jueves, 19 de febrero de 2009

El mal menor

A menudo se aplica mal la "teoría del mal menor". Ésta consiste en que, cuando no hay bien posible y es imperativo actuar, se debe escoger el menor de los males. Esto es evidente. Pero en casos en los que es posible elegir un bien -aunque sea éste pequeño y remoto- o incluso se puede eludir la acción, no es lícito optar por el menor de los males, ya que el mal nunca puede escogerse voluntariamente. Esto sería lo mismo que justificar los medios malos por perseguir un fin bueno.

Esta corruptela está muy extendida en nuestra sociedad católica occidental.

Y una prueba de su perversión es que, en muchos casos, aquellos que adoptan la postura del mal menor en el sentido de aceptar a "los malos" para evitar que vengan otros teóricamente peores, tampoco tienen empacho en alegar el "mal menor" cuando se trata de calumniar a "los buenos", si se hace para alcanzar un objetivo importante. Es decir, que el fin justifica los medios, ya consistan estos en disculpar lo inaceptable o en calumniar al justo. Personalmente, he sufrido esta segunda versión.

Son las dos caras de la misma moneda... ¡falsa, por supuesto!

domingo, 8 de febrero de 2009

El poder de la oración.

He recibido con estupor las noticias de corrupción moral en la cabeza de una de las más pujantes Órdenes religiosas de la actualidad, a la que tengo especial cariño por haberse cruzado en mi vida durante mi adolescencia. Y no ha sido conocer la condición de pecador de ese fundador lo que más me ha sorprendido (todos conocemos por experiencia nuestra debilidad), sino el hecho de que haya podido compaginar su pecado con la dirección impecable de la Orden religiosa.

La experiencia nos dice que cuando la cabeza se corrompe, todo el cuerpo suele acabar enfermo. Por mucho menos que eso, otras Órdenes históricamente mucho más importantes están en trance de desaparecer. Me pregunto, en este caso ¿qué es lo que ha frenado que esa gangrena se extendiese?

Se me ocurren varias respuestas. La primera es evidente: el Espíritu Santo tiene especial interés en que el carisma de esa Orden permanezca activo en la Iglesia; y, por esto, ha puesto los medios para frenar su corrupción. No es la primera vez que lo hace: en ocasiones la cabeza de la iglesia ha estado representada por individuos absolutamente indignos (quizá sea el Papa Alejandro VI el caso más conocido); pero su inmoralidad no se contagió al Cuerpo de Cristo, que ha seguido transmitiendo limpio el mensaje evangélico.

La segunda respuesta es continuación de la primera. Creo que el medio del que se ha servido el Espíritu Santo para evitar el contagio ha sido la vida de oración de los miembros de dicha Orden: si estás en contacto directo con Dios, poco pueden desviarte los errores de otros hombres, aunque sea tu superior. Parece cierta la inmoralidad de este fundador; pero también hay certeza de que fomentó una profunda vida de piedad en los miembros de su Orden. Piedad basada en la oración, la devoción a la Eucaristía y a la Santísima Virgen; y la obediencia al Magisterio de la Iglesia y al Papa. Con estas armas se puede afrontar cualquier peligro, por muy cercano y alto que esté.

Por el contrario, en las Órdenes en las que se ha relajado la vida de oración, se alejan de la Eucaristía y abandonan la piedad mariana, los errores se han propagado con tal rapidez y facilidad, que están en vías de extinción; y -nunca mejor dicho- dejadas de la mano de Dios.

Que este ejemplo nos sirva para recordar el consejo de San Pablo: "orad siempre sin desfallecer" (1Tes 5,17). Nuestra seguridad descansa en nuestra oración.
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Nota: Precisamente, el P. Álvaro Corcuera, L.C., en una carta del 16-1-09 dirigida a los miembros y amigos del Regnum Christi, les invita a reflexionar en la importancia de la oración, de la humildad, del amor y de la necesidad imperiosa en la vida cristiana de hacer el bien a los demás.

domingo, 1 de febrero de 2009

Dios, el azar y la evolución

El 12 de febrero se celebra el bicentenario de Darwin, el científico que creyó explicar la evolución de las especies. Con esta ocasión, en el Reino Unido se ha efectuado una encuesta, con el resultado de que un 51% de los encuestados piensan que "la evolución por sí sola no es suficiente para explicar la compleja estructura de algunos seres vivos, y por lo tanto la intervención de un diseñador es necesaria en momentos clave". Por supuesto, algunos tozudos científicos han sacado la conclusión de que los ciudadanos británicos son ignorantes: ¡sólo un ignorante puede insistir en que el universo se diseñó inteligentemente!

Lo curioso del tema es que lo que hace agua por los cuatro costados es la teoría evolucionista de Darwin, por muy científicamente que se la presente: la selección natural no explica cómo se modifica el código genético de los individuos más hábiles, para transmitir esa mejora a sus descendientes; ni explica cómo un cambio en una especie puede llevar a la aparición de otra totalmente distinta. Pero a algunos tozudos científicos estos vacíos en la teoría darwiniana no les estorban para ridiculizar a los que pensamos que "un diseño inteligente ha debido ser realizado por alguien inteligente". Por supuesto, sus argumentos de que "no se sabe" u "ocurrió por casualidad", les parecen más científicos que el encontrar una causa inteligente a un efecto inteligente.

Además, la teoría evolucionista sería compatible con la creación por Dios. Es más que probable que Dios diseñase un sistema universal que partiendo de un primer Big Bang, pudiese evolucionar hasta la perfección actual con muy poca intervención directa suya. Personalmente, creo que Dios puso en marcha la evolución de la energía y la materia que forman el cosmos; después creó directamente la vida y, por último, creó al hombre con alma trascendente. En estos tres momentos, actuó directamente... el resto del tiempo se limitó a observar el desarrollo de lo que ya había diseñado desde el principio, retocando aquí y allá algunos detalles.

Evidentemente, el magnífico sistema genético que guía la vida en general y su posible evolución, no pudo ser fruto de la casualidad. Me gustaría que algún matemático me calculase la probabilidad de que los tres mil millones de pares de genes pudiesen ordenarse exactamente como es preciso para desarrollar una vida: la probabilidad es nula. Y no sólo están ordenados, sino que informan desde el núcleo de cada célula al resto del organismo vivo, mediante un sistema del que no tenemos ni la más remota idea: ¿cómo sabe cada célula en que sitio del organismo se encuentra, para adoptar una función u otra? Ésto sólo puede existir porque ha sido diseñado y creado por un Ser inteligente; aunque quizá Dios, después de diseñar el magnífico sistema genético, se apoyó en la evolución natural para ir introduciendo la compleja diversidad de especies existentes, con alguna ayudita que otra.

De esta forma, habríamos llegado a una teoría evolucionista basada en un diseño inicial. Una teoría creacionista abierta a la evolución; pero una evolución también diseñada, no resultado de cambios genéticos aleatorios, que nunca podrían llevar a la creación de especies y su mejora. El azar, ni pudo construir un ADN perfecto con tres mil millones de pares de genes, ni pudo guiar la evolución hacia un mayor grado de perfección. La propia teoría científica de la ENTROPIA sostiene que cualquier cambio supone un menor orden que el existente anteriormente: entonces, ¿por qué en la teoría de la evolución los cambios casuales habrían llevado siempre a un mayor orden? (1)

No sé si acierto con la teoría expuesta; pero al menos ha sido un intento de explicación inteligente y razonada....Dudo mucho de la capacidad de cualquier científico que utilice como única explicación esto de la casualidad...

Al parecer, para algunos científicos... ¡lo único que no puede existir, ni por casualidad, es Dios!


(1) Un ejemplo de esto -sacado de Wikipedia-, es que si lanzamos un vaso de cristal al suelo, este tenderá a romperse y esparcirse, mientras que jamás conseguiremos que lanzando trozos de cristal se forme un vaso.

martes, 27 de enero de 2009

Mensaje de Medjugorje

Hacía tiempo que no recibía los mensajes mensuales de Medjugorje; y me ha gustado especialmente el del 25 de enero pasado. Contiene una expresión que no recuerdo haber oído nunca antes: "enamorarse de la vida eterna".

Mejor lo transcribo entero y luego lo comentamos:

¡Queridos hijos! También hoy los invito a la oración. Que la oración sea como la semilla que pondrán en mi Corazón, y que yo entregaré a mi Hijo Jesús por ustedes, por la salvación de sus almas. Deseo, hijitos, que cada uno de ustedes se enamore de la vida eterna, que es su futuro, y que todas las cosas terrenales les sean de ayuda para que se acerquen a Dios Creador. Yo estoy tanto tiempo con ustedes porque están en el camino equivocado. Solamente con mi ayuda, hijitos, podrán abrir los ojos. Hay muchos que al vivir mis mensajes comprenden que están en el camino de la santidad hacia la eternidad. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!


Eso de enamorarse de la vida eterna, pero aprovechar el contacto con las criaturas para adorar al Creador, es una síntesis perfecta de nuestra vocación como hijos de Dios. Tenemos que tener muy clara nuestra meta en el más allá; pero sin desperdiciar ninguna ocasión en el más acá.

Meditando sobre todo esto, me acordaba del dicho popular que recomienda, antes de adoptar una decisión, pensar qué se hubiese preferido haber elegido a la hora de nuestra muerte. Y pensaba que sería mucho mejor situarse en la vida eterna y allí, ante la visión beatífica, imaginarnos qué le vamos a contar a Dios. Repasar de qué cosas nos vamos avergonzar de haberlas hecho o dicho; y con qué sucesos vamos a disfrutar recordándolos con Dios.

Así vistas las cosas -sabiendo que tendremos que compartir nuestros recuerdos toda la eternidad con el Eterno-, entonces está claro que tenemos que modificar nuestro orden de prioridades; y dar más importancia a lo que la tendrá en la vida eterna; acumular recuerdos que podamos compartir con Dios.


Así interpreto yo eso de "enamorarse de la vida eterna, que es nuestro futuro".


¡Y un futuro muy largo!

[Aclaro que los sucesos de Medjugorje no están confirmados por la Iglesia -ni lo estarán mientras sigan produciéndose-; y cada cual puede darles la importancia que quiera. Pero no me nieguen que el mensaje transcrito no parece humano]

jueves, 22 de enero de 2009

Dios sí existe


Ha aparecido en la católica Pamplona una pancarta que resume muy bien el contenido de mi anterior entrada: "DIOS EXISTE PARA QUE DISFRUTES LA VIDA".
¡Pues, eso!


miércoles, 7 de enero de 2009

¿Probablemente Dios existe?

Es curioso lo preocupados que están los ateos con la existencia de Dios; tanto, que necesitan refugiarse en la probabilidad de su inexistencia para poder disfrutar de la vida. Esto es lo que se desprende de los anuncios que una asociación de ateos de Cataluña ha publicado en algunos autobuses de Barcelona: "Probablemente, Dios no existe: despreocúpate y disfruta de la vida".

Aunque os extrañe, ese anuncio me parece muy bien: si eres un ateo y vives preocupado con la posibilidad de que Dios sí exista, viviendo con el miedo a equivocarte para toda la eternidad, entiendo que no puedas disfrutar de la vida con tranquilidad. Con este anuncio te animan a despreocuparte y disfrutar, al menos, de esta vida... aunque sea solo una probabilidad. Pero me atrevo a proponer otra alternativa más segura: "Probablemente Dios sí exista: despreocúpate y disfruta de la vida". Con esta alternativa acertaríamos siempre: si Dios existe, disfrutamos de esta y la otra vida; si no existe, habremos disfrutado de la única vida posible.

El problema con los ateos es que no se han dado cuenta de que Dios no es ningún obstáculo para disfrutar de la vida, sino todo lo contrario. No hay ningún bien ni ningún placer que no haya sido querido y creado por Dios; y si establece algún límite es para que podamos disfrutar de esos bienes y de esos placeres con mayor plenitud: "sigue las normas divinas y despreocúpate disfrutando de los placeres que Él creó para ti". ¿Que no te lo crees?; pues trata de averiguar una método contra el SIDA o los embarazos no deseados que sea más eficaz que el sexto y el noveno mandamientos.

Repito: el problema con los ateos y los agnósticos es que consideran un obstáculo para disfrutar de la vida a Único que puede darnos la Vida de verdad y hacernos disfrutarla a tope; y así no hay manera de disfrutar, ni siquiera por probabilidad.

Los que vivimos con la certeza de la existencia de un Dios que nos ama y nos cuida con su Providencia, sí sabemos lo que es vivir despreocupados y disfrutar de la vida...; y si no disfrutamos a tope, es porque nuestra Fe no es total, porque dejamos margen a la probabilidad; y con la duda viene también la preocupación...

Me parece muy bien ese anuncio, los pobrecitos ateos necesitan un margen de probabilidad para poder disfrutar algo de sus vidas... probablemente.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Derechos ¿humanos o divinos?

Se cumplen hoy sesenta años de la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU en 1948; aunque los Derechos Humanos no se inventaron en esa fecha, sino que el hombre, desde que es hombre, ha tenido estos derechos básicos; otra cosa es que no siempre se los hayan reconocido unos a otros, ni antes ni después de la Declaración que hoy celebramos.

Los Derechos Humanos no los otorga ninguna autoridad civil, sino que nacen de la dignidad inherente a la persona humana; y esta dignidad se deriva de nuestra condición de hijos de Dios. Si olvidásemos el origen de nuestros Derechos -si prescindimos de Dios, de nuestro origen común-, los Derechos Humanos pierden su fundamento y pasan a ser algo que depende del ordenamiento jurídico de cada momento, de cada cultura. Por esto preferiría que se les llamase derechos divinos, para que ningún hombre o gobierno se sintiese tentado de eliminarlos o eludirlos.

Por el contrario, si no tuviésemos un origen común, si la dignidad intrínseca del hombre no nos igualase a todos, ¿como podrían tener los mismos derechos el salvaje, el trabajador o el intelectual? ¿Que semejanza existiría entre un paria de la India y un financiero de Wall Street? Las diferencias entre las anteriores personas serían irreconciliables; y los derechos de las mismas igual de dispares que sus situaciones sociales.

Pero cuando la filiación divina nos iguala a todos, las pequeñas diferencias entre los distintos hombres aparecen como insignificantes en comparación con su igual dignidad. Por supuesto, cuando se juzga a los hombres teniendo en cuenta criterios materialistas o hedonistas, este común denominador se difumina y se agrandan las diferencias aparentes; y entonces todo queda justificado: surge la marginación o el exterminio de aquél a quien no consideramos semejante.

Cuando se olvida la trascendencia espiritual del hombre, y se le iguala a las demás cosas materiales, tratándole como un simple objeto que puede ser manipulado a capricho, se anulan su dignidad y sus derechos; aunque nominalmente se le sigan reconociendo. Por tanto, la manipulación genética de embriones humanos, la planificación estatal de la natalidad, las condiciones infrahumanas de trabajo o la manipulación publicitaria de las apetencias, esconden una profunda ignorancia, cuando no desprecio, de la auténtica dignidad humana y sus Derechos; porque al hombre no se le debe diseñar como a un coche, ni planificar como una cosecha, ni crear reacciones reflejas como al perro de Paulov.

La Declaración de la ONU, es un buen compendio de todo aquello que garantiza al hombre su dignidad. Los principales Derechos reconocidos son:
Todo individuo tienen derecho a la vida, la libertad y la seguridad de su persona.
Todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad, sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o posición social.
Todos son iguales ante la ley, que les protegerá por igual.
Toda persona tiene derecho a la libre circulación y elección de su residencia; a casarse y formar una familia.
Toda persona tiene derecho a la propiedad individual.
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión; a la libertad de opinión y expresión; a la libertad de reunión y asociación pacífica.
Toda persona tienen derecho al trabajo, el descanso y la seguridad social; y a un nivel de vida digno.
Toda persona tienen derecho a la educación; los padres tendrán prioridad para escoger la educación de sus hijos.

No obstante, como estos Derechos se han promulgado como un simple consenso entre las distintas naciones -sin fundarse en la dignidad intrínseca del hombre y teniendo en cuenta su naturaleza y sus fines-, no existe punto de referencia para su aplicación a casos concretos, permitiendo su violación incluso por naciones que los han aceptado.
El primero de ellos es, por supuesto, el derecho a la vida; pero la Declaración no concreta el término vida y deja en manos de cada país su definición. Así, un derecho universal e inalienable puede ser eliminado mediante una ley abortiva de plazos consensuada en cualquier Parlamento. ¿De qué le sirven todos los demás Derechos a aquél al que no se le permite llegar a nacer?

También se atenta al derecho a la vida con la manipulación genética y la fertilización artificial. La dignidad de la vida humana es demasiado importante como para jugar con ella; y este juego no queda legitimado por el hecho de que una pareja quiera satisfacer sus aspiraciones de descendencia o necesidades sentimentales. Estos impulsos no se pueden satisfacer a costa de la existencia de otro ser humano, porque nadie posee el "derecho" a tener hijos, por muy fuerte y legítima que sea su necesidad. La época de la esclavitud, en que se podían poseer otros seres humanos, ya quedó definitivamente -eso espero- superada.

Otra de las modernas violaciones del derecho a la vida es la eutanasia ¿Quién está facultado para decidir cuándo la vida humana deja de tener valor o cuándo pierde su dignidad? ¿Qué es una muerte digna: la cobardía de huir del dolor o la aceptación del sentido del sufrimiento? La realidad es que no hay muerte más indigna que la eutanasia: la muerte porque no se ha sabido encontrar la dignidad de la vida. En vez de ayudar a una persona a terminar con su vida, deberemos esforzarnos en devolverle su dignidad de ser humano y mostrarle el sentido de su existencia; incluso de una existencia en circunstancias extremas.

Si fuésemos más conscientes de que los Derechos Humanos no son nuestros sino de Dios, nos servirían de verdad para adecuar nuestra conducta a nuestra naturaleza; en vez de servir de excusa para adulterar esa naturaleza a nuestro capricho.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Obsesión por la técnica

El hombre tiene auténtica obsesión por la técnica. Intenta descubrir técnicas para todo, porque lo que quiere es tener controlado y manejado su entorno según su voluntad. Así que ponemos más empeño en controlar las cosas que en comprenderlas: la técnica nos hace más hábiles, pero no más sabios. Y así aplicamos muchas de las técnicas a nuestro alcance sin tener un conocimiento profundo de lo que estamos modificando... al fin y al cabo, una técnica fue lo que descubrió el burro de la fábula y le permitió tocar la flauta sin saber ni solfeo ni entender lo que realmente estaba haciendo.

Por ejemplo, hemos desarrollado una técnica que nos permite manejar el genoma, cambiando unos genes por otros, intentando clonar seres vivos, modificar sus características; pero nos limitamos a cambiar elementos del ADN de sitio, sin tener ni la más remota idea de cómo funcionan esos elementos. Jugamos con la vida, sin saber ni qué es ni cómo se transmite. Es como si yo, que apenas sé cómo cambiar el aceite de mi coche, me atreviese a desmontar todo el motor. Y así con muchas otras cosas:

Queremos controlar la natalidad, y descubrimos y aplicamos la técnica correspondiente, sin establecer antes los criterios a seguir para dicho control.

Queremos controlar la genética, para no encontrarnos con sorpresas desagradables, y aplicamos técnicas de selección de embriones, sin tener en cuenta que lo que manejamos es algo más importante que un puzle de genes: ¡es un ser humano!

Queremos controlar las enfermedades genéticas, y "fabricamos" niños medicina para curar a otros, sin tener en cuenta que para ello debemos eliminar a muchos otros por el camino.

Queremos controlar la muerte, y como no tenemos una técnica para evitarla o retrasarla, aplicamos técnicas eutanásicas para, al menos, adelantarla a nuestro capricho.

Queremos controlar el clima... pero por ahora vamos a tener que aguantarnos con el clima que nos toque... porque esta técnica todavía no la hemos inventado.


Quizá el ejemplo que más pone de manifiesto el absurdo afán del hombre por tenerlo todo bajo control sean las "técnicas de oración", mediante las que nos empeñamos en controlar también la gracia de Dios: desarrollar técnicas para alcanzar la comunicación con Dios según nuestra voluntad... en vez de pedir a Dios humildemente que se ponga en contacto con nosotros cuando tenga a bien concedérnoslo.

Si no fuese porque el hombre obsesionado por la técnica suele negar a Dios, ¡buscaría también una técnica para controlarle a Él!

viernes, 7 de noviembre de 2008

El mejor conductor

Voy a tomar prestada esta idea que he leído en un libro sobre la Virgen de Medjugorje. Se trata de comparar nuestra vida -en especial la vida espiritual- con la conducción de un coche.

A todos nos gustaría ver toda la carretera de una vez, para saber a dónde nos llevará y por qué caminos nos obligará a transitar. Pero la realidad es que, cuando iniciamos el viaje, lo más que podemos ver son unos cientos de metros por delante de nosotros; y al llegar a la siguiente curva o cambio de rasante, podremos ver otro tramo...; y así un kilómetro detrás de otro...

En algunas ocasiones, al coronar un repecho, tenemos la posibilidad de ver todo un valle ante nosotros, con sus campos, pueblos y quizá alguna ciudad; incluso podremos distinguir a lo lejos la carretera por la que más tarde transitaremos. Pero esta vista suele durar unos pocos instantes, ya que, en seguida que iniciamos el descenso, volvemos a reducir nuestro horizonte visual a un corto tramo de carretera. Por supuesto, si conducimos de noche nuestra visión se reduce aun más y sólo podremos ver el pequeño triángulo que ilumina nuestros faros.

Algo así pasa con nuestra vida: nos ponemos en camino con una meta lejana; pero ignoramos los abatares que se nos presentarán a cada momento. En realidad, ni siquiera estamos del todo seguros de haber elegido la carretera correcta para llegar al destino que nos hemos marcado. Y tampoco podemos descartar que un accidente nos retrase o nos obligue a cambiar de objetivo. No puede ser de otro modo. El que pretenda tener la absoluta seguridad de conocer cuál será su futuro, se deberá limitar a quedarse quieto.

Con la vida espiritual pasa lo mismo: Dios, cuando nos anima a ponernos en marcha, nos va revelando sólo un corto tramo de su plan para nosotros; y algunas veces nos exige conducir de noche y lo vemos todo muy negro. En ocasiones esto es para no desalentarnos: si conociésemos de antemano la cantidad de baches y curvas que tiene el camino... ¡no lo iniciaríamos! Otras veces lo hace para probar nuestra confianza. En algún momento nos deja vislumbrar su plan a largo plazo; pero en seguida nos vuelve a reducir la visión, y tenemos que conformarnos con las "señales de tráfico" que van indicando el peligro, los cruces o las desviaciones que vendrán después.

Así son los planes -la vocación- de Dios: debemos ponernos en camino con la firme determinación de no abandonar pase lo que pase. El único requisito será llevar el depósito bien lleno de gasolina: del mejor carburante, que es la Gracia de Dios. También tendremos que ir pidiéndole ayuda para sortear cada uno de los obstáculos que encontremos...Y si pinchamos, ¡no debemos desalentarnos!: ponemos un buen parche con la Confesión y seguimos adelante...

Hay un truco infalible para una buena conducción: ¡llevar a la Virgen de copiloto!

lunes, 3 de noviembre de 2008

Los tres niveles de la oración

Cuando por fin nos decidimos a hacer oración, a comunicarnos con nuestro Padre Dios, solemos empezar con oraciones vocales: esas frases que la Iglesia nos ofrece para que vayamos aprendiendo a hablar con Dios. Con el tiempo, pasamos de las oraciones vocales a la oración mental y la oración del corazón: le hablamos a Dios con nuestras propias palabras, nos soltamos a conversar con Él.

Es en este tipo de oración en el que podemos distinguir tres niveles:

Cuando comenzamos a orar, es habitual que llevemos a nuestra conversación con Dios en primer lugar nuestras necesidades materiales, lo que es perfectamente legítimo: a Dios, como Padre nuestro que es, le podemos pedir cualquier cosa, como hacemos con los padres de la Tierra. Después, también nos preocupamos por nuestras necesidades espirituales; y le pedimos a Dios que nos ayude a mejorar en esto y aquello...; y que nos resuelva aquella dificultad para poder cumplir con los planes apostólicos...; y que nos facilite los medios que necesitamos... y colaboradores... En definitiva, pedimos a Dios que nos ayude a sacar adelante nuestra vida, nuestra familia y esos planes tan santos que nos hemos propuesto. Cuando así actuamos, estamos en el primer nivel de la oración.

Cuando Dios tenga a bien concedérnoslo (aunque habitualmente bastará con pedírselo), pasaremos al segundo nivel: en éste, en vez de preocuparnos tanto por nuestros planes, empezamos a preguntarle a Dios cuál es el plan que Él tiene para nosotros: que nos muestre su voluntad. Nuestro anhelo ya no es que nos ayude a cumplir nuestros planes, sino el suyo; en definitiva: que nos ayude a hacer su voluntad. Y cambia el modo de nuestra oración, porque en vez de "hablarle tanto y pedirle tanto", permanecemos a la escucha de su palabra, de sus indicaciones...; y le pedimos fundamentalmente entendimiento para conocer su voluntad, porque hemos aprendido a confiar más en su voluntad que en nuestro criterio; a preferir sus planes antes que los nuestros. Y entonces llega la paz a nuestro corazón, porque Él ha tomado el timón de nuestra vida.

El tercer nivel es algo totalmente distinto, mucho más difícil de alcanzar y de explicar. Cuando Dios lo considera oportuno, se muestra Él mismo, en vez de mostrarnos sólo su voluntad; y el orante pasa de adherirse a la voluntad de Dios a identificarse con Cristo, compartir su vida... Como decía San Pablo: "no ya yo, es Cristo quien vive en mí"...

Pongámonos en camino y empecemos por el primer nivel..., ¡con la meta de llegar al ter
cero cuanto antes!

viernes, 31 de octubre de 2008

¿Mover Montañas?

Si tuviésemos fe como un grano de mostaza, moveríamos montañas... (cfr. Mt 17, 20)

Por supuesto, no pretende el Señor que cambiemos la orografía de la Tierra, sino que sepamos que todos los obstáculos que se presentan en nuestra vida -a veces como auténticas montañas-, pueden superarse si la Fe nos hace obrar con confianza en el Señor. Si tuviéramos suficiente Fe en que los caminos del Señor -las normas que Él nos ha revelado-, son siempre la mejor solución a cualquier problema -la única manera de alcanzar la felicidad-, avanzaríamos mucho más rápido y, además, contaríamos con su ayuda. Pero habitualmente, al ver una montaña desconfiamos del Señor y damos un rodeo para no tener que subirla: de esta forma retrasamos sus planes y, en definitiva, nuestra respuesta a su voluntad.

Pero, con Fe, ¡qué fácil mover las montañas que se interponen en el camino de nuestra conversión, o de nuestra aceptación de los planes de Dios!

Tenemos que pedir la Fe a Dios, una Fe que nos permita mover la única montaña que Dios mismo no puede mover: nuestra voluntad, porque Él no forzará nunca nuestra libertad.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Mis bodas de plata

Hoy hace veinticinco años que me casé con mi mujer y madre de nuestros nueve hijos nacidos, uno de los cuales ya goza del Cielo. Es un día de felicidad que quiero compartir con todos. No sólo porque las alegrías hay que compartirlas, sino porque en un mundo en el que el compromiso se evita a toda costa, creo que es un buen testimonio dar a conocer que el compromiso mantenido es lo que nos da la felicidad.

En la cultura del deseo hay que proclamar bien alto que la felicidad procede del convencimiento de estar en el camino correcto; y la alegría se deriva de la esperanza de llegar a la meta.

Mirando ahora hacia atrás, compruebo que merecía la pena cada una de las renuncias que me han llevado a mantener mi compromiso matrimonial. Al fin y al cabo, FIDELIDAD tiene casi las mismas letras que FELICIDAD.

lunes, 20 de octubre de 2008

La torre de Babel

"Edifiquemos una ciudad, y también una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo, para perpetuar nuestro nombre y no dispersarnos por toda la tierra" (Gen. 11).

El hombre, después del diluvio, quiso forjar su futuro con sus propias fuerzas, para no depender de Dios. Y muchas veces, además de sus propias fuerzas, usa su propio criterio, alejándose de los preceptos divinos, a los que no quiere someter ni su razón ni su voluntad. Y suele ocurrir que las consecuencias son desastrosas... Entonces culpamos a Dios por haberlo consentido y volvemos a apoyarnos en nuestras fuerzas y nuestro criterio para arreglarlo..., con lo que todo sigue empeorando. Porque no hay forma de forma de progresar adecuadamente si dejamos de lado la Ley Natural y el camino que Dios nos ha marcado.

En Babel, Dios bajó y confundió la lengua de los hombres para que no se entendiesen entre ellos; desde entonces no ha vuelto a hacerlo, porque nuestro egoísmo y nuestra desconfianza bastan para que no nos pongamos de acuerdo.

Sí, estoy pensando en la crisis económica que los hombres hemos provocado con nuestra avaricia; y en los torpes y equivocados intentos por salir de ella sin renunciar al egoismo...

jueves, 16 de octubre de 2008

Seguimos con la crisis

A pesar de las fortísimas medidas financieras adoptadas en todo el mundo la crisis sigue adelante... Aunque soy economista, no tengo experiencia en medidas macroeconómicas, por lo que podría equivocarme en mi apreciación de que las medidas, además de insolidarias e injustas con los más desfavorecidos, son equivocadas... tremendamente equivocadas. Y, aunque mi criterio en estos temas no sea de fiar, la realidad es que no están dando los resultados perseguidos. ¿Cómo pueden equivocarse tantas personas y tan profundamente? Aventuraré una teoría.

El padre de la mentira -ese felón que ha estado inflando el globo de la especulación financiera e inmobiliaria apoyándose en la avaricia humana-, ahora está induciendo a los dirigentes a tomar medidas equivocadas, medidas que a medio plazo agravarán la situación, lo que provocará un desastre económico mundial. Y, lo que es peor, hará que muchos inocentes queden sumidos en la desaparición económica -ruinas, desempleo, etc-, que es el caldo de cultivo en el que pesca el maligno a los incautos.

Y quizá remate su faena proporcionándonos a un nuevo salvador que nos libere de la crisis, alguien a quien él controle fácilmente; y a quien rendirá pleitesía la humanidad entera, como está previsto que se haga con el anti-cristo. Recordemos que de la crisis de 1929 surgió el salvador nazi que provocó la segunda guerra mundial y el holocausto judío; y de la primera guerra mundial surgió el liberador de los proletarios Stalin que tuvo subyugado a medio mundo durante setenta y cinco años.

En un mundo moderno y globalizado, el Apocalipsis bien podría ser más económico que bélico.

Es una teoría.

jueves, 9 de octubre de 2008

Hablemos de la crisis financiera

Se ha producido una acción concertada de todos los gobiernos, que gastarán centenares de miles de millones de dólares, endeudando a sus Estados, para...

¿Erradicar el hambre en el mundo?
¿Frenar el aumento del precio de los alimentos?
¿Proporcionar agua potable a tantos habitantes del planeta que carecen de ella?
¿Construir hogares para los sin-techo?
¿Erradicar la malaria, el tifus, el cólera, la tuberculosis, la lepra...?
¿Invertir en el tercer mundo para sacarlo del subdesarrollo?

Todo esto se podría hacer con ese dinero... y seguramente sobraría algo; pero no, no se va a destinar a eso, se va a destinar a salvar a las instituciones especulativas del mundo y, de paso, nuestros ahorros (muchos también especulativos)...; es decir lo que nos es superfluo...

¿Nadie se ha parado a pensar que si se invirtiesen esos miles de millones de dólares en el Tercer Mundo, se produciría tal incremento del PIB mundial que acabaría repercutiendo en los países desarrollados...?

Pero no, preferimos garantizar nuestra calidad de vida, nuestros ahorros, nuestros placeres (muchos de ellos ilícitos e innobles)... incluso quemar alimentos en nuestros vehículos para seguir desplazándonos sin contaminar nuestro mundo... ¡sí, esos alimentos que otros necesitan para seguir viviendo! Por no compartir, no queremos compartir ni con nuestros hijos... ya que nos negamos a tenerlos, condenando a occidente a extinguirse y llevarse a la tumba toda su riqueza acumulada.

No cabe duda de que hace tiempo que esta actitud constituye un delito de lesa humanidad, del que todos los occidentales somos culpables (yo, el primero)...; y todavía nos atrevemos a culpar a Dios por consentir tanta miseria...; a Él que ha dotado al mundo de mucho más de lo que se necesitaría para que toda la humanidad viviese dignamente, si no fuese por la rapiña de tanto acaparador.

Espero que la misericordia de Dios no permita el castigo que merecemos; y se limite a quedarse mirando como nuestra avaricia y materialismo provocan la mayor y mas larga crisis que se haya conocido...; quizá la crisis que definitivamente vuelque la balanza a favor de los países en vías de desarrollo... y provoque la decadencia definitiva de esta sociedad enferma y corrompida.

Porque el hombre ha puesto su confianza en la especulación financiera e inmobiliaria, no en el trabajo cotidiano y el ingenio, con los que teníamos que cumplir el mandato de Dios: multiplicaos y dominad la tierra... Ahora que ese castillo de naipes se hunde, que nuestros dioses de barro se deshacen, ya no somos capaces de fiarnos de nada ni nadie, lo que agrava aún más la situación: la crisis financiera es una crisis de confianza...; y ningún plan de ayuda nos sacara de una crisis que se alimenta a si misma.

La única solución es volver al trabajo productivo, pensando en crear riqueza para la humanidad, no en acumularla para unos pocos: en crear bienes y productos, no entelequias financieras.

Como economista que soy, me consta que todo esto que he expuesto suena a demagógico; pero... en el fondo de nuestros corazones ¿no sentimos que es verdad?

sábado, 4 de octubre de 2008

El Señor de la vida

Desde hace ya tiempo, en España y en el resto del mundo, se está produciendo un ataque generalizado contra la vida humana; y es un ataque total que trata de suprimir tanto al no nacido como al anciano. Por otra parte, el hombre se empeña en "crear" o modificar esa vida mediante técnicas de biogenética. Es evidente que el hombre moderno quiere llegar a ser el "señor de la vida"; algo así como lo que pretendieron Adán y Eva con la dichosa manzana: ser como dioses o, lo que es lo mismo, dejar de depender de Dios.

El problema es que para hacerse como dioses, tienen que eliminar la paternidad de Dios, separarle del proceso creativo; y si Dios no es nuestro Padre común, entonces los seres humanos ya no somos hermanos: nos dejan huérfanos y aislados... ¿Alguien se imagina a lo que puede llegar una sociedad así?

Parece que al hombre moderno no le basta, en su soberbia, independizarse de Dios: necesita matarle, suprimirle de todo proceso; y lo consiguen. Consiguen que Dios -el Señor de la vida- desaparezca de todos aquellos lugares en los que el ataque a la vida, el desprecio de la vida, se ha implantado... Todavía se le puede encontrár entre los que nos asustamos de este estado de cosas, entre los que nos dolemos de que la humanidad haya renegado de sí misma.

Espero que Dios tenga ahora más paciencia (¿o misericordia?) con nosotros y no acabe echándonos del Paraíso: ¡tiemblo sólo de pensar lo que esa expulsión podría significar!

jueves, 2 de octubre de 2008

La santidad en la vida ordinaria

Hoy es dos de octubre y hace ochenta años que San Josemaría fundó el Opus Dei. No quiero dejar de rendir un homenaje a este santo español que fue precursor de la santidad en la vida ordinaria -en el trabajo de cada uno-, a la que mucho después nos urgiese el Concilio Vaticano II.

La santidad de los laicos tiene especial importancia en nuestros días, en los que tanto escasean las vocaciones religiosas: es en los padres y madres de familia en los que descansa en gran parte la responsabilidad de transmitir la Fe. Y esta responsabilidad es grave, ya que lo tenemos que hacer no sólo con la palabra, sino también con el ejemplo: enseñarles a ser cristianos en medio del mundo.

Y ser cristianos en medio del mundo no significa ser cristianos en la familia y en la Iglesia, para luego salir y escondernos en medio del mundo: significa ser cristianos manifiestamente en medio de los demás... ¡No se enciende la lámpara para ponerla debajo del celemín!, sino para que alumbre al resto de la sociedad.

Gracias San Josemaría por habernos recordado desde hace tanto tiempo esta realidad; ayúdanos a no ser cristianos escondidos en medio del mundo.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Dios en la vida pública

Los cristianos nos quejamos con frecuencia de que la sociedad progresista pretende sacar a Dios de la vida pública y relegarlo a las conciencias de los creyentes. Contra esto último no tengo nada, ya que sería muy bueno que Dios estuviese en las conciencias de todos los creyentes; y que estuviese muy activo.

Bromas aparte, creo que efectivamente los que se dicen no creyentes -aunque se crean un montón de tonterías que los medios "progres" les cuentan a diario- están empeñados en que no se hable de Dios en público. Y constato que están ganando la batalla.

Y la están ganando no porque ellos avancen, sino porque nosotros retrocedemos: estamos dejando de hacer referencias a Dios en nuestra vida cotidiana. No me refiero a nuestro testimonio consciente de cristianos, que cada vez nos da más vergüenza manifestar, sino a esas pequeñas manifestaciones que dos mil años de cristianismo han ido incrustando en las costumbres occidentales; y que ahora se están perdiendo.

Pienso que si los nueve millones de personas que tenemos costumbre de ir a Misa los domingos volviésemos a utilizar el nombre de Dios más a menudo, en seguida volveríamos a traerle a la vida pública.

Por ejemplo, si en vez del "hastaluego", decimos "aDios", o mejor aún: "vaya usted con Dios" o "que Dios te guarde" .

Y cuando algo sale bien o se evita un mal, alegrarnos diciendo "gracias a Dios que...".

Y cuando hagamos planes o enviemos invitaciones, recuperemos la fórmula cristiana de "Dios mediante (D.m.)" o "... si Dios quiere".

Si lo hacemos con cierta picardía, para que se note que no es una fórmula rutinaria, sino que la empleamos conscientemente, que nosotros contamos con Dios, mejor aún.

A esto podríamos añadir las referencias a nuestra vida religiosa, a nuestra cita dominical con la Iglesia, la fiesta de la Virgen de nuestro pueblo o la procesión del Santo Patrón. Ya sería para nota recuperar esa costumbre tan sencilla como santiguarse al salir de casa o pasar delante de una Iglesia (que en definitiva es un Sagrario); y bendecir la comida antes de empezar o dar gracias al terminar, aunque estemos en un sitio público.

Si en vez de guardar "un minuto de silencio" al conocer la muerte de alguien o producirse una catástrofe, nosotros aprovechamos para rezar un Padrenuestro, estaremos testimoniando públicamente que nos creemos nuestra Fe.

Por supuesto, ahora que tantos "despistados" se cuelgan un rosario a modo de collar, nosotros no deberíamos tener reparo en llevar una medalla o un crucifijo; pero no como adorno, sino como devoción... y si lo besamos en público con cualquier ocasión, mejor.

Recuperar todas estas prácticas y muchas otras sería la mejor -y más sencilla- manera de volver a recordar las raíces cristianas de nuestra sociedad; y si quienes retoman estas fórmulas tienen notoriedad pública (políticos, periodistas, famosos, empresarios, etc...) animarán a los demás a hacerlo.

¡Qué menos podemos hacer por Dios!

lunes, 22 de septiembre de 2008

Salvar la vida

"El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que la pierda por mí, ése la salvará" (Lc 9, 24)

Por supuesto que esta frase tuvo su aplicación cuando a los primeros cristianos se les puso ante el dilema de renunciar a su fe o morir por ella.

Pero, yo me pregunto: ¿sigue vigente en nuestros días?; ¿que es salvar la vida?; ¿qué es perder la vida?

Pues creo que, en sentido figurado, tiene plena aplicación en nuestro tiempo; y no me estoy refiriendo a aquellos países en los que existe persecución de los cristianos, sino en nuestras sociedades libres.

¿Cuándo pretendemos salvar nuestra vida? Pues cada vez que, ante una dificultad, nos separamos de la voluntad de Dios, para aplicar nuestro propio criterio.

Por ejemplo, cuando queremos salvar nuestra vida deshaciéndonos de un embarazo no deseado; entonces la estamos perdiendo, porque matando al hijo matamos parte de nuestra propia vida... ¡y toda la suya!

Y cuando nos planteamos la idea de divorciarnos -a pesar de que le habíamos prometido delante de Dios fidelidad de por vida a nuestro cónyuge-, alegando que "tenemos derecho a rehacer nuestra vida" o "esta vida ya no hay quien la soporte"; entonces, cuando creemos que la estamos salvando, es cuando la perdemos... ¡y muy probablemente también echemos a perder la del cónyuge y las de los hijos!

O cuando queremos determinar nuestra orientación sexual al margen de nuestra propia constitución fisiológica, porque nos consideramos dueños de nuestra propia sexualidad; entonces la estamos entregando a un dueño que nos engaña y tiraniza... ¡y no estaremos viviendo nuestra vida, sino su disfraz!

Cuando consentimos que el trabajo ahogue nuestra vida familiar, porque queremos salvar nuestra calidad de vida; entonces perdemos la calidad y la vida familiar... ¡y seguramente acabemos perdiendo también la familia!

Cuando queremos decidir sobre nuestra vida sin ningún tipo de límite ni moral; entonces se la estamos entregando a nuestros vicios y dependencias... ¡y ya no seremos nosotros quienes decidamos, sino ellos!

Si queremos que nuestra buena fama esté por encima de todo; entonces seremos esclavos del qué dirán... ¡y espías de nosotros mismos!

Cuando nos dejamos dominar por la ambición y la avaricia para garantizar nuestra buena vida; entonces garantizamos que siempre estaremos dominados por ellas... ¡y nuestra vida nunca será buena!

Si queremos salir de ese apuro contando una mentira; entonces seremos esclavos de nuestra mentira... ¡y perderemos el prestigio que pretendíamos salvaguardar!

Y así cada vez que creemos que podemos resolver un problema al margen de la voluntad de Dios: no resolvemos nada y empeoramos nuestra situación.

Por eso termina recordándonos el Señor: "Porque ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero si se destruye a sí mismo o se pierde?" (Lc 9, 25)

Pues eso..., salvemos nuestra vida del modo como Jesús nos enseña, !porque sabe mucho más que nosostros de nuestros propios problemas!

miércoles, 10 de septiembre de 2008

La conversión, ¿es convencimiento o flechazo?

Recientemente, el Papa Benedicto XVI comentaba la conversión de San Pablo y nos recordaba que el Cristianismo no es ni una filosofía ni una moral, sino un encuentro personal con Cristo. Además, afirmaba que el propio interesado, San Pablo, nunca admitió que su encuentro con Cristo en el camino de Damasco fuese una conversión, ya que el cambio de su vida no fue fruto de una evolución intelectual o moral, sino una renovación instantánea, derivada exclusivamente de ese encuentro. "Sólo somos cristianos si encontramos a Cristo", explicó el pontífice.

Esto significa que todos los esfuerzos por explicar la Biblia, la moral o la concepción social cristiana -incluidos los que hago desde este blog-, no sirven para acercar al Cristianismo a nadie si éste no experimenta su encuentro con Cristo: es necesario "...tocar el corazón de Cristo y sentir que Él toca el nuestro. Sólo en esta relación personal con Cristo, sólo en este encuentro con el Resucitado nos convertimos realmente en cristianos" -afirmó el Papa.

¿Dónde encontrase con Cristo? También el Papa nos da la respuesta: "...en la lectura de la Sagrada Escritura, en la oración, en la vida litúrgica de la Iglesia".

Los que estamos en esto de "razonar" la fe, a veces olvidamos que no se trata de "convencer" a nadie, sino de "tocarles el corazón"; olvidamos que no somos apóstoles de la moral, la familia, la vida o la justicia social, sino que somos apóstoles de Cristo, y que es a Cristo a quien debemos llevar a los demás para que el mismo Cristo les toque el corazón.

Con frecuencia nos desanimamos ante la ideología hostil que nos rodea; y nos olvidamos que el Cristianismo se difundió más con "el flechazo" que con "el razonamiento".


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P.D.: Si alguien está interesado en encuentros personales con Cristo, le remito a mi entrada de 20-3-07, en la que comento la impresión que me causó un Cursillo de Cristiandad.