Hay quien piensa que fe es lo opuesto a razón. Hay quien piensa que los que tenemos fe no somos personas razonables. No comparto estas opiniones; y para mostraros que en la razón hay mucha parte de fe y que en la fe hay mucha parte de razón, es para lo que comienzo este blog (28-9-2005).
lunes, 10 de diciembre de 2007
La cultura del deseo
Pero esto no es ninguna novedad: siempre el hombre ha tendido a satisfacer sus deseos. La novedad -y el problema- es que ahora esta satisfacción del deseo es la base de todo comportamiento humano: ya no es la Fe, ni la ética, ni siquiera la razón... la motivación humana es simplemente el deseo.
Debido a esto, ya no sirven los razonamientos para tratar de reconducir una conducta desviada, porque la razón ya no es suficiente motivo para que yo cambie mi conducta y deje sin satisfacer mi deseo: el que una acción sea irracional no tiene mayor trascendencia, porque el único objetivo es satisfacer mi deseo. Por supuesto, también han quedado vacíos de toda significación términos como deber, honor, compromiso, lealtad, fidelidad... y cualquier otro que pueda desviarme de mi deseo en cada momento.
La contestación que más se oye hoy en día es: ¿por qué no voy a hacerlo, si me apetece? Y ante tamaño "razonamiento", ni los motivos morales que aduzcamos, ni la demostración de la irracionalidad del comportamiento servirán para nada:... ¡porque les apetece! La cultura del deseo presupone que el hombre es el único dios de sí mismo: y su deseo se convierte en la única ley.
No es que no existan razones... y de mucho peso: es que la racionalidad ha dejado de ser su norma de comportamiento. Porque la razón sirve para dirigir la voluntad... pero ya no se actúa conforme a la propia voluntad, sino según el propio deseo.
Y no confundamos voluntad con deseo: la voluntad es la decisión adoptada en uso de nuestra libertad, después de una deliberación sobre lo bueno y lo malo de las diversas opciones; el deseo es simplemente lo que me apetece aquí y ahora, sin deliberación alguna.
Esto es mucho más grave de lo que parece. No es que el hombre se comporte inmoralmente (que esto lo ha hecho siempre); es que ni siquiera busca razones para justificar su inmoralidad. Si el animal racional ya no se comporta como tal, sino que sigue simplemente el deseo, el impulso, el instinto: entonces... ¿que nos diferencia de los animales irracionales?
Como tantas veces en la Historia, una vez más estamos ante la desintegración de una sociedad cuyos miembros, pretendiendo ser como "dioses", se están convirtiendo simplemente en animales.
Ya lo mostrábamos en la entrada anterior: los irracionales no son los que "creen en Dios", sino los que "se creen dios".
domingo, 9 de diciembre de 2007
¿Qué es más racional: la Fe o el deseo?
Pero paradójicamente en la realidad ocurre lo contrario. Me encuentro con personas con una Fe profunda e inquebrantable que se empeñan en buscar constantemente razones de su Fe y dan razones de su Esperanza (la tercera virtud teologal, la Caridad, no es necesario razonarla, porque ésta sí la admite todo el mundo sin discusión). Por ejemplo, un Santo Tomás de Aquino -que metía la cabeza dentro del Sagrario para tener mejor inspiración divina- se molestó en escribir la Summa Teológica y desarrollar las cinco vías que demuestran la existencia de Dios.
Por el contrario, es muy habitual encontrar científicos ateos o agnósticos que niegan de partida la existencia de Dios y no se molestan en razonar su negación, ni en buscar una justificación alternativa a la existencia del cosmos o a la vida espiritual del hombre. Su respuesta habitual es que "todo es fruto de la casualidad"; y aunque esta conclusión no es ni remotamente científica ni racionalmente válida, en nombre de la razón, ¡no razonan nada más! Irracionalmente, se empeñan en negar de partida todo lo que no pueden comprobar empíricamente; pero tampoco pueden comprobar la teoría de la relatividad, ni la fuerza electromagnética, ni tienen idea de lo que pueda ser la atracción gravitatoria, ni la vida, ni el amor... y, sin embargo, sí afirman su existencia, a la vista de los efectos que todo ello produce.
Peor aún. El ateo conduce irracionalmente su vida; se empeña en seguir una moral que le destroza espiritual y anímicamente; rechaza la providencia divina, pero se sujeta al augur de los videntes y adivinos; evita la liturgia, pero se somete a la moda; proclama un mundo de reducida natalidad y homosexualidad, y pretende perpetuar la especie.
En nombre de la "diosa razón", de la libertad, la igualdad y la fraternidad se perpetró la peor época de terror en Francia: la dictadura de la Guillotina. Los que "mataron" a Dios para "liberar" al hombre, tienen a sus espaldas los mayores asesinatos masivos que la Historia ha conocido (y que difícilmente podrán superarse en el futuro): nazismo y comunismo, ya sea éste soviético, chino o camboyano.
Quizá sea por esto que hoy en día el dilema no es Fe o razón, sino Fe o "deseo": porque hoy en lo que nadie cree es en la razón. Así, el mundo se divide en dos grandes grupos: los que creen en un Dios, y lo anteponen a su deseo; y los que creen en su deseo y se somenten en cuerpo y alma a él. Para estos, el deseo se convierte en el demonio que los esclaviza y engaña: les promete alcanzar la felicidad satisfaciendo sus deseos; pero, en cuanto los satisfacen, esa felicidad se les escurre entre los dedos como agua cogida con las manos.
La experiencia nos demuestra que a la luz de la Fe, la vida es más racional que bajo la oscura cultura del deseo: si no nos sometemos al Dios creador, nos quedamos sujetos a los demonios y pasiones que rigen el mundo ajeno a la Fe.
Nos liberamos de un Dios amor; y nos sometemos al peor tirano: nuestro deseo.
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P.D.: Por supuesto, existen personas sin Fe que tratan de seguir el dictado de su conciencia, más o menos adaptada a la Ley Natural; pero he querido mostrar sólo los dos extremos, porque el dilema actual es entre los que "creen en Dios" y los que "se creen dios"; siendo éstos últimos los auténticos irracionales.
miércoles, 5 de diciembre de 2007
El Evangelio, ¿es de derechas o de izquierdas?
Pero cuando uno lo lee tratando de encontrar un código social o moral, entonces le gustaría encasillar este código en los moldes actuales... Y mucho más cuando lo que uno pretende es justificar en el Evangelio su propia postura social o política. En este último caso, a cada cual le interesa dejar bien claro que Dios pertenece a su propio partido; y que dejó dicho sin lugar a dudas que todo el Mundo debe regirse por ese mismo "programa electoral".
Veamos entonces a qué ideología pertenece el Evangelio.
Unos dicen que es de izquierdas, marxista: ya que defiende al más débil y ataca las estructuras y normas sociales obsoletas; proclama la bienaventuranza de los pobres; multiplica el pan y lo reparte por igual entre todos. Pero no es marxista: porque pone lo espiritual por encima de lo material; y la salvación del alma antes que la del cuerpo; y defiende la dignidad individual de cada persona, como ser creado y amado por Dios, sin que se le pueda convertir en un mero elemento al servicio de la comunidad.
Otros dicen que es de derechas, capitalista: porque defiende la tradición, la autoridad y hace a un recaudador de impuestos su discípulo (dad al César lo que es del César; y a Dios lo que es de Dios); se hospeda en casa de los ricos; y recomienda a los pobres conformarse con su suerte y confiar en la Providencia. Pero no es capitalista: conseguir beneficios y acumular fortuna no es la meta del hombre (bienaventurados los pobres de espíritu); la propiedad privada tiene una hipoteca social, el bien común: si quieres ser mi discípulo ve vende cuanto tienes y dalo a los pobres...
Los más despistados afirman que es nacionalista: toda la Biblia defiende al Pueblo de Dios, lo libra de sus enemigos y de quienes pretenden oprimirlos; les rescata del destierro y les devuelve a su tierra prometida. Pero no es nacionalista: no se vincula con la lucha terrorista de los zelotes y predice la destrucción del Templo a manos de Tito; abre el mensaje evangélico a todas las naciones (id y enseñad a todas las gentes...) y nos hace hermanos a todos los hombres (Padre nuestro que estás en los cielos...).
De la misma forma, podríamos rebatir que el Evangelio sea un alegato revolucionario religioso, patriota unificador, ultraconservador, postmoderno, legalista, liberal, etc...
La realidad es que el Evangelio tiene algo de cada uno de esos planteamientos sociopolíticos: pero no lo integra en su totalidad, sino que los une cogiendo sólo lo bueno de cada uno de ellos:
Busca el bien común, pero sin alienar a la persona individual.
Acepta la propiedad privada, pero sujeta al bien común.
Mantiene la Ley Divina; pero libera de las costumbres y cargas innecesarias.
Proscribe radicalmente el pecado, pero perdona al pecador arrepentido.
Ama su tradición y su pueblo, pero sin excluir al extranjero con sus propias tradiciones.
Vive en el mundo, pero no es del mundo.
Conoce las necesidades humanas (multiplicación del pan), pero afirma la primacía de las necesidades espirituales (no solo de pan vive el hombre).
Libera al hombre con la Verdad; pero le sujeta al mandato del amor (amaos unos a otros como Yo os he amado).
El Evangelio no es un panfleto en el que justificar una ideología: es un profundo manual de vida para aplicarlo completo a cada circunstancia y para vivirlo con el prójimo... no podemos ir tomando sólo lo que nos interesa y rechazando el resto.
Por eso, identificar el Evangelio con alguna de las ideologías es mutilarlo hasta dejarlo irreconocible; y utilizarlo para defender nuestra ideología frente al prójimo, es lo más contrario al propio mensaje evangélico.
domingo, 2 de diciembre de 2007
Cristianos en la sociedad actual
Nos viene muy bien que en estos tiempos tan alejados de la Fe se nos hable de la Esperanza; pero yo he seguido leyendo el texto de San Pablo a los romanos (cristianos insertos en una sociedad tan corrompida como la nuestra) y al llegar al capítulo 12 me encuentro con ciertas recomendaciones que son también muy actuales:
"Alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación; constantes en la oración... Bendecid a los que os persiguen; bendecidlos y no los maldigáis... No devolváis a nadie mal por mal: buscad hacer el bien delante de todos los hombres. Si es posible, en lo que está de vuestra parte, vivid en paz con todos los hombres. No os venguéis, queridísimos, sino dejad el castigo en manos de Dios, porque está escrito: Mía es la venganza, yo retribuiré lo merecido, dice el Señor. Por el contrario, si tu enemigo tuviese hambre, dale de comer; si tuviese sed, dale de beber; al hacer esto amontonáis ascuas de fuego sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence al mal con el bien."
Y esto lo dice en una sociedad en la que el adulterio, la homosexualidad, el aborto y cualquier forma de placer son los ídolos habituales... ¿os recuerda algo?; pero lo dice en medio de una persecución en la que los cristianos perdían no sus privilegios, sino su vida entre los dientes de las fieras... ¿es que Nerón era más piadoso que nuestros gobernantes actuales?
La diferencia entre aquellos cristianos de Roma y los actuales cristianos de occidente no es que la sociedad en la que vivimos sea peor, sino que aquellos vivían su Fe a fondo, antes de pretender difundirla. No querían cambiar de un golpe todo el orden social corrompido, sino ir cambiando ellos y a los que les rodeaban. No buscaban afianzar sus derechos como ciudadanos romanos (el esclavo que se convertía en cristiano seguía siendo esclavo); y mucho menos, alcanzar privilegios. Pretendían santificar las realidades terrenas (justicia, paz, progreso, ...) atrayendo a los demás a Cristo, mediante el ejemplo de su Fe y su Caridad: no discutían el Evangelio, sino que lo vivían y proclamaban... ¡y acabaron transformando el mundo!
Creo que los cristianos en occidente (muy particularmente en España) hemos equivocado el rumbo; menos lucha sociopolítica y más oración y caridad con el prójimo, incluso con el que no es de los nuestros; menos hacernos los mártires porque nos quitan nuestros privilegios, y más ser mártires porque proclamamos y vivimos nuestra Fe.
Pongamos nuestra esperanza en Dios y no en las estructuras políticas y sociales, que de nada sirven si están vacías de Él.
lunes, 15 de octubre de 2007
El jardín del alma
Ahora nos tenemos que imaginar que nuestra alma es como un jardín: en esa tierra pueden crecer tanto las flores más bonitas como los cardos y malas hierbas.
Si nos dedicásemos exclusivamente a arrancar las malas hierbas y cortar los cardos, conseguiríamos un terreno limpio, pero no un jardín. Si cultivamos flores preciosas, pero no eliminamos las malas hierbas, el jardín no podrá lucir y éstas acabarán marchitando a aquéllas. El ideal es hacer ambas cosas: cultivar lo bonito y arrancar lo feo.
Así pasa en nuestra alma: si sólo nos limitamos a evitar los pecados y cumplir rutinariamente las normas, tendremos un alma limpia pero no hermosa. Por otra parte, pretender hacer obras buenas sin evitar el pecado sería un absurdo que nos llevaría a tener un alma aborrecible.
Quizá la táctica más acorde con el mensaje evangélico sea cultivar activamente las obras buenas y esforzarnos para eliminar las malas obras en cuanto aparezcan; pero teniendo muy claro que lo importante es lo primero. Dedicarse obsesivamente a luchar contra el pecado no tendría sentido si simultáneamente no cultivamos las obras buenas: tener un terreno limpio en el que no lucen ni el amor a Dios ni el amor al prójimo, podrá ser filantropía, pero en ningún caso será cristianismo.
Santa Teresa de Jesús lo explicaba en sus memorias: la lucha debe ponerse entre hacer el bien o hacer un bien mejor... el que así actúa ya tratará de rechazar el mal.
Explicar nuestra Religión
Explicar la Religión sin vivirla, es como tratar de explicar el deporte del esquí sin practicarlo. Os imagináis que alguien os embutiese en un traje térmico, os calzase unas botas enormes, unos guantes que anulan todo tacto, un casco y unas gafas que impiden la mayor parte de la visión y que os enganchase a unas tablas de dos metros de largo... ¡y después pretendiese convenceros de que todo ello es magnífico! ¡que el deporte del esquí es alucinante! Lo más probable es que todo ese equipo os parezca un agobio, que os lo quitaseis y que no quisieseis ni oír hablar del esquí nunca más. Si nos cargan con toda la impedimenta, pero no nos permiten comprobar en la práctica la maravilla que es volar sobre la nieve, pensaremos que es locura llevar todos esos estorbos. Pero si, por el contrario, empezasen por enseñarnos a deslizarnos por la nieve con un equipo ligero; y llegásemos a entusiasmarnos con ello, entonces seríamos nosotros los que exigiríamos un equipo cada vez más sofisticado con objeto de profundizar en ese deporte. Y es que hay cosas que es necesario experimentarlas para poder comprenderlas y apreciarlas.
Lo mismo ocurre con la religión, si nos cargamos con la impedimenta pero no tenemos una experiencia de Dios, entonces no sabremos para qué sirven todas esas normas y ritos. Así, quien practica las normas católicas sin llegar a experimentar el amor de Dios y de los demás, quedará defraudado. Por el contrario, muchas personas que han tenido una experiencia de Dios, después han comprendido nuestra Religión, y han incorporado a su vida todo aquello que posibilitaba continuar e incrementar su trato con Dios.
Quizá sea mejor empezar siempre mostrando amor... y lo demás lo entenderán fácilmente.
viernes, 1 de junio de 2007
Para ir a Medjugorje
Beatriz López: mirbeatrizlopez@yahoo.es
Charo Lafita: charolafita@hotmail.com
Margarita Cazorla: Teléfono: 91 6529340 E-mail: info@mariareinadelapaz.com
Cruz Palomo: es una agencia de viajes viajes@egeria.es
Espero que os animéis muchos... ¿realmente merece la pena!
lunes, 7 de mayo de 2007
El Alma del Mundo
...lo que es el alma en el cuerpo, eso son los cristianos
en el mundo.El alma está esparcida por todos los miembros del cuerpo,
y los cristianos lo están por todas las ciudades del mundo.El alma habita ciertamente en el cuerpo, pero no es del cuerpo, y los cristianos habitan también en el mundo, pero no son del mundo.
El alma invisible está en la prisión del cuerpo visible, y los cristianos son conocidos como hombres que viven en el mundo, pero su religión permanece invisible.
La carne aborrece y hace la guerra al alma, aun cuando ningún mal ha recibido de ella, solo porque le impide entregarse a los placeres; y el mundo aborrece a los cristianos sin haber recibido mal alguno de ellos, solo porque renuncian a los placeres.
El alma ama a la carne y a los miembros que la odian, y los cristianos aman también a los que les odian. El alma está aprisionada en el cuerpo, pero es la que mantiene la cohesión del cuerpo; y los cristianos están detenidos en el mundo como en una prisión, pero son los que mantienen la cohesión del mundo.
El alma inmortal habita en una tienda mortal, y los cristianos tienen su alojamiento en lo corruptible mientras esperan la
inmortalidad en los cielos.El alma se mejora con los malos tratos en comidas y bebidas, y los cristianos, castigados de muerte todos los días, no hacen
sino aumentar: tal es la responsabilidad que Dios les ha señalado, de la que no seria licito para ellos desertar.
¡Qué mal está el mundo actual!
Pero, ... ¿no será que tiene el alma enferma?; ese alma que debemos ser nosotros...viernes, 4 de mayo de 2007
Seguimos con Diogneto
Se casan como todos y engendran hijos, pero no abandonan a los nacidos.
Ponen mesa común, pero no lecho.
Viven en la carne, pero no viven según la carne.
Están sobre la tierra, pero su ciudadanía es la del cielo.
Se someten a las leyes establecidas, pero con su propia vida superan las leyes.
Aman a todos, y todos los persiguen.
Se los desconoce, y con todo se los condena.
Son llevados a la muerte, y con ello reciben la vida.
Son pobres, y enriquecen a muchos.
Les falta todo, pero les sobra todo.
Son deshonrados, pero se glorían en la misma deshonra.
Son calumniados, y en ello son justificados.
Se los insulta, y ellos bendicen.
Se los injuria, y ellos dan honor.
Hacen el bien, y son castigados como malvados.
Ante la pena de muerte, se alegran como si se les diera la vida.
Los judíos les declaran guerra como a extranjeros y los griegos les persiguen, pero los mismos que les odian no pueden decir los motivos de su odio.
Efectivamente, las actitudes de la sociedad occidental son similares a las de la sociedad pagana de los primeros siglos (¡si no son mucho más bárbaras las actuales, en algunos aspectos!); pero... ¿es similar nuestra respuesta a la que daban los primeros cristianos?... ¿mostramos un tenor de vida admirable, extraordinario?
Examinémonos.
jueves, 3 de mayo de 2007
Carta a Diogneto
La realidad es totalmente distinta: el mundo occidental es la herencia lógica de dos mil años de Cristianismo. Todos los valores que merecen la pena los trajo el Cristianismo, incluso la tolerancia y la libertad que permiten a los "progresistas" renegar de los cristianos que les trajeron estos principios.
Creo que la mejor manera de ahuyentar la tentación de "adaptarse al entorno" es poner más hincapié en "adaptarnos a nuestra Fe".
Los que sí se encontraron con un entorno diametralmente opuesto a su Fe fueron los primeros cristianos: muchos de sus valores no tenían ningún precedente en el mundo pagano de la Roma Imperial... y, por supuesto, ¡no habían oído nunca hablar de tolerancia!
Aún así, ellos viven en medio de esa sociedad y proclaman el mensaje evangélico.
Uno de las páginas más bonitas de la historia de la Iglesia es la "Carta a Diogneto", en la que un cristiano anónimo le cuenta al tal Diogneto cómo es su vida:
Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su lengua, ni por sus costumbres.
En efecto, en lugar alguno establecen ciudades exclusivas suyas, ni usan lengua alguna extraña, ni viven un género de vida singular. La doctrina que les es propia no ha sido hallada gracias a la inteligencia y especulación de hombres curiosos, ni hacen profesión, como algunos hacen, de seguir una determinada opinión humana, sino que habitando en las ciudades griegas o bárbaras, según a cada uno le cupo en suerte, y siguiendo los usos de cada región en lo que se refiere al vestido y a la comida y a las demás cosas de la vida, se muestran viviendo un tenor de vida admirable y, por confesión de todos, extraordinario.
Habitan en sus propias patrias, pero como extranjeros; participan en todo como los ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña les es patria, y toda patria les es extraña.
Quizá lo que llama la atención en el mundo occidental actual no sean los principios cristianos, sino el garabato de nuestra vida tratando de compaginar nuestra Fe con las costumbres sociales opuestas a la misma.
Si de verdad nuestra vida fuese coherente con nuestra Fe, no provocaría rechazo, sino admiración.
martes, 1 de mayo de 2007
¿Es difícil ser católico?
Si uno se para un poco a pensarlo, descubre que es completamente cierto. Nuestro compromiso cristiano tiene algunas exigencias que se compaginan muy mal con la vida actual; pero a cambio nos dota de un orden de valores que nos permite guiarnos en medio de este caos de ideologías y absurdos... y esto sin mencionar la ayuda de la Gracia de Dios, que es la que nos saca adelante.
En concreto,
¿Cómo establecer el objetivo de nuestra vida, si el criterio es seguir en cada momento el deseo?
¿Cómo mantener un matrimonio y una familia, si el criterio es seguir el sentimiento y evitar todo compromiso?
¿Por qué respetar al prójimo, sin no tenemos un Padre que nos hermana?
¿Como afrontar el dolor, si el objetivo vital es conseguir el placer?
¿Cómo estar satisfechos de nosotros mismos, si no tenemos un código que nos distinga lo bueno de lo malo?
¿Cómo evitar la angustia vital, cuando no hay Esperanza?
¿Qué consejo dar a quien nos pregunta?... ¿Y si es un hijo...?
Efectivamente, ser católico aparentemente impone algunas cargas... pero no son cargas, son las instrucciones para alcanzar la felicidad...
Pero, ¡qué difícil alcanzarla sin esas instrucciones!
lunes, 23 de abril de 2007
El abrigo o la piel
La verdad es que el ejemplo me gustó mucho:
Cuando hace frío (antes de un exámen, ante la enfermedad o el dolor, cuando las cosas no nos van bien), nos acordamos de Dios y nos ponemos el "abrigo de la Religión" para protegernos. Pero cuando hace buen tiempo (todo nos va bien, tenemos salud y dinero, ...), entonces nos quitamos el "abrigo de la Religión" porque más que protegernos nos estorba: no queremos que los demás nos vean llevándolo, porque nos tacharían de "raros". Además, cuando "hace buen tiempo", nos pensamos que ésto es debido a nuestras buenas cualidades y nuestro propio esfuerzo... y nos olvidamos de Dios, hasta que con el frío volvemos a recordar que le necesitamos.
¡El ejemplo es acertado y real!
Muy al contrario, la Religión debería ser para nosotros como la piel, que siempre la llevamos con nosotros y nos protege tanto del frío como del calor, de la lluvia o de la sequía. Y no sólo nos protege, sino que configura nuestro propio ser: nadie se avergonzaría de su piel o se la dejaría olvidada en el perchero. Además, somos conscientes de que por muchos que sean nuestros méritos o nuestro esfuerzo, nada haríamos sin nuestra piel.
Y seríamos más conscientes de que nuestra piel nos acompaña en todos nuestros actos: es la misma cuando rezamos en éxtasis ante el Sagrario, cuando trabajamos o cuando disfrutamos del orgasmo más gozoso... y que todos son profundos actos de Religión, queridos por Dios, cuando se producen en su debida forma y momento.
Si la Religión fuese nuestra piel en vez de nuestro abrigo, no habría tantas contradiciones entre ley y moral, espíritu y materia o en "dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César".
¿Por qué nos quitamos la piel para salir a la calle?
domingo, 15 de abril de 2007
El Mandato Nuevo: eje de la sociedad.
Los Derechos Humanos, aunque la ONU se niegue a reconocerlo, se basan en esta dignidad, en que Dios nos ha creado libres para amar y amarle... y ésto nos iguala a todos.
Pero esto también nos impone una carga (¿lo es?) inmensa: si nuestra dignidad se deriva de nuestra capacidad de amar, entonces estamos obligados a amar... y, consecuentemente, tenemos derecho a ser amados.
Una vez más, el mensaje evangélico y los valores cristianos se revelan como la mejor ideología social: "Un mandato nuevo os doy: que os améis unos a otros como yo os he amado"..."amad a vuestros enemigos y haced el bien a quienes os persiguen"...
Compáralo con la doctrina marxista del odio entre clases... o la doctrina liberal de que cada palo aguante su vela.
viernes, 23 de marzo de 2007
El pecado.
Lo ideal es que sea Dios mismo quien lo dirija, ya que Él es quien mejor sabe hacerlo y quien nos puede llevar al mejor destino.
Pero muy habitualmente nos ponemos nosotros mismos al volante. Lo curioso es que esto suele ocurrir especialmente cuando aparecen dificultades, cuando atravesamos un banco de niebla o la carretera cruza un desfiladero. Entonces nos ponemos nerviosos, dejamos de confiar en Dios y tomamos las riendas de nuestra vida, no vaya a ser que Dios nos lleve a donde no queremos ir, que no haga caso de nuestro criterio. Si acaso, aceptamos alguna sugerencia de su parte; pero la última palabra nos la reservamos.
Si esto ya es absurdo, más absurdo es el pecado.
Cuando pecamos es como si le dijésemos a Dios que se bajase del coche: de ese coche que Él nos ha regalado; a Él, que fue quien nos enseñó a conducir; a pesar de que la gasolina que llevamos en el depósito nos la acaba de regalar Él mismo. Entonces le decimos: ¡lárgate ya!, que quiero dar una vuelta con mis amigos; quédate en esa acera plantado bajo la lluvia, que luego volveré a recogerte.
La verdad es que habitualmente volvemos a recogerle muy compungidos; y que Él se sube otra vez a nuestro lado, sabiendo con certeza que unos kilómetros más adelante volveremos a dejarle plantado.
Así visto, nos parece un horror nuestro comportamiento: se ve clara la maldad del pecado, del rechazo de Dios.
Pues la realidad es mucho peor: no es que nos haya regalado un coche, nos haya enseñado a conducir y nos pague la gasolina. Es que nos ha dado la vida y todo lo que somos y tenemos; y así nos mantiene; y ha muerto por nosotros en la más atroz de las torturas... para que de vez en cuando le dejemos plantado bajo la lluvia y nos vayamos a dar una vuelta con nuestros amigotes.
Dios mío, que siempre te deje conducir mi vida.
martes, 20 de marzo de 2007
Cursillos de Cristiandad
Este fin de semana lo he pasado en Los Negrales (Madrid) haciendo un Cursillo de Cristiandad. Yo no conocía los Cursillos, a pesar de estar en contacto con muchos de los movimientos e instituciones de la Iglesia. Casi por casualidad he participado en uno ... y no podría haber salido más contento.
Como tantas otras actividades parecidas, son una magnífica ocasión de encontrar a Dios, o de estrechar lazos con Él. Dos son las principales característidas que diferencian a los Cursillos de, por ejemplo, los cursos de retiro o los ejercicios espirituales:
- Puede participar cualquiera, desde personas totalmente alejadas de la religión hasta sacerdotes en pleno ejercicio de su ministerio.
- Te acercan más a Dios... pero lo hacen conjuntamente con otras personas.
Vivir la conversión en comunidad es algo que nunca había experimentado: acercarte simultáneamente a Dios y a los demás es una experiencia única que te deja el alma como en carne viva para una temporada.
En definitiva, son altamente recomendables... casi, casi, me atrevería a garantizar el resultado.
No quiero contar más... ¡id y veréis!
domingo, 24 de diciembre de 2006
¡FELIZ NAVIDAD!

Hoy conmemoramos el hecho más importante que jamás ocurrió en la Historia: el mismo Dios se hace hombre... y lo hace para salvarnos. Desde ese instante el rumbo de la humanidad cambió: ahora las riendas las lleva Dios... aunque nosotros sigamos sin entender "sus caminos"; y cada vez que acudimos a Él implorando "Señor, sálvanos que perecemos", Él sigue contestándonos: "todavía no tenéis fe".
Y es que todavía no nos creemos que, desde la primera Navidad, el rumbo de la humanidad no es otro que el de nuestra salvación... a pesar de los pesares... y a pesar de lo mal que puedan parecernos las cosas en nuestros días: el triunfo de Dios -el nuestro- está asegurado.
Lástima que, como celebramos esta importantísima conmemoración cada año, ya casi hemos olvidado que se trata del día más importante, junto con la Resurrección del Señor... y no por los turrones, las reuniones familiares ni los deseos de paz, sino porque ya nada puede torcer el buen rumbo de la humanidad... ni siquiera la torpeza y maldad humanas.
Por todo esto: ¡feliz Natividad del Señor!
lunes, 4 de diciembre de 2006
¿Qué es más razonable?
En primer lugar la fe es una forma de conocimiento tan válida como cualquier otra... y diría que es la más habitual. ¿No es fe cuando me creo la información que me ofrece la prensa? ¿No es fe cuando me creo las afirmaciones científicas que no puedo entender por falta de conocimientos previos? ¿No es fe cuando me creo los datos históricos que otros me ofrecen; o los datos geográficos que leo en los atlas? ¿No es fe la del científico que admite el resultado pensando que ha realizado el experimento correctamente? Pues va a resultar que uso la fe para aceptar cualquier cosa; pero cuando se trata de Religión, ¡entonces exijo que me lo expliquen!
Por esto, quiero ahora comparar la postura social que ofrece mi Fe católica y la que ofrece la sociedad científica y plural, para ver qué es más razonable.
Qué es más razonable: el respeto a la vida -desde que ésta se concibe hasta que se pierde- que propugna el cristianismo, o la propuesta de eliminar al hijo no deseado símplemente por eso, porque no lo deseo... como si la vida de alguien pudiese depender de deseo de otro.
Qué es más razonable: la propuesta de amor hasta que la muerte nos separe, sobre la que se puede construir un matrimonio estable y feliz, o convertir el matrimonio en el único contrato que puede disolverse sin mediar explicación alguna.
Qué es más razonable: la propuesta cristiana de amarnos mutuamente como a nosotros mismos, o el liberalismo actual de hacer cada uno lo que le apetezca siempre que no perjudique a otro ... y cuando le perjudique -aborto, eutanasia, explotación, etc- ya buscaremos alguna excusa.
Qué es más razonable: el consejo evangélico de compartir lo que tenemos, o la solidaridad ONG de dar lo que nos sobra.
Qué es más razonable: el mandato bíblico de creced y multiplicaos y henchiz la Tierra, o la homosexualidad estéril dedicada a la satisfacción de los propios deseos.
Qué es más razonable: adorar al Dios que nos ha creado, o blasfemar contra un dios en el que ni siquiera se cree.
Qué es más razonable: afirmar que los Derechos Humanos son universales y afectan a todos los hombres porque Dios nos creó iguales; o afirmar que son derechos humanos porque así lo determinaron algunos hombres reunidos en la ONU.
Qué es más razonable: el mandato apostólico de amar a tu mujer como Cristo amó a su Iglesia (entregando la vida), o las leyes de violencia de género que enfrentan a los cónyuges.
Qué es más razonable: el ayuno evangélico para mantener el espíritu en forma y dar al que tiene hambre, o la dieta carísima para mantener la línea esbelta.
Qué es más razonable: retirarse a hacer un rato de oración y de paso dar gracias a Dios por todo lo que tenemos, o acudir a "la vidente" para que nos tome un poco el pelo y nos saque la perras. O qué es más razonable, acudir al confesor para pedir perdón a Dios de nuestras faltas, o acudir al psicólogo para que cambie nuestra forma de ser a 60euros la hora.
Qué es más razonable: el mandato Católico universal de ir y evangelizar a todas las gentes haciendo de todos discípulos de Cristo, o los absurdos regionalismos que nos dividen y enfrentan a muerte.
Qué es más razonable: controlar la propia actividad sexual por amor a Dios, o tener como dios al sexo.
...y no sigo porque sería una tarea inacabable...
¿Hay todavía quien se sienta acomplejado porque su Fe no es razonable?
Cultivar nuestra alma
Si nos dedicásemos exclusivamente a arrancar las malas hierbas y cortar los cardos, tendríamos un terreno limpio, pero no un jardín. Si cultivamos flores preciosas, pero no eliminamos las malas hierbas, el jardín no podrá lucir.
El ideal es hacer ambas cosas: cultivar lo bonito y evitar los cardos.
Así pasa en nuestra alma, si sólo nos limitamos a evitar los pecados, tendremos un alma limpia; pero no hermosa. Por otra parte, pretender hacer obras buenas sin evitar el pecado sería un absurdo que nos llevaría a tener un alma aborrecible. Quizá la táctica más acorde con el mensaje evangélico sea cultivar activamente las obras buenas y estar atentos a eliminar las malas obras en cuanto aparezcan. Dedicarse obsesivamente a luchar contra el pecado no tendría sentido si, simultaneamente, no cultivamos las obras buenas.
Santa Teresa de Jesús explicaba cómo debe ser el cultivo del alma en una de sus memorias:
"Qué fácil resulta librar el combate entre el bien y el mal y decidirse a favor del bien; pero cuando nos debatimos interiormente entre el bien y lo que es un bien mejor, la situación es enteramente otra".
Nuestra preocupación debe situarse en el nivel de elegir entre los mejores bienes (cultivar las flores más hermosas), dando por descontado que rechazaremos el mal (arrancaremos los cardos) en cuanto se presente.
lunes, 27 de noviembre de 2006
Permanecer con Cristo
Cuando Jesús pronuncia el discurso eucarístico (capítulo 6º del evangelio de San Juan) no deja lugar a dudas sobre la importancia de lo que está anunciando: "... en verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que como mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquel que me come vivirá por mí" (Jn 6, 53-57).
Jesús podría haber explicado a sus discípulos que se trataba de la transubstanciación del pan y el vino... pero prefirió exigirles un acto de fe absoluta en sus palabras: "Dura es esta enseñanza, ¿quién puede escucharla?" (Jn 6,60). "Desde entonces muchos discípulos se echaron atrás y ya no andaban con él. Entonces Jesús dijo a los doce: ¿También vosotros queréis marcharos? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna..." (Jn 6, 66-69). Y es que Jesús lo que nos pide constantemente es fe en Él, lo entendamos o no...
Desde el punto de vista humano no es comprensible que dejase marchar a tantos discípulos (incluso pregunta a sus apóstoles si también ellos quieren irse), simplemente porque no considera oportuno explicarles sus palabras... pero Jesús sabe muy bien lo que está haciendo: prefiere no tener discípulos a que éstos le sigan sin fe.
Y trasladando esta situación a nuestro tiempo, me pregunto si Jesús no prefiere que sus discípulos sigan marchándose de su lado antes que retenerles sin fe: todo aquél que no crea en la Eucaristía puede irse... aunque se quede sólo con otros doce y tenga que volver a empezar.
Dando la vuelta a esta afirmación: si queremos permanecer en Cristo, tenemos que encontrarle en la Eucaristía.
Es lo más razonable... después de leer el capítulo 6 del evangelio de San Juan.
viernes, 17 de noviembre de 2006
Nuestra Fe en la Eucaristía
Pero este empeño en razonar no nos puede hacer olvidar que para un cristiano lo fundamental no es el entendimiento, sino la Fe... Dios no pide que le comprendamos, sino que confiemos en Él. Así lo ha demostrado durante toda la revelación... desde que Moisés en Meribá golpeó dos veces la roca, hasta el miedo de Pedro andando sobre las aguas (¿por qué has dudado, hombre de poca fe?).
Creo que en la actualidad Dios nos sigue pidiendo un signo de fe similar; fe absoluta en lo que no tiene ni puede tener ningún apoyo racional: la presencia real de Cristo en la Eucaristía (sacramento de nuestra Fe). De alguna manera, Dios quiere que su Iglesia renueve cada día esta Fe y la mantenga frente al mundo materialista, que no puede admitirla.
Parece como si supeditase a esta actitud el apoyo que de él necesitamos... y confirma esta sensación el hecho de que Juan Pablo II dedicase el que iba a ser su último año de pontificado precisamente a la Eucaristía.
Hasta que la Iglesia no recupere plenamente esta Fe con hechos públicos, seguiremos cerrados a recibir toda la gracia que Dios quiere enviarnos...
lunes, 13 de noviembre de 2006
¿Que es convertirse?
Pero, ¿qué es convertirse?... y aquí está la clave.
En Medjugorje los peregrinos no deciden hacer algo más relacionado con su fe, sino que cambian la idea misma de Fe. La oración, unida a esa inmensa Gracia de Dios que allí todo lo impregna, nos posibilita vernos a nosotros mismos con ojos de eternidad. No se trata de hacer más cosas externas, sino de transformarnos internamente, de modificar de raíz nuestra relación con Dios: depositar en Él toda nuestra confianza, basada en su omnipotencia, su sabiduría y su misericordia.
En esto consiste la auténtica conversión: en traspasar a Dios la dirección de nuestra vida; en la certeza de que será haciendo su voluntad como alcanzaremos la felicidad... primero aquí en la tierra y después eternamente en el Cielo. Recuerdo ahora un párrafo de Eugene Boylan (El Amor Supremo), que ya me impresionó la primera vez que lo leí... pero que ahora me parece especialmente actual:
"Nosotros tenemos nuestros propios planes para nuestra felicidad, y demasiado a menudo miramos a Dios simplemente como alguien que nos ayudará a realizarlos. El verdadero estado de las cosas es completamente al contrario. Dios tiene sus planes para nuestra felicidad, y está esperando que le ayudemos a realizarlos. Y quede bien claro que nosotros no podemos mejorar los planes de Dios."
Esto es lo que le lleva a Abraham a dejarlo todo y entregar incluso a su hijo amado... le lleva a San Mateo a dejar su negocio... a San Pablo a predicar a Aquél al que perseguía... y a la Madre Teresa de Calcuta a entregarse a los más pobres de entre los pobres... en contra de cualquier cálculo o razonamiento humano... abandonados a la llamada de Dios...
Lo demás no es conversión... es seguir empeñados en nuestro minúsculo plan y reducir a Dios al papel de simple colaborador nuestro.
miércoles, 8 de noviembre de 2006
He estado en Medjugorje

He estado allí con toda mi familia y la satisfacción que siento no podría ser más grande. No fui buscando morbo sobre apariciones de la Virgen, sino que fui a rezar en el que puede ser uno de los centros espirituales más importantes del mundo. Y, desde luego,... ¡he rezado como pocas veces en mi vida!; y también me he convertido, a pesar de que creía que ya era un buen fiel cristiano... Además, vuelvo con la seguridad de que la Virgen no es que se aparezca, ¡es que se ha instalado permanentemente en aquél lugar!
En Medjugorje la Gracia de Dios se nota como si fuese la niebla de Londres: en el momento en que uno se apea del autobús queda empapado; y con este "empape", a uno le da igual subir al Podbrdo rezando el rosario, subir al Krizevac rezando el Vía Crucis o asistir a la Oración Vespertina en la Parroquia de Santiago... todo es presencia de Dios, presencia de María.
Quizá lo más curioso es la normalidad con la que se vive todo esto, sin aspavientos ni alardes, rodeado de cientos de personas que también se sienten "empapados" en Gracia de Dios, escuchando frases en croata (que por supuesto no entiendo) que le llegan a uno al corazón... como si el "don de lenguas" le permitiese a nuestra alma entender el mensaje con independencia del idioma en el que lo escuchamos. Se puede hacer un acto penitencial en el comedor de la pensión y luego caminar en silencio por las calles hasta los confesonarios, sin que la ciudad nos distraiga de nuestra oración... porque todo allí lleva a la oración.
Parte de esta "normalidad" es que Filka -nuestra joven "guía turística"- se empeñase en enseñarnos a rezar y ayunar los miércoles y viernes... y, por supuesto, rezase y ayunase ella misma.
¿Son todo esto pequeños (o grandes) milagros?
Y también está el Oasis de la Paz, la Capilla de la Adoración... y la Comunidad del Cenáculo...
En el Cenáculo hemos conocido ex-drogadictos y ex-presidiarios con una categoría humana y espiritual excepcional... todo gracias a la "Cristo-terapia" (trabajo y oración, sin medicación alguna). Cuando un joven pasa en pocos años de la mayor degeneración (la droga) a la vocación al sacerdocio o las misiones... ¿es esto un milagro?
Y eso que no he podido conocer las conversiones que los sacerdotes que nos acompañaban pudieron constatar desde el confesonario.
La Virgen no se aparece en Medjugorje todos los días... ¡VIVE ALLÍ!

http://medjugorje.hr.nt4.ims.hr/News.aspx
martes, 17 de octubre de 2006
Fe, Razón y Finanzas
No obstante, la ciudadanía en general no entiende bien por qué el Estado -que es aconfesional- debe financiar a la Iglesia Católica. Aunque esta postura es un poco hipócrita (ya que nadie se pregunta por qué el Estado financia el cine, el deporte o a los homosexuales), creo que es conveniente estar bien informados para saber dar respuesta.
En primer lugar, se debe conocer que la financiación de la Iglesia la efectúan principalmente sus propios fieles, mediante sus aportaciones directas; la aportación del Estado, de unos 144 millones de euros anuales, sólo cubre entre el 20 y el 30% de los gastos. Ese importe que entrega el Estado, por indicación de un 33% de los contribuyentes que marcan su casilla en la declaración, se reparte entre 69 diócesis y 23.000 parroquias, por lo que queda muy distribuido (un millón de pesetas por parroquia y año). Esto permite que un Obispo cobre un sueldo de 864 euros al mes, y los sacerdotes entre 600 y 800, además de la cotización mínima a la Seguridad Social, sin derecho a baja ni paro por lo que cuando se jubilan cobran las pensiones mínimas. Como puede verse, ¡no será el sueldo lo que promueva vocaciones!
Las razones por las que el Estado debe ayudar a la Iglesia son muchísimas y de peso: enunciaré algunas para que podamos utilizarlas en debates domésticos.
El artículo 16.3 de nuestra Constitución dice: Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones. La cooperación Iglesia-Estado no depende del Gobierno de turno, sino que es un mandato constitucional... el que la rechace, se sale de la Constitución.
En el siglo XIX, cuando la desamortización de Mendizábal, se expropiaron los bienes de la Iglesia sin compensación alguna: por lo tanto es de justicia que o se los devuelvan o se le ayude... al igual que se ha hecho con los sindicatos y otras organizaciones que, por cierto, no tienen entre todas juntas ni la mitad de "afiliados" que la Iglesia.
Si van a Misa unos 7 millones de fieles cada semana, ¿por qué no financiar esa "actividad" con los mismos impuestos que pagan esos fieles?... como se hace con el cine, el teatro o los deportes... que tienen muchos menos "espectadores". Debemos recordar que el Estado no da nada, simplemente reparte entre los ciudadanos el dinero que éstos han pagado con sus impuestos.
¿Cunto vale la aportación que la Iglesia con la enseñanza de su doctrina hace a la sociedad? El Decálogo (no robarás, no matarás, no cometerás adulterio, etc...) es la mejor manera de promover la estabilidad y paz social; sin la Iglesia Católica, la situación española estaría -si cabe- peor que ahora, con más delitos, más rupturas familiares, delincuencia juvenil y drogodependientes, mucho más SIDA y muchos menos nacimientos... que es el gran problema de España para las próximas décadas. Todo esto, ¿cómo se paga?
Además, debemos conocer la labor social que la Iglesia realiza directamente: 90 hospitales, 111 ambulatorios, 933 asilos de ancianos, 284 orfanatos, 104 centros familiares, 81 centros acogida a toxicómanos y SIDA, 2.833 otros centros asistenciales y 23.000 centros de Cáritas Parroquial. Quizá uno de los datos más desconocidos es que hay 146 capellanes carcelarios que con 2.793 voluntarios atienden a los presos de nuestras cárceles.
Y si queremos descender a la aportación económica que la propia Iglesia hace al Estado, tendremos que hablar del ahorro que suponen los Centros Educativos concertados en los que la Iglesia escolariza a 1.741.697 niños, con un coste para el Estado de sólo 1.841 euros niño/año, cuando en los centros estatales el coste es de 3.518 euros niño/año. Esto, que sólo es posible gracias a la dedicación gratuita de infinidad de religiosos y religiosas, le supone al estado un ahorro de 2.920 millones de euros al año... ¡contra una aportación del Estado de sólo 144 millones!
Creo que después de repasar estas razones, no sólo queda justificada la aportación del Estado a la financiación de la Iglesia, sino que se pone de manifiesto que es bastante tacaña, sobre todo si la comparamos con la generosidad con que se subvencionan otras instituciones que son exclusivamente parasitarias.
Que no se nos olvide marcar la casilla en la declaración... y animar a otros a hacer lo mismo: ¡ahora toda la aportación del Estado depende de ello!
martes, 26 de septiembre de 2006
Es sencillo ser cristiano
Ninguna de esas dos posturas vale...
No vale amar a Dios "tanto" que nos olvidemos de nuestros hermanos... o que pensemos que a ellos tambén les debería bastar con amar a Dios... y que cualquier otra cosa (de las muchas que a nosotros nos sobran) no les será imprescindible.
No vale amar al prójimo "tanto", que les queramos dar de todo menos aquello que realmente les haría felices: mostrarles a Dios... para lo que, por otra parte, deberíamos haberle encontrado nosotros antes.
Lo único que vale en el cristianismo evangélico es amar y servir a Dios de la única manera que Él quiere ser amado y servido: amando y sirviendo al prójimo por amor a Él; y distribuyendo entre los demás todo lo que de Dios recibimos: empezando por los dones espirituales y terminando con los bienes materiales.
La Madre Teresa de Calcuta, ese formidable ejemplo de cristianismo evangélico radical, no se cansó de repetir: Cada vez que menospreciamos a uno de nuestros hermanos porque es pobre o enfermo, es a Cristo a quien humillamos. Cuando nos dirijamos a alguien, recordemos que Cristo vive en esa persona.
martes, 16 de mayo de 2006
La Vida Humana
¿Que es la vida? Esta es una más de las grandes cuestiones que nuestros científicos no saben responder. Los que más se han acercado son los filósofos: "vida es la capacidad de obrar". Pero esta definición a la gente de la calle nos dice muy poco. Todos sabemos que la vida humana es algo muy grande y muy importante... pero como no sabemos por qué, no acabamos de defenderla adecuadamente. Así hay algunos que piensan que la vida antes del parto no merece la pena ser protegida... y que la vida de los enfermos o ancianos no merece la pena ser vivida.
Yo creo que la vida es fundamentalmente una oportunidad para amar y ser amado. Es lo principal que distingue la vida humana de cualquier otra forma de vida; y, por supuesto, de la simple materia. Es esta oportunidad única e irrepetible lo que hace a mi vida importante: si se pierde nada podrá sustituirla. La vida de todo ser humano hay que respetarla porque alguien la está amando infinitamente: Dios; porque los demás podemos amarla -en especial los más cercanos-; y porque todo se humano puede amar a los demás.
Si una madre odiase la vida que lleva en su seno, que Dios ama y que ella debería amar -y un médico quiere sacar provecho económico de este odio-, el Estado debe evitar que la destrucción de esa vida se lleve a cabo, porque de otro modo se destruiría la oportunidad de que ese niño llegue a amar y ser amado.
Así visto, no hay calidad de vida tan ínfima que no merezca la pena ser vivida, ya que en cualquier caso es una oportunidad de amar o ser amado: si a esos tetrapléjicos a los que se quiere eliminar para que no sufran, se les amase y se les diese la oportunidad de amar, su vida sería, en lo fundamental, tan plena como la de cualquier otro en plenitud de sus facultades... y así ocurre en la mayoría de los casos.
Y es que el mundo occidental ha olvidado que no estamos aquí para disfrutar -lo que no nos distinguiría de los animales- sino para amar... y es el amor lo que da sentido pleno a nuestra vida... cualquiera que sea.
miércoles, 10 de mayo de 2006
Deus Caritas Est
Nos recuerda el Papa que el fundamento del cristianismo no es un compendio de ritos y normas, ni siquiera se fundamenta en nuestro decálogo moral. Ser cristiano es amar; y si no se ama, de nada sirven ni los ritos ni la moral. Si queremos difundir el cristianismo -ese credo tan desconocido hoy en día en occidente-, no podemos empezar por intentar recuperar el código moral que funcionó hasta ahora... Tenemos que empezar por el fundamento, por transmitir amor. Ésta fue la señal que distinguió a los cristianos cuando se los comparaba con la sociedad romana, tan disoluta como lo es la nuestra: ¡mirad cómo se aman! Si no conseguimos que primero se difunda el amor, no lograremos recuperar ningún código moral ni ético.
Sin embargo, nos hemos empeñado en lo contario, en enfrentarnos de plano a los que no opinan como nosotros, fomentando la confrontación y rezumando odio hacia quienes revientan nuestro código moral... y, claro, no nos hacen caso. No nos preocupamos por el prójimo, por sus problemas, por sus razones o debilidades: simplemente le exigimos que reconozca su errores y rectifique.
Nos hemos olvidado de la caridad: si comenzásemos con asumir esa obligación de manifestar nuestra solidaridad no con el mero rechazo del mal ajeno, sino con una lucha empeñada en conseguir el bien común. Si empezamos por implantar la Doctrina Social de la Iglesia, con radicalidad, no sólo en su aspecto moral (defensa de la vida, la familia y la libertad de enseñanza, que son principios irrenunciables), sino también en sus aspectos sociales y económicos, entonces nos resultará más fácil convencer de las bondades de la concepción cristiana de la sociedad.... recordar al mundo que ha sido esta concepción cristiana la que ha llevado a occidente al grado de dignidad humana que ha alcanzado.
Nos recuerda el papa Benedicto en su encíclica que la justicia social no es el objetivo directo de la Iglesia... pero también afirma que la justicia es la base de la caridad. La única amanera de compaginar ambas afirmaciones es adjudicando a los cristianos, a cada uno en particular, ese cometido de practicar la caridad luchando por la justicia social. Esto lo entendió muy bien la madre Teresa de Calcuta -misionera de la caridad, como forma más efectiva de ser misionera de la fe-: amando a los más necesitados transmitió nuestra fe de forma mucho más efectiva que predicando dogmas y moral.
Y es que el cristianismo solo tiene una dimensión: la mística, la moral y la caridad [nuestro compromiso por la cuestión social] deben ir unidas.
lunes, 13 de marzo de 2006
Dios en el banquillo
Con excesiva frecuencia nos atrevemos a pedir cuentas a Dios. Le exigimos que nos explique por qué fulano ha muerto, por qué ese terremoto ha sido tan desastroso, o por qué hay hambre en el mundo. [Esto último solemos preguntárselo después de terminar alguna de nuestras opíparas comidas, sin habernos privado ni de una miga.] Esto es una doble osadía: por una parte, no somos quiénes para pedir cuentas al Creador, cuando nosotros mismos fallamos constantemente; por otra, atrevernos a preguntar presupone que esperamos entender la respuesta, que nuestra capacidad intelectiva está a la altura de Dios, que entenderemos sus planes a largo plazo... y esta presunción raya en la locura.
Espero que Dios nos perdone también este pecado de soberbia, ya que le consta que nuestras limitaciones humanas e intelectuales son grandes; ... porque somos más tontos que malos... y más débiles que tontos.
Y es que olvidamos que Dios hace sus planes respetando la libertad humana, que es lo que más valora porque es la libertad lo que nos permite amar. Aunque nos parezca lo contrario, Dios está jugando maravillosamente bien esta partida de ajedrez que es la Historia; y ésto es verdad, aunque nosotros no entendamos cuál es el objetivo de cada uno de sus movimientos. Pero lo realmente impresinante, es que está jugando la partida con figuras libres, que pueden aceptar su designio o no. ¿Os imagináis que un jugador decidiese comerse un peón con su caballo, y que éste se negase? ¿Cómo podría jugar la partida? Pues bién, Dios está jugando la gran partida de la Historia en estas condiciones, con figuras que se le rebelan constantemente... y, aún así, la va a ganar!
Que esta sea nuestra esperanza cuando nos enfrentemos con lo que no logramos entender, no pidamos tantas cuentas a Dios -que sabe muy bien lo que se hace- y revisemos detenídamente cómo le ayudamos con nuestra pequeña aportación.
jueves, 9 de marzo de 2006
¿Dónde está el alma?
miércoles, 8 de marzo de 2006
La Sabiduría
Interesado por este tema, acudí al libro de la Biblia que más relación tiene con él: se trata, por supuesto, del Libro de la Sabiduría. Sólo en los dos primeros capítulos ya se encuentran "pistas" fundamentales para actuar sabiamente. Además, pone de manifiesto lo poco que ha cambiado el carácter humano en estos 23 siglos que han transcurrido desde que se escribió; y lo actuales que son sus consejos [en azul mis comentarios]:
1.1 Gobernantes de la tierra, amad la justicia, tened buena idea del Señor y buscadlo con corazón sincero.
2 Los que no le exigen pruebas pueden encontrarlo; Él se manifiesta a los que no desconfían de Él. [resulta curioso cómo en el mundo actual que reniega de Dios, se le exigen pruebas de su existencia y se desconfía de su providencia, de forma que le impedimos manifestarse].
3 Los pensamientos torcidos alejan de Dios. Su poder, cuando es puesto a prueba, deja sin palabras a los insensatos. 4 La sabiduría no entra en un alma perversa, ni vive en un cuerpo entregado al pecado. [no nos extrañe que una sociedad que la aceptado todas las aberraciones sexuales que la humanidad ha ido acumulando en miles de años -y que se refocila en este lodo- no logre encontrar el camino de su felicidad]
5 El santo espíritu, que es maestro de los hombres, nada tiene que ver con el engaño; se aparta de los pensamientos insensatos y se retira cuando está presente la injusticia. [qué poco inspira el Espíritu Santo a los gobernantes que no buscan la Justicia]
6 La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres, que no perdona al que injuria a Dios con sus palabras; Dios es testigo de lo más íntimo del hombre, es vigilante sincero de su corazón y escucha todo lo que dice. 7 En efecto, el espíritu del Señor llena la tierra, da consistencia al universo y conoce lo que dice el hombre. 8 Por eso, quien dice cosas malas no puede esconderse, ni podrá escapar del juicio y de la acusación de Dios. 9 Los pensamientos del malo serán investigados, y, como prueba de sus malas acciones, llegará hasta el Señor el informe de lo que haya dicho. 10 Dios lo escucha todo con oído atento; ni aun lo dicho en voz baja por el hombre se le escapa. 11 Evitad, por tanto, las murmuraciones inútiles y no digáis nada malo, porque incluso lo dicho en secreto trae sus consecuencias, y una boca mentirosa lleva al hombre a la muerte. [Pero nuestra sociedad actual, apóstata y blasfema, se queja a Dios cuando nos deja sentir las fuerzas de la naturaleza]
12 No busquéis la muerte con una vida extraviada, ni por vuestras acciones atraigáis sobre vosotros la perdición. [son demasiadas las prácticas de riesgo (drogas, sida, etc...) que nos exige nuestro placer como para no atraer sobre nosotros la perdición]
13 Pues Dios no hizo la muerte ni se alegra destruyendo a los seres vivientes. 14 Todo lo creó para que existiera; lo que el mundo produce es saludable y en ello no hay veneno mortal; la muerte no reina en la tierra, 15 porque la justicia es inmortal. 16 Los malos llaman a la muerte con gestos y gritos; pensando que es su amiga, la buscan con afán, y con ella han hecho un pacto, pues merecen pertenecerle.
Qué actuales son los "pensamientos de los malos" que el capítulo 2 del Libro de la Sabiduría adjudica a los infieles: los mismos errores y las misma excusas que la "civilización progresista" ha descubierto recientemente:
2.1 Razonando equivocadamente, se han dicho: "Corta y triste es nuestra vida; la muerte del hombre es inevitable y no se sabe de nadie que haya vuelto de la tumba. 2 Nacimos casualmente [ya los científicos de hace 22 siglos achacaban a la casualidad la existencia del hombre...], y luego pasaremos como si no hubiéramos existido, pues nuestro aliento es como el humo, y el pensamiento, como una chispa alimentada por el latido de nuestro corazón. [... y ya pensaban que el alma humana es sólo un conjunto de chispas entre enlaces neuronales]
3 Cuando esta chispa se apague, el cuerpo se convertirá en ceniza y el espíritu se desvanecerá como aire ligero.
4 Con el paso del tiempo, nuestro nombre caerá en el olvido y nadie recordará nuestras acciones. Nuestra vida pasará como el rastro de una nube, y se desvanecerá como neblina perseguida por los rayos del sol y vencida por su calor. [y, por supuesto, rechazaban la posibilidad de un Juicio en el que se nos exigieran responsabilidades]
5 Nuestra vida es como el paso de una sombra; cuando llega nuestro fin, no podemos regresar. El destino del hombre queda sellado; nadie puede ya volver atrás. 6 ¡¡Por eso, disfrutemos de los bienes presentes y gocemos de este mundo con todo el ardor de la juventud! 7 ¡¡Embriaguémonos del vino más costoso, y de perfumes! ¡¡No dejemos pasar las flores de la primavera! 8 Coronémonos de rosas antes de que se marchiten; 9 que en nuestras orgías no falte ninguno de nosotros. Dejemos por todas partes huellas de nuestra alegría: ¡¡eso es vivir; para eso estamos aquí! 10 ¡¡Aplastemos al hombre honrado que no tiene dinero, no tengamos compasión de la viuda ni respetemos las canas del anciano! 11 Que la fuerza sea para nosotros la norma de la justicia, ya que la debilidad no sirve para nada. [Hasta aquí queríamos llegar: todos los anteriores razonamientos nos sirven para justificar la búsqueda desenfrenada del placer, orgías e injusticias... aunque todo esto nos lleve más a la angustia vital que a la felicidad]
12 Pongamos trampas al bueno, pues nos es molesto; se opone a nuestras acciones, nos reprocha que no cumplamos la ley y nos echa en cara que no vivamos según la educación que recibimos. 13 Dice que conoce a Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor. 14 Es un reproche a nuestra manera de pensar; su sola presencia nos molesta. 15 Su vida es distinta a la de los demás y su proceder es diferente. 16 Nos rechaza como a moneda falsa y se aparta de nuestra compañía como si fuéramos impuros. Dice que los buenos, al morir, son dichosos, y se siente orgulloso de tener a Dios por padre. 17 Veamos si es cierto lo que dice y comprobemos en qué va a parar su vida. 18 Si el bueno es realmente hijo de Dios, Dios le ayudará y le librará de las manos de sus enemigos. 19 Sometámosle a insultos y torturas, para conocer su paciencia y comprobar su resistencia. 20 Condenémosle a una muerte deshonrosa, pues, según dice, tendrá quien le defienda.
Estos últimos versículos son los más actuales: el Mundo no soporta que se le recuerde que está equivocado, que la felicidad no está en el placer o el egoísmo, que su rechazo de Dios es la causa de su angustia... e insulta y deshonra a los que ponemos en Dios nuestra confianza... y así alcanzamos la felicidad ya aquí en esta tierra.... ¡ande yo caliente... y ríase la gente!
21 Así piensan los malos, pero se equivocan; su propia maldad los ha vuelto ciegos. 22 No entienden los planes secretos de Dios ni esperan que una vida santa tenga recompensa; no creen que los inocentes recibirán su premio.23 En verdad, Dios creó al hombre para que no muriese, y lo hizo a imagen de su propio ser; 24 sin embargo, por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la sufren los que del diablo son.
Como dijo Kierkegaard, "La puerta de la felicidad se abre hacia afuera, y el que intentase forzarla en sentido contrario la cerraría más fuertemente". Pidamos a Dios la Sabiduría necesaria para no ser tan atrasados como los actuales progresistas que caen en los mismos errores de hace 23 siglos... la Sabiduría que nos enseñe en nuestra vida a abrir la puerta de la felicidad.
miércoles, 1 de marzo de 2006
Las Bienaventuranzas
Bienaventurados los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.
La única manera de alcanzar la felicidad no es disponer de muchas cosas materiales, sino, por el contrario, poder liberarse de su dependencia, enseñorearse sobre ellas y saber utilizarlas como medio para nuestra perfección humana y espiritual. Si no somos "pobres de espíritu" y aligeramos nuestro equipaje, nunca alcanzaremos nuestra meta, porque habremos confundido los medios con nuestros fines. Efectivamente, si lográsemos no depender del reino material, ya estaríamos en el Reino de los Cielos.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
El dolor es la piedra de toque del amor, es la manifestación más genuina de éste: nadie tiene más amor que el que da su vida por los demás. Como decía la Madre Teresa de Calcuta: "Amad hasta que os duela el amor". Sólo seremos felices si somos capaces de afrontar el sufrimiento por amor. Así no tendremos miedo a la vida... ni a la muerte; y, en cualquier caso, seremos consolados... por Dios y por aquellos a quienes amamos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
Debemos buscar la perfección humana en todas nuestras tareas; pero sabiendo que el éxito no nos pertenece, que somos únicamente instrumentos de Dios, que queremos completar su Creación para beneficio de los demás. Si somos humildes, nos ahorraremos tantos y tantos sinsabores que acarrea la soberbia: sabremos gozar del éxito sin provocar envidias; vernos recompensados con el cariño ajeno; sentirnos como los herederos de la tierra, pero sin estar pegados a ella.
porque ellos serán saciados.
Auténtica hambre de conocer y cumplir el plan de Dios para nosotros, hambre de santidad, de que nuestra vida sea un camino ascendente. Cuando se afronta con este ansia el Camino, el hambre será saciada, porque la meta siempre se alcanza.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Es feliz el que sabe amar a todos los que le rodean, acompañándoles siempre en sus alegrías y tristezas: teniendo corazón compasivo "miserere corde", entrañas de misericordia; porque el que se ocupa de los demás,olvida sus propias penas.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Qué felicidad tener un corazón grande y limpio, para que nuestra alma pueda ver a través de él. Si no eliminamos cualquier rastro de egoísmo y suciedad en nuestra mirada, si vemos a los demás como posible objeto de placer, no podremos ver ni el corazón ajeno ni a Dios.
Bienaventurados los pacíficos,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Qué felicidad sentir la paz y sentir que hemos ayudado a conseguirla. El odio, el rencor y la revancha nos podrán proporcionar un éxito momentaneo... pero nunca la paz, que es consecuencia de la justicia, de sabernos en el buen camino. Sembremos concordia y nos haremos hijos de Dios.
Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Qué felicidad no depender de los juicios ni criterios humanos; no ser esclavos del qué dirán, de nuestros complejos, de nuestros prejuicios... liberados de todo eso nos encontraremos como en el Cielo.
Lo dicho, las Bienaventuranzas no son la meta, sino el punto de partida para la felicidad... y a los que no logremos alcanzarla en esta tierra nos queda la esperanza de la bienaventuranza absoluta en el Cielo. Vamos a intentarlo.
lunes, 20 de febrero de 2006
Los dones del Espíritu Santo
La Iglesia, que es muy sabia, entre otras cosas porque lleva dos mil años observando al hombre, ha resumido lo que el hombre necesita para ser santo -y, por tanto, para ser feliz - en lo que llamamos dones del Espíritu Santo, que son siete. Creo que merece la pena repasarlos y tratar de conseguirlos.
El primero don es la SABIDURÍA: que es la cualidad que nos permite dirigir nuestra vida según el plan de Dios; en concreto, la inteligencia habilitada para la felicidad. Sabio no es el que sabe muchas cosas, sino el que actúa sabiamente. El sabio es el que encamina su vida al fin que le es propio y, en consecuencia, alcanza la felicidad. Por lo tanto, es más sabio el que logra formar una familia feliz, que el científico que descubre importantes innovaciones técnicas.
El segundo es el ENTENDIMIENTO: la facultad que nos permite entender la palabra revelada por Dios... pero también es la cualidad de saber interpretar los signos que nos rodean, los acontecimientos de nuestra vida; en definitiva, aprender de nuestra experiencia y escarmentar antes en cabeza ajena que en la propia.
El tercero, y quizá el menos importante, es la CIENCIA: es el don que nos permite conocer el mundo físico que nos rodea y las leyes que lo rigen... es lo que ha permitido el fabuloso progreso material del que disfrutamos... pero que no nos ha proporcionado un progreso espiritual paralalo que nos lleve a la felicidad. El mundo actual sólo valora la ciencia, sin darse cuenta de que, sin estar incardinada en las demás facultades, no sirve para lo fundamental. Por esto hay tantos científicos que no son felices; y tánto progreso que nos lleva a la amargura!
El cuarto don es muy práctico, se trata del CONSEJO: es la capacidad de aplicar a nuestra vida, en cada circunstancia, las facultades que nos han proporcionado los anteriores dones. De nada nos serviría entender muy bien la palabra de Dios, o tener profundos conocimientos médicos, si luego no somos capaces de convertirlos en algo que nos permita mejorar nuestra vida. Por supuesto, el don de consejo también ha de servir para ayudar a los demás a encontrar la felicidad.
Pero para todo lo anterior necsitamos el cuarto don, que es la FORTALEZA: no basta con saber cómo debemos actuar, sino que es necesario llevarlo a la práctica; y una vez comprometidos en ello, tenemos que perseverar todo el tiempo que sea necesario, superando las adversidades que encontremos por el camino.
También resulta muy conveniente contar con el don de la PIEDAD: que es la reverencia debida a nuestro Padre Dios; y, en un orden de cosas más material, es el aprecio de lo valioso: la belleza, la verdad, el bien. Esto nos permitirá disfrutar a tope de nuestra vida y conseguir una felicidad -si me permites la expresión- más intensa.
Por último, un don cuyo nombre suele llevar malinterpretaciones. Me refiero al TEMOR DE DIOS. No se trata de vivir angustiado por si Dios en respuesta a cualquiera de mis errores me fulmina con un rayo. Se trata de de tener un profundo temor a defraudar a Dios; y esto por dos razones: la primera, porque el amor a nuestro Padre Dios nos debe inducir a cumplir con su voluntad; la segunda -mucho más prosaica- porque el apartarnos de dicha voluntad nos aparta de nuestro camino a la felicidad. El mundo actual tiene la osadía de decir que no le teme a Dios... y, en consecuencia, vive amedrentado por mil temores y -en muchos casos- supersticiones. En definitiva, este don nos tiene que llevar al "miedo a equivocarnos", a "meter la pata" y estropear nuestra vida... a pensar que las consecuencia de nuestros actos no son neutras, que nos afectarán en el futuro y afectarán a los demás... a vivir con la responsabilidad de que tenemos que alcanzar la felicidad para nosotros y para los demás.
Qué pena que en el mundo actual se desconozcan estos siete fundamentos para alcanzar la felicidad... porque su desconocimiento nos lleva a que ni siquiera podemos pedirle al Espíritu Santo que nos proporcione sus siete dones.
Nosotros, que ya lo sabemos, no dejaremos pasar la oportunidad de hacerlo a diario.