martes, 22 de octubre de 2024

Convivencia prematrimonial

En la actualidad parece no haber más razón que la de la moral cristiana para reprobar la convivencia prematrimonial. No me refiero a aquellos casos en los que por convicciones -o pura pereza- deciden vivir en pareja sin formalizarlo mediante un vínculo matrimonial, ya sea civil o religioso, pero lo hacen con una intención de permanencia. Ahora quisiera referirme a aquellos caos en los que, antes de decidirse a establecer ese vínculo permanente -ya sea civil, religioso o de hecho- quieren convivir "a modo de prueba". Incluso es habitual que algunos supuestos expertos recomienden: "no se te ocurra casarte antes de haber convivido, para comprobar que lo vuestro funciona".

Me parece el peor consejo que puede darse a una pareja que realmente se quiera; y no lo rechazo solo por una cuestión moral, sino porque esa decisión denota una ausencia de amor verdadero. Trataré de explicarme:

"Poner a prueba la convivencia" de ese modo manifiesta que lo que subyace en esa relación es egoísmo, más que amor; o, dicho de otra forma: amor a sí mismo, en vez de al otro. Cuando se pretende comprobar si una convivencia funciona es porque se quiere calibrar si lo que yo tendré que entregar en esa relación -o aquello de lo que tendré que prescindir- me será compensado por lo que recibiré a cambio. Se está poniendo a prueba que el contrato matrimonial estará equilibrado y nos merecerá la pena. Dicho de forma más descarnada: si la gratificación que recibo por mantener relaciones sexuales libres me compensa suficientemente de tener que soportar las manías del otro. Esto es lo más distinto del amor verdadero, por el cual soy capaz de renunciar a todo, para buscar la felicidad del ser amado. Repito: del ser amado, no la mía... Porque, si en esa relación busco mi felicidad, en el momento en el que no me sienta satisfecho, no habrá razón para continuarla... Y, de hecho, muchas relaciones se rompen al poco tiempo de comenzar.

El amor es la determinación de la voluntad de buscar como único bien propio el bien ajeno... Es decir, como única felicidad propia, la felicidad del otro... Es que lo que me hace feliz es ver feliz al ser amado... Y esto no se "comprueba" adelantando la convivencia, sino decidiéndose incondicionalmente a hacer feliz al otro.

Todo lo demás son formas de buscar mi felicidad; y, cuando el otro no sepa proporcionármela, pues el "supuesto amor" desaparece y todo se acaba.

A ver si va a ser que la moral cristiana es la que mejor interpreta el amor humano...

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