Hay quien piensa que fe es lo opuesto a razón. Hay quien piensa que los que tenemos fe no somos personas razonables. No comparto estas opiniones; y para mostraros que en la razón hay mucha parte de fe y que en la fe hay mucha parte de razón, es para lo que comienzo este blog (28-9-2005).
miércoles, 28 de mayo de 2008
Jesús de Nazaret
Aunque la totalidad del volumen es genial, algunos de los comentarios los he encontrado más específicos para la situación actual del mundo y aplicables a la generalidad de los mortales.
Empezaré por la actitud más común de nuestros días: la tentación de apartar a Dios de nuestra vida. Al respecto, afirma Benedicto XVI que éste es precisamente el núcleo de toda tentación: anteponer todo lo que parece más urgente en nuestra vida, y apartar a Dios, que pasa a ser algo secundario, o incluso superfluo y molesto.
La gran tentación de siempre (desde el pecado original: seréis como dioses) es el empeño en poner orden en nuestro mundo por nosotros mismos, sin Dios, contando únicamente con nuestras propias capacidades; y lo que es más grave, contando sólo con nuestro criterio. En el fondo, el hombre moderno no inventa anda, es la tentación de siempre: la soberbia que también hizo sucumbir a lucifer, antes que al hombre. La incapacidad de sentirnos creaturas que todo se lo deben a su Creador.
Para arrogarnos la función de ser nuestros propios creadores, empezamos por reconocer como verdaderas sólo las realidades políticas y materiales, y dejar a Dios de lado como algo ilusorio. La tentación finge mostrarnos lo mejor: abandonar por fin lo ilusorio y emplear eficazmente nuestras fuerzas en mejorar el mundo. Lo real es lo que se constata: poder y pan.
Primero se plantea la pregunta: ¿No es el problema de la alimentación del mundo y, más general, los problemas sociales, el primero y más auténtico criterio con el cual debe confrontarse la redención? (El marxismo ha hecho precisamente de este ideal el centro de su promesa de salvación); y con la respuesta viene la tentación: Si quieres ser la iglesia de Dios, preocúpate ante todo del pan para el mundo, lo demás viene después.
Benedicto XVI nos recuerda que Jesús no es indiferente al hambre de los hombres, a sus necesidades materiales, pero las sitúa en el contexto adecuado y les concede la prioridad debida. Jesús mismo se ha convertido en grano de trigo que, muriendo, da mucho fruto. "No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". "El pan es importante, la libertad es más importante, pero lo mas importante de todo es la fidelidad contante y la adoración jamás traicionada" (Alfred Delp, jesuita asesinado por los nazis). Cuando no se respeta esta jerarquía de los bienes, ya no hay justicia, ya no hay preocupación por el hombre que sufre, sino que se crea desajuste y destrucción también en el ámbito de los bienes materiales. Los occidentales, con sus ayudas al tercer mundo, no sólo han dejado de lado a Dios, sino que, además, han apartado a los hombres de Él con su orgullo de sabelotodo, han hecho del Tercer mundo el Tercer Mundo en sentido actual. Si el corazón del hombre no es bueno, ninguna otra cosa puede llegar a ser buena. Y la bondad de corazón solo puede venir de Aquél que es la Bondad misma, el Bien.
Vivimos en este mundo en el que Dios no tiene la evidencia de lo palpable, y solo se le puede buscar y encontrar con el impulso del corazón... hemos de reconocer que no sólo vivimos de pan, sino ante todo de la obediencia a la palabra de Dios. Y sólo donde se vive esta obediencia nacen y crecen esos sentimientos que permiten proporcionar también pan para todos.
Seguir un atajo al camino previsto por Dios, prescindiendo de Él mismo, no conduce a un mundo mejor, sino al abismo.
miércoles, 23 de abril de 2008
La libertad y la verdad
Efectivamente, la verdad nos libera, desde el punto de vista de que nos permite elegir con conocimiento de causa (y conocimiento de los efectos). Pero el hombre moderno que no quiere encontrar ningún obstáculo a su soberana voluntad se encuentra con que la verdad, al ser conocida en todo su esplendor, limita sus posibilidades de elección: es muy difícil conocer la verdad y darle la espalda.
Por ejemplo: ante una foto de un niño abortado en la que se ve claramente la verdad del homicidio, nadie es capaz de defender esa atrocidad y, mucho menos, de cometerla. Por eso, para no limitar las posibilidades de elección de las mujeres, se prefiere ocultar la verdad y seguir con la mentira de que el aborto es una simple operación quirúrgica, la extirpación de un pequeño tumor... del pre-embrión.
Pero el hombre moderno va más allá. No le es suficiente con dejarse engañar, con preferir la mentira a la verdad. Para poder ser "libre" totalmente, para que su soberana voluntad (la ley del deseo) no encuentre límite alguno, es preciso negar la verdad: no existe una verdad, sino mi verdad, muchas verdades, tantas como deseos... y cambiantes según las circunstancias. De este modo, se libera también de la necesidad de buscar la verdad antes de decidir, evita esa penosa sensación de estar dejándose engañar constantemente: si no hay verdad, tampoco hay mentira; si no hay verdad, la única norma es mi deseo.
Pero la realidad es muy tozuda: negar la verdad y seguir la ley del deseo no lleva a la felicidad que parecía prometer, sino al vacío existencial y la angustia.
viernes, 18 de abril de 2008
La mentira y el pecado
Es decir, es la mentira lo que nos destruye, precisamente por ser lo opuesto a la voluntad de Dios; luego la mentira es el pecado y el pecado es la mentira. Ambas son la misma cosa: ¿no es el pecado la mentira con la que satán quiere destruirnos? El "seréis como Dioses" que prometió a nuestros primeros padres y nos promete a todos constantemente, ¿no es a la vez pecado y mentira; mentira y pecado?
"La verdad os hará libres"; y se podría añadir: "La verdad os liberará del pecado".
¡Hoy, quizá más que nunca, es imprescindible buscar la verdad!
domingo, 13 de abril de 2008
¿Cualquier religión vale?
¡Qué verdad más profunda!
Si lo único que pretendemos es que transcurran nuestros días, sin especiales complicaciones ni esfuerzos, entonces con cualquier sucedáneo podremos tranquilizar nuestra conciencia, saciar el hambre de trascendencia que todo ser humano siente. Con algunas prácticas de piedad o "meditación trascendental", alguna acción filantrópica y, por supuesto, mucha ecología (que compromete sólo por fuera), nos habremos engañado.
Pero si pensamos en la felicidad eterna, en el juicio que todos tendremos que rendir al final de nuestros días, que "al atardecer de la vida nos examinarán en el amor" (como decía San Juan de la Cruz), ya no nos bastará cualquier religión. Porque desde este punto de vista necesitamos el amor, la misericordia y la justicia de Dios, para no morirnos del susto sólo de pensarlo: presentarnos con nuestra mediocridad ante el que es el SER, la VERDAD y la BONDAD. Entonces necesitamos la Gracia, los Sacramentos y la ayuda de la Iglesia para poder llegar al final con un mínimo de posibilidades.
Efectivamente, para vivir nos podría bastar con la "meditación trascendental" o la Misa dominical rutinaria; pero para morir necesitamos una Religión en la que Dios es Padre... en la que Dios es Amor.
miércoles, 9 de abril de 2008
El trigo y la cizaña
Lo explicó muy bien Jesús con su parábola del trigo y la cizaña. Cuando lo sembradores preguntan al dueño de la tierra si tienen que arrancar la cizaña que ha crecido junto al trigo... "Él les dijo: no, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega". (Mt 13, 24-30).
Gracias a la bondad de Dios, la cizaña sigue creciendo junto al trigo. Y no es tanto porque al arrancar la cizaña se pueda dañar el trigo, sino porque todos somos en muchos momentos cizaña... y si nos arrancasen entonces, no tendríamos oportunidad de cambiar. En la vida real, la cizaña y el trigo se van intercambiando: todo santo tiene un pasado; y todo pecador un futuro.
Por esto, los momentos de profundas crisis morales y de fe que Dios consiente, no son sino oportunidades para que todos nosotros podamos mejorar.
La presencia del mal en el mundo no tiene que ser ocasión de desesperanza o pérdida de la fe, sino de agradecimiento a Dios por su infinita "paciencia".
martes, 8 de abril de 2008
Contra el mal, transmitir amor.
Si no es contra la carne ni contra la sangre, si nuestra lucha es contra el mal, contra el maligno, entonces debemos adaptar nuestras armas a la pelea. Si el hombre es esclavo de la mentira y del pecado (¿serán ambas la misma cosa?), no sabrá reconocer la verdad ni la virtud, por mucho que nos empeñemos en mostrárselas. Por lo tanto, no se trata de luchar contra el mal con argumentos y manifestaciones públicas: por cada razón nuestra, el maligno les suscitará cien que les llevarán a posiciones mucho más cómodas y placenteras; y quizá esos contra-argumentos confundan a muchos de los nuestros....
No se trata de con-vencer al que está equivocado; se trata de conseguir que quiera ser convencido; se trata de cambiar su corazón. Y sólo hay una forma de cambiar el corazón de un hombre: transmitiendo el bien y la bondad, en definitiva, amando. Porque hay una distancia infinita entre "explicar" el bien y la verdad y "transmitir" el bien y la bondad: las teorías se quedan en eso, en teorías; pero el amor llega fácilmente al corazón y lo transforma.
Se trata de que los demás sientan el amor en la verdad y en la virtud, para que por sí mismos quieran conseguirlos. Como la parábola de la perla valiosa, el tesoro escondido y las demás similares: el que los encuentra vende cuanto tiene para conseguirlo. Entonces ya no necesitamos armas, porque es el convertido el que está deseando que le venzamos, el que ansía la verdad y la virtud: caen sus escamas de sus ojos y ya lo ve todo claro.
¡Ay, si pudiésemos transmitir esta amor!
miércoles, 12 de marzo de 2008
Nuestra lucha es contra el mal
Por ejemplo, ¿cómo una mente racional puede encontrar lógico que una niña de 17 años no pueda ni siquiera comprar tabaco; pero que pueda consentir relaciones sexuales plenas con adultos o abortar desde los 12 años sin consentimiento paterno? ¿Cómo el mismo legislador que cierra los ojos ante las torturas a que se someten a los fetos durante los abortos, puede aprobar una Ley que proteja a los animales de los malos tratos en sus traslados? ¿Qué sociólogo fomenta las uniones homosexuales en una sociedad envejecida por la falta de natalidad? Ante la destrucción de la sociedad actual por falta de fidelidad matrimonial, ¿qué ciudadano recomendaría como solución el divorcio rápido? Y lo que es más extraño: las personas que no están directamente involucradas en esta situaciones, ¿cómo no denuncian estas estulticias sociales?
La propia irracionalidad de muchos de los males que actualmente acosan a la sociedad occidental, la rapidez con que se han extendido estas absurdas propuestas, y el silencio con el que son recibidas por personas supuestamente sensatas, manifiestan a las claras que responde al plan preconcebido por quien quiere destruir la naturaleza humana como forma de destruir la creación de Dios; y utiliza como primer arma la mentira, que queda encubierta por el interés de quien satisface en ella sus pasiones o fomenta su soberbia.
Porque muchos de los actuales planteamientos insensatos se han basado en mentiras que no tienen ningún apoyo ni sociológico ni científico; pero que nadie quiere desmentir; o no se atreven a hacerlo por temor a ser tachados de retrógrados, es decir por la soberbia de no perder su prestigio.
A menudo nos empeñamos en atacar a las personas que lideran estas posturas, o pensamos que cambiándolas mejorarán las cosas; pero el problema no son ellos (pobres tontos equivocados), sino en el mal que subyace y alienta esas insensateces... y subyace también en personas que sin defenderlas abiertamente, se han dejado atraer por la misma pasión o la misma soberbia; personas que nos parecen mejores o tienen actuaciones acertadas en otros campos, pero que en el fondo ya están infiltradas con ese mal.
No quiero, no puedo, ponerme pesimista, ya que me consta que el Bien triunfó sobre el mal definitivamente cuando Cristo resucitó. Simplemente quiero poner de manifiesto que nuestra lucha debe centrarse en ser nosotros mejores, en hacer mejores a los demás, en rechazar ese mal pequeño, que parece no tener relevancia, como modo de frenar el mal que nos parece enorme.
No basta con resistir pasivamente al mal, tenemos que ahogarlo con nuestro bien.
Y recemos para que Dios se decida a rectificar el rumbo de la humanidad, en vez de esperar a que nos despeñemos por el precipicio al que nos dirigimos a buen paso.
miércoles, 5 de marzo de 2008
¿Derechos de los católicos?
Pero cuando un católico se adentra en la vida pública, o un particular participa en la vida social, lo hace -como ya hemos dicho- por vocación de servicio al bien común y a los demás. Entonces, por su propio peso se desprende que ya no podrá ejercer todos sus derechos, sino que cederá algunos para beneficio de los demás; y asumirá obligaciones que no le son en sí mismas exigibles, pero que facilitan su labor. En esto consiste nuestro un auténtico servicio público basado en la caridad.
Porque, si los católicos nos rigiésemos por el mismo código de derechos y obligaciones que los demás, ¿en qué nos distinguiríamos? ¿Acaso es éste el espíritu de las bienaventuranzas o el sermón de la montaña? Y mucho menos: ¿podemos usar el nombre de católicos para exigir derechos o rechazar obligaciones?
Por supuesto, esto es tan aplicable al católico particular como a la Iglesia como institución.
Civilmente tenemos los mismos derechos y obligaciones que los demás; pero nuestra Fe nos impone muchas más obligaciones sociales y nos restringe alguno de nuestros derechos.
Esta es la vocación del cristiano.
miércoles, 27 de febrero de 2008
¿Gobierno u oposición?
Pero claro, para poder seguir esta táctica nueva, no podemos depender de los intereses de partido; no podemos supeditar nuestros principios a la continuidad en el servicio público, ni al beneplácito de la opinión pública. Es decir, de nada sirve mantener el gobierno a toda costa como plataforma para hacer el bien común, si para ello nos vemos obligados a forzar nuestras propias convicciones o acallarlas, en definitiva, a soslayar el bien común. En estas condiciones, el poder o la influencia política de nadas sirven para la transmisión de nuestras propuestas sociales.
El que accede a la política como servicio tiene que estar dispuesto a hacerlo desde la oposición, modelando y encauzando las propuestas y actuaciones de aquellos que ejercen el gobierno: una oposición leal, pensando más en servir a la población con nuestras iniciativas y críticas que en derribar al gobierno para sustituirlo. Parece utópico, pero sería un camino mucho más rápido, honesto y democrático de alcanzar dicho gobierno: que la defensa honrada de planteamientos y valores sociales y democráticos lleve a que el pueblo deposite su confianza en políticos tan despegados de sus intereses.
Se produciría la paradoja habitual: buscar antes el bien común que el poder es la mejor manera de que la sociedad deposite en nosotros su confianza; y así alcanzar el gobierno desde el que ponerlo en práctica.
domingo, 24 de febrero de 2008
Política y Fe
Pero para transmitir la Fe no es necesario detentar el poder público: se puede hacer, como siempre se ha hecho, desde el callado ejemplo de nuestras vidas. Es más, el poder suele ser un flaco aliado de la Fe y la verdad... y está demasiado cerca de la tentación de corrupción, o por lo menos, del provecho personal.
Si no somos capaces de transmitir nuestra Fe sin el amparo del poder público, no la transmitiremos nunca: porque el objeto de la Fe no son las cuestiones públicas y materiales, sino el propio Dios y el amor al prójimo. Muy al contrario, la experiencia demuestra que el poder suele sofocar y corromper esa misma Fe que pretende defender.
Deberíamos, por tanto, preocuparnos más por transmitir nuestra Fe usando los medios comunes a nuestro alcance, que de criticar las posturas contrarias que puedan aparecer públicamente, en especial cuando provienen de formaciones políticas: podría confundirse nuestra evangelización con demagogia; y nuestra búsqueda del bien común, con la defensa de intereses privados, sean legítimos o no.
lunes, 18 de febrero de 2008
¿Rezar o gritar?
Por esto, la actuación del católico en la política tiene que buscar más el servicio de la verdad que a la imposición de un programa concreto; la transmisión de valores, que el ámplio consenso. Nuestros escritos, nuestras manifestaciones públicas, las hacemos para sacar del error al ciudadano, tantas veces engañado por quien sólo tiene intereses partidistas. Por supuesto, podemos proponer soluciones técnicamente ingeniosas y convincentes, dentro del amplio márgen que la actuación pública y el bien común proporcionan; podemos dedicarnos a la organización; pero entonces no estaremos construyendo la sociedad cristiana y no podremos contar con la ayuda del Único que puede ayudarnos.
Si, además, nos limitamos a criticar al gobierno de turno -con o sin razón- con el único objetivo de derribarle o enajenarle el voto, entonces se confundirán nuestras propuestas sociales con objetivos menos nobles; y, sin darnos cuenta, podríamos estar defendiendo intereses incluso innobles de quien se sube a nuestro carro con el único afán de sacar provecho.
Más nos valdría, si queremos tener éxito, actuar en política más por amor al prójimo que por odio al contrario: veríamos que es bastante más efectiva una cadena de oración (que derramará sus gracias sobre ambas partes), que una manifestación callejera millonaria; y, además, ¡la oración nunca enfadará al contrario!
Nuestro único grito debería ser: ¡más oración y menos manifestación!
domingo, 17 de febrero de 2008
La política al servicio de la verdad
Pues bien, quizá la primera clave nos la da Benedicto XVI en el discurso que no le dejaron pronunciar los liberales y tolerantes (que son los primeros en imponer censuras y decidir qué es lo que se puede tolerar) en la universidad La Sapienza: el primer servicio es hacer política en base a la verdad.
La actuación del católico no puede limitarse a la lucha por conseguir mayorías aritméticas, sino que debe desarrollar un "procedimiento argumental sensible a la verdad". Pero, con frecuencia, la sensibilidad a la verdad cede ante la sensibilidad de los intereses partidistas o la conveniencia de dar la razón al público, para conseguir su voto. Por esto mismo, sería interesante escuchar otras instancias distintas de aquellas que, como los partidos políticos, tienen intereses concretos en la determinación de qué es la verdad. Por esto es especialmente necesario el servicio de aquellos que acceden a la vida pública para servir al bien común en vez de hacerlo para servirse de ella: sus opiniones resultan más fiables. También por esto es más infame el ataque a la Iglesia cuando expresa sus opiniones morales y su ética social, ya que lo hace bastante más independientemente que aquellos agentes sociales que persiguen un interés propio.
No obstante, tenemos que reconocer que el ejemplo de tantos que se dicen católicos no es precisamente el que acabamos de exponer; y que también se ha podido confundir, en algunas desafortunadas ocasiones, la defensa del bien común con la defensa de los legítimos derechos de la Iglesia; que los tiene, pero que deben ceder siempre ante el bien común.
Hasta que no haya un ejemplo claro de anteposición del bien común al personal en la actuación de los políticos católicos, nuestra influencia en la vida pública será nula o negativa.
jueves, 31 de enero de 2008
Los católicos y la política
En España estamos en pre-campaña electoral; pero vemos que ninguno de los partidos relevantes [los que tienen auténtica presencia social] cumple los anteriores requisitos: sin excepción, pretenden servirse de la política; y para conseguir los votos necesarios son capaces de cualquier cosa.
No obstante, hay católicos declarados entre los miembros relevantes de los partidos españoles; en algunos partidos, muy especialmente. Entonces ¿por qué no se cumplen en esos partidos los requisitos de servicio y bien común? Quiza sea porque la mayoría de los católicos, al poco de llegar al mundo de la politica, ya están más preocupados por los intereses de su partido que por los motivos que les llevaron a la política: ...si de todas formas no iba a conseguir cambiar nada, mejor que esté yo a que me sustituya un ateo..., se dicen. Esta es la falacia que les permite seguir en partidos e instituciones que atentan directamente contra su fe. Y esto es tremendamente falso, porque para hacer -o consentir- el mal es mejor que el responsable sea un ateo, a que sea una persona con etiqueta católica: porque el ateo, ni escandaliza ni compromete su fe; pero el católico que consiente con su voto y apoyo público ese mal, escandaliza y prostituye su Fe.
¿Cómo debe comportarse un político católico ante el actual panorama? Pues está muy claro: o actúa coherentemente con su fe, o se retira... aunque eso le cueste el puesto de trabajo.
¿Cómo debe comportarse un votante católico? Pues está igual de claro, buscando con su voto defender los valores evangélicos, o votando en blanco... aunque eso suponga la derrota del partido que más defiende su sintereses personales.
Por supuesto, estoy hablando de política; pero no es mi intención hacer política desde este blog, sino transmitir la Doctrina Social de la Iglesia al respecto.
miércoles, 9 de enero de 2008
Conocimiento científico
Basan su orgullo profesional en que el conocimiento científico es el que más rápidamente cambia cuando cambian las evidencias en las que se soportaba, porque no son fanáticos que se aferran a una postura inamovible. Tengo que reconocer que en esto son muy honrados y sinceros: es verdad que en el momento en que cambian las evidencias, ellos cambian sus posturas; pero también es verdad que dichas evidencias cambian con demasiada frecuencia.
Y es que el conocimiento científico no se basa en algo absolutamente cierto e infalible; el conocimiento científico no es algo radicalmente exacto (salvo los resultados matemáticos). En la práctica totalidad de los casos, las conclusiones científicas (esas afirmaciones dogmáticas e irrefutables a las que nos tienen acostumbrados) se basan en su convencimiento -es decir, fe- de que los datos de los que disponen reflejan fielmente la realidad (la verdad, que diría un filósofo). En el fondo, la certeza científica se basa en la fe que ellos mismos tienen en sus métodos. Y, claro, cuando esa fe se ve truncada por un método o una evidencia distinta, la cambian inmediatamente. Y no les duelen prendas en decir que las afirmaciones dogmáticas e irrefutables que habían mantenido hasta ayer, hoy ya están equivocadas; y así afirman dogmática e irrefutablemente una nueva verdad eterna... ¡hasta nuevo cambio!
Esto es así porque ni la capacidad humana (que es muy limitada), ni el método científico (que se basa en la fe que el científico tiene de sí mismo) dan para más. Por lo tanto, no se les puede reprochar que las verdades científicas eternas sean simplemente temporales... y menos verdades y menos científicas de lo que nos gustaría.
Lo que sí se les debe reprochar es esa soberbia científica que les lleva a ridiculizar a los que basamos nuestro conocimiento en la Fe (Fe en Dios, no en el hombre)... y venimos manteniendo la misma Fe desde hace cuatro mil años, sin que nadie -con razonamientos de peso- nos haya podido disuadir de que estamos en lo cierto.
¡Ya es ridículo basar la soberbia científica en que cambian fácilmente de parecer!
martes, 18 de diciembre de 2007
¿Pecado?
"Es la transgresión voluntaria de la Ley de Dios"; o bien, "Es la ofensa a Dios, consciente y voluntaria".
Se dice que la sociedad actual no tiene "conciencia de pecado", no considera que deba arrepentirse de nada. La sociedad actual no es consciente de "transgredir la Ley de Dios", ni es consciente de "ofenderle"... por supuesto, estoy hablando de personas creyentes y con cierta vida religiosa. ¡La prueba manifiesta es que los confesonarios están llenos de telarañas!
Veíamos hace poco que estamos inmersos en la "cultura del deseo"; y que esta cultura ha eliminado no sólo la moral, sino incluso a la razón como base de nuestro comportamiento. Entonces, ¿cómo extrañarse de que no haya conciencia de pecado? Si la norma de conducta es mi deseo; y sólo hago lo que deseo: ¿cómo puedo pecar? ¿cómo puedo ofender a Dios, si yo soy mi dios?
Ahora vienen al caso otras definiciones de pecado más sofisticadas, más académicas:
"El pecado no es más que un acto moralmente malo un acto en discordia con la razón informada por la ley Divina" (Santo Tomás, “De Malo”, 8:3).
"El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta" (Catecismo,1849).
¿Cómo admitir entonces el pecado, si no hay más razón que mi deseo?
Lo vio mejor el gran San Agustín: "El pecado es amor de sí hasta el desprecio de Dios" (S. Agustín, civ. 1,14,28). Esto sí que se entiende, porque la cultura del deseo no es más que "amor de uno mismo".
Quizá así la humanidad admita la existencia del pecado: el ser creado para amar, se ama sólo a sí mismo.
Quizá sea por esto que en una sociedad que no admite ni la Fe ni las razones se produzcan conversiones asombrosas simplemente por que el individuo se encuentra con Dios, con el Amor... y esto es lo único que pueden sentir superior a su propio deseo: prefiero sentirme amado por Dios, que sentirme amado sólo por mí mismo.
Quizá tenemos que predicar menos y "mostrar más a Dios"... si es posible, con nuestra pobre vida.
miércoles, 12 de diciembre de 2007
Nueva encíclica: "SPE SALVI"
Sí, la Esperanza en Dios y en la vida eterna es lo que nos salva, lo que nos redime de nuestra esclavitud; y nos salva porque nos libera de todas las ataduras al mundo. Por el contrario, la esperanza en cualquier otra cosa nos ata, nos esclaviza a esa cosa, nos somete a ella. Así visto, la Fe es la "sustancia" de la Esperanza: aquello que esperamos. Si creemos en Dios y la vida eterna, ¡ese Dios y esa vida serán nuestra Esperanza!
Por esto, la humanidad que carece de Fe no tiene nada trascendente en lo que esperar; y se queda sujeta a cosas de las que nada puede esperarse. Así, muchos son esclavos de su placer, de sus posesiones, de su ciencia o su ideología: han puesto en estas cosas su esperanza de felicidad; pero como éstas no pueden proporcionar la felicidad esperada, siguen atados a ellas -aumentándolas- hasta lograrla... cosa que nunca consiguen. Este alcanzar el objetivo (placer, poder y poseer) pero sin obtener la felicidad prevista, es la causa de la angustia vital que invade nuestra sociedad.
Y es que realmente el hombre no posee estas cosas, sino que ellas le poseen a él.
Ahora se entiende mucho mejor el consejo evangélico: "Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por mi causa, éste la salvará" (Lc 9.24)
lunes, 10 de diciembre de 2007
La cultura del deseo
Pero esto no es ninguna novedad: siempre el hombre ha tendido a satisfacer sus deseos. La novedad -y el problema- es que ahora esta satisfacción del deseo es la base de todo comportamiento humano: ya no es la Fe, ni la ética, ni siquiera la razón... la motivación humana es simplemente el deseo.
Debido a esto, ya no sirven los razonamientos para tratar de reconducir una conducta desviada, porque la razón ya no es suficiente motivo para que yo cambie mi conducta y deje sin satisfacer mi deseo: el que una acción sea irracional no tiene mayor trascendencia, porque el único objetivo es satisfacer mi deseo. Por supuesto, también han quedado vacíos de toda significación términos como deber, honor, compromiso, lealtad, fidelidad... y cualquier otro que pueda desviarme de mi deseo en cada momento.
La contestación que más se oye hoy en día es: ¿por qué no voy a hacerlo, si me apetece? Y ante tamaño "razonamiento", ni los motivos morales que aduzcamos, ni la demostración de la irracionalidad del comportamiento servirán para nada:... ¡porque les apetece! La cultura del deseo presupone que el hombre es el único dios de sí mismo: y su deseo se convierte en la única ley.
No es que no existan razones... y de mucho peso: es que la racionalidad ha dejado de ser su norma de comportamiento. Porque la razón sirve para dirigir la voluntad... pero ya no se actúa conforme a la propia voluntad, sino según el propio deseo.
Y no confundamos voluntad con deseo: la voluntad es la decisión adoptada en uso de nuestra libertad, después de una deliberación sobre lo bueno y lo malo de las diversas opciones; el deseo es simplemente lo que me apetece aquí y ahora, sin deliberación alguna.
Esto es mucho más grave de lo que parece. No es que el hombre se comporte inmoralmente (que esto lo ha hecho siempre); es que ni siquiera busca razones para justificar su inmoralidad. Si el animal racional ya no se comporta como tal, sino que sigue simplemente el deseo, el impulso, el instinto: entonces... ¿que nos diferencia de los animales irracionales?
Como tantas veces en la Historia, una vez más estamos ante la desintegración de una sociedad cuyos miembros, pretendiendo ser como "dioses", se están convirtiendo simplemente en animales.
Ya lo mostrábamos en la entrada anterior: los irracionales no son los que "creen en Dios", sino los que "se creen dios".
domingo, 9 de diciembre de 2007
¿Qué es más racional: la Fe o el deseo?
Pero paradójicamente en la realidad ocurre lo contrario. Me encuentro con personas con una Fe profunda e inquebrantable que se empeñan en buscar constantemente razones de su Fe y dan razones de su Esperanza (la tercera virtud teologal, la Caridad, no es necesario razonarla, porque ésta sí la admite todo el mundo sin discusión). Por ejemplo, un Santo Tomás de Aquino -que metía la cabeza dentro del Sagrario para tener mejor inspiración divina- se molestó en escribir la Summa Teológica y desarrollar las cinco vías que demuestran la existencia de Dios.
Por el contrario, es muy habitual encontrar científicos ateos o agnósticos que niegan de partida la existencia de Dios y no se molestan en razonar su negación, ni en buscar una justificación alternativa a la existencia del cosmos o a la vida espiritual del hombre. Su respuesta habitual es que "todo es fruto de la casualidad"; y aunque esta conclusión no es ni remotamente científica ni racionalmente válida, en nombre de la razón, ¡no razonan nada más! Irracionalmente, se empeñan en negar de partida todo lo que no pueden comprobar empíricamente; pero tampoco pueden comprobar la teoría de la relatividad, ni la fuerza electromagnética, ni tienen idea de lo que pueda ser la atracción gravitatoria, ni la vida, ni el amor... y, sin embargo, sí afirman su existencia, a la vista de los efectos que todo ello produce.
Peor aún. El ateo conduce irracionalmente su vida; se empeña en seguir una moral que le destroza espiritual y anímicamente; rechaza la providencia divina, pero se sujeta al augur de los videntes y adivinos; evita la liturgia, pero se somete a la moda; proclama un mundo de reducida natalidad y homosexualidad, y pretende perpetuar la especie.
En nombre de la "diosa razón", de la libertad, la igualdad y la fraternidad se perpetró la peor época de terror en Francia: la dictadura de la Guillotina. Los que "mataron" a Dios para "liberar" al hombre, tienen a sus espaldas los mayores asesinatos masivos que la Historia ha conocido (y que difícilmente podrán superarse en el futuro): nazismo y comunismo, ya sea éste soviético, chino o camboyano.
Quizá sea por esto que hoy en día el dilema no es Fe o razón, sino Fe o "deseo": porque hoy en lo que nadie cree es en la razón. Así, el mundo se divide en dos grandes grupos: los que creen en un Dios, y lo anteponen a su deseo; y los que creen en su deseo y se somenten en cuerpo y alma a él. Para estos, el deseo se convierte en el demonio que los esclaviza y engaña: les promete alcanzar la felicidad satisfaciendo sus deseos; pero, en cuanto los satisfacen, esa felicidad se les escurre entre los dedos como agua cogida con las manos.
La experiencia nos demuestra que a la luz de la Fe, la vida es más racional que bajo la oscura cultura del deseo: si no nos sometemos al Dios creador, nos quedamos sujetos a los demonios y pasiones que rigen el mundo ajeno a la Fe.
Nos liberamos de un Dios amor; y nos sometemos al peor tirano: nuestro deseo.
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P.D.: Por supuesto, existen personas sin Fe que tratan de seguir el dictado de su conciencia, más o menos adaptada a la Ley Natural; pero he querido mostrar sólo los dos extremos, porque el dilema actual es entre los que "creen en Dios" y los que "se creen dios"; siendo éstos últimos los auténticos irracionales.
miércoles, 5 de diciembre de 2007
El Evangelio, ¿es de derechas o de izquierdas?
Pero cuando uno lo lee tratando de encontrar un código social o moral, entonces le gustaría encasillar este código en los moldes actuales... Y mucho más cuando lo que uno pretende es justificar en el Evangelio su propia postura social o política. En este último caso, a cada cual le interesa dejar bien claro que Dios pertenece a su propio partido; y que dejó dicho sin lugar a dudas que todo el Mundo debe regirse por ese mismo "programa electoral".
Veamos entonces a qué ideología pertenece el Evangelio.
Unos dicen que es de izquierdas, marxista: ya que defiende al más débil y ataca las estructuras y normas sociales obsoletas; proclama la bienaventuranza de los pobres; multiplica el pan y lo reparte por igual entre todos. Pero no es marxista: porque pone lo espiritual por encima de lo material; y la salvación del alma antes que la del cuerpo; y defiende la dignidad individual de cada persona, como ser creado y amado por Dios, sin que se le pueda convertir en un mero elemento al servicio de la comunidad.
Otros dicen que es de derechas, capitalista: porque defiende la tradición, la autoridad y hace a un recaudador de impuestos su discípulo (dad al César lo que es del César; y a Dios lo que es de Dios); se hospeda en casa de los ricos; y recomienda a los pobres conformarse con su suerte y confiar en la Providencia. Pero no es capitalista: conseguir beneficios y acumular fortuna no es la meta del hombre (bienaventurados los pobres de espíritu); la propiedad privada tiene una hipoteca social, el bien común: si quieres ser mi discípulo ve vende cuanto tienes y dalo a los pobres...
Los más despistados afirman que es nacionalista: toda la Biblia defiende al Pueblo de Dios, lo libra de sus enemigos y de quienes pretenden oprimirlos; les rescata del destierro y les devuelve a su tierra prometida. Pero no es nacionalista: no se vincula con la lucha terrorista de los zelotes y predice la destrucción del Templo a manos de Tito; abre el mensaje evangélico a todas las naciones (id y enseñad a todas las gentes...) y nos hace hermanos a todos los hombres (Padre nuestro que estás en los cielos...).
De la misma forma, podríamos rebatir que el Evangelio sea un alegato revolucionario religioso, patriota unificador, ultraconservador, postmoderno, legalista, liberal, etc...
La realidad es que el Evangelio tiene algo de cada uno de esos planteamientos sociopolíticos: pero no lo integra en su totalidad, sino que los une cogiendo sólo lo bueno de cada uno de ellos:
Busca el bien común, pero sin alienar a la persona individual.
Acepta la propiedad privada, pero sujeta al bien común.
Mantiene la Ley Divina; pero libera de las costumbres y cargas innecesarias.
Proscribe radicalmente el pecado, pero perdona al pecador arrepentido.
Ama su tradición y su pueblo, pero sin excluir al extranjero con sus propias tradiciones.
Vive en el mundo, pero no es del mundo.
Conoce las necesidades humanas (multiplicación del pan), pero afirma la primacía de las necesidades espirituales (no solo de pan vive el hombre).
Libera al hombre con la Verdad; pero le sujeta al mandato del amor (amaos unos a otros como Yo os he amado).
El Evangelio no es un panfleto en el que justificar una ideología: es un profundo manual de vida para aplicarlo completo a cada circunstancia y para vivirlo con el prójimo... no podemos ir tomando sólo lo que nos interesa y rechazando el resto.
Por eso, identificar el Evangelio con alguna de las ideologías es mutilarlo hasta dejarlo irreconocible; y utilizarlo para defender nuestra ideología frente al prójimo, es lo más contrario al propio mensaje evangélico.
domingo, 2 de diciembre de 2007
Cristianos en la sociedad actual
Nos viene muy bien que en estos tiempos tan alejados de la Fe se nos hable de la Esperanza; pero yo he seguido leyendo el texto de San Pablo a los romanos (cristianos insertos en una sociedad tan corrompida como la nuestra) y al llegar al capítulo 12 me encuentro con ciertas recomendaciones que son también muy actuales:
"Alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación; constantes en la oración... Bendecid a los que os persiguen; bendecidlos y no los maldigáis... No devolváis a nadie mal por mal: buscad hacer el bien delante de todos los hombres. Si es posible, en lo que está de vuestra parte, vivid en paz con todos los hombres. No os venguéis, queridísimos, sino dejad el castigo en manos de Dios, porque está escrito: Mía es la venganza, yo retribuiré lo merecido, dice el Señor. Por el contrario, si tu enemigo tuviese hambre, dale de comer; si tuviese sed, dale de beber; al hacer esto amontonáis ascuas de fuego sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence al mal con el bien."
Y esto lo dice en una sociedad en la que el adulterio, la homosexualidad, el aborto y cualquier forma de placer son los ídolos habituales... ¿os recuerda algo?; pero lo dice en medio de una persecución en la que los cristianos perdían no sus privilegios, sino su vida entre los dientes de las fieras... ¿es que Nerón era más piadoso que nuestros gobernantes actuales?
La diferencia entre aquellos cristianos de Roma y los actuales cristianos de occidente no es que la sociedad en la que vivimos sea peor, sino que aquellos vivían su Fe a fondo, antes de pretender difundirla. No querían cambiar de un golpe todo el orden social corrompido, sino ir cambiando ellos y a los que les rodeaban. No buscaban afianzar sus derechos como ciudadanos romanos (el esclavo que se convertía en cristiano seguía siendo esclavo); y mucho menos, alcanzar privilegios. Pretendían santificar las realidades terrenas (justicia, paz, progreso, ...) atrayendo a los demás a Cristo, mediante el ejemplo de su Fe y su Caridad: no discutían el Evangelio, sino que lo vivían y proclamaban... ¡y acabaron transformando el mundo!
Creo que los cristianos en occidente (muy particularmente en España) hemos equivocado el rumbo; menos lucha sociopolítica y más oración y caridad con el prójimo, incluso con el que no es de los nuestros; menos hacernos los mártires porque nos quitan nuestros privilegios, y más ser mártires porque proclamamos y vivimos nuestra Fe.
Pongamos nuestra esperanza en Dios y no en las estructuras políticas y sociales, que de nada sirven si están vacías de Él.
lunes, 15 de octubre de 2007
El jardín del alma
Ahora nos tenemos que imaginar que nuestra alma es como un jardín: en esa tierra pueden crecer tanto las flores más bonitas como los cardos y malas hierbas.
Si nos dedicásemos exclusivamente a arrancar las malas hierbas y cortar los cardos, conseguiríamos un terreno limpio, pero no un jardín. Si cultivamos flores preciosas, pero no eliminamos las malas hierbas, el jardín no podrá lucir y éstas acabarán marchitando a aquéllas. El ideal es hacer ambas cosas: cultivar lo bonito y arrancar lo feo.
Así pasa en nuestra alma: si sólo nos limitamos a evitar los pecados y cumplir rutinariamente las normas, tendremos un alma limpia pero no hermosa. Por otra parte, pretender hacer obras buenas sin evitar el pecado sería un absurdo que nos llevaría a tener un alma aborrecible.
Quizá la táctica más acorde con el mensaje evangélico sea cultivar activamente las obras buenas y esforzarnos para eliminar las malas obras en cuanto aparezcan; pero teniendo muy claro que lo importante es lo primero. Dedicarse obsesivamente a luchar contra el pecado no tendría sentido si simultáneamente no cultivamos las obras buenas: tener un terreno limpio en el que no lucen ni el amor a Dios ni el amor al prójimo, podrá ser filantropía, pero en ningún caso será cristianismo.
Santa Teresa de Jesús lo explicaba en sus memorias: la lucha debe ponerse entre hacer el bien o hacer un bien mejor... el que así actúa ya tratará de rechazar el mal.
Explicar nuestra Religión
Explicar la Religión sin vivirla, es como tratar de explicar el deporte del esquí sin practicarlo. Os imagináis que alguien os embutiese en un traje térmico, os calzase unas botas enormes, unos guantes que anulan todo tacto, un casco y unas gafas que impiden la mayor parte de la visión y que os enganchase a unas tablas de dos metros de largo... ¡y después pretendiese convenceros de que todo ello es magnífico! ¡que el deporte del esquí es alucinante! Lo más probable es que todo ese equipo os parezca un agobio, que os lo quitaseis y que no quisieseis ni oír hablar del esquí nunca más. Si nos cargan con toda la impedimenta, pero no nos permiten comprobar en la práctica la maravilla que es volar sobre la nieve, pensaremos que es locura llevar todos esos estorbos. Pero si, por el contrario, empezasen por enseñarnos a deslizarnos por la nieve con un equipo ligero; y llegásemos a entusiasmarnos con ello, entonces seríamos nosotros los que exigiríamos un equipo cada vez más sofisticado con objeto de profundizar en ese deporte. Y es que hay cosas que es necesario experimentarlas para poder comprenderlas y apreciarlas.
Lo mismo ocurre con la religión, si nos cargamos con la impedimenta pero no tenemos una experiencia de Dios, entonces no sabremos para qué sirven todas esas normas y ritos. Así, quien practica las normas católicas sin llegar a experimentar el amor de Dios y de los demás, quedará defraudado. Por el contrario, muchas personas que han tenido una experiencia de Dios, después han comprendido nuestra Religión, y han incorporado a su vida todo aquello que posibilitaba continuar e incrementar su trato con Dios.
Quizá sea mejor empezar siempre mostrando amor... y lo demás lo entenderán fácilmente.
viernes, 1 de junio de 2007
Para ir a Medjugorje
Beatriz López: mirbeatrizlopez@yahoo.es
Charo Lafita: charolafita@hotmail.com
Margarita Cazorla: Teléfono: 91 6529340 E-mail: info@mariareinadelapaz.com
Cruz Palomo: es una agencia de viajes viajes@egeria.es
Espero que os animéis muchos... ¿realmente merece la pena!
lunes, 7 de mayo de 2007
El Alma del Mundo
...lo que es el alma en el cuerpo, eso son los cristianos
en el mundo.El alma está esparcida por todos los miembros del cuerpo,
y los cristianos lo están por todas las ciudades del mundo.El alma habita ciertamente en el cuerpo, pero no es del cuerpo, y los cristianos habitan también en el mundo, pero no son del mundo.
El alma invisible está en la prisión del cuerpo visible, y los cristianos son conocidos como hombres que viven en el mundo, pero su religión permanece invisible.
La carne aborrece y hace la guerra al alma, aun cuando ningún mal ha recibido de ella, solo porque le impide entregarse a los placeres; y el mundo aborrece a los cristianos sin haber recibido mal alguno de ellos, solo porque renuncian a los placeres.
El alma ama a la carne y a los miembros que la odian, y los cristianos aman también a los que les odian. El alma está aprisionada en el cuerpo, pero es la que mantiene la cohesión del cuerpo; y los cristianos están detenidos en el mundo como en una prisión, pero son los que mantienen la cohesión del mundo.
El alma inmortal habita en una tienda mortal, y los cristianos tienen su alojamiento en lo corruptible mientras esperan la
inmortalidad en los cielos.El alma se mejora con los malos tratos en comidas y bebidas, y los cristianos, castigados de muerte todos los días, no hacen
sino aumentar: tal es la responsabilidad que Dios les ha señalado, de la que no seria licito para ellos desertar.
¡Qué mal está el mundo actual!
Pero, ... ¿no será que tiene el alma enferma?; ese alma que debemos ser nosotros...viernes, 4 de mayo de 2007
Seguimos con Diogneto
Se casan como todos y engendran hijos, pero no abandonan a los nacidos.
Ponen mesa común, pero no lecho.
Viven en la carne, pero no viven según la carne.
Están sobre la tierra, pero su ciudadanía es la del cielo.
Se someten a las leyes establecidas, pero con su propia vida superan las leyes.
Aman a todos, y todos los persiguen.
Se los desconoce, y con todo se los condena.
Son llevados a la muerte, y con ello reciben la vida.
Son pobres, y enriquecen a muchos.
Les falta todo, pero les sobra todo.
Son deshonrados, pero se glorían en la misma deshonra.
Son calumniados, y en ello son justificados.
Se los insulta, y ellos bendicen.
Se los injuria, y ellos dan honor.
Hacen el bien, y son castigados como malvados.
Ante la pena de muerte, se alegran como si se les diera la vida.
Los judíos les declaran guerra como a extranjeros y los griegos les persiguen, pero los mismos que les odian no pueden decir los motivos de su odio.
Efectivamente, las actitudes de la sociedad occidental son similares a las de la sociedad pagana de los primeros siglos (¡si no son mucho más bárbaras las actuales, en algunos aspectos!); pero... ¿es similar nuestra respuesta a la que daban los primeros cristianos?... ¿mostramos un tenor de vida admirable, extraordinario?
Examinémonos.
jueves, 3 de mayo de 2007
Carta a Diogneto
La realidad es totalmente distinta: el mundo occidental es la herencia lógica de dos mil años de Cristianismo. Todos los valores que merecen la pena los trajo el Cristianismo, incluso la tolerancia y la libertad que permiten a los "progresistas" renegar de los cristianos que les trajeron estos principios.
Creo que la mejor manera de ahuyentar la tentación de "adaptarse al entorno" es poner más hincapié en "adaptarnos a nuestra Fe".
Los que sí se encontraron con un entorno diametralmente opuesto a su Fe fueron los primeros cristianos: muchos de sus valores no tenían ningún precedente en el mundo pagano de la Roma Imperial... y, por supuesto, ¡no habían oído nunca hablar de tolerancia!
Aún así, ellos viven en medio de esa sociedad y proclaman el mensaje evangélico.
Uno de las páginas más bonitas de la historia de la Iglesia es la "Carta a Diogneto", en la que un cristiano anónimo le cuenta al tal Diogneto cómo es su vida:
Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su lengua, ni por sus costumbres.
En efecto, en lugar alguno establecen ciudades exclusivas suyas, ni usan lengua alguna extraña, ni viven un género de vida singular. La doctrina que les es propia no ha sido hallada gracias a la inteligencia y especulación de hombres curiosos, ni hacen profesión, como algunos hacen, de seguir una determinada opinión humana, sino que habitando en las ciudades griegas o bárbaras, según a cada uno le cupo en suerte, y siguiendo los usos de cada región en lo que se refiere al vestido y a la comida y a las demás cosas de la vida, se muestran viviendo un tenor de vida admirable y, por confesión de todos, extraordinario.
Habitan en sus propias patrias, pero como extranjeros; participan en todo como los ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña les es patria, y toda patria les es extraña.
Quizá lo que llama la atención en el mundo occidental actual no sean los principios cristianos, sino el garabato de nuestra vida tratando de compaginar nuestra Fe con las costumbres sociales opuestas a la misma.
Si de verdad nuestra vida fuese coherente con nuestra Fe, no provocaría rechazo, sino admiración.
martes, 1 de mayo de 2007
¿Es difícil ser católico?
Si uno se para un poco a pensarlo, descubre que es completamente cierto. Nuestro compromiso cristiano tiene algunas exigencias que se compaginan muy mal con la vida actual; pero a cambio nos dota de un orden de valores que nos permite guiarnos en medio de este caos de ideologías y absurdos... y esto sin mencionar la ayuda de la Gracia de Dios, que es la que nos saca adelante.
En concreto,
¿Cómo establecer el objetivo de nuestra vida, si el criterio es seguir en cada momento el deseo?
¿Cómo mantener un matrimonio y una familia, si el criterio es seguir el sentimiento y evitar todo compromiso?
¿Por qué respetar al prójimo, sin no tenemos un Padre que nos hermana?
¿Como afrontar el dolor, si el objetivo vital es conseguir el placer?
¿Cómo estar satisfechos de nosotros mismos, si no tenemos un código que nos distinga lo bueno de lo malo?
¿Cómo evitar la angustia vital, cuando no hay Esperanza?
¿Qué consejo dar a quien nos pregunta?... ¿Y si es un hijo...?
Efectivamente, ser católico aparentemente impone algunas cargas... pero no son cargas, son las instrucciones para alcanzar la felicidad...
Pero, ¡qué difícil alcanzarla sin esas instrucciones!
lunes, 23 de abril de 2007
El abrigo o la piel
La verdad es que el ejemplo me gustó mucho:
Cuando hace frío (antes de un exámen, ante la enfermedad o el dolor, cuando las cosas no nos van bien), nos acordamos de Dios y nos ponemos el "abrigo de la Religión" para protegernos. Pero cuando hace buen tiempo (todo nos va bien, tenemos salud y dinero, ...), entonces nos quitamos el "abrigo de la Religión" porque más que protegernos nos estorba: no queremos que los demás nos vean llevándolo, porque nos tacharían de "raros". Además, cuando "hace buen tiempo", nos pensamos que ésto es debido a nuestras buenas cualidades y nuestro propio esfuerzo... y nos olvidamos de Dios, hasta que con el frío volvemos a recordar que le necesitamos.
¡El ejemplo es acertado y real!
Muy al contrario, la Religión debería ser para nosotros como la piel, que siempre la llevamos con nosotros y nos protege tanto del frío como del calor, de la lluvia o de la sequía. Y no sólo nos protege, sino que configura nuestro propio ser: nadie se avergonzaría de su piel o se la dejaría olvidada en el perchero. Además, somos conscientes de que por muchos que sean nuestros méritos o nuestro esfuerzo, nada haríamos sin nuestra piel.
Y seríamos más conscientes de que nuestra piel nos acompaña en todos nuestros actos: es la misma cuando rezamos en éxtasis ante el Sagrario, cuando trabajamos o cuando disfrutamos del orgasmo más gozoso... y que todos son profundos actos de Religión, queridos por Dios, cuando se producen en su debida forma y momento.
Si la Religión fuese nuestra piel en vez de nuestro abrigo, no habría tantas contradiciones entre ley y moral, espíritu y materia o en "dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César".
¿Por qué nos quitamos la piel para salir a la calle?
domingo, 15 de abril de 2007
El Mandato Nuevo: eje de la sociedad.
Los Derechos Humanos, aunque la ONU se niegue a reconocerlo, se basan en esta dignidad, en que Dios nos ha creado libres para amar y amarle... y ésto nos iguala a todos.
Pero esto también nos impone una carga (¿lo es?) inmensa: si nuestra dignidad se deriva de nuestra capacidad de amar, entonces estamos obligados a amar... y, consecuentemente, tenemos derecho a ser amados.
Una vez más, el mensaje evangélico y los valores cristianos se revelan como la mejor ideología social: "Un mandato nuevo os doy: que os améis unos a otros como yo os he amado"..."amad a vuestros enemigos y haced el bien a quienes os persiguen"...
Compáralo con la doctrina marxista del odio entre clases... o la doctrina liberal de que cada palo aguante su vela.
viernes, 23 de marzo de 2007
El pecado.
Lo ideal es que sea Dios mismo quien lo dirija, ya que Él es quien mejor sabe hacerlo y quien nos puede llevar al mejor destino.
Pero muy habitualmente nos ponemos nosotros mismos al volante. Lo curioso es que esto suele ocurrir especialmente cuando aparecen dificultades, cuando atravesamos un banco de niebla o la carretera cruza un desfiladero. Entonces nos ponemos nerviosos, dejamos de confiar en Dios y tomamos las riendas de nuestra vida, no vaya a ser que Dios nos lleve a donde no queremos ir, que no haga caso de nuestro criterio. Si acaso, aceptamos alguna sugerencia de su parte; pero la última palabra nos la reservamos.
Si esto ya es absurdo, más absurdo es el pecado.
Cuando pecamos es como si le dijésemos a Dios que se bajase del coche: de ese coche que Él nos ha regalado; a Él, que fue quien nos enseñó a conducir; a pesar de que la gasolina que llevamos en el depósito nos la acaba de regalar Él mismo. Entonces le decimos: ¡lárgate ya!, que quiero dar una vuelta con mis amigos; quédate en esa acera plantado bajo la lluvia, que luego volveré a recogerte.
La verdad es que habitualmente volvemos a recogerle muy compungidos; y que Él se sube otra vez a nuestro lado, sabiendo con certeza que unos kilómetros más adelante volveremos a dejarle plantado.
Así visto, nos parece un horror nuestro comportamiento: se ve clara la maldad del pecado, del rechazo de Dios.
Pues la realidad es mucho peor: no es que nos haya regalado un coche, nos haya enseñado a conducir y nos pague la gasolina. Es que nos ha dado la vida y todo lo que somos y tenemos; y así nos mantiene; y ha muerto por nosotros en la más atroz de las torturas... para que de vez en cuando le dejemos plantado bajo la lluvia y nos vayamos a dar una vuelta con nuestros amigotes.
Dios mío, que siempre te deje conducir mi vida.
martes, 20 de marzo de 2007
Cursillos de Cristiandad
Este fin de semana lo he pasado en Los Negrales (Madrid) haciendo un Cursillo de Cristiandad. Yo no conocía los Cursillos, a pesar de estar en contacto con muchos de los movimientos e instituciones de la Iglesia. Casi por casualidad he participado en uno ... y no podría haber salido más contento.
Como tantas otras actividades parecidas, son una magnífica ocasión de encontrar a Dios, o de estrechar lazos con Él. Dos son las principales característidas que diferencian a los Cursillos de, por ejemplo, los cursos de retiro o los ejercicios espirituales:
- Puede participar cualquiera, desde personas totalmente alejadas de la religión hasta sacerdotes en pleno ejercicio de su ministerio.
- Te acercan más a Dios... pero lo hacen conjuntamente con otras personas.
Vivir la conversión en comunidad es algo que nunca había experimentado: acercarte simultáneamente a Dios y a los demás es una experiencia única que te deja el alma como en carne viva para una temporada.
En definitiva, son altamente recomendables... casi, casi, me atrevería a garantizar el resultado.
No quiero contar más... ¡id y veréis!
domingo, 24 de diciembre de 2006
¡FELIZ NAVIDAD!

Hoy conmemoramos el hecho más importante que jamás ocurrió en la Historia: el mismo Dios se hace hombre... y lo hace para salvarnos. Desde ese instante el rumbo de la humanidad cambió: ahora las riendas las lleva Dios... aunque nosotros sigamos sin entender "sus caminos"; y cada vez que acudimos a Él implorando "Señor, sálvanos que perecemos", Él sigue contestándonos: "todavía no tenéis fe".
Y es que todavía no nos creemos que, desde la primera Navidad, el rumbo de la humanidad no es otro que el de nuestra salvación... a pesar de los pesares... y a pesar de lo mal que puedan parecernos las cosas en nuestros días: el triunfo de Dios -el nuestro- está asegurado.
Lástima que, como celebramos esta importantísima conmemoración cada año, ya casi hemos olvidado que se trata del día más importante, junto con la Resurrección del Señor... y no por los turrones, las reuniones familiares ni los deseos de paz, sino porque ya nada puede torcer el buen rumbo de la humanidad... ni siquiera la torpeza y maldad humanas.
Por todo esto: ¡feliz Natividad del Señor!
lunes, 4 de diciembre de 2006
¿Qué es más razonable?
En primer lugar la fe es una forma de conocimiento tan válida como cualquier otra... y diría que es la más habitual. ¿No es fe cuando me creo la información que me ofrece la prensa? ¿No es fe cuando me creo las afirmaciones científicas que no puedo entender por falta de conocimientos previos? ¿No es fe cuando me creo los datos históricos que otros me ofrecen; o los datos geográficos que leo en los atlas? ¿No es fe la del científico que admite el resultado pensando que ha realizado el experimento correctamente? Pues va a resultar que uso la fe para aceptar cualquier cosa; pero cuando se trata de Religión, ¡entonces exijo que me lo expliquen!
Por esto, quiero ahora comparar la postura social que ofrece mi Fe católica y la que ofrece la sociedad científica y plural, para ver qué es más razonable.
Qué es más razonable: el respeto a la vida -desde que ésta se concibe hasta que se pierde- que propugna el cristianismo, o la propuesta de eliminar al hijo no deseado símplemente por eso, porque no lo deseo... como si la vida de alguien pudiese depender de deseo de otro.
Qué es más razonable: la propuesta de amor hasta que la muerte nos separe, sobre la que se puede construir un matrimonio estable y feliz, o convertir el matrimonio en el único contrato que puede disolverse sin mediar explicación alguna.
Qué es más razonable: la propuesta cristiana de amarnos mutuamente como a nosotros mismos, o el liberalismo actual de hacer cada uno lo que le apetezca siempre que no perjudique a otro ... y cuando le perjudique -aborto, eutanasia, explotación, etc- ya buscaremos alguna excusa.
Qué es más razonable: el consejo evangélico de compartir lo que tenemos, o la solidaridad ONG de dar lo que nos sobra.
Qué es más razonable: el mandato bíblico de creced y multiplicaos y henchiz la Tierra, o la homosexualidad estéril dedicada a la satisfacción de los propios deseos.
Qué es más razonable: adorar al Dios que nos ha creado, o blasfemar contra un dios en el que ni siquiera se cree.
Qué es más razonable: afirmar que los Derechos Humanos son universales y afectan a todos los hombres porque Dios nos creó iguales; o afirmar que son derechos humanos porque así lo determinaron algunos hombres reunidos en la ONU.
Qué es más razonable: el mandato apostólico de amar a tu mujer como Cristo amó a su Iglesia (entregando la vida), o las leyes de violencia de género que enfrentan a los cónyuges.
Qué es más razonable: el ayuno evangélico para mantener el espíritu en forma y dar al que tiene hambre, o la dieta carísima para mantener la línea esbelta.
Qué es más razonable: retirarse a hacer un rato de oración y de paso dar gracias a Dios por todo lo que tenemos, o acudir a "la vidente" para que nos tome un poco el pelo y nos saque la perras. O qué es más razonable, acudir al confesor para pedir perdón a Dios de nuestras faltas, o acudir al psicólogo para que cambie nuestra forma de ser a 60euros la hora.
Qué es más razonable: el mandato Católico universal de ir y evangelizar a todas las gentes haciendo de todos discípulos de Cristo, o los absurdos regionalismos que nos dividen y enfrentan a muerte.
Qué es más razonable: controlar la propia actividad sexual por amor a Dios, o tener como dios al sexo.
...y no sigo porque sería una tarea inacabable...
¿Hay todavía quien se sienta acomplejado porque su Fe no es razonable?
Cultivar nuestra alma
Si nos dedicásemos exclusivamente a arrancar las malas hierbas y cortar los cardos, tendríamos un terreno limpio, pero no un jardín. Si cultivamos flores preciosas, pero no eliminamos las malas hierbas, el jardín no podrá lucir.
El ideal es hacer ambas cosas: cultivar lo bonito y evitar los cardos.
Así pasa en nuestra alma, si sólo nos limitamos a evitar los pecados, tendremos un alma limpia; pero no hermosa. Por otra parte, pretender hacer obras buenas sin evitar el pecado sería un absurdo que nos llevaría a tener un alma aborrecible. Quizá la táctica más acorde con el mensaje evangélico sea cultivar activamente las obras buenas y estar atentos a eliminar las malas obras en cuanto aparezcan. Dedicarse obsesivamente a luchar contra el pecado no tendría sentido si, simultaneamente, no cultivamos las obras buenas.
Santa Teresa de Jesús explicaba cómo debe ser el cultivo del alma en una de sus memorias:
"Qué fácil resulta librar el combate entre el bien y el mal y decidirse a favor del bien; pero cuando nos debatimos interiormente entre el bien y lo que es un bien mejor, la situación es enteramente otra".
Nuestra preocupación debe situarse en el nivel de elegir entre los mejores bienes (cultivar las flores más hermosas), dando por descontado que rechazaremos el mal (arrancaremos los cardos) en cuanto se presente.
lunes, 27 de noviembre de 2006
Permanecer con Cristo
Cuando Jesús pronuncia el discurso eucarístico (capítulo 6º del evangelio de San Juan) no deja lugar a dudas sobre la importancia de lo que está anunciando: "... en verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que como mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquel que me come vivirá por mí" (Jn 6, 53-57).
Jesús podría haber explicado a sus discípulos que se trataba de la transubstanciación del pan y el vino... pero prefirió exigirles un acto de fe absoluta en sus palabras: "Dura es esta enseñanza, ¿quién puede escucharla?" (Jn 6,60). "Desde entonces muchos discípulos se echaron atrás y ya no andaban con él. Entonces Jesús dijo a los doce: ¿También vosotros queréis marcharos? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna..." (Jn 6, 66-69). Y es que Jesús lo que nos pide constantemente es fe en Él, lo entendamos o no...
Desde el punto de vista humano no es comprensible que dejase marchar a tantos discípulos (incluso pregunta a sus apóstoles si también ellos quieren irse), simplemente porque no considera oportuno explicarles sus palabras... pero Jesús sabe muy bien lo que está haciendo: prefiere no tener discípulos a que éstos le sigan sin fe.
Y trasladando esta situación a nuestro tiempo, me pregunto si Jesús no prefiere que sus discípulos sigan marchándose de su lado antes que retenerles sin fe: todo aquél que no crea en la Eucaristía puede irse... aunque se quede sólo con otros doce y tenga que volver a empezar.
Dando la vuelta a esta afirmación: si queremos permanecer en Cristo, tenemos que encontrarle en la Eucaristía.
Es lo más razonable... después de leer el capítulo 6 del evangelio de San Juan.
viernes, 17 de noviembre de 2006
Nuestra Fe en la Eucaristía
Pero este empeño en razonar no nos puede hacer olvidar que para un cristiano lo fundamental no es el entendimiento, sino la Fe... Dios no pide que le comprendamos, sino que confiemos en Él. Así lo ha demostrado durante toda la revelación... desde que Moisés en Meribá golpeó dos veces la roca, hasta el miedo de Pedro andando sobre las aguas (¿por qué has dudado, hombre de poca fe?).
Creo que en la actualidad Dios nos sigue pidiendo un signo de fe similar; fe absoluta en lo que no tiene ni puede tener ningún apoyo racional: la presencia real de Cristo en la Eucaristía (sacramento de nuestra Fe). De alguna manera, Dios quiere que su Iglesia renueve cada día esta Fe y la mantenga frente al mundo materialista, que no puede admitirla.
Parece como si supeditase a esta actitud el apoyo que de él necesitamos... y confirma esta sensación el hecho de que Juan Pablo II dedicase el que iba a ser su último año de pontificado precisamente a la Eucaristía.
Hasta que la Iglesia no recupere plenamente esta Fe con hechos públicos, seguiremos cerrados a recibir toda la gracia que Dios quiere enviarnos...
lunes, 13 de noviembre de 2006
¿Que es convertirse?
Pero, ¿qué es convertirse?... y aquí está la clave.
En Medjugorje los peregrinos no deciden hacer algo más relacionado con su fe, sino que cambian la idea misma de Fe. La oración, unida a esa inmensa Gracia de Dios que allí todo lo impregna, nos posibilita vernos a nosotros mismos con ojos de eternidad. No se trata de hacer más cosas externas, sino de transformarnos internamente, de modificar de raíz nuestra relación con Dios: depositar en Él toda nuestra confianza, basada en su omnipotencia, su sabiduría y su misericordia.
En esto consiste la auténtica conversión: en traspasar a Dios la dirección de nuestra vida; en la certeza de que será haciendo su voluntad como alcanzaremos la felicidad... primero aquí en la tierra y después eternamente en el Cielo. Recuerdo ahora un párrafo de Eugene Boylan (El Amor Supremo), que ya me impresionó la primera vez que lo leí... pero que ahora me parece especialmente actual:
"Nosotros tenemos nuestros propios planes para nuestra felicidad, y demasiado a menudo miramos a Dios simplemente como alguien que nos ayudará a realizarlos. El verdadero estado de las cosas es completamente al contrario. Dios tiene sus planes para nuestra felicidad, y está esperando que le ayudemos a realizarlos. Y quede bien claro que nosotros no podemos mejorar los planes de Dios."
Esto es lo que le lleva a Abraham a dejarlo todo y entregar incluso a su hijo amado... le lleva a San Mateo a dejar su negocio... a San Pablo a predicar a Aquél al que perseguía... y a la Madre Teresa de Calcuta a entregarse a los más pobres de entre los pobres... en contra de cualquier cálculo o razonamiento humano... abandonados a la llamada de Dios...
Lo demás no es conversión... es seguir empeñados en nuestro minúsculo plan y reducir a Dios al papel de simple colaborador nuestro.
miércoles, 8 de noviembre de 2006
He estado en Medjugorje

He estado allí con toda mi familia y la satisfacción que siento no podría ser más grande. No fui buscando morbo sobre apariciones de la Virgen, sino que fui a rezar en el que puede ser uno de los centros espirituales más importantes del mundo. Y, desde luego,... ¡he rezado como pocas veces en mi vida!; y también me he convertido, a pesar de que creía que ya era un buen fiel cristiano... Además, vuelvo con la seguridad de que la Virgen no es que se aparezca, ¡es que se ha instalado permanentemente en aquél lugar!
En Medjugorje la Gracia de Dios se nota como si fuese la niebla de Londres: en el momento en que uno se apea del autobús queda empapado; y con este "empape", a uno le da igual subir al Podbrdo rezando el rosario, subir al Krizevac rezando el Vía Crucis o asistir a la Oración Vespertina en la Parroquia de Santiago... todo es presencia de Dios, presencia de María.
Quizá lo más curioso es la normalidad con la que se vive todo esto, sin aspavientos ni alardes, rodeado de cientos de personas que también se sienten "empapados" en Gracia de Dios, escuchando frases en croata (que por supuesto no entiendo) que le llegan a uno al corazón... como si el "don de lenguas" le permitiese a nuestra alma entender el mensaje con independencia del idioma en el que lo escuchamos. Se puede hacer un acto penitencial en el comedor de la pensión y luego caminar en silencio por las calles hasta los confesonarios, sin que la ciudad nos distraiga de nuestra oración... porque todo allí lleva a la oración.
Parte de esta "normalidad" es que Filka -nuestra joven "guía turística"- se empeñase en enseñarnos a rezar y ayunar los miércoles y viernes... y, por supuesto, rezase y ayunase ella misma.
¿Son todo esto pequeños (o grandes) milagros?
Y también está el Oasis de la Paz, la Capilla de la Adoración... y la Comunidad del Cenáculo...
En el Cenáculo hemos conocido ex-drogadictos y ex-presidiarios con una categoría humana y espiritual excepcional... todo gracias a la "Cristo-terapia" (trabajo y oración, sin medicación alguna). Cuando un joven pasa en pocos años de la mayor degeneración (la droga) a la vocación al sacerdocio o las misiones... ¿es esto un milagro?
Y eso que no he podido conocer las conversiones que los sacerdotes que nos acompañaban pudieron constatar desde el confesonario.
La Virgen no se aparece en Medjugorje todos los días... ¡VIVE ALLÍ!

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