más parecido a Dios: un ser sin limitación alguna que realiza en todo momento su deseo.
Pero en Dios esto es acorde a su naturaleza divina; mientras que en el hombre supone la destrucción de su naturaleza
Por supuesto, para poder imponer esta ideología de género, se debe destruir primero en el hombre todo concepto de trascendencia -de reconocimiento de límites a la actuación humana-, ya que ésto limitaría nuestra libertad de autodestruirnos con tal de gozar sin límite. Con este objetivo, cualquier esfuerzo por corromper la sociedad cristiana será poco; y a los que se opongan se los tachará de retrógrados, fanáticos, peligrosos... y se les acabará persiguiendo. Parece como si la sociedad, ajena a cualquier código moral, hubiese caído en la dependencia de la "droga del deseo" y no le importase lo que haya que destruir para conseguir droga.
¿Es esto diabólico? ¿Hasta cuándo lo consentirá Dios? Quizá hasta que volvamos nuestro rostro hacia Él y le pidamos sinceramente que vuelva a tomar el timón de nuestra sociedad. Entonces podremos mirar a nuestro alrededor y ver todo lo que hemos destruido...
viernes, 24 de septiembre de 2010
El discurso del Papa (II)
En otras palabras, la religión no es un problema que los legisladores deban solucionar, sino una contribución vital al debate nacional. Desde este punto de vista, no puedo menos que manifestar mi preocupación por la creciente marginación de la religión, especialmente del cristianismo, en algunas partes, incluso en naciones que otorgan un gran énfasis a la tolerancia.
Éste es el gran problema de occidente: quiere renegar de sus raíces cristianas, como si la religión fuese un obstáculo al progreso; y no se dan cuenta de que precisamente ha sido el cristianismo el que potenció en occidente el progreso social y la dignidad de la persona. Puede que a alguno le extrañe esta afirmación, ya que la "historia políticamente correcta" lleva desde la revolución francesa ocultando los logros del cristianismo y recordando sólo sus errores; pero a quien no comparta esa afirmación le ruego que compare con otras civilizaciones sujetas a otras religiones, o trate de buscar los efectos que el "ateísmo oficial" causó en el pueblo (la propia revolución francesa y la implantación del Comunismo). Y, por supuesto, son los más tolerantes los que no están dispuestos a tolerar que mantengamos nuestras raíces.
Hay algunos que desean que la voz de la religión se silencie, o al menos que se relegue a la esfera meramente privada. Hay quienes esgrimen que la celebración pública de fiestas como la Navidad deberían suprimirse según la discutible convicción de que ésta ofende a los miembros de otras religiones o de ninguna. Y hay otros que sostienen -paradójicamente con la intención de suprimir la discriminación- que a los cristianos que desempeñan un papel público se les debería pedir a veces que actuaran contra su conciencia. Éstos son signos preocupantes de un fracaso en el aprecio no sólo de los derechos de los creyentes a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa, sino también del legítimo papel de la religión en la vida pública. Quisiera invitar a todos ustedes, por tanto, en sus respectivos campos de influencia, a buscar medios de promoción y fomento del diálogo entre fe y razón en todos los ámbitos de la vida nacional.
Claro, si los políticos actuasen según su conciencia, se acabaría la disciplina de partido y muchos políticos verían mermada su influencia. No, a los políticos no les interesan ni los principios ni siquiera la razón... no vaya a ser que les acaben pidiendo cuentas. Ellos prefieren dirigir la política nacional según los intereses del propio partido. La religión, la moral, la ética y la razón: son estorbos para sus ambiciones.
martes, 21 de septiembre de 2010
Discurso del Papa en el Parlamenteo Británico
Después nos recuerda que fue el Cristianismo quien empezó a reconocer la dignidad de toda la persona humana; y, en consecuencia, quien promovió las únicas entidades benéficas que existieron hasta el siglo XX:
.../... Si bien con otro lenguaje, la Doctrina Social de la Iglesia tiene mucho en común con dicha perspectiva, en su preocupación primordial por la protección de la dignidad única de toda persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, y en su énfasis en los deberes de la autoridad civil para la promoción del bien común.
Es decir, que la política tiene como fin el bien común, no el interés de un partido, aunque gobierne en mayoría.
Con todo, las cuestiones fundamentales en juego en la causa de Tomás Moro continúan presentándose hoy.../...: ¿Qué exigencias pueden imponer los gobiernos a los ciudadanos de manera razonable? Y ¿qué alcance pueden tener? ¿En nombre de qué autoridad pueden resolverse los dilemas morales? Estas cuestiones nos conducen directamente a la fundamentación ética de la vida civil. Si los principios éticos que sostienen el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el mero consenso social, entonces este proceso se presenta evidentemente frágil. Aquí reside el verdadero desafío para la democracia.
El consenso, base del sistema democrático, no puede establecer los principios éticos, sino que debe limitarse a encontrar la mejor manera de aplicarlos, una vez reconocidos por todos. No puede renunciarse total o parcialmente a un principio ético con objeto de formar una mayoría parlamentaria; pues no es posible buscar el bien común con principios adulterados.
La reciente crisis financiera global ha mostrado claramente la inadecuación de soluciones pragmáticas y a corto plazo relativas a complejos problemas sociales y éticos. Es opinión ampliamente compartida que la falta de una base ética sólida en la actividad económica ha contribuido a agravar las dificultades que ahora están padeciendo millones de personas en todo el mundo. .../... igualmente en el campo político, la dimensión ética de la política tiene consecuencias de tal alcance que ningún gobierno puede permitirse ignorar.
Nos recuerda que, al igual que la crisis financiera se produce por la total ausencia de principios éticos en la búsqueda del lucro, la búsqueda del voto al margen del bien común y los principios éticos solo puede generar caos social.
Así que, el punto central de esta cuestión es el siguiente: ¿Dónde se encuentra la fundamentación ética de las deliberaciones políticas? La tradición católica mantiene que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación. En este sentido, el papel de la religión en el debate político no es tanto proporcionar dichas normas, como si no pudieran conocerlas los no creyentes. Menos aún proponer soluciones políticas concretas, algo que está totalmente fuera de la competencia de la religión. Su papel consiste más bien en ayudar a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos.
Nos explica cómo se debe utilizar la razón para descubrir los principios éticos; y el papel que la religión juega al exigir la recta actuación de los agentes políticos y sociales, anteponiendo el bien común a sus intereses personales. Precisamente por esta exigencia, la religión ha sido frecuentemente apartada del mundo político: porque nos recuerda constantemente que el poder tiene unos límites objetivos que ninguna mayoría puede traspasar:
Este papel "corrector" de la religión respecto a la razón no siempre ha sido bienvenido, .../... Sin la ayuda correctora de la religión, la razón puede ser también presa de distorsiones, como cuando es manipulada por las ideologías o se aplica de forma parcial en detrimento de la consideración plena de la dignidad de la persona humana. Después de todo, dicho abuso de la razón fue lo que provocó .../... la difusión de las ideologías totalitarias del siglo XX. Por eso deseo indicar que el mundo de la razón y el mundo de la fe -el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas- necesitan uno de otro y no deberían tener miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización.
En definitiva: un discurso histórico que denuncia los intentos de imposición de un laicismo que anule los límites que la religión impone al poder político.
No sé por qué, pero creo que no le van a hacer mucho caso...