miércoles, 3 de enero de 2024

Fiducia Supplicans: confianza suplicante.

Recientemente se ha publicado un documento vaticano sobre el sentido pastoral de las bendiciones: la declaración Fiducia Supplicans (confianza suplicante). En concreto, el documento viene a clarificar la cuestión sobre las bendiciones de personas que conviven en situación irregular [en pecado, dirían los técnicos] pero que quieren seguir practicando la religión católica.

El documento explica el concepto y alcance de las bendiciones. Afirma que cualquier elemento de la Creación puede ser bendecido, desde las personas hasta las cosas o lugares, incluso las actividades. El objetivo de las bendiciones es alabar a Dios, pedir sus beneficios y ayudas y alejar al mundo del poder del maligno.

La bendición más antigua se encuentra en el Libro de los Números: «Así bendecirán los israelitas a sus hijos: que el Señor te bendiga y te proteja, te ilumine con su rostro y te conceda su gracia, te muestre su rostro y te conceda la paz» (Nm 6, 24-26). En la tradición bíblica, los cabeza de familia bendicen a sus hijos con ocasión de los matrimonios, antes de emprender un viaje o en la cercanía de la muerte. Jesús bendice en varias ocasiones; por ejemplo, bendice a los niños: «Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos» (Mc 10, 16).

En la tradición cristiana, la bendición expresa el abrazo misericordioso de Dios y la maternidad de la Iglesia que invita al fiel a tener los mismos sentimientos de Dios hacia sus propios hermanos y hermanas. Buscar la bendición en la Iglesia es admitir que la vida eclesial brota de las entrañas de la misericordia de Dios y nos ayuda a seguir adelante, a vivir mejor, a responder a la voluntad del Señor. Es muestra de que depositamos la confianza del corazón fuera de nosotros mismos: en la infinita misericordia de un Dios que ama sin límites.

Pero hay que distinguir las bendiciones de los Sacramentos (fuente de la gracia): ya que aquellas encuentran su lugar propio fuera de la celebración de la Eucaristía y de los otros sacramentos, que requieren condiciones concretas para ser recibidos. Por esto, cuando las personas invocan una bendición no se las debería someter a un análisis moral exhaustivo como condición previa para poderla conferirla. La bendición, al contrario que la comunión en la Eucaristía, no requiere una perfección moral previa: el estado de gracia.

sábado, 30 de diciembre de 2023

Ante tanta desgracia y tanta guerra: ¿dónde está Dios?

Estamos en el tiempo de Navidad, que habitualmente nos sugiere paz, armonía, afecto familiar, reconciliación... Todo esto provocado como contagio del amor que el Dios-Hombre nos demuestra viniendo a la Tierra como niño indefenso.

Pero, por desgracia, durante este tiempo también hay conflictos, guerras (incluso en la tierra de Jesús), asesinatos y otro tipo de desgracias, que ensombrecen la alegría de estas fiestas. Y muchos, desolados, se preguntan: ¿Dónde está Dios?

Pues Dios está donde debe estar; mejor dicho, donde Él decidió estar: en el corazón del hombre, en forma de Amor. Es cierto que muchos no lo aceptan y sustituyen ese amor por odio. Pero también lo es que la mayoría muestra ese amor a los demás, incluso aquellos que no saben de dónde procede su amor. En cada conflicto se producen hechos horribles provocados por hombres malvados. Es la ausencia de Dios, no porque Él no quiera estar, sino porque es violentamente rechazado. Pero también se producen hechos heroicos, manifestaciones de amor sublimes, sacrificios por los demás que emocionan... Y esta es la presencia de Dios en esas tragedias: los hombres buenos que aman y se esfuerzan los por demás.

Dios siempre está presente junto al hombre; y, en especial, junto al que sufre. Si no lo notamos no es culpa de Dios, sino nuestra, que no sabemos mostrarlo ni actuar en su nombre. Porque el Dios creador y omnipotente quiere depender de sus creaturas para cumplir su plan y cuidarnos con su providencia. 



martes, 26 de diciembre de 2023

El Niño-Dios

 Deseo que la venida del Niño-Dios suscite en los corazones de todos paz, esperanza y amor, mucho amor.

domingo, 24 de diciembre de 2023

¡FELIZ NAVIDAD!

Lo más importante de la Navidad (en realidad: natividad) es el nacimiento del Hijo de Dios en Belén; y por esto, la Iglesia dedica el tiempo de adviento (en realidad: advenimiento) a prepararnos para la venida de Jesús.

Pero debemos recordar que Jesús ya vino hace 2023 años (aproximadamente) y que ahora lo que hacemos es recordar ese acontecimiento que cambió la historia de la humanidad (y el calendario). 

¿Y para recordar un acontecimiento es necesario prepararnos? Pues parece que sí. Porque lo que realmente se pretende no es "recordar", sino "asimilar" ese hecho. Rememorar la natividad de Jesús es darnos una oportunidad de amar a Aquél al que quizá ya teníamos olvidado, porque los agobios del mundo nos apartan de lo realmente importante. Y, recordar cómo quiso venir a la Tierra siendo niño, pobre, indefenso, en una humilde familia, seguramente nos ayude a amar a Aquél que treinta y tres años después se dejó crucificar por nosotros. Y, quizá, amando a ese Niño, acabemos amando al Hombre y a todos los demás hombres, que es en lo que consiste el cristianismo.

Pues eso: ¡feliz Navidad!, sobre todo si conseguimos este objetivo. 

sábado, 23 de diciembre de 2023

En este caso, la lotería ha bajado directa del cielo

Jorge era (es) amigo mío y su hermano también. El año pasado en enero le detectaron un cáncer y le dieron seis meses de vida; pero logró vivir nueve y falleció en septiembre, dejando viuda y cuatro hijos. Jorge regentaba un despacho de lotería y era persona querida en el barrio. Durante su enfermedad depositó su confianza en el Seños y no dejó de decirle a todo el que quisiese escucharle que se iba tranquilo a la casa del Padre. Poco antes de irse al cielo, le dijo a su mujer que este año ella repartiría el Gordo de Navidad en su despacho de lotería. A ella no le gustó, porque sería nueva en el negocio y eso siempre trae un poco de lío. Pero el Señor sabe más y, efectivamente, ayer en el despacho de lotería de Jorge se repartieron 200.000.000 de euros entre los clientes. El número premiado, el 88.008, es feo y uno de los 100.000 números que se sortean. La probabilidad era, por tanto, de uno entre cien mil; pero Jorge, desde el cielo, quiso hacerle este regalo a su mujer, aunque a ella no le gustase demasiado; y, de paso, se lo ha hecho a esos parroquianos que tanto afecto le tenían. En este enlace podréis ver la noticia en prensa: Noticia de prensa 

https://www.elmundo.es/papel/historias/2023/12/23/6585d337e9cf4a37568b45c6.html

Gracias, Jorge... O deberíamos decir ¡gracias a Dios!

Por supuesto, muchos pensarán que es una simple casualidad... Pero, sería una casualidad ¡entre cien mil!

martes, 12 de diciembre de 2023

El sentido del pecado

Recientemente, un sacerdote me dijo que los católicos ha dejado de ir a la Misa dominical porque han perdido el sentido del pecado; y, entonces, ¿para qué ir?

Desafortunadamente, tengo que coincidir con él en lo de la pérdida del sentido del pecado, porque es cierto que la moral está muy relajada y cada uno juzga su conducta según el propio criterio, que suele ser bastante benévolo. Pero no acabo de comprender su conclusión. A la Misa dominical se debería acudir para rezar, tratar con Dios y, además, hacerlo en comunidad, junto con nuestros vecinos. Cuando era niño, mi padre, los domingos nos compraba un tebeo y luego nos tomábamos el aperitivo. Quiero decir que se santificaba el domingo de todas las maneras posibles: rezando, reuniéndonos con los demás, pero también celebrando la resurrección del Señor con algún extra. Si resulta que algunos van a Misa exclusivamente por que sería pecado no hacerlo, estarían cumpliendo el precepto; pero no creo que estuviesen santificando la fiesta.

Quiero ir más allá. El cristianismo no es ni una moral ni un libro. El cristianismo es el seguimiento de una persona, Jesucristo, que nos mostró el camino de la salvación, es decir, de nuestra felicidad. Y los cristianos deberíamos estar más preocupados en amar a Jesucristo que en evitar pecados. Porque ya lo dijo Él mismo: si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y el principal mandamiento que nos dio fue: amaos unos a otros como yo os he amado. Resumiendo: el cristianismo se basa en el amor. No serviría de nada mantener una moral perfecta si no amamos. Por el contrario, si fuésemos capaces de amar a Jesucristo y a los demás, aunque pecásemos debido a la propia debilidad humana, estaríamos en el camino correcto.

Los católicos no han dejado de ir a Misa porque hayan perdido el sentido del pecado, sino porque han dejado de amar; y sin amor no merece la pena la lucha por cumplir un código moral. Ahora sí creo que procede la pregunta: ¿para qué cumplirlo?, si no amamos.

 

martes, 5 de diciembre de 2023

Amor e imperfección

Dios creó a los ángeles como espíritus puros. Unos lo adoraron y lo alaban eternamente; y otros lo rechazaron y lo odian eternamente.

Pero también quiso crear a los hombres: alma espiritual y cuerpo material, perfecto en su concepción, pero con debilidades y flaquezas. Siendo Dios todopoderoso, es extraño que quisiese crear un ser que pudiese fallarle. ¿Crearía algún ingeniero una máquina sabiendo que fallaría frecuentemente? ¿Es Dios menos listo que nuestros ingenieros? Evidentemente, no. Entonces ¿qué razones pudo tener Dios para crearnos así? 

No pretendo ser insolente pidiéndole explicaciones a Dios, sino intentar atisbar un poco su mente creadora. ¿Cuál es mi teoría? Pues creo que Dios nos crea imperfectos porque nuestra respuesta, nuestro amor, es mucho más valioso si se produce a pesar de nuestras debilidades e imperfecciones. Es más, estoy convencido de que nuestro imperfecto amor le agrada más a Dios que la perfecta y constante alabanza de sus ángeles. Porque Él conoce nuestras limitaciones y, sobre todo, nuestras flaquezas. Y, en estas condiciones, ya solo el esfuerzo por amarlo, por estar cerca de Él, tiene gran mérito.

¿Ama Dios la imperfección? ¡Claro que sí: Él nos ha creado así! Y Él nos ama como Padre nuestro que es. Lo que nos pide es nuestra respuesta esforzada; y cada uno alcanzará un grado de "menor imperfección" en función de su esfuerzo y sus capacidades. Dios amará ese esfuerzo; y cuando ni siquiera el esfuerzo podamos poner, cuando fallemos estrepitosamente, cuando le demos la espalda, entonces nos seguirá amando. Porque la otra cara de la moneda de nuestra creación imperfecta es su misericordia: sabe que nos plantea un reto que para nosotros es difícil incluso aceptarlo; e imposible cumplirlo. ¡Yo, desde luego, renuncié hace mucho tiempo a ser perfecto! 

Por esto, cuando el apóstol Pablo se queja de ese "aguijón de muerte" que le separa de Dios, el Señor le contesta: "te basta mi gracia" [2Cor. 12, 8-10]*. Me permito traducir esta respuesta muy libremente: "es que no quiero que seas perfecto, que superes ese defecto, sino que luches contra él por amor a mí". Y, claro, cuando nuestra debilidad nos hace caer de nuevo -una y otra vez- entra en juego su misericordia, porque bien sabe Dios que no nos ha querido hacer perfectos y conoce las consecuencias de esto.

El cristianismo es la religión del amor: del amor que Dios nos muestra y del amor que tenemos que compartir con los demás. Y esto es mucho más importante que el código moral que tanto nos cuesta cumplir.

*8Acerca de esto, tres veces he rogado al Señor para que lo quitara de mí. 9Y El me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí.10Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

lunes, 27 de noviembre de 2023

Felicidad y sufrimiento

Sigamos hablando de esa prueba de amor que es el sufrimiento. Si el secreto de la felicidad es "amar y sentirse amado"; y no hay amor sin sufrimiento, entonces ¿es compatible la felicidad con el sufrimiento? Estoy convencido de que sí, incluso por propia experiencia. Puede parecer extraño; pero esto se debe a que se habitualmente se confunde la felicidad con la alegría, el placer o la comodidad. La autentica felicidd la proporciona la sensación de estar en el buen camino, de saber que se está haciendo lo que uno está destinado a hacer. La alegría la puede proporcionar, en un momento dado, la facilidad de ese camino, la superación de un escollo o la recuperación de un amor que se consideraba perdido. La alegría es también un sentimiento del alma, como la felicidad (¡salvo cuando procede del exceso de alcohol, claro!). El placer y la comodidad son sensaciones del cuerpo y dependen de nuestros sentidos: el primero es pasajero y la segunda puede ser más perdurable; pero todos tenemos experiencia de que ni el uno ni la otra proporcionan la felicidad. En muchas ocasiones, ese placer intenso nos ha provocado desilusión o incluso amargura; y se puede ser muy infeliz disponiendo de una vida llena de comodidades. Quizá este sea el gran drama de nuestra juventud: en occidente y japón el suicidio es la primera causa de muerte de los jóvenes. Supongo que, en muchos casos -aun disponiendo de todo el placer a su alcance y disfrutando de una vida cómoda- se sienten infelices porque desconocen "nuestro secreto": amar y sentirse amado. En otras ocasiones, se dejarán llevar por la desesperación al comprobar que todos sus esfuerzos por ser felices a través de placer son vanos. También es cierto que hay casos en los que quienes quieren obtener el auténtico amor, no lo logran; y no aciertan a suplirlo con su amor hacia los demás. ¿Como compaginar felicidad y sufrimiento? Ya lo comentaba en la entrada anterior: el sufrimiento por amor escuece; pero no crea infelicidad. El sufrimiento por egoísmo (incluido el odio) genera amargura y desesperación. Es por esto por lo que se entienden las Bienaventuranzas: bendito el que sufre, el que llora, el que es pobre o perseguido, sobre todo, el limpio de corazón, el misericordioso, el que busca la paz... Porque todos estos sufrimientos, sobrellevados por amor, no solo son compatibles con la felicidad, sino que frecuentemente la alcanzan.

martes, 14 de noviembre de 2023

Si amar es sufrir, ¿cómo ama Dios?

El amor es una moneda de dos caras inseparables: el gozo y el sufrimiento. En el momento en el que empezamos a amar a alguien (amor de verdad, no simple atracción) empezamos a gozar con su presencia, su afecto (si es que nos corresponde); pero también empezamos a sufrir por él, compartiendo sus problemas y sufrimientos, echándolo de menos cuando no está presente, por el temor a perderle, etc. De este modo, se podría decir que el sufrimiento por amor es una forma de gozo. Claro que cuando ese sufrimiento lo provoca el otro con su rechazo o desprecio, entonces no es gozoso, sino doloroso; pero sigue siendo un sufrimiento generado por el amor. De hecho, la única prueba válida del amor es el dolor: si estamos dispuestos a sufrir por el otro, no hay duda de que lo amamos.

Para mí, esto es muy claro. Pero se me presenta una duda: Si Dios es amor, ¿cómo sufre? Por supuesto, un Dios NO puede sufrir de ninguna forma. Entonces, el amor de Dios estaría "exento" de esta cualidad inseparable: como su amor es perfecto, no necesita someterse a esta prueba. Es una explicación que parece acertada. Pero se me presenta otra duda: el amor hay que comunicarlo, manifestarlo. El que ama quiere que el amado lo sepa; y en nuestro caso, los hombres no somos perfectos y SI necesitamos de la "prueba" del amor, que no es otra que el dolor.

Ya os estáis imaginando la solución que Dios le dio a este dilema: que el Hijo hecho hombre y, por tanto, capaz de sufrir, nos mostrase su amor. Jesucristo se encarnó para ser "el rostro de la misericordia del Padre" (palabras de Benedicto XVI). Primero mostrando su misericordia con las dolencias humanas, curándolas y perdonando los pecados; después mostrando su amor sufriendo -"nadie tiene más amor que quien da su vida por los demás"-; y un sufrimiento extremo en su Pasión y muerte en la Cruz.

Resueltas estas dudas, me surge una pregunta: Cristo resucitado y ascendido al cielo, esa naturaleza humana inserta en el seno de la Santísima Trinidad: ¿puede sufrir? ¿Es esta la forma como nos sigue mostrando Dios su amor después de la Redención? Pues yo creo que SI, que Cristo, como cualquier hombre, sufre por nuestros desprecios y ausencias; un sufrimiento gozoso, pero real. Y esto me interpela profundamente: ¿qué parte de ese sufrimiento lo provoco yo?

jueves, 22 de octubre de 2020

El Papa y los homosexuales

 Están teniendo mucha notoriedad los últimos comentarios del Papa sobre las uniones civiles de homosexuales. Y esto me permite continuar con mi entrada anterior, pues es la plasmación práctica de lo que allí decía.

Una cosa es que Dios rechace la homosexualidad, porque esta orientación sexual es contraria a la naturaleza de la sexualidad con la que Él nos creo; y otra, totalmente compatible, que Dios ame al homosexual infinitamente. Quizá esto sea difícil de comprender, pero el ejemplo de la entrada anterior sobre el amor de una madre al hijo cuya conducta detesta, nos sirve de ayuda.

Creo que esto es lo que ha tratado de decir el Papa, al indicar que "los homosexuales son hijos de Dios". Por esto, dice que, desde el punto de vista civil, la sociedad puede regular las relaciones entre todo tipo de personas... Y estoy de acuerdo.

Lo que las noticias no dicen es que, desde el punto de vista moral, la Iglesia (y por supuesto el Papa) sigue rechazando la práctica sexual fuera del matrimonio (fornicación, adulterio, homosexualidad...). Y lo rechaza, porque considera que es contrario a la naturaleza biológica o social del hombre.... En definitiva, porque considera que es malo para él...

La regulación de uniones civiles, es otro asunto que depende de cada cuerpo legislativo. Y son estos los que deben determinar las consecuencias que se deriven de una convivencia entre personas. Pero, a mi parecer, se deberían contemplar no sólo las convivencias afectivo-sexuales, sino también otras convivencias afectivas no menos importantes. ¿Es que tienen menos derechos dos hermanos que conviven bajo el mismo techo con cariño y mutua ayuda? ¿Y si no son hermanos, pero han decidido compartir su vida en una relación afectiva no sexual? ¿Del mismo o de distinto sexo? 

Pues a Dios lo que es de Dios (el amor y la moral) y al César lo que es del César (una legislación justa).

Pero me parece que los medios de comunicación prefieren dar las noticias de forma que escandalicen, en vez de aclarar el fondo de la cuestión.




viernes, 16 de octubre de 2020

Dios ama a los pecadores

Dios es metafísicamente opuesto al pecado, ya que el pecado es "lo que es malo para el hombre" (como lo definía Santo Tomás).

Entonces, ¿cómo puede amar al pecador? Está claro: porque el pecador es hombre, criatura de Dios; y Dios ama a sus criaturas.

Dios aborrece el pecado, porque supone la transgresión de la norma que Él estableció al crear al hombre; y también supone el rechazo de su amor paternal.

Pero una cosa es aborrecer la "obra" y otra muy distinta dejar de amar "al que obra"...

Pero: ¿es esto posible? Ciertamente.

¿Cómo puede ama una madre a su hijo drogadicto, delincuente, terrorista, pederasta, degenerado, incluso al que la maltrata? Por supuesto, ella odia la droga, el delito y la degeneración...; pero no puede odiar al hijo de sus entrañas...

"Pues si vosotros, que sois malos, dais cosas buena a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre del cielo os dará cosas buenas?... (Mt 7, 11)

Si una madre puede amar así a un hijo, ¿cómo no va a amarlo su padre del cielo?

martes, 22 de septiembre de 2020

La Eucaristía base de la vida cristiana

El Papa San Juan Pablo II escribió una carta encíclica titulada ECCLESIA DE EUCHARISTIA, que comenzaba diciendo "la Iglesia vive de la Eucaristía"; y en la que afirmaba que la vida de la Iglesia gira alrededor de este sacramento.

Le he estado dando vueltas y creo que no sólo la Iglesia, sino cada uno de nosotros. Porque la Eucaristía actualiza y nos hace vivir cada una de las tres virtudes teologales.

Por supuesto, es manifestación de nuestra FE: una fe plena en la palabra de Cristo, en su afirmación de que ESTO ES MI CUERPO, que tanto escandalizó a los apóstoles cuando les predijo que deberían comer su carne. Y si tenemos fe en esto, todas las demás enseñanzas de Cristo ya son fáciles de creer.

También es cauce para nuestra CARIDAD: Cristo inventa la Eucaristía para poder quedarse con nosotros, para mantenerse en contacto (tan íntimo que nos permite comerlo): es la manifestación de su amor por nosotros y de su solicitud de nuestro amor por Él. Y, efectivamente, podemos demostrarle nuestro amor a través de nuestra veneración eucarística, de nuestras comuniones y adoraciones. Incluso es cauce para manifestarnos, compartiendo la Eucaristía, nuestro amor recíproco.

Y, finalmente, es fuente de nuestra ESPERANZA: si a Cristo podemos comerlo ya en la Tierra, ¿cómo no vamos a compartir con Él nuestra vida del cielo? Si Él ha querido quedarse con nosotros, ¿cómo no va a llevarnos con Él cuando muramos?

Sin Eucaristía, no solo no tendríamos las gracias extraordinarias que el sacramente nos aporta, sino que nuestra Fe, Esperanza y Caridad se harían mucho más difíciles.

Todos vivimos de la Eucaristía


domingo, 26 de abril de 2020

Camino de Emaús


Hoy, segundo domingo de Pascua toca el Evangelio de la aparición de Cristo a los discípulos camino de Emaús.
Es uno de los pasajes del Evangelio que más me impresionan, porque ponen de manifiesto la sensible misericordia de Cristo.
Ni siquiera eran apóstoles, sólo discípulos; y el evangelista ni menciona su nombre. Nada más se vuelve a saber de ellos. No eran en absoluto personajes importantes; pero Cristo decide aparecerse a ellos para consolarlos. Y lo hace de esa manera tan misteriosa, incluso tierna, para poder manifestar de forma más intensa su cariño por todos.
Estos dos discípulos lo habían abandonado durante la Pasión; y perdieron la fe, ya que manifiestan que “aquél que era poderoso en palabras y obras ha quedado en nada”. Reconocen su decepción, que no es sino una manera indirecta de negar al que habían considerado su Señor.
Pero Cristo los ve tristes y acude a consolarlos. Indirectamente, como queriendo darles una sorpresa, lo que no es sino una muestra de cariño. A los seres queridos, nuestras muestras de cariño las planificamos, porque nos produce gozo contemplar su sorpresa y su correspondencia.
Así es Cristo, planifica sus muestras de cariño. También lo hará cuando en Galilea se aparezca a los apóstoles que se han pasado la noche sin pescar nada “muchachos ¿tenéis pescado? Echad la red a la derecha”. “Es el Señor”, dirá Juan; y Pedro se echará al agua para volver a la orilla. Allí Cristo les ha preparado un desayuno con pescado sobre unas brasas.
Lo que me impresiona de estos pasajes es que el amor de Dios se manifiesta en ellos en forma de cariño, de afecto. No como el Señor al siervo; sino como al amigo, al hermano…incluso al que antes le ha defraudado.
Así de grande es nuestro Dios y Señor.

sábado, 18 de abril de 2020

Dios y la pandemia

Siempre que hay una gran catástrofe natural (y esta pandemia lo es; aunque muy agravada por la incompetencia humana), la gente se pregunta ¿dónde está Dios?
Pues en la película Deliver Us From Devil he oído una de las mejores respuestas: "Dios está en el corazón de todos aquéllos que quieren ayudar a los demás".
Y es que, ante el mal, culpamos a Dios de mantenerse al margen; pero cuando ese mismo mal genera infinidad de bienes ( amor, comprensión,caridad, generosidad, entrega, compasión, perdón, reconciliación, etc...), nos negamos a ver en estos bienes la influencia de Dios.
¿Por qué, si cuando hay mal le echamos la culpa a Dios, cuando hay bien (y os aseguro que es mucho más abundante) no se lo agradecemos?
Durante esta pandemia -a saber qué culpa ha tenido el hombre en su aparición y propagación-, Dios está junto a los que sufren, ayudándolos, muy cerca de ellos: en el corazón de todos esos sanitarios que se están jugando la salud y la vida por los demás.
¿Te parece poca presencia?

domingo, 22 de marzo de 2020

El coronavirus

Vive el mundo una etapa convulsa por culpa de un microscópico organismo. Algo que es imposible ver si no es con un microscopio trae en jaque a la humanidad y toda su organización: instituciones, sociedad, economía.
Ahora que el hombre se creía Dios, porque pensaba que por fin dominaba la creación, nos damos cuenta de que dependemos de factores que en modo alguno podemos controlar.
El hombre, como Dios,  ya podía estar en todas partes a la vez, mediante internet.
Los desplazamientos son instantáneos: puedo hablar y ver a alguien de las antípodas con el teléfono que llevo en el bolsillo.
La técnica y la informática están dominadas.
Conocemos tanto el universo como las partículas elementales.
Y hemos descubierto el cuaderno de apuntes de Dios (el ADN) y podemos crear y replicar vida.
Por otra parte, nos constituimos dueños de la vida y decidimos quién puede y quien no puede vivir: el aborto y la eutanasia ya son derechos en muchos países.
Nunca el hombre se pudo sentir más orgulloso de sus logros.
Sólo nos faltaba controlar el cambio climático para poder desafiar sin miedo a Dios.

Pero, como suele ocurrir, este enorme hombre tecnológico tenía los pies de barro. Y ese barro se llama miedo. Más que miedo, pánico: un microorganismo nos ha arrancado de golpe todo lo que teníamos:
Nos ha confinado en nuestras casas.
Ha interrumpido la enseñanza.
Aplica la eutanasia sin nuestra autorización (y muy probablemente también esté acabando con jóvenes que padecían otras patologías).
Toda la economía financiera se ha evaporado en unas cuantas sesiones de Bolsa.
La economía productiva se ha paralizado.
Nos ha demostrado lo equivocados que estaba nuestros miedos anteriores a una posible guerra nuclear o el cambio climático.
El microscópico virus ha afectado más a la sociedad y la economía que cualquiera de las grandes guerras mundiales.

Todo, porque tenemos miedo de perder nuestras privilegiadas vidas, porque no nos creemos que la vida posterior sea infinitamente mejor que la presente, porque nos hemos dado cuenta que el señor de la vida no es el hombre, sino el virus. Que todo el mundo moderno no es más que un castillo de naipes. Que nuestras seguras seguridades no tenían ningún fundamento, porque no se apoyaban en Aquél que todo lo puede.

Dicen que es un castigo de Dios. No es cierto. El hombre se basta para destruirse a sí mismo sin necesidad de la intervención divina. Al contrario, cuando la estupidez humana llegue al límite, será Dios quien nos saque de esta.

Y deberíamos aprovechar para construir un nuevo mundo mucho más humano, que no es otra cosa que construir el mundo que Dios quiso que hiciésemos: basado más en el amor que en la competencia; más en el trabajo que en la especulación; más en la producción que en la intermediación; y en donde toda vida se respete simplemente porque cada persona es capaz de amar y sentirse amado, al margen de su capacidad productiva o financiera.

Todo será para bien, seguro.
Mientras tanto, consolemos a los que sufren.

martes, 10 de marzo de 2020

El Verbo Divino, La Palabra.

Dice el comienzo del evangelio de San Juan que al principio existía El Verbo, La Palabra. A Dios se le designa en el cristianismo con este término: La Palabra. Y es curioso que sea precisamente la palabra, las palabras, las que vengan a demostrar (de un nuevo modo) la existencia de La Palabra. Me explico:
La semiótica (la ciencia que estudia los signos, la escritura) no puede explicarse sin pensar en que existe una mente detrás que ha creado las palabras con esos signos y que es capaz de entenderlas cuando las lee. El significado de los signos (valga la redundancia), no puede ser casual, aleatorio; el lenguaje no puede explicarse en base a meras leyes físicas y químicas. 
Si vemos una palabra escrita en la arena de una playa, no pensamos que ha sido un cangrejo que al andar erráticamente ha construido esos signos. Sabemos con certeza que un ser inteligente la ha escrito con la intención de que otros seres inteligentes la lean y la entiendan. Es decir: ha querido transmitirnos una información o un sentimiento. Entonces, la palabra más larga que existe, el ADN, el código genético, 3.500 millones de letras perfectamente ordenadas, ¿sí puede explicarse con física y química? ¿deriva de cambios aleatorios no guiados? No sería más razonable pensar que alguien inteligente la ha escrito para que las células vivas puedan interpretarla (por cierto, la ciencia no ha podido explicar cómo "leen" y aplican su código genético las células... deben ser más listas que nosotros).
La información es algo distinto de la física y la química, no se puede reducir a movimientos de partículas elementales. La información, no sólo es interpretada correctamente por alguien distinto de quien la produjo, sino que incluso puede provocar sentimientos. La información se plasma sobre la materia (un libro) pero no es material y puede generar actividad inmaterial, sentimientos (quizá porque la información es la forma de comunicarse las almas, no los cuerpos).
Esta realidad está haciendo tambalearse muchas teorías materialistas y cosmovisiones ateas del universo.
Las palabras no pueden explicarse sin una inteligencia que las produzca inteligencia: ¿será por esto por lo que Dios se denomina a sí mismo la Palabra?
Todo procede de la nada o todo procede de Dios: ¿qué es más difícil de creer?

domingo, 8 de marzo de 2020

¿Han enterrado los científicos materialistas a la Ciencia?

Si Dios no existe, todo razonamiento tiene que ir de abajo hacia arriba: de la persona hacia las cosas. Las conclusiones del cerebro humano no son sino movimientos aleatorios de las partículas fundamentales que lo forman. Entonces, ¿cómo fiarme de las conclusiones?
Pero, el entendimiento, la memoria y la voluntad, no parece que sean casuales. Estas potencias del alma -a decir de los cristianos-, no parecen casuales. Nuestro entendimiento llega a conclusiones similares para problemas similares: la respuesta nunca es casual. La memoria va almacenando información, que aflora bastante ordenada cuando la necesitamos, sólo se nos presenta aleatoriamente en los sueños. La voluntad suele seguir también pautas definidas, según el carácter y el temperamento de cada persona. 
Entonces, si la mente humana no es algo simplemente físico, la ciencia no puede explicarla, porque la ciencia sólo explica lo material. Y si no puede explicarla, tampoco podemos aceptar las conclusiones del naturalismo evolutivo: que todo ha evolucionado por casualidad.
los auténticos científicos (aquellos que no recurren a la casualidad para explicar lo que no entienden) están empezando a enterrar al ateísmo, como modo de evitar el enterrarse a sí mismos. Porque para hacer ciencia se necesita una base de racionalidad, creer que existen leyes para ser estudiadas; y el ateísmo (con su aleatoriedad) la destruye: si el cerebro es mera química, no es fiable.

jueves, 5 de marzo de 2020

¿Es el amor una mera conexión neuronal?

El ateísmo tiene una visión reduccionista del universo y el mundo: todo puede explicarse por la física y la química; hasta lo que parece menos material. Según los científicos materialistas, incluso los sentimientos no son más que consecuencias de conexiones nerviosas de mi cerebro, movimientos aleatorios de partículas elementales. Pero, si es así, ¿cómo he llegado a la conclusión de que mi cerebro está compuesto por partículas elementales? ¿Es esta conclusión también consecuencia de "movimientos aleatorios de partículas elementales". Pero hay algo que me degrada como ser humano: mi afecto, mi voluntad, mi amor, ¿son sólo conexiones nerviosas? ¿entregué mi vida a una mujer, porque en mi cerebro se produjo un cotocircuito? Cuando tomo una decisión importante: ¿son las partículas elementales las que la toman aleatoriamente por mí? ¿Que movimiento de esas partículas es el que me llevó a creer en un Dios Padre y a amarlo?
Yo prefiero pensar que fui creado por amor a imagen y semejanza de mi Creador, quien quiso que fuese libre para poder amarlo libremente, aunque eso me diese la posibilidad de desobedecerle e incluso de no creer en Él y pensar que todo es una conclusión casual de mis neuronas. Así de grande creo que es mi Creador y así de grande su amor hacia nosotros.

martes, 3 de marzo de 2020

Todos tenemos algún tipo de fe


Todos tenemos una cosmovisión, una creencia sobre cómo es el universo, de dónde procede y  a dónde va. Algunas de estas cuestiones han sido comprobadas empíricamente; pero otras son simples suposiciones [por ejemplo, lo de los agujeros negros]. Pero si nos creemos algo que no hemos comprobado, entonces es que tenemos fe en eso.
Por lo tanto, la Fe se suele referir a la religión; pero también abarca muchos otros aspectos de la vida: todo lo que creo o considero que lo sé, sin haberlo comprobado personalmente, es fe en quien me lo cuenta. A veces ese convencimiento está más fundado que otras veces. 
Hay quien cree que la Tierra es plana; yo creo que es redonda, porque esta forma explica muchos de los fenómenos que ocurren, además de que he visto fotos hechas desde satélites. Por supuesto, los que piensan que es plana, dicen que todo esto son engaños y trucos. Entonces yo razono y llego a la conclusión de que la probabilidad de que sea redonda es mayor que la probabilidad de que sea plana [lo que explica, por ejemplo, la evolución de las horas según la latitud, cómo se ve el horizonte, que Magallanes pudiese dar toda la vuelta, que el océano no se desborde por el fin de la Tierra, que la sombra sea distinta a la misma hora según la situación en el globo]. Es decir, convierto en certeza lo que sólo sé porque otros me lo han dicho.
Habitualmente se entiende por FE el conocimiento cuando no hay evidencias; pero eso no significa que sea irracional. Yo no he visto por mi mismo la redondez de la Tierra, no tengo esa evidencia; pero aseguraría lo que fuese a que es cierto, porque mi razón me dice que, aunque no tenga evidencia, es así. 
Lo mismo me ocurre con mi Fe religiosa. Tuve noticias de Dios porque de niño mi madre me lo explicó. después recibí una mejor formación religiosa en el colegio. Y ya de adulto, he podido completar mi formación por mi mismo. y esto me ha llevado a poder razonar mi Fe; y llego a la conclusión de que lo razonable es creer en la existencia de un Dios creador e inteligente del que procede todo lo que compruebo que está ordenado. Deduzco que mi Fe es correcta cuando pienso que si hay algo ordenado no será por casualidad, sino por que Alguien lo ha ordenado. Y, además, compruebo que miles y miles de personas más inteligentes que yo y más estudiosas han llegado a la misma conclusión en todas las épocas y culturas de la humanidad. No son evidencias (como tampoco las tengo de la redondez de la Tierra) pero son indicios suficientes como para asegurar que mi FE no es  “ciega”, sino razonable y razonada. 
Otros, por el contrario, piensan que todo existe y evoluciona por casualidad. Pero entonces, tendré que preguntarme, como lo hizo en su tiempo nada menos que Charles Darwin (el padre del evolucionismo)¿son de fiar las conclusiones del cerebro humano, que ha evolucionado de especies inferiores?
Pues yo le respondo: Sólo puede fiarse de su razón quien sabe que ha sido creado por un Ser Inteligente; y no por la casualidad. 

sábado, 29 de febrero de 2020

No hay contradicción entre Dios y ciencia.


Algunos confunden a Dios con los dioses mitológicos (como el dios del trueno, el de la fertilidad, etc., que les servían a los antiguos para justificar lo que no podían entender).  Dios es la causa de todo, el creador de todo, de lo que podemos explicar y de lo que no podemos explicar todavía. Dios crea las leyes que la ciencia estudia: no hay incompatibilidad ni contradicción entre Dios y la ciencia. 
Igual que un artista puede valorar mejor una obra de arte (admirar la genialidad del artista) que un lego en la materia; así un científico puede valorar o conocer la obra de Dios mejor, admirarse por sus leyes, que un inculto. Cuanto más se sabe del universo, más se admira a Dios. 
Stephen Hawking dice que no necesitamos a Dios, porque la ciencia lo explica todo; pero la ciencia no explica la gravedad, sólo nos muestra leyes para calcularla y trabajar con ella: la ciencia realmente no explica nada, sino que simplemente nos muestra cómo funciona el universo.
Lo que ocurre es que a veces se confunde el concepto de explicación. Por ejemplo, si nos hacemos la pregunta “El agua hierve en la tetera: ¿por qué?” Una explicación sería: “porque el calor del fuego la hace hervir”; pero otra explicación podría ser: “porque yo quiero una taza de té”. Ambas son correctas. La primera es científica (la causa causante)y la segunda es personal (la causa final). Estas dos explicaciones no compiten entre ellas ni se contradicen, sino que se complementan y necesitamos las dos. ¿Cuál es la más importante? Para el sediento, la importante es la segunda. Pero Hawking piensa que sólo la primera es importante. Dios no compite con la ciencia en la explicación del universo. 
Algunos científicos niegan la existencia de Dios porque dicen que han estudiado todo el universo y no han visto a Dios. Y es verdad, y lógico: Dios no está en el universo, lo ha creado. Podríamos estudiar el motor de combustión durante siglos, pero nunca encontraríamos en él a Henry Ford, que fue el que lo inventó. Veremos sólo los diseños que él hizo para que funcionase. Lo mismo ocurre con Dios y el universo, puedes explicarlo sin encontrarlo, pero ahí está su huella diseñadora. Si podemos hacer ciencia es porque existe Dios y sus leyes nos permiten estudiar lo que Él ha creado. Si podemos estudiar el motor de combustión es porque Henry Ford lo diseñó.
Quizá es sólo cuestión de que cada uno se dedique a estudiar lo que le corresponde, sin tratar de negar la existencia del otro, simplemente porque no está en su campo de estudio.

jueves, 27 de febrero de 2020

¿Es la religión un cuento de hadas?

Veíamos en la entrada anterior que la Fe o la Religión no son cuentos para niños, sino para adultos, porque son estos los que la difunden, estudian, razonan y defienden.
Algunos ejemplos:
Isaac Newton, el científico que formuló la ley de la gravedad, se maravillaba de un Dios que había creado leyes en la naturaleza para que pudiésemos entenderla y describirla.
Si embargo, Stephen Hawking se escudaba precisamente en la gravedad para negar a Dios: como ya sabía cómo funcionaba el universo, ya no necesitaba más explicaciones. Pero quizá a esa mente privilegiada [aunque demasiado orgulloso de sí mismo] se le escapaba un detalle: ¿quién había establecido esa ley que a él le permitía conocer el funcionamiento del universo? ¿La casualidad?
También fue Stephen Hawking quien pronunció una frase muy poco científica, pues no se molestó en demostrarla: “la religión es un cuento de hadas para gente que tiene miedo de la oscuridad”. A la que contestó el matemático John Lennox con otra frase no menos ingeniosa: "el ateísmo es un cuento de hadas para gente que tiene miedo de la luz". 
El premio Nóbel de literatura Czeslaw Misloz dijo: "el ateísmo es el auténtico opio del pueblo, porque nos libera de la posibilidad de responder por nuestros crímenes y el daño hecho a los demás". 
Es curioso cómo los científicos materialistas, que todo lo demuestran, hablan de la religión como si fuesen auténticos teólogos... pero sin molestarse en estudiar teología.

martes, 25 de febrero de 2020

¿Es la Fe un cuento de hadas?

Los que se empeñan en decir que "no creen" (cuando la realidad es que "creen" que todo es materia, lo que por supuesto no pueden demostrar, por eso es una mera creencia) se afanan en ridiculizarnos a nosotros, los ingenuos que "sí creemos" (es decir: creemos que esa materia ha sido creada).

El argumento más peregrino, pero ofensivo, que se les ocurre es decir que creer en un Dios creador es lo mismo que creer en papá Noel o el ratoncito Pérez. Así nos comparan a los "creyentes" con los niños ingenuos.
El matemático John Lennox; rebate esta afirmación con un razonamiento tan sencillo como concluyente:

  • Sólo los niños creen en los cuentos de hadas, el ratoncito Pérez o papá Noel.
  • Pero un alto porcentaje de los adultos de la humanidad, durante todos los tiempos, todas las civilizaciones y todas las zonas geográficas, cultos o incultos, sabios o necios (incluido el 65% de los premios Nóbel del siglo XX), han creído en la existencia de un Ser superior del que procede todo. Y han creído en esto, porque lo dedujeron de la propia existencia de ese todo que ven.
Tener Fe no es una ingenuidad, sino lo más común y razonable.

Otros dicen que la creencia en Dios no es más que la respuesta a la necesidad de tener un Padre en el cielo que nos saque las castañas del fuego cuando no podemos hacerlo por nuestras propias fuerzas.
Pero entonces, siguiendo el mismo razonamiento simplón, podríamos decir que el ateísmo es la respuesta al deseo de no tener un Juez que nos juzgue ni un legislador que nos indique cuál debe ser nuestro comportamiento. 
La verdad es que creer en ese Padre del cielo nos complica la vida bastante más de lo que nos la resuelve, porque Él nos pide nuestra correspondencia y no nos garantiza su ayuda "material".
Pero a los ateos, su increencia les simplifica la vida, porque les libera de una moral que les obligue a rendir cuentas.
Entonces: ¿cuál de las dos posturas es más interesada?

sábado, 22 de febrero de 2020

¿Agradecimiento?

Si alguien nos hubiese salvado la vida, ¿qué actitud deberíamos tener hacia él? Imagino que se lo agradeceríamos y lo trataríamos con afecto y deferencia.
Mucho más si fuera una persona más importante que nosotros y si hubiese arriesgado su vida para salvar la nuestra. Toda nuestra familia estaría a su disposición para tratar de recompensarle en la medida de sus posibilidades por lo que había hecho.
¿Y si esa persona hubiese muerto en el intento? Pues se lo agradeceríamos a su familia y trataríamos de que su recuerdo fuese honrado en todas partes.
Pero, si actuásemos de otra manera; si no le mostrásemos agradecimiento; si lo ignorásemos: ¿cuál podría ser su reacción? Imagino que se sentiría dolido y nos despreciaría o, cuando menos, nos ignoraría.
¡Pues no! Cuando esa Persona que murió por salvarnos se da cuenta de que lo ignoramos, su reacción es empeñarse en que acudamos a Él para que así pueda mostrarnos que nos perdona. Es Él quien nos persigue para perdonarnos nuestra falta de correspondencia.
¿Puede existir mayor muestra de amor?
Y no nos enteramos...

miércoles, 19 de febrero de 2020

¿Ha enterrado la ciencia a Dios?

Si queréis conocer la respuesta, os recomiendo que veáis el siguiente enlace del matemático John Lennox; es una conferencia muy larga (90 minutos) pero merece la pena cada instante que escuchéis. Está en inglés; pero se le entiende bien y tiene subtítulos en castellano.
Os resumo: no sólo no ha enterrado la ciencia a Dios, sino que es la existencia de Dios lo que permite que haya ciencia...
La ciencia existe porque los intelectuales creyeron que había leyes que regulaban los fenómenos naturales; que una Inteligencia estaba detrás del Cosmos que conocían. Si se hubiese creído que toda la evolución era meramente casual, entonces nadie se hubiese molestado en hacer ciencia para descubrir las leyes de la casualidad (lo que es una contradicción in terminis).
Por lo tanto, la discusión no es entre "religión y ciencia" o "fe y razón", sino entre la concepción del Cosmos que tiene cada uno. A algunos, su razón los lleva a creer en una Inteligencia creadora; mientras que a otros su razón los lleva a creer que sólo existe la materia. Es decir: ambos usan la razón para llegar a una conclusión, que creen verdadera, sin que ninguno de ellos pueda demostrar esa verdad. No es una discusión entre creyentes y no creyentes, ni entre pensadores y no pensadores, sino entre iguales que alcanzan, razonando, conclusiones opuestas.
No hay científicos creyentes y científicos no creyentes, sino científicos ateos (que creen que Dios no existe) y científicos teístas (que creen que Dios sí existe).
Así visto, los creyentes en Dios no deberían dejarse llevar por esa especie de complejo de inferioridad por ser menos razonables que los ateos; y los ateos no deberían demostrar esa superioridad por afirmar algo que nunca podrán demostrar... y achacarlo a "la casualidad". 

martes, 18 de febrero de 2020

Pido disculpas a los científicos... no materialistas

Habitualmente me refiero a los científicos de forma algo despectiva, presuponiendo que TODOS tienen la misma cosmovisión de un universo exclusivamente material, creado por casualidad y que ha evolucionado hasta ahora también de forma casual y no guiada.
Pero la realidad es que muchos científicos (la mayoría) comparten una cosmovisión muy similar a la mía (y correcta, ¡claro!) consistente en que si algo existe es porque Alguien lo ha creado; y si algo está ordenado es porque Alguien lo ha ordenado.
Recientemente he sabido que el 65% de los Premios Nobel del siglo XX son creyentes en un Dios creador: ¡casi mayoría de dos tercios!
Por lo tanto, en adelante, me referiré a los científicos materialistas, por una parte; y a los científicos teístas, por otra. Y para entradas anteriores, cuando me refiero despectivamente a los científicos, estoy hablando de los primeros. ¿Por qué despectivamente? Porque considero que la razón que dan de que todo ha evolucionado por casualidad es la menos científica de todas las razones posibles: son ellos los que se desprestigian a sí mismos.
Lo de la "casualidad" lo podemos decir los ignorantes; pero los científicos tiene que dar razones fundadas en datos empíricos.

domingo, 16 de febrero de 2020

E=mc2

Tengo un inmenso respeto por Einstein, entre otras cosas, porque cuando él investigaba y llegaba a esas conclusiones tan asombrosas, decía que lo hacía para lograr saber en qué pensaba Dios cuando estaba creando este universo que él estudiaba.
Su teoría general de la relatividad llega a conclusiones asombrosas, como que la masa se hace infinita cuando se viaja a la velocidad de la luz. Yo pensaba que no había nada infinito, salvo la sabiduría y poder de Dios…
Pero Einstein sí demostró que sus teorías eran realidad al desarrollar la bomba atómica. Demostró su fórmula: E= M * C2. La energía es igual a masa por la velocidad de la luz al cuadrado. Es decir, un gramo de masa se convierte en 300.000 * 300.000 unidades de energía = 90.000.000.000. Es una cifra fabulosa.
Pero ¿qué pasa si damos la vuelta a la ecuación? ¿Cuánta energía es necesaria para generar la masa? Pues igual de fabulosa que la que se libera. Para “crear un átomo” haría falta toda la energía de una abomba atómica… Pero, entonces ¿cuánta energía hizo falta para crear TODO EL UNIVERSO? ¿Infinita?
El Big Bang (el primer instante del universo), ¿fue la aparición instantánea de infinita energía? ¿De dónde salió toda esa energía? ¿Hace falta un poder infinito para crear infinita energía?
Como siempre, la ciencia es incapaz de responder estas preguntas… ¿Tendremos que acudir a la fe para obtener respuesta?

viernes, 14 de febrero de 2020

San Valentin

Hoy es el día de los enamorados. Pero ¿qué es el amor?

Pues para los científicos materialistas el amor es algo tan poco romántico como una serie de reacciones físicas y químicas aleatorias en el cerebro, que producen hormonas y le transmiten al cuerpo cierta sensación de agrado. Luego para los científicos materialistas el amor entre dos personas no existe, simplemente porque la persona como tal no existe, sólo somos reacciones químicas aleatorias; y hoy se pueden producir con esa pareja; pero mañana se producirán con otra.

Para el resto de los mortales, que creemos en que existe la persona, compuesta por cuerpo y alma, el amor es la determinación de la voluntad (alma) de buscar el bien de la pareja (de su cuerpo y de su alma) una vez que esas reacciones químicas nos han mostrado su atracción. Y al ser una decisión de la voluntad, esa determinación se mantiene muchos años después de que las reacciones químicas (las hormonas que nos provocaron pasión) hayan desaparecido.

Por eso, hoy, día de San Valentín, de los enamorados, lo celebran no sólo los adolescentes cargados de hormonas, sino todos aquellos que han mantenido su decisión de buscar el bien de otra persona y están dispuestos a seguir manteniéndola, digan los que diga la física y la química de su cuerpo.

Pero no podemos obviar la opinión de los científicos materialistas, porque ha calado tan hondo en algunos sectores de la sociedad, que provoca esos vaivenes de la voluntad que se mueve tan rápido como las hormonas aparecen y desaparecen: el juramento de fidelidad de por vida que muchos harán hoy a su pareja, desaparecerá mañana o en una semana, si las hormonas cambian de dirección.

Porque parece que algunos sí responden al modelo de los científicos materialistas: su amor no es sino una serie de reacciones aleatorias de las partículas fundamentales de su cerebro, sin que éstas estén regidas por inteligencia, memoria o voluntad alguna.

Por cierto, para los cristianos el Amor es una Persona, mejor dicho, una Trinidad de Personas; y del Amor que se tienen deriva todo el resto del amor del universo. Por eso, cuando amamos nos endiosamos, trascendemos nuestra propia naturaleza. Como dice el protagonista de Los Miserables: amar a otro es ver la cara de Dios.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Los agujeros negros

Los astrofísicos nos explican singularidades del universo que parecen historias de ciencia ficción; pero ellos están muy convencidos de lo que dicen.
Por ejemplo, nos hablan de los agujeros negros que se forman por el colapso de una estrella que genera un campo gravitatorio tan fuerte que ni siquiera la luz puede escapar de ellos. Pero esto no es lo más importante. Esos agujeros negros son lo que llaman una singularidad; es decir, que no puede saberse nada más de ellos precisamente porque no emiten ninguna información; y que allí se pueden producir sucesos extraordinarios. Por ejemplo, que el espacio-tiempo se curve de tal manera que entrando en uno de ellos se pueda salir instantáneamente a millones de años luz de distancia; incluso que esa curvatura del tiempo pudiese permitir aparecer en una época anterior o posterior al tiempo corriente, como si los instantes temporales se congelasen para poder visitarlos a nuestro antojo, como si estuviésemos adelantando o retrasando la reproducción de una película. Por supuesto, nada de esto se ha comprobado empíricamente, entre otras cosas por la propia definición de agujero negro: “ninguna información puede escapar a su atracción”. Lo han deducido todo a base de desarrollos matemáticos que les indican que todo esto es posible. Es decir: sus conclusiones son producto de su inteligencia…
Nosotros, vulgares mortales, nos creemos lo que ellos nos dicen -que ni siquiera han podido comprobar-, porque antes nos hemos creído que ellos son inteligencias superiores a nosotros.
Vale, puede que sea razonable.
Pero lo curioso es que, cuando los creyentes les decimos que hay conexión entre lo natural y lo sobrenatural, que algunos hechos del pasado proyectan sus efectos sobre el futuro, que los “agujeros espirituales” de la creación la pueden conectar con “el Creador”, entonces nos llaman ingenuos, necios, ignorantes…
¿No será que cuando somos ingenuos, necios e ignorantes es cuando nos creemos lo que ellos, sin prueba alguna, nos dicen?

sábado, 8 de febrero de 2020

El amor en el cielo

El pasado día 6 de febrero falleció mi madre, después de casi 97 años de vida cristiana; y lo hizo 18 años y 4 días después de que falleciese mi padre a sus 90 años.
No logro imaginarme cómo puede haber sido ese encuentro entre dos almas que compartieron su vida en la tierra durante casi 50 años de matrimonio.
Por una parte, pienso que la presencia omnipotente de la Santísima Trinidad eclipsará cualquier otro tipo de relación humana; y que la compañía de Jesucristo resucitado, Dios Hijo y hombre verdadero, saciará todo el amor de nuestro corazón. Es razonable que sea así... Pero, por otra parte, pienso que quizá esta razonamiento sólo valga para la razón humana, que imagino es muy distinta de la razón divina.
Porque Dios es amor y el amor humano no es sino reflejo del amor divino; y por esto, precisamente por esto, yo creo que la presencia de la Trinidad y de Jesucristo resucitado, por muy plenas que en sí mismas sean, no harán sino acrecentar cualquier amor humano; y, además, éste se manifestará sin los defectos y limitaciones que el amor terreno siempre tiene.
Y ya puestos a imaginar, creo que, así como el cuerpo resucitará en su plenitud, sin los defectos que hubiese podido tener en la tierra, el amor humano se manifestará en el cielo también en su momento de mayor plenitud.
Por eso me imagino el encuentro de mi madre con mi padre como aquel primer encuentro que tuvo lugar hace unos ochenta años, en el que ella se enamoró de él porque le atrajo su voz.
Y espero que desde allí arriba cuiden a sus cuatro hijos, doce nietos y diez bisnietos igual que lo hicieron mientras estuvieron con nosotros.
Descansen en la gloria de Dios; y que allí nos vayamos encontrando todos.

domingo, 15 de diciembre de 2019

La cabeza y el corazón

Hace poco, un sacerdote sabio me ha dado un gran consejo: no dejes que lo malo de tu cabeza pase a tu corazón. Me pareció lógico; pero he tardado en comprenderlo en profundidad.

Nuestra naturaleza humana, dañada por el pecado, permite que en nuestra cabeza se susciten pensamientos malos: el odio, la envidia, el rencor, la impureza, la avaricia y otros muchos.
Quizá esto es inevitable, porque son reacciones instintivas o generadas porque llevamos mucho tiempo sin combatirlas y permitiendo que se adueñen de nuestra cabeza.

Pero lo que sí podemos hacer es evitar que esos sentimientos negativos lleguen y se apoderen de nuestro corazón. Reaccionar a tiempo y rechazarlos, aunque sigan martilleando en nuestra cabeza para abrirse paso. Es sencillo: simplemente que nuestro corazón los rechace, que no quiera tenerlos.
Que ante el odio que nos suscita nuestro enemigo, nuestro corazón quiera amarlo, aunque no pueda. Y ante la envidia por el bien ajeno que nosotros deseamos; que nuestro corazón quiera alegrarse por el otro. Y ante el rencor, desear poder perdonar e incluso olvidar. Y ante la avaricia, querer tener un corazón generoso. Y ante la impureza, que nuestro corazón desee el bien del otro, en vez de desear al otro para nuestro placer.

Éste sería el Reino de Dios en la Tierra: que en nuestros corazones no se asentase nunca el mal de nuestras cabezas.

Y, mucho mejor, lo contrario: que en nuestras cabezas fomentemos lo que de bueno haya en nuestro corazón. Convertir en costumbre los sentimientos positivos que en nuestro corazón se despiertan a veces: al ver el sufrimiento ajeno, la pobreza, la exclusión o el desprecio. Convencer a nuestra cabeza de que tenemos que fomentar la generosidad, el amor, el acogimiento y el aprecio...

En definitiva: este es el método para llevar a la práctica el mensaje evangélico.

sábado, 7 de diciembre de 2019

¿Por qué Dios juega al escondite?

Hay una pregunta clásica de los agnósticos: ¿por qué Dios que es omnipresente ha querido ocultarse? ¿Por qué juega al escondite con el hombre, forzándonos a creer cuando podría mostrarse para que le viésemos?

Les responderé con otra pregunta: ¿quién dice que no se muestra?
Si Dios es un ser espiritual: ¿cómo podríamos verlo mejor?
Pues a Dios lo vemos constantemente de la única forma en que podemos verlo: a través de sus obras, de su magnífica y complicadísima Creación, de las leyes que tan inteligentemente rigen dicha creación y que el hombre va descubriendo poco a poco.

Lo que ocurre es que NO queremos verlo: Dios no se esconde, sino que nosotros cerramos los ojos de nuestra razón para no verlo.

Y cuando alguien, razonablemente, dice que lo ve en la naturaleza, en el alma humana, en el amor entre los hombres, en tantos sitios en los que se muestra inequívocamente, entonces los que tienen los ojos cerrados se burlan de él y dicen que es un crédulo, que tiene fe...

¿Fe? Si basta con abrir los ojos, o el corazón...



miércoles, 4 de diciembre de 2019

La luz y la gravedad

He seguido pensando en mi ejemplo de cómo la luz nos sirve para explicar la no-existencia del mal, porque es simplemente ausencia de bien, lo mismo que la sombra es ausencia de luz.
Y me doy cuenta de que la luz NO la vemos, como tampoco vemos la electricidad (los electrones en movimiento) ni vemos la gravedad (la atracción de los objetos por la Tierra o la atracción de los astros entre sí).
Y me doy cuenta de que los científicos (a los que tan habitualmente critico) tienen más fe que yo. Es cierto: ellos creen en multitud de cosas que no ven, simplemente porque al descubrir sus efectos, deducen que "eso" existe. Tienen fe en que las cosas que no ven existen: y lo afirman sin pudor alguno. Si algo está iluminado, dicen que es porque algo -la luz, que al parecer es una onda- choca con ese objeto, rebota y llega a nuestros ojos, y por eso podemos verlo. Pero lo que no vemos es a la misma luz.
La electricidad es que los electrones se mueven (la dinamo les hace moverse) y cuando llegan a un motor eléctrico, hacen mover la bobina. Por supuesto, yo veo que el motor se mueve; pero tengo que creerme que son los electrones los que lo provocan, porque no los veo.
Y si suelto algo, esto cae y se estrella en el suelo. Ocurre porque hay "algo" que llaman gravedad y no tienen ni idea de si es una onda o una "curvatura del espacio tiempo" (¡ahí queda eso!). Los científicos tienen tanta fe que, sin ver la gravedad ni saber lo que es, no sólo afirman que existe, sino que han calculado perfectamente la atracción de los astros y la rotación de los planetas alrededor del Sol. Y lo cierto es que aciertan en su previsiones: soy aficionado a la astronomía y los astros siempre están donde ellos dicen.
Y yo me pregunto: Si todo esto (luz, electricidad, gravedad) forma parte del Universo y funciona tan bien: ¿no es un comportamiento que deberá tener una causa?
Si la simple energía del Big Bang ha ido evolucionando hasta el complejo Universo que conocemos, ser humano incluido: ¿no habrá "algo" que lo ha hecho evolucionar? Algo que no vemos, por supuesto. Pues fíjense, para esto les falta fe a los científicos y en vez de creer que hay "algo" -alguien, diría yo- pues creen que es "por casualidad"... miles de billones de casualidades...
Por supuesto, esa "casualidad" tampoco se deja ver...

viernes, 29 de noviembre de 2019

El bien y el mal

He tratado este tema en varias entradas; pero como es un asunto recurrente, que se presenta cada vez que nos topamos con algo malo, vuelvo a insistir.

El bien y el mal no son opuestos. El bien existe y el mal NO existe, es simplemente la ausencia de bien.

Algo parecido ocurre con el amor y el dolor, que muchos identifican con el bien y el mal: cuando amo a alguien disfruto de un bien y cuando pierdo a ese alguien entonces me sobreviene un mal. Realmente esto no es así. El amor es un bien sin paliativos y cuando pierdo ese amor, lo que se produce es su ausencia, que me causa dolor. Pero ese dolor de la ausencia del amor se produce precisamente porque amaba. La única forma de evitarlo sería negarse a amar, para no llegar nunca a sentir el dolor de la pérdida. Porque el dolor es la mejor prueba del amor.  Santa Teresa de Calcuta lo tenía muy claro y nos dijo: ama hasta que te duela el amor. Si no llega a doler, es que no amas bastante.

No debemos confundir lo anterior con el odio: cuando odiamos (quizá a quien antes habíamos amado) lo que se produce no es sólo una ausencia del amor (el bien supremo), sino una ausencia real de cualquier bien. El odio no es sólo el rechazo del amor, sino el rechazo del bien, de la bondad. Y si el amor produce gozo y es fecundo, el odio sólo produce amargura y destrucción. El dolor por la pérdida del amado es una consecuencia lógica; el odio es una reacción irracional, por muy habitual que sea.

Volviendo al bien y el mal, el amor y el dolor: sería poco inteligente renunciar a la luz para evitar que se produjesen sombras. Si hay luz (bien, amor) forzosamente se presentarán sombras; pero no como algo opuesto a la luz, sino como su simple carencia.

Merece la pena amar,aunque tengamos la certeza de que nos acabará doliendo.
Es mi experiencia

lunes, 4 de noviembre de 2019

¿Los ateos?


Un porcentaje de la población se declara ateo; y yo me pregunto: ¿saben realmente lo que dicen? ¿Saben lo que implica declararse ateo?
En primer lugar, significa que no creen en la existencia de un Dios, esto está claro. Pero esta afirmación tiene una consecuencia que no se puede eludir: Si no existe un Dios creador, ¿de dónde ha salido el mundo?
¡Pues de la evolución, como nos muestra la Ciencia! Vale, pero repasemos esto más despacio.
En primer lugar, la Ciencia no nos muestra (ni demuestra) nada, sino que simplemente afirma que, como no tiene otra respuesta, pues es evidente que todo evolucionó desde la energía primigenia hasta la complejidad de la vida humana, incluidos los sentimientos y pasiones de los humanos.
Y en esto estamos de acuerdo: todo evolucionó desde la energía del Big Bang hasta los tres mil millones de pares de bases, constituidos por combinaciones de unos 25.000 genes distintos, que conforman el genoma humano; y éste es el que le indica a cada célula dónde y cómo debe comportarse.
Pero ¿la energía evolucionó dirigida por alguien o por simple casualidad?
Si evolucionó dirigida por alguien, ¡ya hemos encontrado a Dios?
Si evolucionó por mera casualidad… ¡Es mucha esta casualidad!
La ley de la entropía nos dice que por sí solas las cosas sólo evolucionan hacia un menor orden, nunca un mayor orden. Si tiramos un mazo de cartas ordenadas al aire, la probabilidad de que caigan perfectamente ordenadas es casi nula. Pero si tiramos las cartas ya desordenadas, es absolutamente imposible que caigan ordenadas. Igual que si tiramos un vaso se romperá en mil pedazos; pero si volvemos a tirar los pedazos, nunca se formará un vaso.
Una explosión de energía produce, como cualquier otra explosión, un gran desorden. Para que produzca un orden mayor, esa explosión debe estar previamente organizada perfectamente… Esto es claro; pero ¿quién la organiza? [1]
Es decir: o hay un Dios que dirige la evolución, o la propia energía primigenia ya estaba organizada para que su explosión acabase ordenando los tres mil millones de pares de cromosomas del genoma humano… ¡Tres mil millones!
¿Cómo hay que organizar algo para que tres mil millones de cambios después quede perfecto?
O ¿es que de verdad te crees que fueron tres mil millones de casualidades?
Y ahora, ¿te sigues declarando ateo? O ¿crees que la energía primigenia es tu dios?


[1] El astrofísico Alan Lightman reconoció que a los científicos “les parece misterioso el hecho de que el universo fuera creado con este elevado grado de orden”. Agregó que “cualquier teoría cosmológica viable debería explicar en última instancia esta contradicción de la entropía”, es decir, que el universo no se halle en estado caótico.


sábado, 11 de mayo de 2019

¿Ama Dios sólo a los buenos?


Quizá lo que mejor definiría a Dios sería decir simplemente lo Él que hace, sin más adjetivos: Dios ama. Dios es amor y hace lo que Él es: amar.
Por eso es Uno y Trino: porque ama; y para amar tiene que ser Trinidad.
Por eso crea, porque ama; porque su amor trinitario se desborda en las criaturas.
Y para mejor hacer lo que Él es, ha creado un ser a su imagen y semejanza: al hombre. A esta criatura no sólo la ama, sino que puede ser amado por ella. Esta es la gran diferencia con otras criaturas: el hombre no sólo puede ser amado, sino que es capaz de amar; y en esto radica su felicidad, en amar y sentirse amado.
Por eso, decir que Dios ama a éste o aquél hombre por sus virtudes (que Él mismo le ha concedido) no tiene sentido.
Dios ama a todos, infinitamente, como sólo Él puede amar. Y a los que no le corresponden, también los ama.
En consecuencia, como somos seres capaces de amar y ser amados, creados a la imagen y semejanza de Dios, nosotros también debemos amar a los demás, independientemente de su conducta: incluso a los enemigos. De aquí deriva todo el sermón de la montaña: amar a los enemigos y hacer el bien a los que nos persiguen.
Pero amar no es consentir. Precisamente por que amamos debemos buscar el bien -el auténtico bien- del otro. Esta es exactamente la forma de amar de Dios: nos marca la senda de nuestra felicidad, de nuestro bien, no para someternos a Él -como un tirano- sino porque sabe qué es lo mejor para nosotros -como un buen padre..

martes, 9 de abril de 2019

El amor supera el tiempo y el espacio


Me ha llamado la atención una frase de la película Interstellar (2014, Christopher Nolan.):

“El amor es el único poder que puede superar el tiempo y el espacio”.

Y es que revela una verdad mucho más profunda de lo que podría parecer.

A veces divinizamos el amor, considerándolo nuestro dios, lo más importante para nosotros, pero rebajándolo a la dimensión humana, encerrándolo en nuestra pobre comprensión. Consideramos que el amor es nuestra excusa, que si es por amor (confundido con el mero querer o desear) podemos hacer cualquier cosa.
No es lo que San Agustín pretendía decir con su frase “ama y haz lo que quieras”; porque Agustín se refería al Amor, como Dios lo entiende: “la búsqueda del bien ajeno como único bien propio”; es decir: entregar la vida.
Lo que tendríamos que hacer es todo lo contrario; divinizarnos nosotros, para alzar nuestro amor hasta la dimensión divina… Y devolverle así su auténtica naturaleza…
Porque Dios es Amor; y para nosotros el Amor es Dios; pero no nuestro amor (que confundimos con deseo), sino el auténtico Amor que nos hace entregarlo todo por los demás. Primero por el Otro, y después por los otros. Si amásemos así, con intensidad divina, entonces sí podríamos hacer lo que quisiésemos, porque estaríamos haciendo lo que nuestro creador quiere.
Ese Dios, ese Amor, es el que supera tiempo y espacio, porque es eterno, es intemporal y está en todas partes… Por eso el amor humano auténtico también supera el tiempo y el espacio: podemos amar a personas que nos precedieron hace muchos años o que están muy lejos de nosotros.
Este amor humano es la prueba de que existe un Amor divino, del que es reflejo; y, por tanto, es la prueba de que existe un Dios. Nada que procediese de la mera materia podría evolucionar hasta el punto de buscar “como único bien propio el bien ajeno”; sólo un amor creador podría concebirlo.


martes, 2 de abril de 2019

¿Ricos o pobres?


Habitualmente se afirma que Jesús hizo una opción por los pobres, porque nunca rehusó rodearse se ellos. Pero creo que afirmarlo así no es correcto. Jesús no hace una opción, sino que no los margina como habitualmente se ha hecho en sociedad. Por otra parte, no desprecia a los ricos, sin que advierte a éstos que si ponen su confianza en el dinero, difícilmente entrarán en el Reino de los Cielos. Incluso ni siquiera condena el dinero, sino que simplemente no lo "endiosa", como solemos hacer los humanos. 
Jesús tuvo amigos pobres, incluso algunos de sus discípulos lo fueron. Otros no: Pedro era patrón de pesca, es decir, tenía barcos en propiedad y empleados. Mateo era rico, porque era recaudador. Pero también tuvo amigos ricos: Lázaro el de Betania, Nicodemo, Zaqueo. 
Jesús no está a favor ni de ricos ni de pobres, ni en contra de ninguno de ellos. Jesús ve a la persona despojada de estas circunstancias y la valora según su corazón... 
Por los que sí hizo una opción fue por los necesitados y se dispuso a ayudarles: pero unas veces les daba pan y otras curaba a los hijos de pobres viudas o de ricos magnates, porque la necesidad puede afectar a unos y otros. 
Jesús sólo rechazó a los hipócritas, nunca al que se acercó a Él con sinceridad: fuese rico o pobre, sabio o inculto, importante o paria.
Pues eso...

domingo, 10 de marzo de 2019

¿Contradicciones del Cristianismo?

Entre las aparentes contradicciones del Cristianismo que ya he comentado algunas veces, se encuentra la propia misión de Cristo. Él viene a salvarnos y establecer una nueva alianza que será definitiva, ya que es el mismo Dios-Hombre el que la sella con su sangre.
Desde Abraham habían pasado 1.900 años; y 1.300 desde la salida de Egipto; 1.000 años desde el reinado de David... Demasiado tiempo para que la Ley y los Profetas no se fuesen adulterando. La misión de Cristo es cambiarlo todo; pero sin cambiar nada...


Él mismo nos lo asegura: No he venido a cambiar ni una tilde de la Ley, sino a darle cumplimiento... (Mateo 5, 17). Pero luego se enfrenta con los doctores de la Ley al cambiar algunas costumbres. Por ejemplo, con respecto al sábado, el trato con publicanos y prostitutas, la consideración de la mujer en su entorno, llega a escandalizar a los piadosos judíos. Y esto también lo explica: No se pone vino nuevo en odres viejos (Mateo 9, 14-17). Cristo necesita mostrarnos que la base del trato con Dios es el amor a Él y al prójimo, no la prolija reglamentación que habían establecido los doctores de la Ley (623 preceptos en total). Y este vino nuevo había que guardarlo en odres nuevos: pastores y costumbres nuevas.

Pero Cristo no cambia nada de lo fundamental: ni siquiera modifica una coma de los diez mandamientos. Pero elimina todo lo accesorio, lo que los hombres habían ido introduciendo pensando que así rendían mejor culto a Dios; pero olvidando que todo eso debía servirles para acercarse a Dios, no para alejarlos. Cristo elimina todo esto, que habitualmente no hace sino estorbar, y transforma totalmente la religión judaica en la cristiana, hasta el punto de que resultan irreconocibles la una por la otra, salvo por las referencias comunes al Antiguo Testamento y los Patriarcas.



miércoles, 6 de marzo de 2019

Comienza la Cuaresma

Hoy es Miércoles de Ceniza, el día en el que con la tradición de la imposición de la ceniza comienzan los cuarenta días preparatorios para la Semana Santa, en que conmemoramos la muerte y, sobre todo, la resurrección de Jesucristo.
La costumbre dice que durante este tiempo debemos cuidar especialmente la Oración, la Limosna y el Ayuno (es fácil de recordar, porque si cogemos las iniciales nos sale OLA; es decir, en Cuaresma hay que "hacer la OLA").
La realidad es que el pueblo fiel se ha fijado más en la penitencia -el ayuno y los sacrificios- que en los otros dos aspectos. Quizá se pretende "purgar" nuestras almas por los pecados cometidos desde la anterior Pascua de Resurrección; y así prepararnos para la nueva Pascua.
Lo primero que quería comentar es que la penitencia no tiene ningún valor -incluso se podría confundir con el masoquismo- si no se hace por amor. Hacemos penitencia porque nos duele haber fallado a Aquél que tanto nos ama y al que nosotros queremos amar. Es como si le dijésemos: para que veas que estoy dispuesto a cambiar, para demostrártelo, hago este sacrificio. Y creo que esto es lo que le gusta a Dios. Él no creo que piense: "como pecaste, ahora te tienes que fastidiar". Sino más bien, es como si nos dijese: ¿cómo me vas a demostrar tu amor y qué estás dispuesto a hacer por mí? Y tiene derecho a preguntarlo, después de lo que cristo hizo por nosotros en su Pasión y muerte en la Cruz. Pero insisto, no se trata de intentar "devolverle el favor" sufriendo por Él. Como todo, la penitencia, si no es por amor y con amor, no vale nada...

Lo segundo que quería resaltar es que haciendo hincapié en la penitencia, nos olvidamos de lo más importante: la Cuaresma debe ser un camino para encontrarnos con Cristo. La penitencia puede ayudar, pero el mejor camino es la oración: estando y hablando con Dios es como mejor se vive la Cuaresma. Y no me refiero sólo a la oración de petición de ayuda o de perdón por nuestros pecados -que están muy bien-, ni siquiera a la repetición de oraciones vocales, como el Rosario -que también es muy bueno-, sino al trato personal con Dios de nuestras cosas y de las suyas: hablar como se habla a un Padre o a un amigo. Así visto, la Cuaresma ya no es un tiempo triste, sino gozoso, porque nos acerca a Dios. 

Y si solo nos fijamos en la penitencia, también olvidaremos el tercer aspecto: la limosna. Por supuesto que se trata de renunciar a algo de lo nuestro para dárselo a quien lo necesita. Pero no hay que reducirlo precisamente al dinero: hay muchas otras cosas que dar: tiempo, compañía, consejos, ayudas, visitas... De lo que se trata es de que durante el tiempo en el que intentamos acercarnos más a Dios, también nos acerquemos a los demás. Y que si lo hacemos para amar más y mejor al resucitado, también lo hagamos para amar más y mejor al prójimo.

Os animo a hacer la OLA...; y que el ayuno y la penitencia no os nublen este tiempo gozoso.

sábado, 23 de febrero de 2019

Fe, Esperanza y Caridad

Tres son las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad.

Hay quienes buscan sinceramente la Fe y no acaban de encontrarla; quizá porque la Fe es un don de Dios que se lo concede a quien Él quiere; aunque en principio siempre quiera concedérselo al que se lo pida.

Esta situación les puede llevar también a perder la Esperanza en que algún día la encuentren; y así necesitarían estas dos virtudes teologales.

Pero lo curioso del asunto es que ni la Fe ni la Esperanza son las virtudes fundamentales para el trato con Dios. De hecho, el hombre que más de cerca trató a Dios, Jesucristo, nunca tuvo ni Fe ni Esperanza. No es que esté yo poniendo en duda las virtudes de Cristo, sino que Él por ser precisamente quien era, no tenía Fe, sino certeza; ni tenía que Esperar nada, porque ya sabía lo que ocurriría en el futuro. Jesucristo pasó por la Tierra practicando únicamente la Caridad, que es lo que nos ocurrirá en la otra vida: tampoco tendremos Fe, sino que veremos a Dios o sabremos que estamos condenados a no verlo; y ya no habrá nada en lo que esperar, porque habremos alcanzado nuestro fin, para bien o para mal.

Por supuesto, la idea no es mía, sino del Apóstol san Pablo:

La caridad nunca acaba. Las profecías desaparecerán, las lenguas cesarán, la ciencia quedará anulada. Porque ahora nuestro conocimiento es imperfecto, e imperfecta nuestra profecía.  Pero cuando venga lo perfecto, desaparecerá lo imperfecto. Cuando yo era niño, hablaba como niño, sentía como niño, razonaba como niño. Cuando he llegado a ser hombre, me he desprendido de las cosas de niño. Porque ahora vemos como en un espejo, borrosamente; entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de modo imperfecto, entonces conoceré como soy conocido. Ahora permanecen la fe, la esperanza, la caridad: las tres virtudes. Pero de ellas la más grande es la caridad. [1 Corintios 13 8]

Entonces, ¿por qué siempre nos preocupamos de alcanzar la FE, olvidándonos a veces de la Caridad?
¿No será la Caridad -el amor de Dios- el mejor camino para encontrar la FE? 

jueves, 21 de febrero de 2019

¿Cuál es nuestra fe?


Fe no es creer que Dios nos puede hacer lo que le pedimos, sino creer que es Todopoderoso y nos puede guardar en el bien, a pesar de los males temporales.

Si estuviésemos bien convencidos de esto, entonces no nos vendrían esas crisis de Fe cada vez que perdemos a un pariente o se nos tuerce al plan de vida que teníamos trazado.
Eugene Boylan lo expresaba muy bien con palabras parecidas a estas: Pensamos que Dios debe ayudarnos a realizar nuestros planes; pero la situación es totalmente la contraria, somos nosotros los que debemos adaptarnos a los planes que Dios tiene previstos para nosotros, porque su plan siempre es el mejor de los posibles.

Y viviendo así la Fe, nos resultaría mucho más fácil vivir la otra virtud cardinal: la Esperanza. 

domingo, 17 de febrero de 2019

Pienso, luego existo


Pienso, ¡luego existo!
Esta famosa frase de Descartes (que tanta confusión trajo, haciendo creer a algunos que era el propio pensamiento el que nos daba la existencia; cuando es la existencia la que nos da la posibilidad de pensar) siempre me pareció bastante triste: hay muchos otros aspectos de la vida, bastante más agradables, ue nos confirman nuestra existencia.

Personalmente, yo la sustituiría por: Soy amado, luego existo.

La constatación de la existencia ya no es un acto inmanente de mi mismo por mí mismo, sino relacional: mi existencia se manifiesta por la existencia de otro que me ama; mi existencia se justifica por la del Otro (Dios, en primer lugar) que desea mi existencia para así poder amarme; o que se alegra de mi existencia y la suya para que pueda surgir el amor. Se nuevo amor y alegría se emparejan.

Mi existencia no es un acto casual ni evolutivo, sino la consecuencia de que otro la ha querido: como causa remota Dios, como causa inmediata los padres: ambos me engendran por amor. Por eso, soy de la opinión de que los hijos hay que engendrarlos, nunca fabricarlos...

Si tuviese esto más en cuenta cada vez que quiero transmitir el mensaje evangélico: que el Cristianismo es la religión de amor y por eso sus discípulos tienen que sentirse siempre más queridos que adoctrinados o informados. Transmitir el mensaje evangélico es transmitir el amor de Dios y la alegría de saber que nos ama; aunque -como nos recordaba el Papa- la caridad nunca puede ocultar la verdad. Precisamente por que amamos al otro es por lo que queremos que rectifique sus errores, más que por mantener una pureza de normas que sin caridad no servirían para nada.

viernes, 15 de febrero de 2019

Felicidad y alegría



La felicidad es fruto del amor, no de la comodidad de nuestra vida... El que ama y se siente amado, es feliz.
La alegría es fruto del convencimiento de estar haciendo lo que es correcto, la alegría no procede del placer ni de la diversión, salvo cuando éstas son consecuencia de dicho actuar correcto.
Y esta alegría se complementa con la esperanza (nuestra seguridad) de que si procuramos seguir en el camino, llegaremos a buen puerto, a pesar de las dificultades, a pesar de nuestras caídas.
No confundamos felicidad con confort, ni alegría con placer: son conceptos muy distintos y, a veces, incompatibles.
Si pretendemos ser felices amando, entonces tenemos que estar dispuestos a afrontar el dolor; y afrontar el dolor por amor, no apaga la alegría.



miércoles, 13 de febrero de 2019

El dolor es la prueba del amor.

Ya he comentado en alguna entrada anterior que el dolor es la prueba inequívoca del amor: si alguien está dispuesto a sufrir por otro es indudable que lo hace porque lo ama. 
Quizá otra prueba del amor es la alegría: no sólo com-padecerse con el otro es prueba de que lo amamos, sino que "com-alegrarse" (es decir: alegrarse de la felicidad o los éxitos ajenos) también es una forma de demostrar que se ama, ya que ni el dolor ni la alegría por el bien ajeno nos proporcionan personalmente nada de lo que podamos sacar un provecho (si es que amar no fuese ya en sí mismo suficiente provecho).

Por el contrario, el placer suele ser una prueba muy sospechosa del amor, porque cuando disfrutamos con el otro es difícil distinguir cuándo lo hacemos para nuestro propio placer y cuándo lo hacemos para proporcionar ese placer al otro: habitualmente estas dos situaciones son indisociables. 

Pienso ahora en nuestro maestro del amor (habría que poner ambas con mayúscula: Maestro y Amor), que no es otro que Cristo. Evidentemente, Él nos demostró su amor sufriendo gratuitamente por nosotros; pero también demostró su amor a los demás compartiendo con ellos los ratos agradables, su felicidad: en las bodas de Caná de Galilea y en tantos banquetes a los que asistió porque era invitado o porque su anfitrión quería demostrar la alegría de haberlo conocido. Fue tan habitual su voluntad de compartir la alegría de los demás, que los fariseos llegaron a reprochárselo:  "come con publicanos y pecadores".

Pero, si no me falla la memoria, Cristo no se molestó en dejarnos ni un solo ejemplo de demostración de su amor por la vía del placer. Y esto es lo que me hace afirmarme en mi opinión de que el placer es una prueba sospechosa del amor.