sábado, 18 de diciembre de 2010

El silencio y la Palabra

Ha terminado recientemente el año sinodal sobre la Palabra de Dios. La Palabra es la Revelación, el medio ordinario como Dios se comunica con la humanidad. Tanto para escuchar la Palabra, como para escuchar directamente a Dios en la oración, hace falta silencio: algo muy fácil de conseguir y muy barato...

Pero no sé qué pasa que en la sociedad moderna es muy difícil conseguir ese silencio si uno no se lo propone de forma extraordinaria: hay que retirarse un poco de la sociedad, apagar todos los instrumentos de comunicación que tenemos al alcance (teléfono móvil incluido) y hacer un propósito expreso de permanecer en silencio. Personalmente compruebo que no siempre es posible. Me ha ocurrido que, incluso cuando me refugio en una Iglesia prácticamente vacía para orar ante el Sagrario, no es infrecuente que algún otro parroquiano aproveche ese momento para comentar a alguien las enfermedades o problemas de toda su familia y del resto del vecindario. De este modo, ni él, ni la persona que le escucha ni ninguno de los demás, logramos comunicarnos con Dios... ¡ni en su propia casa!

Por todo esto, es muy importante aprovechar los escasos momentos en los que los hombres escuchan, para transmitirles la Palabra de Dios; y no me estoy refiriendo sólo a la homilía dominical, que por supuesto es una buena ocasión. Me refiero a esos otros momentos no específicamente religiosos en los que muchos hombres escuchan lo que se les diga. Para bien o para mal, el hombre habitualmente escucha y se cree la mayor parte de lo que oye o lee: cine, tv, prensa, teatro, libros, internet, etc... Y cuando el hombre escucha, la Palabra de Dios es eficaz por si misma. Los que tenemos la obligación de evangelizar -todos los creyentes- debemos aprovechar todas las oportunidades de este tipo que se nos presenten para divulgar la Palabra, que es mucho más eficaz que nuestros pobres argumentos... Es decir, hacer de auténticos profetas, cuyo significado es el de ser portavoces de Dios (repetidores de su mensaje), más que adivinos del futuro.

Esta eficacia de la Palabra de Dios se concretará no sólo en la fe del que la oye, sino que suscitará una respuesta auténtica al mensaje. Porque la Fe no es tanto creer en abstracto lo que se nos ha revelado, cuanto hacer vida la Palabra que oímos. La auténtica eficacia de la Palabra, más que creerla o entenderla, es conseguir que la vivamos. Porque si en vez de vivirla nos dedicamos a razonarla, si la cuestionamos, entonces difícilmente la aplicaremos a nuestra vida. Es al revés: cuando ya la hemos incorporado a nuestra vida es cuando podremos interpelarla y pedirle explicaciones... si es que las necesitamos.


Este fue el ejemplo de María: asumió en su vida la Palabra que se le transmitió -sin la más mínima duda-, esperando con fe absoluta; y, cuando ya estaba hecha vida de su vida, ponderaba las circunstancias concretas en su corazón...

1 comentario:

  1. Anónimo1:26 a. m.

    Felicitarle por su intervención en el programa "En Positivo".

    "Dios no sólo sirve para los católicos". Al fin alguien lo dice y otra persona lo suscribe. Es una manía patológica de los católicos el prescindir de Dios en las argumentaciones o defensa de la vida, el matrimonio, etc. Me ha encantado el programa de hoy. Se ha puesto encima de la mesa temas que nadie considera graves, inmorales, en una palabra, luciferinos: pornografía, divorcio, fecundación in vitro, anticoncepción, la normalización de la blasfemia, en definitiva, la pérdida de noción de pecado, hecho del que ya alertaba el Venerable Papa Pío XII.
    Creo, sin embargo, que no se ha terminado de "rematar" la faena. Han denuncian las consecuencias pero no ven las causas o no se atreven a denunciarlas. Le pongo un ejemplo. El divorcio ya vino con la Constitución de 1978. Una Constitución que contó con la bendición de los obispos españoles a excepción de siete obispos que suscribieron la Carta Pastoral de don Marcelo González (en la que denunció un texto que agnóstico, que prescindía de Dios y que llevaba incluido el divorcio, el aborto y la intromisión del Estado en la enseñanza. Y esa Constitución vino gracias a un sistema demoliberal (sistema contrario a la Doctrina Católica) que fue bendecido por el propio Papa Pablo VI. Es duro escribir eso pero no por duro deja de ser cierto.

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