miércoles, 30 de diciembre de 2009

La muerte

En la entrada anterior hablábamos del miedo al "fin del mundo". Por supuesto, sonó como algo apocalíptico y lejano. Pero si en vez de hablar del fin del mundo en general hablásemos de nuestro propio fin, entonces ya es algo que nos suena mucho más cercano y cierto.


Creo que se le puede aplicar lo mismo que allí dijimos. La muerte, como todo lo desconocido, puede generar temor; pero no es el mismo temor el del justo que el de quien tiene que rendir unas cuentas que no le cuadran: ¿y si estaba equivocado y sí existe un Dios que me ama infinitamente y a quien yo he ignorado?; ¿y si lo que realmente valía la pena no era mi placer, sino mi amor manifestado por mi sufrimiento?


Lo que nos tiene que preocupar no es la llegada de lo desconocido, el trance en sí mismo, ni el dolor que pueda conllevar. Lo que nos tiene que preocupar es evitar el chasco de encontrarnos con quien nos ama y haberle rechazado, para siempre, para siempre...


Para el cristiano que ha querido amar a su buen padre Dios, la muerte no es más que la operación quirúrgica que por fin le libera de todos sus dolores e incomodidades: despertarse de la anestesia ya en casa -el Paraíso-, o tras un mal post-operatorio -el purgatorio-, pero curados para siempre, para siempre...


Así visto: ¿quién no querría operarse cuanto antes?

1 comentario:

  1. ¿"chasco"? ¿Y el fuego eterno? ¿A éso te refieres con lo del "chasco" que nos vamos a llevar los incrédulos? En fin, no es mi intensión contrariarte porque acabaríamos en una tautología bastante incómoda. Sólo una cosa, ustedes, los creyentes, deberían darnos algo de crédito a nosotros los infieles; ¿Por qué? Pues hombre, porque si nos atenemos a la creeencia más extendida en el globo (y en el tiempo) sí hay un dios allá arriba (o allá abajo) luego los no creyentes le estamos apostando todos nuestros ahorros al caballo más lento; arriesgamos nuestras almas por un ideal: el de que podemos embriagarnos, darnos golpes en los estadios y acostarnos con nuestras primas sin consecuencia alguna...¡Somos visionarios¡¡¡ Un saludo.

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