jueves, 14 de noviembre de 2024

Al amor por el sufrimiento

 

Hace unos días, durante una ceremonia de boda, el sacerdote nos explicaba que la novia le dijo: "supe que estaba enamorada de él cuando empecé a preocuparme por lo que le pasaba". Es una bonita manera de ratificar que el amor es una moneda de dos caras. Por una parte, se siente el gozo de querer a alguien y compartir este sentimiento con él; por otra, precisamente porque se le quiere, se sufre con sus problemas. Y esta es la mejor prueba de que el amor es auténtico: si se llega a sufrir por el otro. Por el contrario, si lo único que sentimos es el gozo, la felicidad o el placer, entonces puede tratarse de una especie de egoísmo: quiero al otro porque me produce ese gozo o ese placer, pero no estoy dispuesto a sufrir por él. En realidad el amor auténtico debe ser "quiero que mi amado sienta gozo, felicidad y placer; y estoy dispuesto a renunciar a lo que sea por proporcionárselo".

Un amor así, si es recíproco, sí es posible mantenerlo toda la vida. Es más, merece la pena mantenerlo toda la vida... y más.

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