miércoles, 15 de abril de 2026

Cristianismo social

A veces se le achaca al cristianismo el defecto de ser demasiado espiritual, pensar solo en la otra vida y desentenderse de los problemas de la vida presente. Por una interpretación equivocada de la ascética, se considera que los cristianos tienen que aceptar los reveses de la vida con paciencia y esperar la bienaventuranza del Cielo. Creo que no es así, en absoluto.

Una cosa es que el cristiano, por ascética, afronte con esperanza sus dificultades y otra es que se resigne o desentienda de los males del mundo. La prueba es que la Iglesia ha desarrollado toda una Doctrina Social, cuyo propósito es mejorar las condiciones de vida de todos los hombres. Esta idea parte de la encíclica Rerun Novarum (las nuevas cosas) de Leon XIII (el actual Papa ha querido llevar este mismo nombre, quizá para continuar con este propósito). Puede encontrarse un breve resumen en este enlace [Rerum Novarum] y comprobar que la Iglesia se preocupa por asuntos tan sociales como la cuestión obrera, la propiedad privada o el papel del Estado en la sociedad.

Pero, en realidad, esto no es un invento de León XIII, sino que la Biblia ya trata estos asuntos en varios pasajes tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento:

El profeta Isaías (1, 17) nos ordena: "buscad lo que es justo, haced justicia al oprimido, defended al huérfano, proteged a la viuda...".

En el libro del Levítico (19, 13) se pide: "No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. El salario de un jornalero no ha de quedar contigo toda la noche hasta la mañana".

En el libro del Éxodo (22, 20-27): "No molestes ni oprimas al forastero, porque también vosotros fuisteis forasteros en Egipto. No maltrates a la viuda ni al huérfano..."; "Cuando prestares dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portarás con él como avaricioso, ni le impondrás usura".

En el Deuteronomio (24, 14-15): "No explotarás al jornalero pobre e indigente, tanto si es uno de los tuyos, como si se trata de un emigrante que reside en tu tierra o en tu ciudad. Le darás cada día su jornal, antes de la puesta del sol, pues es pobre y espera impaciente su salario"

En la carta a los Romanos (13, 7): "Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra”.

Y en la carta de Santiago (5, 4): He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos”.

En la profecía de Malaquías (3, 5): "Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos”.

Incluso la cuestión de la inmigración ya estaba contemplada en el libro del Éxodo. La Iglesia se ocupa del alma de sus fieles; pero también exige justicia para su cuerpo.

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